Lo que dice tu imagen

Bastan dos segundos para formar un juicio de valor de una persona. Para que este sea positivo, existe el diseño de imagen, el cual nos ayuda a perfeccionar nuestra apariencia con resultados inmediatos.

Por Francisco Carreto

¿Sabías que…93% del juicio que hacemos de una persona se basa en su apariencia personal y lenguaje personal? Pero… Solo 7% es lo que dice.

Cuando se oye o se habla de imagen personal, la mente casi siempre se va hacia hombres y mujeres espectaculares con glamour, medidas perfectas, cuerpos esbeltos y gran atractivo. ¿Pero qué sucede cuando la madre naturaleza no nos ha concedido esas cualidades? ¿Nuestra imagen personal puede verse afectada?

Los expertos responden categóricamente: “No”. Las personas somos algo más que un aspecto físico; estamos dotados de valores y una mente brillante y creativa. De nada sirve un aspecto físico impecable con una mente vacía o una mente prodigiosa con una apariencia descuida o sucia.

Pero de una cosa sí debemos ser conscientes: nuestra imagen personal es nuestra tarjeta de presentación, y todo profesional con aspiraciones de desarrollo y aceptación laboral debe estar consciente de la imagen que proyecta.

¿Qué es la imagen personal?

“La imagen” es el conjunto de factores que conforman la opinión buena o mala que el público se forma de nosotros. Así de simple.

¿Y cómo se construye un diseño de imagen?Larisa Hinojosa, consultora en imagen profesional, nos ilustra: “El diseño de imagen se refiere a la creación de un proyecto que conlleva cambios en la apariencia de una persona con el fin de perfeccionarla”.

Pero ojo: la imagen personal no solo se refiere al atuendo. Abarca posturas y movimientos (al sentarse o al caminar); la forma de hablar (tonalidad), capacidad empática, buenas formas, cortesías, elegancia y estilo, así como saber mover las manos y manejar adecuadamente nuestra expresión oral y corporal. A ello se añaden los conocimientos de nuestra especialidad, la cultura, los valores… y el sentido común.

En la experiencia de la asesora de imagen, un cambio de imagen positivo logra que las personas tengan mayor confianza en sí mismas, lo que les permite relacionarse con mayor eficacia en el plano laboral y personal”. Lo mejor –precisa– es que sus resultados son inmediatos.

“Hoy la imagen ejecutiva puede ser menos rígida, aunque la vestimenta debe ser clásica y formal. En nuestro atuendo podemos emplear elementos actuales que reflejen nuestra personalidad para sentirnos más cómodos y confiados” agrega Hinojosa, quien es miembro activo Asociación Internacional de Consultores de Imagen (AICI).

El periodo crítico

La imagen personal es lo primero que los demás ven de nosotros. Cuando nos presentamos, incluso antes de pronunciar una palabra, ya estamos transmitiendo datos e ideas, aún sin quererlo.

Esto sucede porque asociamos la imagen de cada persona con ciertos juicios y valores predefinidos. El inconsciente crea “filtro” que nos hace receptivos a los datos que coinciden con esa imagen y los captura de modo resistente, frente a los que no responden a tal esquema. Haciendo una analogía, la imagen personal es como una fotografía. Es lo que los demás ven de nosotros en una rápida y fugaz mirada. Conseguida esa ‘foto’ inicia el juicio psicológico: ¿ofrece o no confianza?

Se dice que los primeros cinco minutos son críticos: allí se da el primer encuentro. En lo sucesivo, las impresiones formadas durante este breve lapso persistirán y se reforzarán. Seguro habrás escuchado que “la primera impresión es la que cuenta”.Y esta frase es cierta: si esta es positiva, hay mucho terreno ganado; pero si ocurre lo contrario, toma el doble de tiempo intentar cambiar la opinión de nuestro interlocutor.

Fabio Arévalo Rodríguez autor del curso Apariencia y Relaciones Sociales, refuerza esta idea: “La imagen es el reflejo que las personas conservarán de nosotros. Las personas crean un concepto de nosotros a través de la primera imagen que dejemos, pero debemos recordar que la imagen no solo es la ropa, sino nuestra expresión, vocabulario y la forma en que tratamos a los demás”.

Una segunda frase del saber popular tampoco miente: “No existe una segunda oportunidad para causar una primera impresión”. Por ello, invertir en nuestra imagen personal nos ayudará a generar la confianza suficiente para demostrar el potencial que tenemos.

Una inversión personal

“No existe una formula para determinar las ganancias que se pueden obtener con un cambio de imagen. ¡Es prácticamente imposible!”, señala Hinojosa, quien recalca que sería irreal y poco serio decir en qué plazo se puede recuperar la inversión. “Pero una cosa es cierta: todo lo que hagamos en beneficio de nosotros mismos no es un gasto, es una inversión”, indica.

Una cosa sí es evidente: las personas que tienen buena imagen personal son percibidas como eficientes, confiables y seguras de sí mismas; ello las ayuda a relacionarse de una manera más eficaz.

Los número no mienten

Sea de forma intencional o no, todos proyectamos una imagen. Lo más importante es que esta imagen siempre comunica algo. ¿Y cómo comunicamos ese mensaje?

  • 55% de cualquier mensaje proviene de lo que vemos: cómo vestimos, qué gestos hacemos, qué postura realizamos.
  • 38% de los mensajes los ubicamos por el tono de voz
  • Solo 7% de los mensajes es lo que se dice

Fuente: LH Imagen Personal, Larisa Hinojosa

La regla de oro

Para transmitir una buena imagen existe una máxima:Estar a gusto y seguro de uno mismo”. Potenciar nuestra imagen personal implica mantener la coherencia entre cuatro canales que empleamos al transmitir cualquier mensaje. Estos son:

  • Condiciones físicas: apariencia exterior
  • La voz, el tono y su modulación
  • Los gestos (gesticulación)
  • La indumentaria (códigos de poder en el guardarropa, combinaciones exitosas, fit perfecto, colores con estilo)

Cuando alguno de estos elementos no están armonizados con el resto, sitúan al oyente (receptor) en la disyuntiva de creer en lo que se dijo o cómo se dijo. Por ello es importante demostrar confianza y estar a gusto con nuestra apariencia. Al final del día, la confianza que una persona tenga de sí, de los productos o servicios que vende, la creencia y el sentimiento de pertenencia a un equipo de trabajo y la total certeza de que su trabajo es importante, reforzará su imagen personal, lo que le permitirá favorecer la correcta transmisión de su identidad profesional o corporativa.

Como puedes ver, la asesoría de imagen no es tan complicada ni es la panacea, pero sí es una herramienta muy útil en tareas tan cotidianas como presentar proyectos o encabezar una reunión. Recordemos que de nuestra adecuada apariencia dependerá lograr disfrutar de la credibilidad y aceptación del entorno general y empresarial. Una imagen individual positiva abre nuevas oportunidades.

¡Extra, extra!

 

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