GRANDES GANANCIAS, GRANDES RIESGOS

Instrumentos sofisticados

GRANDES GANANCIAS, GRANDES RIESGOS

Por Gerardo Paz

Los derivados tienen el potencial para multiplicar tu dinero varias veces rápidamente si son bien gestionados. No obstante son también bastante volátiles y altamente riesgosos, sobretodo para los inversionistas que poseen poca experiencia y cultura financiera. El lenguaje que se maneja en este tipo de mercados es sofisticado y puede alejar a algunos inversionistas que califican para invertir en ellos. Entonces, mejor despejaremos algunas dudas sobre qué son los derivados, qué tipos existen y cómo funcionan. En esta entrega nos enfocaremos en dos de los instrumentos más importantes y comunes: los futuros y las opciones. También existen swaps, warrants, CFDs y notas estructuradas que serán tratados en otra ocasión.

Como sabemos, en el mercado de valores se comercializan al contando algunos instrumentos bursátiles relativamente simples, como acciones o divisas, pero también conviven otra gama de instrumentos más complejos que surgieron para resolver problemas en los mercados tradicionales. Por eso se les llaman derivados, porque su origen proviene de los instrumentos simples, y no se tratan de bienes sino de contratos.

Si seguimos la lógica anterior, ahora entendemos porqué el precio del oro al contado y el precio de los derivados sobre oro están ligados. En este caso, el metal precioso es el bien subyacente; esto es, el bien del que se derivan otros instrumentos financieros. Existen derivados con subyacentes diversos: acciones, materias primas (commodities), tasas de interés y divisas. Incluso se pueden encontrar otros de lo más exótico, como los derivados del clima, los índices accionarios o los derivados de derivados.

Relación íntima

Los derivados no se explican sin productos en el mercado al contado, porque no habría nada que derivar. Por eso, la influencia en los precios de ambas partes es bidireccional, ya que las cotizaciones de los derivados también afectan las de los mercados tradicionales, lo que se explica por el gran volumen de recursos negociados.

Contrario a lo que parece, en los mercados de derivados generalmente se mueve más dinero que en el mercado al contado, y es así por dos razones:

  1. Porque los que operan en él principalmente son empresas cuyo giro es el del subyacente y lo hacen con el fin de mantener estables sus negocios al contado. Significa que inversionistas, productores y mayoristas cubren o aseguran sus beneficios con anticipación. Así los recursos de varios meses pueden negociarse en un solo contrato (lo que no es posible en el mercado tradicional, donde sólo se negocian los recursos para cubrir necesidades inmediatas). Además de empresas también gobiernos y especuladores operan con derivados, dando pie a que el mercado se amplíe.
  2. Por el efecto del apalancamiento. Aunque más adelante trataremos su funcionamiento en cada caso específico, por ahora es importante entender que en el mercado de derivados se pueden adquirir contratos por mucho más dinero del que en realidad se tiene para invertir, de modo que puedes obtener los beneficios de dichos negocios sin tener que ejecutar o ejercer el contrato, y sin requerir nunca del monto estipulado en el mismo. Pero no pierdas de vista que invertir un dinero que no posees es asumir uno de los mayores riesgos que existen, pues no solo puedes no ganar, sino que incluso puedes perder lo que ni siquiera tienes y endeudarte estrepitosamente.

Negocios protegidos del futuro

¿Te has preguntado cómo hacen los grandes para mantener precios (y costos) estables aunque el mercado esté agitado? Cuando el giro del negocio está relacionado con materias primas u otros bienes de gran demanda, tienen la oportunidad de volverse neutros frente al mercado con un instrumento derivado llamado futuro. Con él pueden asegurar un precio fijo mientras dura su proyecto.

Los contratos de futuros determinan hoy la compraventa de un bien en una cantidad y precio específicos, pero para realizarse en una fecha posterior (desde días hasta años después).

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Estos contratos representan un compromiso y deben garantizarse por ambas partes. Tanto compradores como vendedores hacen un depósito en garantía al intermediario llamado cámara de compensación, quien es la figura encargada de estandarizar los términos del contrato y su cumplimiento. Esta cámara (en México, mejor conocida como Asigna) sanciona con la garantía en caso de incumplimiento, y la devuelve a cada participante cumplidor.

Por esta operación de garantía, la cámara de compensación cobra un spread; es decir, la diferencia que hay entre el precio de compra y el de venta del subyacente al momento de abrir el contrato.

Al negociar un futuro no se compra ni se vende nada material, lo que se negocia es un contrato: un compromiso que involucrará el intercambio físico del subyacente si y solo si llega la fecha de ejecución (que no necesariamente ocurre porque las contrapartes siempre pueden cerrar el negocio frente a la cámara antes de esta fecha con un contrato inverso).

Si compras dos contratos de futuro de petróleo, pero no deseas importarlo desde Chicago, puedes venderle a la cámara dos contratos iguales a los que tienes antes del vencimiento. Esto neutraliza la orden original y limita el negocio a lo que llamamos in the money; es decir, sólo cobramos o pagamos la diferencia que hubo en el precio del petróleo entre la fecha de compra y la de venta de los contratos. A este método se le llama cerrar operación, y es análogo en todos los derivados. Este tipo de transacciones son más comunes que la entrega física del subyacente, y es una condición para que las negociaciones sean completamente electrónicas.

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Opciones: precios seguros

Este instrumento derivado llamado opción se entiende mejor si se compara con el seguro de una casa: mientras no ocurra una tragedia, no se ejercerá la opción de que la aseguradora compre la casa al precio de avalúo, porque se espera que suba de precio con el tiempo. En cambio, si se devalúa por un incendio o un terremoto sin duda ejercerás la opción de vendérsela al precio del avalúo original.

En este caso puede decirse que un contrato de opción es el equivalente a una póliza de seguro, sólo que el subyacente no es una casa, sino un activo bursátil. A diferencia de los seguros, con las opciones puedes cubrir bienes que no tienes. Aquí los especuladores entran en acción con grandes contratos de cobertura sin subyacente. Esto equivale a decir que ¡compras el seguro para una casa que no tienes! No obstante, no es tan sencillo como lo parece, así que vayamos paso a paso.

Una empresa productora de cereales asegura una venta a un precio rentable, por si su producto se devalúa; o bien, garantiza la compra de la materia prima que requiere a un precio asequible, por si llega a costar más de lo presupuestado. Este tipo de transacciones se hacen por medio de los contratos de opción.

Los involucrados son los asegurados (compradores), el intermediario y los aseguradores (vendedores). Las opciones, como los seguros, tienen dos costos: uno llamado prima, que será pagada por el asegurado en beneficio del vendedor de la opción, y otro que es el spread en beneficio del intermediario. La prima varía por la volatilidad del subyacente en el plazo de cobertura.

Las empresas usan opciones para garantizar beneficios: si temen que el mercado pueda ir en contra de su actividad económica, recibirán la diferencia entre el precio estipulado en la opción y el precio al que se cotiza el bien al momento de ejercerla; por el contrario, si su actividad económica va bien, entonces no ejercen la opción y sólo habrán pagado la prima. Esta última frase es engañosa, ya que para los especuladores, la prima es de hecho el total de la inversión, como en los seguros. En otras palabras pierden 100% de lo que invierten. De ahí proviene el riesgo de invertir de esta manera.

Supongamos que una compañía cuyo negocio es el zinc desea cubrir bajadas* de precio con opciones. El zinc está a $240 dólares y la prima es de $13. Si durante el periodo cubierto por la opción**, el precio cae a $200 y la empresa decide ejercerla tendrá un beneficio de $40 al que debemos restar la prima. Recibirá efectivamente $27 dólares. Técnicamente se dice que aquí se tomó una posición larga (compra del PUT). Pero, ¿notas que la inversión de $13 se duplicó?

Tú como inversionista particular puedes operar con opciones igual que como lo hizo la empresa, la diferencia es que no necesitas tener el zinc, sino solo especular con el precio del mismo. A esto se le conoce como apalancamiento de las opciones. Los contratos amparan gran cantidad de subyacente que trabajará para ti sin necesidad de poseerlo.

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Cuatro posiciones básicas

Existen cuatro posturas que se pueden adoptar en el mercado de opciones:

* Compradores del PUT: compran la opción de vender por sí el precio del subyacente baja.

** Vendedores del PUT: se obligan a responder si se ejerce el contrato, porque creen que no bajará el precio.

*** Compradores del CALL: compran la opción de comprar por sí el precio sube.

**** Vendedores del CALL: se obligan a responder si se ejerce el contrato, porque creen que el precio no subirá.

Diferencias y semejanzas

Hasta aquí probablemente hayas notado las similitudes entre ambos instrumentos derivados: futuros y opciones, pero vale la pena repasarlas y también distinguir sus diferencias para que puedas elegir el instrumento que más te convenga:

  • Ambos son contratos posfechados, pero la diferencia más importante es que en el contrato de futuros hay dos compromisos: uno del comprador y uno del vendedor. En el contrato de opción solo existe un compromiso: el del vendedor del contrato; el comprador no está obligado ni comprometido a nada, salvo a pagar la prima.
  • Los futuros no conllevan pago alguno de prima en su contratación y tienen un riesgo proporcional a los posibles y futuros beneficios.
  • El contrato de opción es el derecho a ejercer o no el compromiso u obligación.
  • La opción lleva siempre anexo el pago de una prima en su contratación.
  • La opción en pocas ocasiones conlleva garantías.
  • El riesgo de la opción puede ser muy alto.

Ambos instrumentos derivados, futuros y opciones, son contratos que se pueden vender o comprar en todo momento entre el público inversionista; es decir, son muy bursátiles, porque no tienes que esperar al vencimiento de los contratos. De hecho puedes cerrarlos inmediatamente después de abrirlos. Representan grandes oportunidades de ganancias, pero también de pérdidas enormes, por lo que no es recomendable para especuladores inexpertos que solo emplean el azar como estrategia. Su gestión requiere capacitación, prudencia y mucha paciencia.

Mercado de derivados

El mercado de derivados más importante está físicamente en Chicago, pero las cotizaciones de estos productos son iguales en todas las Bolsas del mundo. En México, el único mercado de derivados que existe es el MexDer, que pertenece a la Bolsa Mexicana de Valores. Para participar como persona física debes comprobar que eres un inversionista calificado; es decir, que tienes grandes montos para invertir (arriba de $1 millón de pesos) y posees una amplia cultura financiera.

¿Vender algo que no tengo?

Durante la vigencia de los contratos, el especulador puede venderlos y comprarlos indistintamente, porque prescinden del subyacente, mientras no se venzan o se ejecuten. Esta posición de venta se llama corta; la posición contraria (la de compra) se llama larga.

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