CONSUMO: OXÍGENO DE LA INFLACIÓN

Finanzas internacionales

CONSUMO: OXÍGENO DE LA INFLACIÓN

Por Jorge Suárez Vélez*

Mantener una perspectiva histórica resulta cada vez más difícil en el mundo instantáneo que vivimos, inundado de redes sociales y satisfactores inmediatos. No obstante, existe una tendencia natural –aunque quizás poco sana– de ver cada momento en forma aislada y abstraerlo de su contexto temporal. ¿Por qué no intentamos, al menos por un momento, alejarnos y ubicarnos en un ángulo que nos permita ver los árboles, el bosque enero… e incluso más allá de éste?

La economía mundial ha vivido una sucesión de estallidos de crisis económicas. Las medidas paliativas tomadas para reducir el dolor de sus consecuencias han allanado un terreno fértil donde florece el siguiente ciclo. Ya sea que la veamos como una misma crisis en fases que se manifiestan cada década, o como una sucesión de crisis, en el fondo los motivos estructurales son los mismos, aunque poco se hace para resolverlos. Enumero los que me parecen relevantes:

  1. Población. En economías industrializadas, la población envejece y los grandes estados benefactores no tienen los recursos para ofrecer garantías de cuna a tumba, incluyendo vivienda, salud y educación.
  2. Oferta laboral. La globalización incrementó exponencialmente la oferta no calificada procedente de países como China, Brasil, India, Indonesia y México. Como consecuencia, la productividad pasó de 1.5% anual, a principios de los noventa, al actual 3%, de acuerdo con BCA. Esto castiga a los trabajadores menos educados y premia a los dueños del capital.
  3. Polarización. La acumulación de ahorro está en su punto más alto en tres décadas, pero los ricos ahorran más que los pobres… y existe una distribución del ingreso cada vez más polarizada. Más de la mitad del ahorro global proviene de economías emergentes, donde la polarización se acentúa debido a su debilidad institucional, a condiciones oligopólicas y al grotesco aumento de la corrupción.
  4. Excesos. El sistema financiero ha fracasado rotundamente al asignar ese creciente excedente de ahorro de forma eficiente. Así hemos visto una sucesión de ‘burbujas’ y excesos.

Como expliqué ampliamente en mi libro La próxima gran caída de la economía mundial (Random House), el primer estallido con grandes consecuencias se dio en Japón, allá por 1989. Fue tal su magnitud que el índice Nikkei aún hoy sigue 65% por debajo del máximo alcanzado hace casi 24 años. Pero las medidas paliativas derivadas de esa crisis provocaron otra burbuja, ahora en las economías de los “tigres” asiáticos. Al reventar en 1997, esta llevó a una sobreasignación de recursos en empresas de tecnología, cuya burbuja –a su vez– reventó en 2001… y ese tercer estallido llevó a otra sobreasignación, pero ahora al mercado de bienes raíces, el cual reventó en 2008. Después de esa fecha, la sobreasignación se ha dado hacia mercados emergentes y más recientemente al mercado de bonos de alta calidad crediticia.

La medida paliativa más agresiva la generó China: aumentó la disponibilidad de crédito local en 8.5 millones de millones de dólares… aunque queda claro que es imposible abrir la llave de crédito sin provocar un problema en el sistema bancario. ¿Allí está la próxima crisis? La pregunta es relevante si consideramos que parte del crédito se fue a construir ciudades fantasma y ¡60 millones de viviendas! que se encuentran vacías.

Por lo anterior, creo que aún no es momento de preocuparnos porque asome la cabeza la inflación, ello a pesar de la expansión sin precedente en los balances de los bancos centrales del mundo industrializado que salieron a imprimir dinero. En mi opinión, para que haya inflación debe existir el consumo, y este es la alternativa al ahorro. Por ahora, la debilidad del consumo seguirá presente tanto por demografía (los viejos gastan menos que los jóvenes), como por el entorno incierto. Más aún: la presión francamente deflacionaria continuará.

En los últimos años vimos una sobreasignación de recursos a crédito en China. Esta solo provocó excedentes de capacidad industrial instalada, pues creció mucho más rápido que la capacidad global de consumir lo que con ella se produce.

Esto se combina con la nueva política económica de Shinzō Abe, el primer ministro de Japón, a quien se le está viniendo el mundo encima. La totalidad de la emisión de deuda de su gobierno apenas cubre el costo de su colosal endeudamiento. Después de dos décadas sin crecimiento económico, la nación del Sol Naciente todavía acumula déficits fiscales año con año, y su nivel de endeudamiento público ya alcanza el 245% de su PIB. La única alternativa de Japón será, una vez más, imprimir agresivamente para forzar una devaluación del yen, primero para revertir su déficit comercial (tratando de usar el excedente de capacidad que tienen), y después para generar algo de inflación y reducir el peso de su deuda.

China y Japón, segunda y tercera economías del mundo (como dato: juntas son del tamaño nominal de la estadounidense) estarán tratando de colocar su excesiva capacidad y exportar desempleo al resto del mundo. Parece que estamos condenados a un futuro de deflación, proteccionismo y devaluaciones competitivas.

¿Cómo afecta el exceso de ahorro?

Las implicaciones para invertir varían. Son negativas para mercados emergentes, principalmente para quienes dependen de exportar materias primas a China. Son positivas para la Bolsa estadounidense, pues debe beneficiarse de la recuperación económica, aunque sin el vertiginoso ritmo alcista del primer semestre del año. Será negativa para el oro, por la falta de inflación (y por el alza, aunque sea marginal, de las tasas de interés en dólares). Finalmente, serán muy negativas para los mercados de bonos de alta calidad crediticia. En un mundo inundado en ahorro no es factible ver alzas violentas, aun cuando la FED decida retirarse paulatinamente del mercado en el que ha estado comprando 85 mil millones de dólares de bonos hipotecarios y gubernamentales cada mes. Dicho lo anterior, parece que la volatilidad sí será un factor cada vez más presente.

* Jorge Suárez Vélez ha trabajado desde 1981 en instituciones financieras alrededor del mundo; es autor de varios libros de economía, y colabora como comentarista en distintos medios de comunicación, como CNN en Español. Twitter: @JorgeSuarezV.

 

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