ES AHORA O NUNCA

Siguen las reformas

ES AHORA O NUNCA

Por Macario Schettino*

Las reformas fiscal y de energía son dos temas pendientes que se han ido postergando en nuestro país por años. Como bolas de nieve, los problemas derivados de ellas crecen y si no hacemos algo pronto serán insostenibles en el corto plazo.

Las reformas fiscal y de energía son dos temas pendientes que se han ido postergando en nuestro país por años. Como bolas de nieve, los problemas derivados de ellas crecen y si no hacemos algo pronto serán insostenibles en el corto plazo.

El gobierno actual inició bien, como ya es sabido. La brillante idea de construir un acuerdo entre los tres grandes partidos (aunque sólo haya sido con una parte de ellos), no sólo transformó las expectativas, sino que le dio solidez a la nueva administración, porque favoreció el proceso de ajuste en la oposición.

Es cierto que la transformación de expectativas también tuvo mucho que ver con la posición de medios y analistas, que siempre han guardado admiración por el PRI y que, por ello, criticaron de más a los gobiernos anteriores y de menos al actual. Y es también cierto que las tensiones en los partidos de oposición a veces parecen poner en riesgo el acuerdo general. Pero, con todo y eso, el Pacto por México ha sido una brillante idea.

Aunque hay cerca de cien compromisos explícitos en el Pacto, se le han agregado algunas cosas en el camino, y se va modificando la interpretación de algunos de esos compromisos. Esto no es nada raro, la dinámica de la realidad, y de la política, impiden tener un documento fijo que sea válido por varios meses, ya no digamos años.

En los meses de la actual Legislatura, que aún no cumple un año, salió la reforma laboral, la educativa, la de telecomunicaciones, las modificaciones a la ley de amparo, y ya se procesa la legislación secundaria de varias de ellas y una reforma adicional, en mi opinión la más importante, la financiera.

Las que más importan

Ahora están en el horizonte las tres reformas de siempre: las que se anuncian, se atacan, pocas veces se discuten, y nunca han salido (o al menos no bien). Estas son la política, la fiscal y la energética. Intentó Vicente Fox hacer algo en esa dirección, proponiendo una reforma fiscal que no logró prosperar, y modificando en los hechos a Pemex, sin recordar que es una empresa regida por la ley, y no por criterios empresariales. También en esto fracasó.

En el gobierno de Calderón las tres reformas se hicieron en la primera mitad de su gobierno, antes de que la crisis económica global y la de seguridad local impidieran más avances. La reforma fiscal se quedó en la introducción del IETU, que ha servido para recaudar más, pero que ha complicado algunas actividades por la forma en que funciona; la reforma política, que fue una contrarreforma que le acabó costando mucho al PAN; y la energética, que Calderón ya envió muy pequeña, y que el Congreso hizo aún menor.

Problema1

Lo mal hecho o lo ausente

Ahora se trata de corregir esas tres reformas, por mal hechas o por insuficientes. La política debería ir en la dirección que teníamos desde 1996 y que la reforma de 2007 revirtió: más libertad, más competencia, mejor vigilancia. En 2007 lo que se acordó fue lo contrario: reducir la libertad, tanto de partidos como de votantes, lo que a su vez redujo la competencia, y complicó la vigilancia hasta hacerla irrelevante. Aunque ésa debería ser la dirección de la reforma, no es claro que los partidos estén entendiendo las cosas. Así como en 2007 lo que se hizo fue complacer a los quejosos de la elección anterior, con muy malos resultados, ahora puede pasar algo similar. Ya veremos.

En cambio, las otras dos reformas no son por corregir algo que se hizo mal, sino algo que no se hizo; es decir, hay que enfrentar la insuficiencia de los cambios hechos en 2007 y 2008. Esta diferencia es de la mayor importancia porque si aquellas reformas fueron insuficientes, entonces, la única manera de evitar un resultado similar en esta ocasión es entrándole de fondo a los problemas, que es lo que se ha tratado de evitar por ya cerca de 50 años.

El origen del problema

El problema fiscal en nuestro país es una escasa recaudación. México, como la mayor parte de los países del mundo, reunía una cantidad muy pequeña durante la primera mitad del siglo XX. Entonces era normal que un gobierno saliera bien con 5 o 10% del PIB de recaudación. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial se hizo popular la idea del Estado de Bienestar; es decir, de un conjunto de prestaciones garantizadas a todos los ciudadanos: empleo, salud, educación, seguridad social. En México no se adoptaron todas ellas, pero sí algunas, paulatinamente, y en todos los casos se nos olvidó incrementar al mismo tiempo los impuestos, para poder financiar adecuadamente esas prestaciones.

En consecuencia, el déficit del gobierno fue creciendo, en particular a partir de 1965, cuando muchos mexicanos que parecían no existir (porque vivían en el campo) empezaron a desplazarse a las ciudades, atraídos no sólo por las ventajas urbanas, sino por esas prestaciones del Estado de Bienestar que no llegaban a sus comunidades, pero que quedaban al alcance de su mano si lograban instalarse en terrenos irregulares al borde de las grandes urbes. Y así nos llenamos de invasiones, ciudades perdidas, y “paracaidistas”, término que se usaba para designar a estos grupos de mexicanos que se descolgaban sobre un terreno, donde fuera, con tal de quedar cerca de la ciudad.

La diferencia entre los ingresos del gobierno y los gastos (corrientes o potenciales) fue creciendo muy rápidamente, y se hizo una primera propuesta de reforma fiscal antes de terminar la década de los sesenta. Ya no podía impulsarla Díaz Ordaz, y se la heredó a Echeverría, quien decidió no promoverla, para no reducir aún más su escasa popularidad. López Portillo ni siquiera pensó en eso, porque el descubrimiento de Cantarell le permitía a México gastar sin trabajar, y a eso nos dedicamos. A partir de entonces, el déficit del gobierno empezó a financiarse con petróleo, y en ese mismo sexenio se perdió toda proporción y caímos en la peor crisis económica de nuestra historia, en 1982.

No aprovechamos esa crisis para resolver nuestros problemas por la misma razón: el petróleo nos permitía evitarlo. Cierto que se hicieron algunos esfuerzos por reducir el gasto demencial que habían impulsado los dos presidentes mencionados, pero no por corregir la falla estructural proveniente de los años sesenta: la diferencia entre el Estado de Bienestar que se ofrecía y los impuestos con que se financiaba.

Problema2

¿Y ahora?

Con el tiempo, esa falla estructural es ya muy problemática. Las pensiones se están llevando dos terceras partes del IVA recaudado, y crecen año con año. El gasto de salud del IMSS y del ISSSTE será impagable en poco más de una década. Esas fallas no son atribuibles a Echeverría y López Portillo, sino a las decisiones previas de dar prestaciones sin cobrar impuestos por ello.

Puesto que buena parte del gasto excesivo se ha financiado con petróleo, existe la creencia de que la reforma energética implicaría una reducción en los ingresos gubernamentales por producción de petróleo. Esto es falso. En realidad, aunque Pemex aporta una cantidad muy importante de recursos al gobierno, entrega menos de lo que aportaría cualquier empresa privada que hiciese exactamente lo mismo. A nivel internacional, los derechos que cobran los gobiernos por extracción de petróleo a empresas privadas promedian 72%. Pemex le paga al gobierno mexicano 65%. Que no lo confundan, las reformas fiscal y energética son temas independientes.

Las que vienen son las tres reformas complicadas, son los tres temas que hemos pospuesto porque implican decisiones difíciles, y grandes grupos de personas se van a oponer con todo lo que tengan a su alcance. Es decir, son las tres reformas importantes. Ahí veremos si el Pacto por México alcanza, o si de plano este país ya no tiene solución. Esperemos suceda lo primero.

* Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, política y económica. Es profesor del Tecnológico de Monterrey y columnista en distintos medios, como El Universal, Canal 11 y Canal 2. Ha publicado 18 libros, entre los que destacan Para construir México y Cien años de confusión. Puedes contactarlo a través de www.macario.mx o seguirlo en Twitter en @macariomx.
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