LA GENERACIÓN MEJOR EDUCADA

Desconfianza, el enemigo a vencer

LA GENERACIÓN MEJOR EDUCADA

Por Pedro Alonso Angulo

Educacion

Educación y empleo

Hace muchos años (a finales de los ochenta) fui a Venezuela a dar un par de conferencias y a visitar gente relacionada con su –entonces– incipiente Bolsa de Valores. Me topé con que en su ámbito financiero ocurrían cosas muy parecidas a las que habían sucedido en México años antes.

Esto me permitió emitir opiniones que me hicieron lucir como una persona capaz e informada, con posibilidad de ofrecer ideas que podían sonar a posibles soluciones a sus problemas e –incluso– a hablar de evolución de los eventos de manera más o menos articulada. Parecía que tenía en mi poder “el periódico de la semana que viene”, cosa que en alguna medida era cierta.

Lo siguiente que pensé es que si yo tenía el periódico de la semana que viene de los venezolanos, alguien tenía en sus manos el de los mexicanos. Decidí que una forma de “leer la prensa del futuro” era ir al extranjero, a foros internacionales (aún no se hablaba del concepto “globalización” como hoy le conocemos) para enterarme de lo que ocurría en el mundo desarrollado y que, en perspectiva, podía ocurrir en nuestro país.

Decidí invertir en ello. A partir de entonces asisto a diversos foros por mi cuenta y riesgo: por mis propios medios, para hacerlo a mi modo. La inversión sido de lo más redituable en un amplio rango de aspectos personales, profesionales y sociales.

Siempre aprendo algo nuevo que me genera ideas que luego comparto con otros. La última semana de mayo estuve en París, en el foro anual de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) a cuyo frente está el mexicano Miguel Ángel Gurría.

La temática de este año refirió a tres conceptos esenciales para el desarrollo de la sociedad humana: el empleo, la equidad y la confianza. Desgraciadamente, parecen ser bajas en esta guerra llamada crisis y a la que muchos llaman la “gran recesión”, ahora en su sexto año. Y si no son bajas, hay que considerarlos elementos desaparecidos en el combate.

Es curioso, pero allí me di cuenta que habitualmente usamos de manera aislada estos tres elementos. Si se deterioran, la sociedad duda de su capacidad para acceder a un futuro mejor. La pérdida del empleo conduce a aumentar la inequidad; si esta persiste, destruye la confianza de los ciudadanos hacia los gobernantes, entre capas sociales, entre países.

Es perverso, pero quizá hoy tenemos a la generación mejor educada de nuestra historia, a la que le dijimos “¡estudia, esfuérzate!” pero no tiene trabajo. Y si lo tiene, es mal pagado o fuera de su rango vocacional. Imaginen lo que el planeta puede ser dentro de una década si tenemos a una masa social que ha incrementado su frustración y rabia al no poder cumplir sus objetivos cuando sí cumplió con las reglas.

Siempre he pensado que el trabajo es un pilar de la identidad. Traten de explicarse a sí mismos quiénes son sin hablar del trabajo que desempeñan. Quedan huecos. Si se pierde una parte de la identidad, uno empieza a enloquecer porque pierde contacto con la realidad; se generan reacciones neuróticas, incluso sicóticas. Eso ocurre a individuo y sociedad. Por eso la inseguridad, el crimen organizado, el descontento social, la debilidad de las instituciones, el bajo cumplimiento de la Ley…

El trabajo es un tema de dignidad humana. Es el medio a través del cual aportamos a la sociedad nuestra contribución individual y recibimos de ella una compensación. No me refiero solo a sueldos y salarios; es un asunto de cohesión social. Por tanto, el desempleo erosiona al capital humano.

Las cifras del empleo (ver recuadro) han derivado en un incremento de la inequidad. De alguna manera, los datos explican las manifestaciones de inconformidad que vemos en todos lados y que hablan de la falta de credibilidad de las acciones de los gobiernos. En una síntesis de la pérdida de la confianza de la sociedad en las cosas que solía creer. Por ello, el trabajo de estos temas en foros como el de la OCDE son de la mayor trascendencia.

Mi preocupación por estos asuntos de descomposición social es que no tienen receta mágica. Eso ha gestado –en buena medida– la desconfianza de la sociedad, cansada de esperar respuestas y escuchar promesas. Por eso urgen acciones que combatan de frente al desempleo. Quizá es la forma más eficaz de evitar que la inequidad se siga incrementando.

El mensaje que rescato del Foro es que los hacedores de decisiones políticas deben echar mano de todo lo que tengan a su alcance para retomar el crecimiento. Desde luego, conlleva el riesgo de caer en el lado populista. Hablar de temas como el desempleo de los jóvenes tiene un componente emotivo muy explotable. Se corre el riesgo de caer en el viejo truco de las promesas de felicidad gratis que, increíblemente, sigue siendo usado por útil.

Las opciones al frente no son muchas ni son fáciles. Aunque parezca extraño, se han tomado ciertas decisiones para (una vez registrados los costosos “ajustes”), flexibilizar las correas de la estabilización económica. Es difícil percibir estos avances, en parte porque son parciales e incompletos y en parte porque no ofrecen resultados visibles a las demandas sociales, pero existen y son una base de lanzamiento para el siguiente ciclo de crecimiento.

Porque lo habrá. Tal vez de manera distinta, menos accesible o más demandante de recursos. Por ello, tendríamos que levantar las antenas y tener claro cómo podemos aportar a la sociedad. Siempre habrá lugar para los capaces, para los que toman riesgo, para los que imaginan y son hábiles para transformar su imaginería en lo que los demás necesitan.

Datos de terror

  • En el mundo hay aproximadamente 200 millones de desempleados.
  • 17.3 millones más que hace un año.
  • 73 millones de desempleados tienen menos de 25 años de edad, lo que motiva una profunda preocupación.
  • 49 millones se encuentran en los países miembros de la OCDE.
  • ¡Son 14 millones más que antes de la crisis!
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