¿PELIGRA EL EURO?

Alemania, el único beneficiado

¿PELIGRA EL EURO?

Por Lars Seier Christensen*

Comprender hoy el impacto de las divisas en general y en nuestras inversiones es más necesario que nunca.

Comprender hoy el impacto de las divisas en general y en nuestras inversiones es más necesario que nunca.

Las divisas se emplean como herramienta fundamental a la hora de definir las políticas de negociación internacionales y las iniciativas de crecimiento. Por esta razón, los inversionistas tienen que comprender a la perfección las implicaciones sobre sus carteras. Más importante, la crisis del euro se ha convertido en un desastre fatal con enormes consecuencias para todos los implicados.

La situación de la eurozona es preocupante y empeora cada día. A pesar de esto, señalan que el euro estará a salvo y que, si la población se limita a conceder más responsabilidad a los líderes, todo irá bien. Nada más lejos de la realidad.

Europa acaba de presenciar el rescate del quinto país de la zona euro; Eslovenia y Malta están en la cola del próximo. Solo es cuestión de tiempo que la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo -BCE- y Fondo Monetario Internacional) llegue a estos países. Para entonces, prácticamente la mitad de las naciones de la eurozona se habrán endeudado por adoptar la divisa única, el mismo euro al que se unieron con tantas esperanzas. Sin embargo, estos países son pequeños y se les puede tratar como tal. Un consejo: Malta, Eslovenia y otros candidatos al rescate deberían prepararse para tiempos difíciles hasta que pasen las elecciones alemanas.

¿Qué es lo que funciona tan mal en la eurozona?

El euro es un invento político, básicamente no tiene fundamento económico ni fiscal. A menos que se consoliden dichos cimientos, la moneda comunitaria acabará por desplomarse.

El capital político invertido en esta moneda es enorme, por lo que no se debe subestimar la voluntad de mantenerla viva, aunque se han aprobado todas las herramientas para que Bruselas se rindiera alguna vez a la realidad. El economista en jefe de Saxo Bank, Steen Jakobsen, quien trabajó vinculado con la Comisión Delors en los años noventa, comenta que los peligros de ahora ya se debatían abiertamente desde entonces. Sin embargo, la presión política para seguir adelante era incesante.

Durante la primera década del euro, quedó claro que las supuestas ventajas de la moneda comunitaria nunca llegaron a materializarse:

  • La influencia de Europa en el mundo no se reforzó.
  • Faltó disciplina entre los miembros
  • Hubo graves problemas en los países más débiles para estar a la altura de Alemania en cuanto a competitividad y productividad.
  • No había forma de gestionar la economía sin controlar los intereses propios a corto plazo, tampoco de devaluar la propia moneda para recuperar el equilibrio y mejorar la competitividad.
  • No se produjo un impacto beneficioso a largo plazo sobre las tasas de interés.
  • Alemania, el gran beneficiado de la eurozona, no les vendió a sus ciudadanos que debían suscribir un eurobono común, o transferir grandes cantidades a los países más débiles para siempre.

Ahora no hay forma de que los europeos quieran seguir adelante con el proceso de integración. Y no es que se les esté pidiendo demasiado; casi todas las decisiones se toman en sus propios parlamentos o en Bruselas, a puerta cerrada. La razón es que a ningún país se le ocurre preguntar a sus habitantes a través de un referéndum. Saben que la respuesta será negativa.

Las culturas, economías y ciudadanos son demasiado diversos para llegar a integrarse de forma eficiente y feliz en una unión forzada. Sin embargo, la integración se ha realizado por la puerta de atrás, a través de contribuciones al mecanismo de rescate. Esto corrompe los balances del BCE por parte de la unión bancaria. De implementarse por completo estos mecanismos, se acabaría la credibilidad de los bancos más sólidos, se aprobarían cambios rápidos y desordenados a través de los parlamentos, y se alegaría que la democracia representativa lo justifica.

Sin embargo, una cosa es la política y otra la economía, aunque cada día cueste más diferenciarlo. Cualquiera con una visión razonable del mundo percibirá la colaboración de divisas como un error histórico que puede llevar a consecuencias incluso fatales para Europa y la competitividad del continente frente al resto del planeta.

Escenarios posibles

  1. La eurozona acabará por quebrarse y podría ocurrir de muchas maneras.
  2. Los países más débiles podrían salir. Si este proceso se realizara de forma ordenada, tendría costos inferiores a los de los rescates actuales y futuros, y llevaría a las naciones salientes de vuelta al camino de la recuperación en poco tiempo.
  3. Alemania podría salir. Como único beneficiario de la eurozona hasta el momento, no parece probable que ocurra algo así, al menos en el corto plazo. Mas, a medida que vayan aumentando las facturas, esta solución se hace atractiva para los alemanes. Lógicamente, ello conllevaría unos tipos de cambio mucho más elevados, pero una vez sin la presión se reduciría la urgencia de la crisis para los otros 16 países. Estos experimentarían un empujón en el crecimiento, a partir de un euro en niveles bajos.
  4. Podría desarrollarse una zona multidivisa, cuyos países tengan condiciones económicas similares, objetivos que los unieran mejor y niveles de divisas más apropiados.

Pero para que estos escenarios se dieran, la sensatez tendría que regresar a Bruselas. Sin duda, podría lograrse con menos caos y escándalos que los que tendrá que vivir la eurozona en otras circunstancias. Podrían garantizarse resultados atractivos en una Unión Europea con mayor protagonismo en un mercado común, que se beneficiaría de la diversidad de competencias en Europa. Las ventajas existen: una mano de obra calificada, una mano de obra industrial barata, más de 500 millones de consumidores y sistemas competitivos desde el punto de vista fiscal y del bienestar social. Sin embargo, todo depende de la cordura y buen juicio de los que toman las decisiones.

Si no vuelve la prudencia, qué esperar…

  • La recesión continuará durante años e incluso se convertirá en depresión.
  •  Los activos denominados en euros seguirán siendo poco atractivos.
  • La rentabilidad de los bonos subirá considerablemente, a medida que va quedando cada vez más claro que la situación no es sostenible.
  • Bruselas reclamará más poder y probablemente lo utilice de peor forma.
  • El sector financiero se ahogará en una regulación contraproducente, con consecuencias fiscales y responsabilidades supranacionales por las caídas de bancos, perjudicando además a los bancos sanos.
  • No sólo se pueden esperar rescates que, definidos por adelantado podrían ser parte de la solución, sino también impuestos sobre la riqueza directamente confiscatorios, disfrazados de recaudaciones solidarias. Los gobiernos europeos necesitan dinero y el sector privado lo tiene.
  • Se deben esperar sorpresas latentes en el campo de minas de la eurozona. Los titulares privados de depósitos, que trabajaron arduamente para ahorrar para sus familias, no se han llevado sus cuentas a Suiza o Singapur. ¿Qué harán cuando vean que su país es rescatado el fin de semana? Pueden comenzar de golpe las retiradas de capitales de los bancos.
  • La respuesta a estas posibles retiradas serían las restricciones de capital. Se pueden esperar muchas restricciones a corto plazo y de forma temporal, de las cuales, una vez aplicadas, siempre cuesta mucho regresar. Islandia está en su quinto año de restricciones “temporales”.

Hay demasiados puntos que plantearse, analizar y preocuparse si se es ciudadano o inversionista de la eurozona.

La crisis no va a terminar

Esta es la realidad para los inversionistas y traders del mundo. Sin embargo, una crisis también es una oportunidad: crea condiciones para el cambio. Esperemos que el cambio sea para mejorar la transparencia, reformar y tender hacia una mayor honestidad intelectual.

En resumidas cuentas, el sector de las divisas y el debate sobre las mismas son parte tanto de la solución como del problema de la Europa de hoy.

Sabías qué… Comisión Delors

Se refiere a la Comisión Europea presidida por Jacques Delors, el octavo presidente de la misma, entre 1985 y 1992. Estuvo compuesta de tres Comisiones distintas en los períodos de 1985 a 1988, de 1989 a 1992 y de 1993 a 1994. Fue la Comisión que más perduró en el tiempo y es considerada la más exitosa.

 * Lars Seier Christensen es cofundador y CEO de Saxo Bank.
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