DEBATE SOBRE AUSTERIDAD

El viejo continente y sus achaques

DEBATE SOBRE AUSTERIDAD

Por José Manuel Valiñas / Fotos Dreamstime

La discusión en Europa está más candente que nunca entre quienes (como Angela Merkel) argumentan que la austeridad sigue siendo necesaria y quienes claman (como François Hollande): ¡no más “austericidio” que genera recesión!

La discusión en Europa está más candente que nunca entre quienes (como Angela Merkel) argumentan que la austeridad sigue siendo necesaria y quienes claman (como François Hollande): ¡no más “austericidio” que genera recesión!

Las políticas que Europa ha seguido durante los últimos dos años son las que proclaman la austeridad necesaria para reequilibrar las finanzas de los países que dejaron que sus deudas llegaran a niveles inmanejables, con Angela Merkel a la cabeza de la discusión. En el otro extremo se encuentran los políticos de izquierda, con Hollande como figura principal, que argumentan que la austeridad lo único que ha causado es que el desempleo llegue a niveles alarmantes y que la recesión se profundice.

Haciendo alusión a este debate, que ha llegado a niveles de histeria, en días recientes Claudi Pérez escribió en El País sobre la “Europa teutonizada”, y enlistaba todos los males que ha traído consigo la política de austeridad impuesta desde Berlín y Bruselas: “uno o dos países resisten y los otros 25 se hunden en la miseria y ya no saben ni dónde meter la tijera. Recortes, recesión y desempleo han destruido el consumo y la demanda interna”.

Pérez, junto con otros dos autores, añade que otros de los supuestos efectos de la austeridad son “la consolidación de un partido fascista en Grecia, el éxito del (anarquista) Beppe Grillo en Italia, los 6.2 millones de parados en España y los 26 millones en la UE, el ascenso de partidos antieuropeos en Grecia, Francia, Finlandia, Inglaterra y Alemania, además de la desintegración del estado social y la vuelta a los jornales del hambre en el sur del continente”.

Habría que añadir a su minuciosa enumeración los llamados desahucios, que no son otra cosa que lanzar a la gente a la calle cuando ya no puede pagar su hipoteca. Cosas horribles todas. Muchos le achacan este mal a la canciller alemana: “¿Estímulos? Nein!”, ironizan.

Así continúa la caricatura que han hecho de Merkel los que llaman a la austeridad “austericidio”, denotando con ello que se trata de un crimen. Pero esa imagen de desalmada bruja del cuento tal vez no sea del todo congruente con la realidad. “Yo lo llamo ahorrar, equilibrar el presupuesto”, dijo la dirigente ante las críticas.

Un socialista dando tumbos

La polémica se recrudeció cuando Hollande tomó posesión como presidente de Francia, hace un año. Cuando llegó al Elíseo vivió la típica luna de miel con sus electores. Era una especie de rockstar, el gran opositor al proyecto “neoliberal” de Sarzoky, el justiciero que gravaría a los ricos a favor de los pobres. Pero las lunas de miel se acaban. Al cumplir un año en el cargo, el socialista da tumbos y se enfrenta a un 27% de aprobación.

El francólogo James Shields, de la Universidad Aston, en el Reino Unido, resume el problema de Hollande: prometió mucho, sabiendo que podía hacer poco. Ya en Francia el desempleo, de 10% (25% entre los jóvenes) se está convirtiendo en el caballo de Troya. El internacionalista John Gaffner, refiriéndose al “bizarro optimismo” que solía plantear Hollande cuando era candidato, señala el riesgo de “sólo sentarse a esperar el repunte económico, lo que pondría tarde o temprano a Francia en un predicamento mayor que los de Italia y España, países que sí están reestructurando sus economías”.

Promesas fáciles

Pero el mandatario francés facilitó medidas restrictivas al gasto durante su año en funciones. Obviamente. Tenía ante sí la pesada carga del déficit, y una deuda que cada vez se torna más inmanejable: de más del 90% del PIB (con un gasto público de 57%, uno de los más grandes de la eurozona). La orgullosa Francia ya ha visto degradada su deuda por dos agencias calificadoras. Recientemente el semanario británico The Economist describió a ese país como “el máximo peligro para la moneda europea”, y como “una bomba de tiempo”.

Hollande es más un pragmático que un romántico en busca de aventuras ideológicas. Es cierto que les quitó vehículos estatales a los altos funcionarios, y que con eso puso contentos a una masa de idealistas que creen que con eso se solucionan muchas cosas. Pero lo más significativo es que despidió burócratas ineficientes, propuso un programa de disminución del déficit y planteó una reforma laboral. Eso le supuso, obviamente, un desgaste en su imagen de socialista justiciero.

Es cierto que una economía obligada a una austeridad extrema endurece casi de manera natural su recesión y es incapaz de producir lo suficiente para pagar sus deudas. Pero, ¿algún país se puede sustraer a la presión de los mercados? ¿O a la de la prima de riesgo? Al ver focos rojos, los inversionistas retiran su confianza, con lo que se crean espirales negativas y efectos dominó.

Medidas dolorosas

El comentarista internacional Will Marshall, fundador del Progressive Policy Institute, recuerda que Alemania ha insistido hasta ahora para que los países se comprometan a la disciplina fiscal, para no seguir aumentando sus aparatosas deudas. Pero sostiene que el máximo problema no es el derroche en el que cayeron, sino en que sus economías no son competitivas, “algo que estaba escondido por la fortaleza de la moneda común”. Lo que precisan, asienta, es llevar a cabo las reformas que hizo la misma Alemania a principios de la década de 2000, después de una larga racha de crecimiento anémico y un desempleo que llegó a situarse en 12%.

La “fórmula básica”, que también se repitió en Holanda y los países escandinavos, “incluyó negociaciones con los sindicatos para moderar las alzas en los aumentos salariales, más incentivos a la productividad y mayor flexibilidad laboral, además de reducir el gasto público en salud y pensiones. Para sostenerse en la zona del euro, los PIIGS e incluso Francia tendrán que reestructurar sus economías de una manera similar”.

Christine Lagarde, del FMI, ha dicho que la carrera para reducir la deuda es “un maratón” y que no basta con recortes temporales o de corto plazo. Ahora la misma Lagarde es favorable a atenuar las medidas de austeridad. Lo dicho: los vientos ahora han cambiado de dirección y los keynesianos han ganado terreno. Pero falta saber si Merkel y Bruselas, los acreedores en esta historia, estarán de acuerdo…

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