BIENVENIDOS A LA ERA NARANJA

Bienvenidos a la era naranja

MUCHO CIRCULANTE, ¿Y POCA INFLACIÓN?

Por Jorge Suárez Vélez / Foto Dreamstime

NaranjaMark Twain decía que la historia no se repite, pero rima. La palabra en inglés orange es el único caso que conozco de una palabra sin rima posible. Por ello, quizá habría que bautizar a esta época como la “era naranja”, pues en términos económicos no rima con otra previa.

Nunca habíamos visto crisis económicas en las que los bancos centrales del mundo estuvieran dispuestos a imprimir dinero como hoy. La impresión usualmente estaba acotada por la posibilidad de riesgo inflacionario. Hoy, hemos visto al banco central estadounidense imprimir 20% del PIB e incluso al suizo imprimir 60%, y a pesar de eso, me confieso más preocupando por el riesgo deflacionario.

El crecimiento en productividad internacional por robotización, la reducción en costos por globalización, el uso masivo de internet en todo tipo de abatimiento de costos, e infinidad de otros factores, han hecho que este sea una era de poco crecimiento económico, de baja demanda, de alto desempleo, pero de sólida generación de utilidades corporativas.

La impresión ha funcionado como una potente droga que evita que se sienta el dolor extremo, pero que no cura enfermedad alguna; para esas habría que recurrir a la cirugía profunda. En algunos países, como Estados Unidos, lentamente se ha ido haciendo uso del bisturí (recapitalización bancaria, gradual reducción del gasto militar, incremento en la recolección de impuestos, etcétera). En Europa parecen proclives a la cirugía cosmética, cuando lo que se necesita es un trasplante de órganos. A nivel individual, cada país parece convencido de que lo que los cura a ellos es que operen al vecino.

Nadie quiere la resbaladilla

Mientras tanto, el mundo sigue evitando la debacle. El riesgo de un colapso mayor ha estado ahí y no es exageración afirmarlo. Por eso es lógico que este haya tenido un impacto determinante en la distribución de dinero a diferentes clases de activos en los que se puede invertir. La colosal liquidez no se ha convertido directamente en oferta de crédito o aumento en la inversión. Esto es razonable. Primero, las familias tienen que desendeudarse; además, las empresas no necesitan capacidad nueva, pues la demanda está y seguirá deprimida.

Recordemos que una estrategia que usan los bancos centrales para generar liquidez es la compra de bonos emitidos por sus gobiernos. Esta es una de las pocas opciones viables de política monetaria, cuando las tasas de interés se acercan a cero. Al hacerlo, provocan marginalmente un impacto positivo en el mercado de bienes raíces, por ejemplo.

La reducción de las tasas, ordinariamente, hubiera hecho que desapareciera la demanda por bonos que proviene de inversionistas individuales. Sin embargo, esta se incrementó a pesar de que la tasa ofrecida ni siquiera cubre la inflación, y lo hizo porque la gente estaba más consternada por proteger su capital que por incrementarlo (return of capital, not return on capital). Esta es sólo la tercera vez en la historia que ha habido tasas de interés reales negativas (menores a la inflación) por un periodo prolongado. Ocurrió previamente después de la Segunda Guerra Mundial y a fines de los setenta, ambas veces en entornos de alta inflación.

Nunca antes hubo una distribución tan sesgada hacia una clase de activo que prueba no dar rendimiento y que implica un alto riesgo. Lejos de cómo se percibe, invertir en un bono de alta calidad hoy garantiza que manteniendo un bono a vencimiento se genera una pérdida considerable en términos reales (si se considera inflación), y una venta anticipada tiene también un alto riesgo de pérdida.

Si la tasa del bono del tesoro estadounidense a 10 años subiera 0.21% (0.14% tratándose de un bono alemán al mismo plazo), esa alza se come todo el rendimiento de los bonos a diez años en circulación; cualquier alza adicional implicaría, incluso, pérdida de capital. Esta es la mayor burbuja de la historia en el mercado de bonos de alta calidad.

La impresora sigue y sigue

Ahora, conforme se percibe que el riesgo de colapso es menor, hemos visto y seguiremos viendo una significativa redistribución de recursos saliendo del mercados de bonos y entrando al mercado de “activos reales”, como acciones y bienes raíces. Las valuaciones de acciones en Estados Unidos y Europa siguen siendo razonables, relativas a la generación de utilidades corporativas.

Además muchas empresas han utilizado su liquidez para recomprar sus propias acciones, por lo que ese proceso incrementa el atractivo de éstas. ¿Eso hará que suban pronto las tasas de interés? No. Los gobiernos seguirán imprimiendo y comprando bonos por mucho tiempo más. ¿Existe riesgo de que haya inflación pronto? Tampoco.

De hecho, seguiremos viendo a Estados Unidos mostrando crecimiento bajo (entre 1.5 y 2%), la economía europea seguirá estancada o incluso en recesión, Japón crecerá un poco este año pero después pronto regresará a un crecimiento anémico y, más importante, el crecimiento chino se seguirá desacelerando.

Las medidas que está tomando el gobierno para reducir el problemón crediticio, la reducción de la calificación de Fitch de la deuda china, y la probabilidad de que el gobierno central tenga que salir a rescatar a las quebradas municipalidades, llevarán a que quizá en el segundo semestre de 2014 China esté creciendo a tasas de 5%.

La reducción en la demanda china de materias primas tendrá un impacto importante en economías –unas emergentes (Brasil y Chile) y otras no tanto (Canadá y Australia)– que habían estado creciendo.

¿Cuándo se revertirá el enorme proceso de inyección de liquidez de los bancos centrales? Difícil dar una fecha con certeza, pero no será ni este año ni el que viene. ¿Cómo ocurrirá ese proceso? Tampoco lo sabemos, porque nunca había ocurrido en la historia. Recordemos que esta es la “era naranja”.

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Un pensamiento en “BIENVENIDOS A LA ERA NARANJA

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