EMPRESAS DE MODA

Por qué comprarlas y por qué no

EMPRESAS DE MODA

Por Pedro Alonso Angulo

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En mi adolescencia tuve oportunidad de ver una película dirigida por Michelangelo Antonioni, Blow up, basada en un relato de Julio Cortázar. En su momento no la entendí del todo, pero me dejó sembrado un mensaje que después me permitió comprender que, más allá de su significado básico, lo que ocurre en la vida depende del entorno y de la percepción que uno tenga. La narro brevemente:

En el Londres de los 60, un importante fotógrafo (David Hemmings) toma unas fotos en un parque de una pareja que, a lo lejos y entre los arbustos, parece sostener una discusión. Al terminar ese encuentro aparece una guapa mujer (Vanessa Redgrave), a quien puede verse con más claridad. Al revelar la toma, el fotógrafo cree ver un asesinato en lo que captó con su cámara y dedica tiempo a buscar a la mujer que supone estar involucrada en el supuesto crimen.

La búsqueda es complicada. Varias veces se topa con la mujer pero no logra un contacto duradero. Siguiéndola, entra a un local en una céntrica calle londinense en el que un grupo rockero de la época (los Yardbirds, que tenían en su alineación a dos de los mejores guitarristas de rock de todos los tiempos, Jimmy Paige y Jeff Beck) toca ante una multitud absorta. En medio de una rola –Stroll on– el amplificador de Beck empieza a crepitar; éste se enoja y lo golpea con su guitarra que termina por romperla y arroja el brazo con algunas cuerdas a la multitud que, en medio de gritos, se pelea por el “trofeo”. El fotógrafo lo atrapa y escapa entre jalones, apretones y corretizas. Sale a la calle con el brazo de la guitarra en la mano, lo mira y lo tira al suelo. Pasa gente, lo pisa, lo patea, pero nadie le hace caso. Es tan sólo un pedazo de madera con alambres.

Blow up no termina en esa escena. Quizás les interese verla toda, pero yo aquí me quedo.

Realidad y percepción

Uno aprende que en el mercado es tan importante lo que ocurre, como lo que la gente cree que ocurre. Por eso, con frecuencia pasan cosas que uno juzga como inexplicables pero que están enfrente todos los días. Lo más probable es que no las entendemos porque la evaluación que se hace de ello –es en su mayor parte de tipo racional con mecánicas y elementos que pretendemos sean objetivos– excluye una parte muy importante de los motivos por los que los mercados operan como operan: las emociones humanas. Varias de ellas están envueltas en las decisiones cotidianas de participación en los mercados y nos asaltan con diversa intensidad, dependiendo de la persona y las circunstancias. Las decisiones de inversión en acciones no siempre pasan por las aparentemente bien delineadas rutas de lo racional y objetivo.

Por eso, una condición necesaria para participar con buena probabilidad de éxito en los mercados es conocer bien los temas racionales y objetivos pues, por ser de esa naturaleza, los márgenes de error son relativamente medibles. En cambio, los que están implícitos en la parte emocional del mercado son, en general, menos medibles y comprensibles. Se carece de estadística al respecto, pero son indiscutibles. Existen e influyen en nuestras decisiones tanto como los del primer tipo.

Las observaciones anteriores son, desde mi punto de vista, más importantes cuando se opera en medio de situaciones “calentadas” por condiciones fuera de lo normal. Me refiero a las cosas que pasan en medio de un alza rampante o en una baja a la que no se le ve fin, o bien, cuando ya nadie quiere saber nada de las acciones, pues a todos nos han golpeado en los bolsillos, en el ánimo y en el orgullo.

También ocurre cuando estamos ante una acción (o cualquier otro activo que opere en mercados organizados) que vemos subir y subir, y no nos decidimos a comprar porque no estamos seguros de que sea una buena idea, pues cada vez el precio está más alto. Pensamos que no sabemos todo lo que hay que saber del tema.

En suma, no le entendemos del todo, y no nos sentimos cómodos porque estamos afuera de algo que le está haciendo ganar dinero a otros. Sabemos que eso es sinónimo –no siempre correcto– de éxito, inteligencia, sagacidad, arrojo y riqueza. Pero una vocecita interior, movida por una o varias emociones, nos atormenta todo el día diciendo “yo no soy así”.

Sí hay acciones que de tiempo en tiempo aparecen y vuelven loco al mercado, y claro, uno lo toma de modo personal. “No eres tú, soy yo” parece que le decimos al mercado, lo que es un error, pues invertir en acciones no es una cuestión individual sino una cuestión de multitudes y su conducta. Cada vez que se opera, se hace junto a miles de personas que hacen lo mismo. El mercado es gente; miles o millones de personas. Y como gente que somos, nos encanta lo sexy.

Lo sexy, además de encantador, es deseable. Tiene cierto peligro, cierta apariencia tentadora y promesa de rentabilidad cuando se trata de acciones. Lo sexy parece decirnos: “oye, me interesas”; lo cual, desde luego, es correspondido por nuestra parte. ¡Y claro que sí! A ver, ¿quién dice que no? Es difícil decir que no, pero a veces hay que hacerlo, lo que no significa que también el “sí” sea una respuesta válida. Una vez más, depende del entorno y la circunstancia de cada persona.

Moda3¿Qué define a una acción de moda?

Como en la vida cotidiana, cada quién puede tener sus gustos, pero creo que hay algunas características que hay que tener presentes para reconocerlas:

  • La sorpresa. Una acción atractiva surge cuando nadie (o casi nadie) lo espera. El “casi” lo uso porque quizá haya algunos que, incluso por casualidad o a partir de información muy fragmentada, pueden intuir que algo se está cocinando y que puede resultar “sabroso”.
  • Desde luego, tiene que haber una razón real, un “motivo de negocio” sobre el cual se pueda construir una tendencia alcista en el mercado y todas las fantasías que alrededor de ello quepan.

1.     Puede ser algo relacionado con un nuevo producto en virtud de un largo y secreto desarrollo tecnológico que cambia las reglas del juego del sector en que opera la empresa emisora, como ha sido varias veces en los años pasados Apple (AAPL), con sus productos de la familia “I – something”, de los que todos tenemos uno o varios, y que estableció un estándar en la industria de la tecnología de consumo.
2.     O la compra de una empresa competidora que le añade a la emisora una mayor cuota de mercado, en donde cabe Cemex (CEMEX), empresa mexicana que sabemos es una importantísima empresa global del cemento y sus derivados. Cemex puede ser un ejemplo de otra característica de empresa con una acción sexy. Tiene una estrategia que en el tiempo demuestra ser exitosa, aunque al principio crea dudas de sus posibilidades: crece con base en comprar competidores en México y en todos lados del mundo, con base en un fuerte apalancamiento, partiendo de la base de que el cemento es un producto de baja densidad económica, pero que se usa en todos lados.
3.     Apostar a una condición futura y estar en lo correcto, también es una circunstancia que puede propiciar que una emisora se ponga de moda. Muestra de ello es América Móvil (AMX), que tiene su origen en Teléfonos de México. Esta empresa, al privatizarse, reunía las condiciones de lo que llamo la “empresa ideal”: proveedora de un bien o servicio altamente demandado por un  mercado grande e insatisfecho, sin competencia por varios años y sin control de precios. Quienes compraron Telmex en un principio (Slim y compañía) no pensaban en vender telefonía ni en la red física que prometía darles exclusividad en la oferta del servicio –aunque desde luego era parte del atractivo–. Pensaban en la comunicación y en la información, necesidades clave para los humanos, y Moda2la ventaja que les daba el título de concesión que les cerró el mercado por muchos años (hasta ahora). El avance de la tecnología hizo lo suyo. Ellos la compraron y decidieron seguir apostando a la comunicación y a la información en su modo móvil, a lo que sumaron la expansión territorial internacional, apoyándose en su fuerte generación de efectivo y el valor que su marca ya había conseguido.

4.     Hay acciones menos conocidas y con menos glamour –para nosotros– que las mencionadas antes, pero que igualmente pueden ser sexys, pero por motivos distintos a los mencionados. Es el caso de Pulte Group (PHM), importante empresa dedicada a la construcción de vivienda en Estados Unidos. Como todos sabemos, el sector inmobiliario ha sido uno de los más afectados en esta crisis iniciada en 2008. Incluso muchos piensan que ahí comenzó la situación actual. Pulte inició una baja desde su máximo histórico en $45 dólares, en julio de 2005, y llegó a algo más de $3.20 en octubre de 2011. Ni siquiera la tendencia alcista que los mercados en general experimentaron en 2009 logró cambiar su trayectoria.

Pero como siempre, la suma de eventos propiciatorios termina por causar efecto. En octubre de 2011, con una nueva oferta de la Fed para mantener sus tasas de referencia casi en cero –y hasta que la tasa de desempleo sea 6.5%–, la acción de Pulte arranca su rally en $3.60 dólares para llegar a $22 a finales de enero pasado. El nivel de precio alcanzado, más una tasa de interés muy baja, alto nivel de liquidez en el mercado, empleo en aumento de manera consistente y la postura de relajación monetaria duradera del banco central estadounidense, le dan a la acción razones suficientes para un alza que la multiplica por más de seis en poco más de un año. ¿Qué hizo la acción de Pulte para merecer eso? Nada. Simplemente estar en el lugar indicado, en el momento correcto. Los motivos para ponerse de moda son externos a la empresa, pero le generan un ambiente muy amable para ganar dinero.

5.     A las cuatro empresas antes mencionadas se suman muchas otras. En este artículo señalaremos dos más, también con sex appeal: la mexicana Bimbo (BIMBO) y la estadounidense Starbucks (SBUX). Todos sabemos qué hacen y las razones de su éxito. Sus productos son una “plaga”, en el mejor sentido de la palabra. Están en todos lados, con oportunidad, localización y con un producto que se ha vuelto deseable y, en cierto sentido, imprescindible: café y un ambiente relajado y moderno, en un caso, y pan en diversas presentaciones, en el otro; ni más, ni menos.

El boom de las emisoras de moda

En todos los casos de las emisoras mencionadas hubo una razón de negocio, no siempre compartida y reconocida al principio, pero que en el tiempo sumó adeptos. En muchos casos, además, hay una adecuada forma de vender la idea de: “mira, soy muy sexy”. Pero siempre la trayectoria del precio avala el proceso. Si bien al inicio cuenta con pocos admiradores –las recomendaciones de compra son escasas–, los hechos hacen que estos aumenten en número rápidamente. Esto es necesario para que una acción se ponga de moda: requiere de una masa crítica de participantes que hagan subir el precio a una tasa notoriamente superior a la del mercado, lo que confirma la buena “elección”.

En algunos meses, las recomendaciones de compra aumentan y su nombre está en boca de todos y, mejor aún, en los medios de comunicación. Se convierte en un trending topic bursátil, lo que de sí es una especie de aval que se apoya en precios crecientes, pero también en las bondades reales de la empresa emisora. Por supuesto, más participantes aparecen, pues nadie quiere estar fuera de la fiesta; nadie quiere no ganar dinero y ser una especie de “marginado social”. El precio sigue al alza, pues la oferta es limitada, pero la oferta, no. Sin duda, se ha convertido en una “reina”.

Y aquí empieza a tener virtudes inexistentes, pero creíbles. ¿Quién va a dudar de lo que una “reina sexy” puede hacer? ¡Nadie!, habría que estar loco para hacerlo… pero hay algo de eso en el comportamiento del mercado, que empieza a alejarse de la realidad. La locura es en parte eso: pérdida de contacto con la realidad.

En consecuencia, el precio sube más y más rápido. ¿Cómo se nota esto? En la aceleración del precio. Si observamos una gráfica, veremos claramente que la trayectoria pasa de ser una recta a una exponencial (el caso de AAPLE a principios de 2012 es un ejemplo clásico). También se nota en la valuación: sus múltiplos empiezan a separase de los niveles habituales, en relación a sí mismos y en comparación con otros de la misma especie. Desde luego que en este último caso, todo mundo tiene una explicación “razonable” para ello y la aceleración del precio encuentra una justificación.

El descenso

A estas alturas del partido, la trayectoria alcista ya ha durado muchos meses, quizá más de un año, y el precio se ha multiplicado varias veces por un factor creciente. De pronto aparece una racha vendedora que dura varias semanas que toma alrededor del 20% del precio alcanzado. La explicación normal es que hay una toma de utilidades y aparecen nuevos compradores; los que no habían participaron y que “tocan de oído” el instrumento, o los que dicen: “¿Ya viste que la acción ‘tal’ ha subido muchísimo?”, “dicen que es muy buena inversión. ¿No será bueno comprar?”.

Si hasta estos rezagados ya la vieron, después de muchos meses y muchos pesos, quizá la pregunta correcta sería: “¿No habría que vender?”. El problema es que hacerlo va contra la lógica individual. Además, el alza reciente hace ver como estúpidos a los que vendieron, aunque hayan ganado un enorme rendimiento (una, dos o tres veces lo que invirtieron un año antes).

Entonces hay quienes empiezan a pensar que vender no es tan mala idea, pues ya ganaron más que suficiente y la acción está claramente sobrevaluada (medida por los métodos que quieras). Alguien empieza a hablar de irracionalidad. Algunos analistas cambian su recomendación de “compra” a “mantener” y los más atrevidos la ponen como “venta”. De pronto algo ocurre: con justificación o no, la acción baja de precio violentamente, digamos 10%. A más de uno le da miedo y 20% más abajo la mayoría entra en pánico. El precio, en cuestión de días, semanas a lo más, pierde 40% o 50% de su valor máximo. Se acabó lo sexy… por ahora. ¿Les suena conocido lo escrito hasta aquí?

¡Claro que sí! Todos hemos estado en la posición descrita y en contacto más o menos cercano de acciones como las que he mencionado.

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¿Debo participar en acciones de moda?

La respuesta es: ¡Claro que sí! No veo por qué no. La condición es conocer del tema, como siempre. No pasar por alto las cosas obvias del análisis accionario y acopiar la información necesaria, no más de eso.

Lo que no puede ser es que nos den “gato por liebre”, como dice el dicho popular. Me refiero a que se compre lo que no existe, lo que está fuera de lo razonable, más un rango de “peligro”. Cada quien fija el margen de “peligro”, asumiendo que el riesgo siempre existe.

Suelo decir que esta zona de riesgo elevado se siente en la piel y en el estómago. Así pasa con lo sexy. Es decir, cuando uno compra acciones de este tipo siente que algo se mueve con uno, o alrededor de uno, cada vez que el precio cambia en cualquier dirección. Si no se siente así –es casi una sensación física– quizá lo que se compró no es tan sexy, o tal vez lo es pero no se compró lo suficiente. La cuestión resistir tal condición.

Otra cosa importante es darse cuenta cuando la inversión pasa de ser “un buen reto” y se convierte en “un idilio”. Es cuando todo lo que ocurre con la acción, bueno o malo, no requiere análisis o, en todo caso, cuando no resiste el análisis. Cuando el asunto se vuelve personal a nivel de las emociones, ya se empezó a pisar terreno inestable, más allá de lo permisible. Si se empieza a mirar todo del mismo color, aunque el escenario cambie, es posible que no se vean los baches y las curvas en el camino que se tiene por delante.

Las acciones de moda no abundan

Por eso son lo que son. Y si dejan de serlo, como naturalmente les ocurre, siempre habrá otra oportunidad. De hecho, pienso que una acción con estas características tiene buenas probabilidades de volver a serlo, incluso varias veces en el paso del tiempo. Al final representan al capital de una empresa a la que también le gusta ser sexy, que como seguramente se nota, no es tarea fácil ni permanente.

Las empresas y sus acciones cambian en el tiempo y en su vida. Al igual que con las personas, pasa de todo y no siempre es del lado bueno, por más que así se pretenda. No se puede jugar al mismo ritmo todo el partido y menos aún, todo el torneo. Pero hay quienes pueden tener varios momentos de gran desempeño.

Lo sexy es una condición repetible en una acción, aunque adopte formas diferentes. Además, siempre habrá alguien en busca de serlo. Si lo logra o no, es algo que los mercados –tú, yo y miles más– definen todos los días. Si tú fueras una acción, seguro querrías ser una sexy. Si me dices que no, no te lo creo. Yo sí quiero.

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