UN MERCADO QUE REQUIERE CAMBIOS

Fondos de inversión

UN MERCADO QUE REQUIERE CAMBIOS

Por Matiana Flores

FONDOSCAMBIOS

Si bien el mercado de fondos de inversión ha tenido un avance muy significativo en la última década, quedan retos pendientes para llevar a esta industria a los estándares internacionales.

En poco más de 12 años, la participación de las Sociedades de Inversión (SI) en el Producto Interno Bruto (PIB) se triplicó: pasó de representar 3.3% en el año 2000 –a precios corrientes– a 9.8% en febrero de 2013.

Se observa un dinamismo aún mayor en la participación de los inversionistas en este mercado, que en el año 200 había 438 mil clientes registrados, mientras que en febrero de este año la cifra fue de poco más de 2.2 millones.

Por otro lado, los activos en manos de fund managers o gestores de fondos ($1.52 billones de pesos) alcanzan niveles comparables a los recursos que reportan las Administradoras de Ahorro para el Retiro –afores– ($1.98 billones de pesos), con la diferencia de que en las SI el ahorro es voluntario, mientras que en las afores es forzoso. De hecho, el ahorro voluntario depositado en las afores ha crecido significativamente en los últimos años, pero apenas equivale a 0.72% del ahorro obligatorio.

En general, los números reflejan un buen desempeño del mercado de fondos. Sin embargo, es evidente que hay un amplio potencial de crecimiento por explotar. En otros países, esta actividad rebaza el 30% del PIB, es decir, tres veces más que en México.

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) podría abonar a esta causa al aprobar, en los próximos meses, una nueva Ley de Sociedades de Inversión cuyo contenido, dicen los participantes del mercado, debe ajustarse al contexto actual de la economía y los mercados financieros.

En este sentido, Hugo Petricioli, director general de Franklin Templeton Asset Management México y representante de las operadoras de fondos independientes ante la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles (AMIB), afirma que “no le extrañaría que la industria de fondos se duplicara en los próximos tres años. Existe el potencial y están cambiando mucho las dinámicas de distribución, que es la unidad de negocio que debería ser independiente de la operadora para eliminar conflictos de interés y profesionalizar la industria”.

Al cierre de febrero se contabilizaban 306 fondos de inversión en deuda y 261 en renta variable. Las primeras detentan poco más de 80% de los recursos depositados en este instrumento, lo que revela el perfil conservador del inversionista mexicano. De hecho, las carteras de inversión se integran en 62% por títulos de deuda gubernamental, 10% bancaria y 8% corporativa; es por esto que casi todas las SI de deuda tienen una calificación crediticia AAA o AA.

Los retos para las SI mexicanas

Los especialistas de este mercado señalan algunos factores que detonarán su posicionamiento en la preferencia de los pequeños y medianos inversionistas:

  • Una oferta más rica de SI
  • Mayor difusión
  • Incremento de la cultura financiera de la gente

Y es que todavía hay muchas personas que aún prefieren guardar su dinero en algún instrumento bancario tradicional. Al cierre de enero del año en curso había 2 millones de cuentas de depósito a plazo.

Aún falta mucho trabajo de difusión por parte de la industria, y capacitación de asesores de primer nivel que atiendan las necesidades de sus clientes. “Pero la gente debe preocuparse por aprender, buscar las mejores opciones para invertir su dinero y exigir más a sus asesores. No importa si va a invertir $10 mil pesos o $1 millón, este mercado ofrece todos los inversionistas las mismas oportunidades para multiplicar su dinero. La gente tiene que hacer su tarea: leer, informarse y buscar. No es difícil lograrlo cuando se tienen herramientas tan poderosas como internet. Hay páginas de educación financiera como las de la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de las Instituciones Financieras (Condusef), la CNBV y la AMIB, y medios especializados como Inversionista. No se vale decir ‘no sé’. Hay que dedicar al menos media hora a decidir en dónde colocar el dinero que les ha costado años de esfuerzo reunir. Es necesario darse el tiempo de comparar y decidir. Es un tema de actitud de los clientes”.

Los pendientes de la industria mexicana de SI

La industria requiere cambios y adecuaciones estructurales a la Ley de Sociedades de Inversión vigente, a fin de detonar y profesionalizar la industria de fondos. En este sentido, el mercado espera que la nueva ley actúe en distintos ejes:

  • Pago de Comisiones

En julio del pasado año, Alan Elizondo Flores, entonces vicepresidente técnico de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), declaró que las comisiones promedio que los inversionistas deben pagar por invertir a través de SI en México son de 1.34% en los fondos de deuda de corto plazo (el rango se ubicaba entre 0.5% y 2.5%), y de 2.66% para los de renta variable (en un rango de 0.5% a 8%). Estos valores las hacen caras frente a otros mercados del mundo, donde este tipo de instrumentos tiene mayor aceptación.

Como inversionistas, hay que tener en cuenta que las comisiones pueden comerse una buena tajada del rendimiento. Es necesario seguir el consejo de Petricioli y darse tiempo para evaluar distintas opciones, y no sólo en lo que a comisiones se refiere, sino a todos los puntos de interés para elegir una o varias SI.

La Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO, por sus siglas en inglés), organismo al que pertenece la CNBV, autoriza a las SI a aplicar un porcentaje de comisión sobre activos administrados, sobre rendimientos o una combinación de ambos. En nuestro país se aplica sobre activos y la ley no establece un límite máximo. De hecho, esta es una práctica extendida a nivel global, aunque en algunos mercados, como el español, un porcentaje muy pequeño de SI aplica una comisión sobre rendimiento obtenido o mixta. En este caso la ley sí establece un límite máximo.

En nuestro país hay quienes están a favor de que las comisiones por administración se apliquen sobre activos, mientras otros abogan porque sea sobre el rendimiento obtenido (arriba de su benchmark), o bien que sea mixta.

El punto es que coincidan los intereses de los inversionistas (quienes buscan obtener máximos beneficios con el mínimo riesgo) con los de los administradores, cuyo trabajo es maximizar los ingresos de la operadora de fondos.

Por su parte, Petricioli señala que cobrar comisiones por resultados fue una práctica que se empezó a dar en otros países y resultó contraproducente. Los administradores empezaron a tomar riesgos elevados para obtener mayores beneficios y cobrar más, con lo que se ponía en peligro el dinero de los inversionistas. Tampoco está a favor de regular el nivel de las comisiones o de bajarlas por decreto. En su opinión, la manera de incentivar mayor competencia en la industria –considerando las comisiones– es introduciendo la homologación de series accionarias y que sea más competitiva la regulación, es decir, que sea menos complicada en cuanto a trámites y requisitos para abrir nuevos fondos. Eso bajaría los costos de las operadoras y beneficiaría directamente a los clientes. Por lo pronto, nuestra tarea como inversionistas es preguntar qué comisiones y por qué conceptos son aplicadas, así como el total de gastos para evaluar su impacto en los rendimientos.

  • Homologación de series accionarias

A partir de la Ley de SI, publicada en 2001, las operadoras de fondos manejan series accionarias disímiles para un mismo fondo. Su distintivo es que a partir de cierto monto de inversión se aplica una comisión diferente. A mayor inversión, menor comisión y mejor rendimiento.

No obstante, Petricioli resalta un gran problema: no existe una homologación de series accionarias. Las operadoras pueden asignar la letra y número que quieran a cada serie accionaria que manejan en sus fondos. Así, la serie accionaria más cara (la de menor monto de inversión requerido, mayor comisión y menor rendimiento) para un fondo determinado no es la misma que para otro fondo. Para el primero puede ser la “A” y para el segundo la “H”. Esta condición complica la comparación de las SI, pues es difícil y erróneo comparar peras con manzanas. En este sentido, en opinión del especialista, los rankings o tablas de comparación de rendimientos de los fondos pierden contundencia como factor de decisión o selección de fondos, porque cada serie de un fondo puede tener la letra que el operador quiera, con los costos que quiera. Esto no sucede en Europa, Estados Unidos o Corea del Sur, donde una letra corresponde a la serie más cara de todas las operadoras y otra a la más barata. La homologación, entonces, serviría para hacer rankings más eficaces al comparar mejor los rendimientos de las distintas series accionarias de las SI, y alentaría la competencia.

  • Operadoras independientes

En México, la mayoría de las operadoras pertenecen a un grupo financiero y, aunque operan como unidades de negocio independientes, la relación está ahí: 59% de los activos totales del mercado de fondos son administrados por Impulsora de Fondos Banamex (26%), BBVA Bancomer (21%) y Gestión Santander (12%).

Sin embargo, como señala Petricioli, el que se esté dando un cambio importante en la distribución hace la diferencia: Banamex ya incluye en el portafolio de inversión de sus clientes SI de operadoras independientes,  BBVA Bancomer lanzó un fondo el año pasado con Blackrock y Santander sacó los fondos Elite con fondos de terceros.

La CNBV ya ha dado importantes pasos en cuanto a proteger el interés del público inversionista a través de la regulación de la asesoría, evitando conflicto de intereses y la falta de ética de quienes dan la cara –asesores– a los inversionistas. El conflicto de intereses puede resultar en una ineficiente asignación de recursos y en malas decisiones de inversión.

Aunque en algunos casos, las operadoras son unidades de negocios “aparte”, que pueden competir y buscar sus propios canales de distribución; en otros, forman parte del servicio integral que los grupos financieros ofrecen a sus clientes. Eso debe cambiar para profesionalizar la industria. Petricioli aconseja, a quienes desean invertir su dinero a través de fondos de inversión, acudir con distribuidoras de fondos, ya que esta figura que puede ofrecer fondos de otras operadoras, así como productos de un banco, una casa de Bolsa o una aseguradora.

Una distribuidora tiene asesores de inversión capacitados para ayudar al cliente a diseñar sus estrategias de inversión personales. El traje a la medida no lo hace la sociedad de inversión, sino el asesor financiero.

En muchas partes del planeta, sobre todo en los países desarrollados, la operadora es diferente al distribuidor. El directivo de Franklin Templeton afirma que esta separación es lo más sano pues “si un fondo tiene una fuerza de venta propia, está tentado a vender a sus clientes únicamente sus productos. Existe un conflicto de interés porque va a tratar de convencerlos de que tiene el mejor producto para cada inversionista, y probablemente no sea cierto”.

Los asesores financieros no deberían ser vendedores de productos, sino asesores reales, independientemente de que utilicen fondos de una u otra operadora. Los inversionistas deben estar informados, y conocer el mercado implica pedir al asesor la integración de fondos de distintos proveedores si es necesario, para lograr la conformación de una cartera ideal que atienda sus necesidades particulares.

  • Exportación de fondos mexicanos

Como inversionistas, cuando vamos a una operadora o distribuidora de fondos, tenemos la opción de invertir nuestro dinero en SI denominadas en euros, dólares u otras monedas. Sus carteras son administradas por funds managers establecidos en otros países (es el caso, por ejemplo, de fondos ofrecidos por Franklin Templeton y Schroders). En cambio, las SI mexicanas no pueden ofrecerse en otras naciones porque la ley no permite su comercialización fuera de nuestras fronteras. Esta circunstancia limita mucho y le hace muy costoso a las operadoras crecer en el mercado local.

  • Marco regulatorio claro

Es imperativo agilizar los trámites, bajar los tiempos de respuesta y los costos de crear otras sociedades de inversión. Eso tendría un beneficio directo para el inversionista a través del pago de comisiones más bajas. Hoy, los costos de las sociedades de inversión son altos en gran medida por el tema legal: tienen muchos gastos administrativos que son recurrentes.

Petricioli considera que el marco regulatorio de las sociedades de inversión debería propiciar más competencia. El rezago que se tiene en comparación con otros mercados puede reducirse drásticamente si se consideran otros vehículos colectivos de inversión, como fideicomisos, Planes Personales de Retiro, Fibras, etcétera. Incluso deben incluirse los Exchange-Traded Funds (ETFs) en el mercado de SI.

En el mercado mexicano de SI, hay buenas prácticas que deberían ser apoyadas, pero también hay prácticas pésimas que deberían abandonarse por decreto. Un ejemplo es la costumbre de anualizar los retornos: “Es muy engañoso, asustan a los clientes para que vendan y los ilusionan para que compren con retornos anualizados, porque no entiende la diferencia entre el retorno directo y el retorno anualizado. Un asesor te dice que una SI ha pagado 30% tomando su rendimiento anualizado de enero. Yo no conozco otro mercado en donde se anualicen los retornos de esta manera”.

Criterios para elegir un fondo de inversión

Cada fondo tiene sus propias características e implica diferentes niveles de riesgo. Estos deben ser analizados por el inversionista para determinar cuál es el más adecuado acorde con sus necesidades y preferencias. Para ellos es aconsejable:

  • Establecer tu situación y objetivos financieros, considerando el riesgo de pérdidas que estás dispuesto a asumir y el plazo en que deseas mantener la inversión. Estos puntos permiten determinar el tipo de fondo a elegir.
  • Seleccionar cada fondo partiendo del análisis del prospecto de información. Este documento contiene el perfil de riesgo y política de inversión, el horizonte temporal recomendado, comisiones, rentabilidades históricas, etcétera.
  • Consultar estudios de ratings o calificaciones elaborados por terceros (por ejemplo, Morningstar con su esquema de estrellas a las SI con mejor relación riesgo-rendimiento), rentabilidad histórica del fondo (mínimo tres años) y la que han tenido sus similares en el mercado (ranking de rendimientos), la experiencia de los administradores, el proceso de elaboración de la cartera de inversión, los sectores en los que se invierte, la coherencia en los principios de administración y el grado de concentración de la cartera.
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