LA INDEPENDENCIA ENERGÉTICA DE EU

Cambio de paradigma

LA INDEPENDENCIA ENERGÉTICA DE EU

La mayor sorpresa económica de 2013 hasta el momento ha sido, quizás, el avance simultáneo del dólar y los mercados de renta variable. El área de Investigación Global del Bank of America-Merril Lynch, afirma que es poco común que la divisa estadounidense y los mercados accionarios lleven la misma dirección. Ante esta situación surge la pregunta: ¿Estamos ante una anomalía o al inicio de una nueva norma? Si se trata de la segunda opción, ¿qué nos dice esto sobre la economía de Estados Unidos o, en todo caso, sobre la sustentabilidad de la escalada del billete verde?

El carácter contra cíclico de la moneda americana –correlación inversa al ciclo económico global– ha sido una de las características permanentes de los mercados financieros en la última década. Tal vez igual de sostenido ha sido el estatus del dólar como puerto de abrigo (la divisa estadounidense sube cuando los activos de renta variable caen y viceversa).

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Aunque son características generalmente aceptadas como incontrovertibles, el consenso en torno a la dinámica de estos fenómenos es menos certero.

La pronunciada correlación negativa entre el dólar y el crecimiento global en años recientes se puede atribuir a:

  1. Un aumento en la correlación positiva entre los precios de la energía y el crecimiento global.
  2. Un aumento en la correlación negativa entre el dólar y los precios del petróleo.

Si la hipótesis del área de Investigación Global de BofA es correcta, significa que, para que la correlación negativa entre el dólar y el crecimiento global se debilite (que la moneda estadounidense se vuelva menos contra cíclico), una de las condiciones antes mencionadas tendría que atenuarse. Aunque no hay evidencias que sugieran que la elasticidad de la demanda de petróleo frente al crecimiento internacional se esté relajando, la correlación entre la divisa americana y los precios del petróleo va siendo menos negativa desde 2009. Los analistas de Bofa creen que este fenómeno es el resultado del desplazamiento de Estados Unidos hacia la independencia energética, que estimamos está alcanzando un punto de inflexión.

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Hacia la independencia energética

Tras estancarse durante 20 años, la producción energética estadounidense creció 9% entre 2009 y 2012, alcanzando los 79 trillones de Btu (Unidad Térmica Británica por sus siglas en Inglés). En tanto, su consumo de energía se ha estabilizado a niveles 7% menores al pico registrado antes de la recesión de 2008-09. Por ende, las importaciones netas de energía de la potencia han caído 60% desde 2008, y ahora se acercan a niveles que no se habían visto desde 1992.

Es difícil estimar qué tanto del descenso del consumo de energía norteamericano se debe a los avances de la eficiencia energética (elemento permanente) y qué tanto al lento ritmo de la actual recuperación económica (elemento temporal). En contraste, el tema de la producción es mucho más claro. La producción de gas natural ha crecido 30% desde 2006 y 18% desde 2008. La producción de petróleo se elevó 700 mil barriles diarios tanto en 2010 como en 2011, y 1 millón de barriles diarios en 2012. Estados Unidos ya se encuentra bastante cerca de la independencia de gas natural, y pronosticamos que la petrolera se logrará en 2024. Tomará años para que el potencial de su actual desarrollo energético se materialice, pero sus implicaciones económicas son claras: es un cambio importantísimo para Estados Unidos en el panorama global de competitividad.

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Independencia energética alcista para el dólar

Existen al menos tres razones por las cuales la independencia energética es alcista para la divisa:

1. Reduce el déficit de cuenta corriente. El déficit comercial petrolero se ha angostado a tan sólo 1.7% del PIB. De hecho, a su actual 2.8% del PIB, se encuentra lo más angosto que ha estado desde finales de los 90.

2. Crecimiento.

  • El efecto podría significar un impulso de hasta 1.5% del PIB cada año, con respecto a la producción europea.
  • Por el efecto de segunda ronda asociado a la creciente producción de petróleo y gas.
  • Efecto positivo sobre los ingresos, pues los consumidores pagan menores precios por el gas natural.

3. Relaja la balanza de inflación-crecimiento en Estados Unidos, aumentando el atractivo de sus activos.

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