LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS

¿Bebedores ocasionales?

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS

Por Lorena Maldonado

SaludVino

Es muy común que en nuestra actividad actual el alcohol esté presente y trace puentes para establecer relaciones sociales o incluso de negocios. Pero, ¿hasta que punto esto puede convertirse en un problema?

El consumo de alcohol se ha convertido en uno de los usos más aceptados en el ámbito social. El bebedor ocasional asume que el alcohol es parte del estilo de vida que lleva: comidas para conocer mejor a los compañeros de trabajo y convivir fuera del ámbito laboral; conseguir algunos clientes o dar por cerrados ciertos negocios; darse tiempo para relajarse (jueves o viernes) después del estrés de la semana, y durante el fin de semana nunca faltan los compromisos sociales o familiares donde los bebedores ocasionales siguen estando presentes.

El bebedor ocasional está expuesto a ingerir alcohol cuando así se le presente la ocasión, no tiene conciencia de cuánto bebe durante una comida de negocios, un encuentro con amigos, fiestas o durante la semana. Debido a que es un consumidor en apariencia irregular pocas veces se pregunta si el alcohol se ha convertido en parte de su vida o, en casos más extremos, si lo controla.

Los institutos nacionales de salud de los Estados Unidos afirman que cualquier persona que tome de cinco a más tragos por ocasión al menos una vez por semana está en riesgo de padecer alcoholismo, de igual manera aquellas personas que tienen una baja autoestima o se encuentran sometidas a un estilo de vida estresante.

¿Qué tanto es tantito?

Se ha comprobado que el consumo de alcohol tiene efectos negativos en la salud: aumenta el riesgo de padecer cáncer de esófago, hígado y colón. Es una de las causas de la disfunción eréctil, produce hipertensión arterial, inflamación del páncreas e insomnio.

Estudios recientes han comprobado que el alcohol impacta negativamente las funciones del cerebro: en el momento posterior de haber bebido o al día siguiente se ve disminuida la capacidad de razonamiento y juicio crítico. Asimismo, las pérdidas momentáneas de conocimiento son más comunes entre quienes beben socialmente.

También se ha comprobado que el consumo de alcohol crea deficiencias de nutrientes indispensables para la salud mental, ocasionando la aparición del Síndrome Wernicke-Korsakoff cuyos síntomas incluyen: confusión mental, parálisis de los nervios que dan movimiento a los ojos y dificultad con la coordinación de los músculos. Los pacientes con el síndrome de Wernicke pueden estar demasiado confusos para encontrar el camino para salir de una habitación o ni siquiera pueden caminar. Por otra parte, la psicosis de Korsakoff se manifiesta a través de problemas persistentes de aprendizaje y de memoria. Estos pacientes son olvidadizos y se frustran rápidamente, tienen problemas para asimilar y captar nueva información; por ejemplo, pueden discutir en detalle algún suceso en sus vidas, pero una hora más tarde no recuerdan la conversación.

No es igual para todos

El alcohol en las mujeres actúa de manera diferente debido a que tienen menor cantidad de agua. Dado que el alcohol se mezcla con el agua del cuerpo, una cantidad determinada de alcohol alcanza mayor concentración en el cuerpo de las mujeres que en el de los hombres. Como resultado, las mujeres son más susceptibles a sufrir daños en los órganos. Tienen mayor riesgo de experimentar pérdidas momentáneas de conocimiento, así como alteraciones en su ciclo menstrual y, en caso de estar embarazada, la madre bebedora puede provocar daños congénitos al bebé.

Por demás está dicho que el consumo de alcohol es responsable de múltiples muertes a nivel mundial debido a accidentes de tránsito causando la muerte o incapacidad en terceras personas.

La mezcla del alcohol con ciertos medicamentos que requieren o no de prescripción médica, pueden disminuir o anular el efecto terapéutico del tratamiento. En ciertas ocasiones potencializan los efectos secundarios del tratamiento causando: náuseas, vómitos, dolor de cabeza, letargo, desmayos, pérdida de la coordinación y concentración, daños al corazón, dificultades respiratorias. Incluso ciertas hierbas medicinales pueden tener efectos dañinos al ser combinadas con el alcohol.

Cómo evitarlo

A continuación te presento algunas estrategias para dejar o disminuir el consumo de alcohol:

  1. Nunca pierdas la cuenta de las bebidas que has consumido y quizá sea buena idea llevar un diario de consumo para hacer conciencia.
  2. Es importante conocer las porciones de las bebidas estándar para mantener un control. Muchas personas ignoran el número de bebidas que puede surtir una botella. Por ejemplo, una botella de vino sirve para cinco copas, la cerveza de 22 onzas equivale a dos bebidas estándar, mientras que una bebida de licor fuerte de 1.75 litros podrías servir hasta 39 bebidas estándar. Incluso, una bebida mezclada puede equivaler hasta a tres o más bebidas estándar.
  3. Bebe con calma: la recomendación es no consumir más de un trago por hora. Las bebidas deben alternarse con bebidas sin alcohol: agua, refresco o jugo. Evita tomar bebidas de dieta al consumir alcohol, porque un estudio reciente, llevado a cabo en la Universidad del Norte de Kentucky, afirma que al mezclarlas intensifica los efectos del alcohol, debido a que las calorías hacen más lenta la liberación de la sustancia embriagante en el hígado y cerebro.
  4. Nunca bebas con el estómago vacío. Debes tener comida para que el alcohol se absorbido más lentamente por el organismo. La comida en el estómago puede reducir la concentración de alcohol en el aliento en hasta 57%.

Finalmente no olvides cuestionarte el origen de la necesidad por beber. Analiza cuáles son los principales catalizadores: ciertas personas, lugares, actividades, horarios del día o sentimientos que disparan el impulso. Busca alternativas más sanas y productivas.

Señales de alarma

¡Aguas con estos síntomas! Puede ser que tengas un problema de alcoholismo y no te des cuenta hasta que es tarde:

  • Ansiedad por beber que impide disfrutar del momento sin alcohol
  • Pérdida de control: incapacidad para dejar de beber una vez que se ha tomado la primera copa.
  • Dependencia física manifestada por un síndrome de abstinencia: nauseas, sudoración o temblores después de dejar de beber o por las mañanas.
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