LECCIONES APRENDIDAS

Crisis económicas en México

LECCIONES APRENDIDAS

[Por Irasema Borbón / Infografía Sabrina Sánchez]

Nos hemos acostumbrado a pensar que los mexicanos vivimos en crisis constantes; sin embargo, perdemos de vista que son parte de un ciclo económico que más allá de atrasarnos nos ha permitido aprender de las lecciones y salir abantes.

Nos hemos acostumbrado a pensar que los mexicanos vivimos en crisis constantes; sin embargo, perdemos de vista que son parte de un ciclo económico que más allá de atrasarnos nos ha permitido aprender de las lecciones y salir abantes (dale clic a la imagen para verla más grande).

Las crisis económicas por las que ha pasado nuestro país en los últimos 40 años dejaron grandes lecciones sobre el manejo de las finanzas públicas de la nación, la implementación de reformas sobre el mercado de valores, la creación de instituciones como el INDEVAL, así como una mayor supervisión y regulación de la banca comercial. Además el régimen del tipo de cambio pasó de fijo a flotante.

Las consecuencias y orígenes fueron diferentes en cada caso: en 1976, la caída del sistema monetario Bretton Woods y de los precios del petróleo agravaron la situación del país y terminaron con el modelo de desarrollo estabilizador. En 1982, la nación enfrentó otro descenso en los precios del petróleo y un alza en las tasas de interés internacionales que incrementaron la deuda externa mexicana hasta declararla impagable. El desplome de la Bolsa de valores de Nueva York en 1987 arrastró a la Bolsa Mexicana de Valores y nos orilló a una reforma del sistema financiero nacional.

El crecimiento sin restricciones de los créditos bancarios, la inestabilidad política y la fuga de capitales en 1994 nos sumieron en una crisis que contagio a países de América Latina. Y finalmente, en 2008, la crisis del sector inmobiliario estadounidense impactó a la producción nacional.

1976: Dependencia del petróleo

Al comenzar la década de los 60, el crecimiento económico de México descendió como consecuencia de la inestabilidad financiera internacional derivada de la caída del sistema Bretton Woods, a lo que se sumó una baja de los precios del petróleo que generó una crisis energética principalmente en Estados Unidos. Para enfrentarlo el gobierno de Luis Echeverría impulsó el gasto público.

En consecuencia el déficit fiscal creció rápidamente y la deuda pública externa pasó en seis años de 12 a 35% del PIB. Las medidas para controlarlo condujeron al país a un mayor endeudamiento. Hubo desequilibrio en la balanza de pagos y se disparó la inflación. La situación se volvió insostenible y los capitales comenzaron a fugarse. Ante esto el gobierno decidió mantener fijo el tipo de cambio, adquiriendo créditos en el extranjero y disminuyendo las reservas internacionales, que después se agotaron.

El tipo de cambio pasó de ser fijo a flotante temporalmente, lo que generó una devaluación del 40% del peso, la economía se contrajo y la inflación aumentó. México acudió por ayuda al Fondo Monetario Internacional.

Para el gobierno siguiente del presidente José López Portillo, se hizo un esfuerzo por moderar las finanzas públicas un tiempo. Además, los descubrimientos de campos petroleros y la recuperación del crecimiento económico alentaron el financiamiento externo, la inversión nacional y extranjera.

1982: Deuda socializada

Cuando el precio del petróleo descendió nuevamente en 1981, el país no hizo lo mismo y perdió clientes internacionales. Tampoco se ajustó el gasto público llevando a un déficit fiscal del 18% del PIB. Así, se incrementó la deuda externa, tanto pública como privada pues el gobierno federal, los bancos de desarrollo y los bancos comerciales privados pidieron préstamos fuera del país, principalmente en Estados Unidos.

Mientras tanto el presidente de la Reserva Federal de EU, Paul Volcker, buscaba combatir la inflación, por lo que exigió a sus bancos comerciales que aumentaran las reservas sobre los préstamos otorgados. Al subir las tasas de interés se incrementaron fuertemente los pagos anuales de la deuda del país.

Por consiguiente, el secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, anunció a la comunidad financiera internacional que el país ya no estaba en condiciones de seguir cubriendo los pagos el 20 de agosto de 1982, debido al alza de los tipos de interés y a la enorme fuga de capitales privados de la nación. La deuda pública externa ascendió al 90% del PIB.

López Portillo intentó controlar la crisis que atravesaba México devaluando el peso. Esperaba controlar el tipo de cambio para detener la salida de capitales, ya que los banqueros se negaron a hacerlo. Posteriormente el país adquirió la obligación de pagar la deuda externa de los bancos privados al decretarse la estatización de los bancos, también el gobierno obtuvo el control del sistema de pagos del país y socializó la deuda.

1987: Reglas claras para invertir

Al llegar al poder Miguel de la Madrid se dedicó renegociar la deuda y a realizar reformas estructurales, como el ajuste de las finanzas públicas, la privatización de empresas del Estado y la apertura comercial a partir de 1985. No obstante, continuó el déficit fiscal y de la balanza de pagos, así como la obligación de la deuda que junto con la caída en los precios de petróleo nuevamente en 1986, agravaron la situación del país.

Los acreedores del país acordaron el 20 de marzo de 1987 alargar el plazo del pago del capital que estaba por vencerse, librándose temporalmente de la crisis. Sin embargo, la caída del 22% de la Bolsa de valores de Nueva York, el 19 de octubre de 1987, afectó a la Bolsa Mexicana de Valores que bajó 16.5% ese mismo día.

El estallido de la burbuja durante el famoso lunes negro sucedió debido al gran déficit público de Estados Unidos que influyó en las expectativas de los mercados, el alza de las tasas de interés y el bombardeo a dos plataformas petroleras en el Golfo Pérsico por aviones estadounidenses. Anteriormente en México, creció rápidamente la demanda de valores bursátiles y se abrió el sector financiero al capital extranjero.

Como resultado, ese mismo año se reformó la Ley del Mercado de Valores y se creó el Instituto para el Depósito de Valores (Indeval). Le siguieron en 1990 la reglamentación de la emisión de papel comercial, del contrato de intermediación en el mercado de valores sobre las casas de Bolsa y un régimen de multas, así como acuerdos para suspender a inversionistas. Las operaciones bursátiles comenzaron a ser reguladas por la Secretaría de Hacienda, la Comisión Nacional de Valores, la Comisión Nacional Bancaria y el Banco de México.

1994-1995 Prestar sin garantías

A principios de los 90 se estabilizó la economía: fue renegociada nuevamente la deuda externa y se privatizaron empresas públicas como la banca, la cual fue vendida a empresarios mexicanos que tenían poca experiencia y ante las bajas tasas de interés concedieron muchos préstamos sin mayores requisitos ni garantías, descuidando su cartera crediticia. El financiamiento creció por encima del 10% del PIB.

Al dejarse de pagar los préstamos, aumentó la cartera vencida de los bancos, disminuyeron sus niveles de capitalización y su insolvencia derivó en un aumento de las tasas de interés, en la caída de los ingresos y de la actividad económica del país a principios de 1995. Algunos bancos fueron intervenidos y otros entraron en proceso de quiebra.

Explica el economista Paul Krugman que la crisis económica tuvo su origen en los errores de la política mexicana, pues permitieron que la moneda nacional fuera sobrevalorada y que el crédito se expandiera sin restricción alguna.

Asimismo entre 1990 y 1993 ingresaron al país alrededor de $90 mil millones de dólares en capital que fue invertido en deuda pública a corto plazo de paraestatales y en deuda de la banca comercial privada. Situación que fue afectada por la inestabilidad política ante los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, y el movimiento del EZLN, resultando en una fuga de capitales en diciembre de 1994. Ese mismo mes se devaluó el peso frente al dólar y posteriormente el régimen del tipo de cambio pasó a ser de libre flotación.

También el 1 de enero de 1993 se le quitaron tres ceros a la moneda (peso) y se le denominó nuevos pesos por un tiempo limitado. La falta de reservas internacionales agravó el problema y terminó con un costoso rescate bancario de entre 12 y 15% del PIB. Ante los problemas, el gobierno implementó una serie de medidas entre las cuales se encontraba el Fobaproa. La crisis afectó también a países de América Latina.

Como resultado se fortaleció la regulación de la banca siguiendo los estándares internacionales de los acuerdos de Basilea, pues aumentaron los requisitos mínimos de capital, cambiaron los criterios de contabilidad, se abrió gradualmente la entrada de capital extranjero, se limitaron los seguros de depósitos, se crearon las unidades de inversión (udis) y se otorgaron mayores facultades a los reguladores.

2008: Prestar sin garantías, pero ahora en EU

La crisis financiera internacional de ese año se originó en el mercado hipotecario estadounidense subprime, que permitió el acceso a la vivienda a personas que no cumplían con los requisitos necesarios para un crédito. A la vez, instituciones financieras emitieron títulos respaldados por estas hipotecas y las vendieron a inversionistas de todo el mundo, provocando una burbuja especulativa de precios.

Al caer en morosidad muchos de los créditos subprime bajaron los precios de las viviendas y con estos los títulos asociados. Los inversionistas comenzaron a retirarse vendiendo sus posiciones y el efecto inmediato fue la reducción del crédito y una falta de liquidez generalizada, lo que afectó a empresas mexicanas que se financiaban en el exterior.

Además la alta integración de la economía mexicana con la estadounidense impactó al sector productivo y a la balanza de pagos, manifestándose en la caída de la producción nacional de 6% en 2009, los ingresos por el turismo, en la inversión extranjera directa, en las exportaciones petroleras, la producción manufacturera, en los ingresos por remesas provenientes de los mexicanos que trabajaban en EU y en el empleo.

Las enseñanzas de las crisis anteriores permitieron fortalecer al sistema financiero por lo que fue poco afectado en comparación con el pasado. La banca comercial presentó bajos índices de morosidad y continuó generando utilidades; la banca de desarrollo apoyó con programas de financiamiento, y el Banco de México realizó subastas diarias para estabilizar el tipo de cambio.

Aunque México ha vivido periodos de crisis constantes, lo que debemos entender es que estas son parte de los ciclos de la economía. Por eso, lo más importante es rescatar las lecciones aprendidas de cada periodo para cambiar las reglas del juego: mejorar las leyes, crear instituciones más fuertes, pero sobre todo ser más responsables al momento de manejar nuestro dinero.

Prestar sin garantías, especular, violar las reglas del mercado, depender de una sola fuente de ingresos, no cumplir con nuestros compromisos financieros (deuda), controlar los precios y los tipos de cambio son prácticas que la historia nos ha demostrado que no funcionan.

Se dice que México está de moda, pero quizá no se trate de algo efímero si por primera vez en muchos años logramos dejar nuestros lastres financieros atrás. Necesitamos reformas, necesitamos seguir avanzando en la dirección correcta después de las duras y dolorosas experiencias que hemos vivido crisis tras crisis. Al menos esa es la solicitud de quienes pensamos que queda mucho por hacer.

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