HERENCIAS MILLONARIAS

Futuro prometedor

HERENCIAS MILLONARIAS

[Por Joan Lanzagorta / Ilustraciones Cruz Martínez]

No sólo es cuestión de dinero, sino de inculcar una cultura de la riqueza que evite frustraciones económicas que puedan derivar en desintegración familiar.

No sólo es cuestión de dinero, sino de inculcar una cultura de la riqueza que evite frustraciones económicas que puedan derivar en desintegración familiar.

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Por ello, muchas veces hacemos sacrificios para que ellos puedan tener acceso a las mejores oportunidades. Tratamos de darles la mejor educación posible, buscamos la mejor atención médica para ellos y ponemos sus necesidades antes de las nuestras.

Educar a nuestros hijos, desde mi punto de vista, significa enseñarles a decidir. En esto a veces nos equivocamos: nos concentramos en que tengan opciones, pero no les enseñamos cómo elegir la correcta. Les damos todo, pero no les enseñamos a valorarlo; entonces quieren más. Les compramos cosas cuando a veces lo único que quieren es pasar un tiempo con nosotros. Tiempo que no les damos porque estamos trabajando duro para ofrecerles un mejor futuro.

No todo en la vida es dinero

El dinero es importante, sin duda alguna, porque muchas veces es necesario para lograr nuestras metas. Pero también es importante el tiempo que les dedicamos, el cariño que les damos, los gustos que compartimos con ellos y muchas otras cosas más.

Siempre he pensado que el secreto del éxito es precisamente lograr un equilibrio entre todo aquello que es importante para nosotros. Ahí es donde muchos fallamos.

No basta con trabajar mucho si no le dedicamos tiempo a nuestros hijos. No es suficiente darles las mejores oportunidades si no les enseñamos cómo aprovecharlas. De nada sirve dejarles una gran fortuna si no les hemos enseñado a manejarla, o una gran empresa que no saben cómo administrar.

El dinero se va fácil

Todos hemos escuchado historias de deportistas que ganaron millones de dólares durante su vida, y al final terminan en la miseria. También hemos sabido de muchachos que pierden la empresa que habían forjado sus padres.

Eso pasa porque, desafortunadamente, gastar el dinero es mucho más fácil que ganarlo. En ese sentido, el dinero se va mucho más fácil de lo que llega. Por eso, la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es enseñarles a manejar bien su dinero. Prepararlos, crecer con ellos, mostrarles cómo tomar decisiones adecuadas. Darles el ejemplo.

Educación financiera

Una de las primeras cosas que los niños aprenden del dinero es que sirve para comprar los dulces o los juguetes que desean. A ellos en realidad no les importa de dónde viene, ni para qué más sirve, sólo lo que pueden comprar con él.

A todos los padres nos ha sucedido que cuando uno le dice a su hijo “no tengo dinero para comprarte eso” el niño le responde “pero ahí tienes tu tarjeta y si no me lo compras es porque no me quieres”. No son conscientes de que lo que uno gasta con ella debe pagarse después.

En las escuelas tampoco se les enseña nada en relación con el dinero. En ellas sólo vemos que a los pequeños no les alcanza para comprar sus dulces o que los universitarios gastan más de lo que se les da, y ese desorden se convierte en un problema cuando llegan a la edad adulta.

Por eso es muy importante que enseñemos a nuestros hijos el valor del dinero. Esto se puede hacer de la siguiente manera:

  • Con los hijos pequeños podemos comprar una alcancía hacer que desde bebés metan en ella todo el cambio nos sobre cada día. Los niños lo verán como un juego, pero en realidad estarán ahorrando y mientras vayan creciendo ya tendrán ese hábito formado en su cabeza. Cuando se llena la alcancía, podemos depositar sus ahorros en una cuenta separada, para que tengan un patrimonio cuando se gradúen de ella.
  • A medida que nuestros hijos crecen, podemos pedirles que nos acompañen al banco a guardar esos ahorros, que son de ellos. Podemos abrirles una cuenta de inversión, enseñarles y explicarles los instrumentos en el que su dinero está invertido, ver los estados de cuenta con ellos y mostrarles cómo crece con el tiempo.
  • Hacerlos partícipes de las finanzas del hogar. Que vean los estados de cuenta de la chequera, de la tarjeta de crédito o de la hipoteca. Deben entender que esas deudas se deben de pagar puntualmente. Hay que involucrarlos también a la hora de hacer el presupuesto mensual y que participen en las decisiones financieras del hogar. Que sepan cuánto es lo que ingresa a casa y cuánto de ese ingreso se gasta en sus diversiones o en sus vacaciones.
  • En la universidad podemos entregarles un monto quincenal que sea suficiente (pero no demasiado) para cubrir sus gastos como comidas, transporte, diversiones, discos, etcétera, y que ellos lo administren. Podemos aconsejarlos, escucharlos pero nunca darles dinero adicional si se lo acaban antes de tiempo.

De esta forma haremos que nuestros hijos crezcan con una educación financiera y se hagan responsables de sus recursos. Esto los preparará para cuando se vuelvan independientes y hagan su propia vida. Pero también cuando ya no estemos, porque sabremos que manejarán nuestro legado con inteligencia.

¿Cómo formar una buena herencia para nuestros hijos?

Una de las situaciones más desagradables (y frecuentes) que pasan muchas familias es cuando los padres mueren sin dejar un testamento, un tutor para sus hijos y dinero para asegurar su educación. En estos casos, los niños suelen depender de la buena voluntad de sus familiares o, en casos extremos, de la resolución de un tribunal después de una larga y desgastante batalla legal.

Por ello tenemos que pensar desde hoy ¿qué pasaría con nuestros hijos si les llegamos a faltar?, ¿quién los cuidaría y cómo?

No es un asunto de dinero sino de amor

Muchas personas evitan planear su sucesión porque tienen miedo de “echarse la sal” y así atraer las desdichas. Sin embargo, debemos pensar que las consecuencias de no hacerlo pueden ser desastrosas para ellos: pueden crecer con la persona inadecuada o con alguien que no quería tener que hacerse cargo de su situación, vivir en un ambiente en el que son considerados como intrusos, sentirse rechazados, etcétera. Esto les podría ocasionar problemas de autoestima y de personalidad.

En última instancia, podrían culparnos, con razón, por la falta de oportunidades. Podrían, incluso, pasar parte de su vida pensando si nosotros, como padres, realmente los amamos.

Es muy común que los padres piensen que su pareja se encargará de los hijos en caso de que lleguen a faltar. Sin embargo, ¿qué pasa si ambos mueren simultáneamente?, ¿quién se encargará de los niños?

La única forma de protegerlos, y formar una buena herencia para ellos, es a través de una adecuada planeación, proceso que involucra varios aspectos.

Elegir al tutor correcto

Designar un buen tutor, de común acuerdo con nuestra pareja, es quizás uno de los aspectos más importantes. La costumbre es nombrar a nuestros padres, suegros o hermanos, pero a veces puede no ser la decisión más adecuada. Tal vez vivan en otra ciudad, tengan otro estilo de vida, o simplemente no estén preparados para recibirlos.

Por ello, cada día crece más el número de personas que designan tutores que no son miembros de la familia, sino grandes amigos que comparten sus conceptos de vida y que conocen bien a los niños. No hay nada malo en ello, siempre que pensemos que es la decisión correcta. Algunos no lo hacen para no herir los sentimientos de sus familiares, sin embargo, hay que pensar que lo más importante es el bienestar de nuestros hijos.

En el caso de padres divorciados, es importante considerar que las cortes suelen favorecer a los padres naturales o adoptivos. Por lo tanto, cuando haya razones de peso por las cuales el ex cónyuge no se deba hacerse cargo de los pequeños, es importante buscar asesoría legal para documentar esos motivos. Las cortes no aceptarán argumentos como “nunca se ocupó de nosotros” o “no somos compatibles”, pero sí tomarán en cuenta demostraciones de alcoholismo, abusos o irresponsabilidad.

Antes de nombrar a alguien como tutor, es esencial tener una larga plática con esa persona, a fin de explicarle nuestra petición, nuestras razones y deseos. Pero también debemos informarle que le dejaremos recursos suficientes para hacer esa labor, a través de nuestro seguro de vida o de un fideicomiso testamentario. También debemos darle tiempo para analizar y considerar las consecuencias, y así pueda decidir si acepta o no tal responsabilidad.

El tipo de vida que queremos para nuestros hijos

El segundo paso, después de nombrar a un tutor adecuado, es garantizar que se cumplan nuestros deseos, a fin de que los niños sean criados de la forma como lo haríamos nosotros. Esto lo podemos hacer por escrito en nuestro testamento o en una carta anexa a él escrita de nuestro puño y letra, fechada y firmada ante testigos.

La meta es dejar claro qué tipo de educación (privada o pública), religión, valores y estilo de vida queremos para nuestros hijos. Desde luego, el contenido de esta carta tendrá que ser discutido con el tutor.

No hay nada peor para nuestros hijos que vivir en un ambiente de resentimiento constante, por causar un impacto financiero o psicológico en su nueva familia. Por ello, debemos procurar que nuestro seguro de vida contemple una suma asegurada suficiente para sus gastos diarios, educación, hobbies, gastos médicos (incluyendo terapias), etcétera.

El manejo del dinero de nuestros hijos

Aunque el tutor puede encargarse del manejo del dinero de nuestros hijos, es mejor idea separar esa responsabilidad. Esta suele ser la función del albacea, aunque hay otras maneras de hacerlo también.

Podemos contemplar, por ejemplo, la creación de un fideicomiso testamentario y nombrar a diferentes instituciones o personas que se encarguen de manejar los recursos de acuerdo con nuestras instrucciones.

Esto asegura que el tutor no utilizará el dinero de nuestros hijos para su propio beneficio, además de que esos recursos se manejarán e invertirán de manera profesional.

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2 pensamientos en “HERENCIAS MILLONARIAS

  1. Muy interesante la planeacion financiera con nuestros hijos. Y podemos utilizar hoy recursos que ayudan a garantizar metas.

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