MEDIDAS PARA LA GUERRA DE DIVISAS

Banxico a la expectativa

MEDIDAS PARA LA GUERRA DE DIVISAS

[Por Ana González*]

Los mercados financieros están siendo inundados por enormes cantidades de liquidez. Lo anterior ha generado que algunas economías, principalmente las asiáticas, intervengan en sus tipos de cambio para frenar su apreciación. De esta forma, pretenden limitar la afectación a sus exportaciones. El principal resultado de la llamada “guerra de divisas” es que la apreciación no experimentada por las monedas controladas (asiáticas) se traslada a otras, induciendo distorsiones en las paridades no contraladas, como sucede con el peso mexicano. Ante esta situación, el Banco de México (Banxico) podría ajustar su política monetaria (bajando la tasa de interés) para tratar de contrarrestar la posible contaminación a la moneda nacional.

Laxitud sin efecto

A nivel internacional se vive una situación económica compleja, donde las economías más grandes (EU, Japón, Alemania y Francia) presentan escenarios de desaceleración. Para hacer frente a la ralentización del crecimiento, sus bancos centrales han relajado las políticas monetarias, principalmente por medio de la reducción en las tasas de interés de referencia (en muchos casos se encuentran en mínimos históricos). Sin embargo, estos recursos inundan los mercados financieros internacionales en lugar de dirigirse a la economía real y reactivar el crecimiento. El exceso de liquidez ha generado que varias naciones presenten apreciación en sus monedas, deteriorando el dinamismo de sus ventas al exterior. De esta forma, algunos gobiernos han comenzado –o intensificado– sus políticas cambiarias encaminadas a detener la apreciación e incluso inducir debilidad cambiaria.

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La amenaza bélica

Una guerra de divisas comienza cuando algunos países (como Brasil, Japón y China) adoptan medidas para evitar la apreciación de sus divisas, y tratan de inducir un mayor crecimiento en sus exportaciones. Eventualmente, esto ayudaría a su crecimiento económico. Frenar la apreciación natural de una moneda implica el efecto contrario en otra u otras. Este caso se distingue al comparar el desempeño del euro y de las divisas asiáticas.

Si tomamos como referencia el Índice Big Mac (que compara el precio de un producto homogéneo expresado en dólares y en moneda local), los datos indican que el yen tiene una subvaluación frente al dólar de -20% (debería estar menos depreciado), mientras que la del yuan es de -41%. Dado lo anterior, una de las monedas afectadas es el euro, que se encuentra sobrevaluado (debería estar menos apreciado) frente al dólar en 12%.

Actualmente se puede manipular el tipo de cambio de diferentes formas:

  • El banco central de China ha frenado la apreciación del yuan estableciendo una banda de flotación.
  • En Japón, el se ha inyectado una cantidad enorme de dinero a la economía, debilitando al yen frente al resto de las divisas.
  • En Brasil, el gobierno limitó la entrada de dólares a su economía por medio de la aplicación de un impuesto a la inversión extranjera de cartera.

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Peso sin restricciones

México es un país sin política de intervención cambiaria. En nuestra economía, el tipo de cambio se determina en el mercado por los movimientos de la oferta y la demanda. De esta forma, una guerra de divisas podría inducir niveles de apreciación importantes en nuestra moneda. Desde la crisis de 2008-09, los flujos de inversión hacia los mercados mexicanos han crecido de manera importante, provocando la apreciación de nuestra moneda respecto al dólar.

A pesar de la no intervención cambiaria directa por parte del Banxico, es altamente probable que nuestro banco central efectúe ajustes en la tasa de interés. El atractivo de los rendimientos otorgados por los instrumentos locales, en comparación con los extranjeros, provoca la entrada excesiva de dólares. Ante un entorno en el que los bancos centrales mundiales manipulan su tipo de cambio, el Banxico podría ajustar su tasa de interés de referencia para reducir el atractivo de los instrumentos mexicanos y, por tanto, atemperando la apreciación del peso. Esta posibilidad podría llevar al banco central a bajar la tasa entre 50 y 75 puntos base a lo largo de 2013.

*Ana González es especialista en economía y divisas de Monex.
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