LOS HIJOS DE LA CRISIS

La burbuja de las colegiaturas en EU

LOS HIJOS DE LA CRISIS

La gran recesión afectó de manera desproporcionada a la población joven. Las estadísticas de Europa han acaparado los titulares –desempleo superior a 50% para la juventud de España–, pero también en Estados Unidos se sufre una realidad similar. De acuerdo con un estudio de Bank of America – Merrill Lynch Global Research, el porcentaje de teens que trabaja cayó de 46 a 26%, del año 2000 hasta finales de enero pasado, alcanzando su nivel más bajo desde que comenzó a documentarse la estadística en 1948. Quizá no tan dramático, pero sí preocupante, es que el porcentaje de la población de entre 20 y 24 años con empleo se redujo de 70 a 60% en el mismo período. El impacto ha sido considerablemente más agudo para las adultos recién graduados que para el resto.

Si la población joven no está trabajando tanto como antes, ¿qué hace? Enfocándonos en el estrato de entre 20-24 años, existen tres caminos:

  • Encontrar trabajo
  • Regresar a la escuela
  • Depender de alguien más (padres o pareja)

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Insatisfacción juvenil

Al mes de agosto de 2012, alrededor de 61% tenía empleo, 9.7% estaba desempleado, y casi 30% no se encontraba en la fuerza laboral. Este grupo etareo perdió 1.58 millones de puestos de trabajo durante la recesión, y menos de un millón ha recuperado su posición hasta ahora.

La caída en la tasa de participación de la población de entre 20-24 años refleja su frustración con el mercado laboral. Al enfrentarse a perspectivas limitadas de empleo, muchos se desanimaron y dejaron de trabajar. Debe suponerse que esto es temporal y que, una vez que vuelva a haber ofertas, dicha población regresará al mercado. Algunos, sin embargo, han elegido relegar la búsqueda de trabajo a favor de adquirir un grado educativo mayor, con la esperanza de que la situación mejore mientras estudian. Desafortunadamente este sector sólo ha registrado una modesta mejoría desde el fin de la recesión (mediados de 2009). Muchos estudiantes que pospusieron el trabajo para seguir en las escuelas han regresado a un mercado en extremo complejo.

DeudaEstudiantil2Aunque el título universitario significa más herramientas para encontrar un empleo, es posible que no encuentren el óptimo. El Centro John J. Heldrich para el Desarrollo de la Fuerza Laboral realizó una encuesta en mayo de 2012 sobre la satisfacción de los universitarios recién graduados. Únicamente 40% de los encuestados dijo que su puesto requería una carrera de cuatro años, y sólo 20% consideró que su primer empleo sería compatible con sus metas profesionales.

Sobre qué sacrificios hicieron para encontrar ubicación, alrededor de una cuarta parte reconoció haber aceptado un puesto inferior a su nivel educativo, cerca de un quinto dijo que su empleo no estaba vinculado a su área de estudio, 13% tomó un trabajo sin prestaciones de salud y 6% aceptó uno temporal.

Efecto “bola de nieve”

Los estudiantes también se enfrentan al peso de la deuda de las colegiaturas. Alrededor de dos terceras partes de los licenciados tienen un promedio de deuda cercana a los $25 mil dólares. Los estudiantes deben comenzar a saldarla al poco tiempo de terminar (el periodo de gracia suele ser de seis meses). Ante este débil mercado laboral, una buena parte de ellos podría solicitar aplazamientos. El problema es que los intereses se acumulan durante el aplazamiento, aumentando el tamaño de la deuda. Además, a diferencia de las bajas tasas en otro tipo de deudas, las tasas de interés se han mantenido altas para los préstamos federales no subsidiados (6.8%).

Las implicaciones económicas de una juventud subempleada y sobre endeudada son graves y de largo plazo. El hecho de que muchos graduados no puedan encontrar ocupación en sus disciplinas retrasa su progreso profesional. Además, se ha comprobado que entrar al mercado laboral durante una recesión o un periodo de bajo crecimiento puede implicar una reducción permanente del incremento de los ingresos. En 2010, un estudio de la Escuela de Administración de Yale reveló que los individuos que se gradúan durante una recesión sufren una reducción permanente en su trayectoria de ingresos, y se quedan más tiempo en la escuela que aquellos que se gradúan durante una expansión.

También encontró que mientras más tiempo dura la recesión, las consecuencias son más severas. Lo anterior resulta especialmente preocupante en esta economía que acaba de experimentar la depresión más profunda de la pos guerra, y se arrastra hacia adelante en una de las recuperaciones más lentas. Según el estudio, una persona que se graduó en diciembre de 1982 (cuando la tasa de desempleo era de 10.8%) ganó 23% menos en su primer año fuera de la escuela, y 6.6% menos en los siguientes 18 años, en relación a lo que ganó un estudiante que salió de la escuela en mayo de 1981 (cuando la tasa de desempleo era de 7.5%).

A diferencia de la situación presente, en ese entonces el mercado laboral sanó pronto: en dos años la tasa de desempleo había regresado a 7.5%. En el peor de los casos, los estudiantes que se graduaron en los momentos más bajos de 1982 sólo experimentaron dos años de crecimiento inferior a lo normal del mercado laboral. En contraste, en el ciclo actual, la tasa de desocupación superó 8% a principios de 2009, y se ha mantenido atorada. Esto significa que la generación de graduados en ese año tiene un panorama más sombrío que los que entraron al mercado en 1982. Además, los estudiantes de hoy día salen de las universidades con una deuda considerablemente mayor que los que terminaron a principios de los 80. Esto propicia que el descenso de los ingresos para los nuevos graduados sea aún más doloroso.

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Menos hogares nuevos

Todo lo anterior supone un derrame de efectos negativos en el mediano plazo. El débil mercado de trabajo para los jóvenes ha retrasado la formación de hogares, limitando la recuperación. En una economía normal, 1.2 millones de nuevos hogares son creados cada año, la mayoría involucra a adultos de entre 24-30 años. Sin embargo, desde que comenzó la recesión, han sido creados sólo 600 mil hogares por año como promedio entre 2007 y 2011, y en 2012 fueron alrededor de 850 mil. Esta rápida desaceleración no se puede explicar mediante el análisis de cambios poblacionales, sino que es producto de la postergación. Debido a las difíciles condiciones económicas, los adultos jóvenes continúan viviendo con sus padres o con amistades (roommates) por más tiempo.

Según la encuesta Heldrich, 36% de los graduados dependen de sus padres o la familia para su hospedaje, en contraste con el 20% reportado antes de la recesión. Además, 24% necesita apoyo de sus progenitores en cuestiones de cuidado de la salud, contra 5% antes de la crisis. Por otra parte, resulta interesante que un menor número de graduados haya recibido apoyo de su familia para pagar los préstamos estudiantiles: 9% de los pos recesionarios, contra 10% previo a esta etapa. Esto indica que los padres están presionados, brindando apoyo a sus hijos por más tiempo y sin posibilidades de ayudar a pagar los préstamos estudiantiles. Desde luego, la recesión tuvo un gran impacto sobre los ingresos y el bienestar de esta otra franja etaria, lo que hace que la carga financiera de sus descendientes sea aún más difícil de llevar.

Eventualmente, la aplazada formación de hogares se materializará. Sin embargo, las preferencias de esos adultos jóvenes podrían haber cambiado. Aquellos que siguen pagando préstamos estudiantiles probablemente pensarán dos veces antes de hacerse de más deudas (que son necesarias para adquirir una casa). Es probable que esta generación siga rentando por más tiempo que las anteriores. Además, podrían posponer la compra de otros bienes capitales que requieren de financiamiento, como automóviles. Todo lo anterior contribuirá a que la recuperación de la economía tenga que ser necesariamente gradual.DeudaEstudiantil3

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