ESTADOS UNIDOS Y SU INTERMINABLE CRISIS

La terapia del curita

ESTADOS UNIDOS Y SU INTERMINABLE CRISIS

[Por Jorge Suárez Vélez / Ilustración Cruz Martínez]

Enero de 2013 marca dos momentos trascendentes para Estados Unidos: se logró conjurar la primera amenaza del “abismo fiscal” en los primeros minutos del año, y la presidencia de Obama inicia su segundo cuatrienio el 21 de enero.

Los segundos cuatro años empezarán como terminan los primeros, en medio de conflictos partidistas que parecen irreconciliables. Los demócratas están convencidos de que el pueblo votó a favor de proteger programas sociales como Medicare (seguro médico para mayores de 65 años), Medicaid (seguro médico para gente de escasos recursos), pensiones del seguro social y de veteranos, y el nuevo programa de salud universal bautizado popularmente como Obamacare. Los republicanos aseguran que mantuvieron la mayoría en el congreso porque la gente quiere que ellos le impongan disciplina fiscal a los “derrochadores demócratas”. Ambas partes sienten tener un mandato electoral que les invita a no conceder (los demócratas en el ejecutivo y senado, y los republicanos en la cámara baja) y, a diferencia de Obama, los legisladores republicanos tienen que estar preocupados porque ellos sí enfrentarán un proceso de reelección.

Entre el abismo fiscal, el techo de deuda y las diferencias irreconciliables entre demócratas y republicanos, nuestro vecino del norte no logra resolver lo importante. Seguir posponiendo la solución sólo hará la herida más grande.

Entre el abismo fiscal, el techo de deuda y las diferencias irreconciliables entre demócratas y republicanos, nuestro vecino del norte no logra resolver lo importante. Seguir posponiendo la solución sólo hará la herida más grande.

De qué lado se inclina la balanza

En forma parcial, ambos partidos tienen razón, en otra, ninguno la tiene. El único consenso claro parece ser que el pueblo estadounidense quiere un Estado con amplios beneficios sociales, del estilo de los europeos, pero sin tener que pagar el nivel de impuestos que estos pagan. Muchos beneficios y pocos impuestos es una fórmula deseable, pero a largo plazo inverosímil. Parece evidente, pero no lo ha sido por décadas debido a la creciente propensión estadounidense a vivir de prestado.

La deuda del gobierno pasó de ser menos de la mitad del PIB en 1980 a ser mayor que el PIB en este momento. Con tasas de interés en niveles mínimos históricos (el Tesoro de EU puede financiarse a 1.9% a diez años) ese endeudamiento es factible. Si las tasas de interés regresaran al nivel promedio de los últimos 50 años, el costo del servicio de la deuda sería mayor que el gasto militar, y la deuda se volvería un pesado lastre que impediría el crecimiento.

Esto ocurrirá en el momento en que haya una recuperación y la demanda por crédito privado regrese y tenga que competir con el gobierno por recursos. De ahí la importancia de que el país restablezca pronto un escenario fiscal viable.

La primera gresca por el “abismo fiscal” le dio una clara victoria a Obama y a los demócratas, al forzar a una cámara baja de mayoría republicana a por primera vez en más de veinte años aprobar un aumento de impuestos. Al hacerlo, sin embargo, le quitó una importante arma de negociación al presidente, a quien hasta ahora le favorecía la falta de acuerdo, pues ésta implicaba que se dejaría expirar a las reducciones “temporales” de impuestos que propuso George W. Bush en 2001 y 2003 para hacer frente a la crisis ocasionada por el desplome de las puntocom. La negociación dejó que el recorte expirara sólo para aquellos individuos que ganan más de $400 mil dólares (o familias que perciben más de $450 mil), lo cual afecta a 0.5% de la población. Para el restante 99.5%, sin embargo, la reducción pasó a ser permanente.

Un nuevo ring

Ahora, vienen tres luchas que serán aún más encarnizadas. Si no hay un acuerdo previo entre las partes, el 1º de marzo ocurre el “embargo” automático al gasto público, que recortaría el presupuesto de alrededor de mil agencias federales y reduciría el gasto militar. Además, el gobierno ha llegado a su techo de endeudamiento de $16.4 millones de millones de dólares.

El Tesoro tiene un par de meses de margen, pero de no elevarse el permiso legislativo para adquirir más deuda, los mercados podrían temer que el gobierno deje de pagar intereses. Por último, el 27 de marzo se vence la “resolución de continuidad” que permite que el Gobierno Federal opere sin presupuesto (Obama no ha logrado que el legislativo le apruebe uno en tres años, y en las dos últimas versiones presentadas al senado, de mayoría demócrata, ni un solo senador votó a favor de estas). Si no aprueba una nueva resolución, las agencias y servicios federales no prioritarios tienen que cerrarse.

El primer trimestre de 2013 transcurrirá en medio de estridente ruido legislativo que impedirá la discusión de otras importantes iniciativas, como la de reforma migratoria o la de control de armas de asalto.

Mientras tanto, sabemos que la primera medida adoptada, el aumento de impuestos, le puede quitar hasta un punto porcentual al crecimiento estadounidense, que podría rondar alrededor de 2% en 2013. Éste es claramente insuficiente para generar los empleos necesarios, particularmente considerando que la economía arrastra dos pesadas cargas: el envejecimiento de la población y el endeudamiento de las familias y del gobierno.

Idealmente, la situación actual presentaba una clara oportunidad para una negociación amplia que lograra tres cosas deseables:

  • Primero. Posponer cualquier incremento en impuestos o reducción de gasto hasta que la economía dé claras muestras de recuperación, quizá utilizando indicadores de crecimiento económico como catalizador para aumentos o recortes automáticos.
  • Segundo. Reformar el extremadamente complejo y absurdo código fiscal para, a la larga, permitir una recaudación más eficiente y balanceada que omita subsidios absurdos a grupos de poder, pero que fomente competitividad; y proponer reformas lógicas a los programas sociales para permitir su sostenibilidad de largo plazo sin asfixiar al Estado.
  • Tercero. Garantizar la factibilidad fiscal de largo plazo del país, estableciendo un camino sensato para reducir gradualmente el alto endeudamiento público. A corto plazo, podría haber sido incluso deseable establecer un plan extraordinario para invertir en la modernización de la obsoleta infraestructura estadounidense.

No se logró ninguno de estos objetivos y, por ello, una gran oportunidad será desperdiciada. Obama enfrentará el enorme reto de buscar cómo generar empleos en medio de un escenario de raquítico crecimiento en casa, de recesión en Europa y de desaceleración china.

Afortunadamente para México, la única alternativa parece estar en el fomento de manufacturas y para tener una ventaja competitiva en estas se tiene que fomentar inversión para la explotación de gas de esquisto (shale gas), como vehículo para proveer a sus fábricas de costos de energía extraordinariamente bajos. Todo incremento en esa producción tiene que pasar por nuestro país, que puede resultar el claro ganador del caos fiscal y de la disfunción política estadounidense.

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