DINERO VS. NACIONALISMO

La globalización de las crisis

DINERO VS. NACIONALISMO

[Por Kenneth Veksler* / Ilustración Tomás Benítez]

Con las actuales crisis financieras han brotado los primeros signos negativos de la globalización: la necesidad de los países de protegerse y con ello, el resurgimiento del nacionalismo.

Con las actuales crisis financieras han brotado los primeros signos negativos de la globalización: la necesidad de los países de protegerse y con ello, el resurgimiento del nacionalismo.

Todos están familiarizados con el concepto de globalización: la siguiente etapa lógica de la evolución del comercio global y del sistema financiero, derribando fronteras y enriqueciendo a aquellos países que lentamente se vuelcan hacia el nuevo paradigma.

Todo avanzaba espléndidamente, mientras el mundo poco a poco se acostumbraba a esta idea y se unía a la facción popular más amplia. Ni siquiera pensaban en los peligros de un sistema tan arrasador.

En aquel momento, la mínima posibilidad de considerar un aspecto negativo era un sacrilegio. Muchos años después, el orbe verdaderamente globalizado ha comenzado a mostrar su parte oscura que ahora deviene una realidad innegable: el surgimiento del nacionalismo.

Últimamente se habla mucho de manifestaciones sociales (principalmente en la periferia europea) y del descontento acerca del destino global en términos generales. Las razones son bastante obvias, la gente simplemente está desilusionada y ha salido afectada con las acciones de las autoridades (que ellos mismos eligieron) para mantenerse a flote en un mar de desesperación. Tristemente, parece no haber fin para este círculo vicioso de medidas de austeridad en aumento y una creciente deuda soberana.

Casi 100 años atrás, Keynes hizo la siguiente observación

“Mediante un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar, en forma secreta e inadvertida, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. Con este método, no sólo confiscan, sino que lo hacen en forma arbitraria y, mientras que el proceso empobrece a muchos, en realidad enriquece a algunos pocos (…) Aquellos para quienes el sistema genera ganancias inesperadas (…) se convierten en “especuladores” y objetos de un profundo sentimiento de odio (…) el proceso de obtención de riqueza se degenera en un juego de apuestas y lotería (…) sin duda Lenin tenía razón. No existe una forma más sutil y segura de desestabilizar la sociedad que corrompiendo la moneda. El proceso abarca a todas las fuerzas ocultas de las leyes económicas vinculadas con la destrucción, y lo hace de forma tal que ni siquiera una persona en un millón puede diagnosticarlo”.

                                                                                        John Maynard Keynes, 1921

Esto hace referencia a la impresión de dinero que conduce a la reducción de contenido metálico, como subproducto del deseo de estimular el crecimiento y el desarrollo económico. Esto suena perverso, pero es la dura realidad a la cual se enfrenta la economía global.

Aumento de la inequidad

Actualmente existe una brecha sostenida y creciente en la desigualdad de los ingresos, producto directo de la redistribución desproporcionada de la riqueza disponible. Esta situación prevalecerá debido a la cantidad casi interminable de dinero sin respaldo. Afirmar que todos los males del mundo están directamente vinculados a una política de estimulación monetaria, resulta ciertamente absurdo. No obstante, no se puede negar que existe más que un vínculo tenue entre el advenimiento del dinero fresco (adicional) y el aumento desproporcionado de la riqueza en un segmento muy pequeño de la población. Aquellos que poseen un exceso de efectivo no sienten el impacto de la inflación como los que no lo tienen.

Significa que si alguien es rico y tiene mucho efectivo, el hecho de que una manzana cueste ahora 20% más que hace dos años, no le afecta mayormente. En cambio, para quien su base monetaria no se amplía (sin aumento de salarios, menos empleo, etcétera), sin duda sentirá el dolor por causa de una manzana más cara y el deterioro real de su poder adquisitivo.

Nacionalismo ¿una reacción natural?

Frente a lo expuesto, ¿sorprende realmente que el individuo promedio esté descontento? La respuesta es no. La reacción natural, al igual que la de un animal herido, es replegarse y agredir a todas las fuerzas externas que considere peligrosas. En términos prácticos, esto conduce al nacionalismo.

Al comenzar a resurgir las fronteras, los individuos buscan proteger lo poco que les queda. Formar parte de un sistema global se convierte más en un problema de otros y cada vez resulta menos atractivo. Las políticas proteccionistas contra las cuales tanto se luchó hace apenas dos décadas, reaparecen. Está claro que todo esto puede ser algo pasivo, pero se corre un alto riesgo a medida que los líderes se van quedando sin ideas frescas. Puede convertirse en una lucha activa que si no es iniciada por los gobiernos en el poder, nacerá del descontento ciudadano y la desarmonía.

En todo caso, la historia, la vida y sin duda alguna los mercados, enseñan que todo es cíclico.

* Kenneth Veksler es sales trading de Saxo Bank.
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