URGE LA REFORMA FISCAL

Crisis de recursos en México

URGE LA REFORMA FISCAL

[Por Raymundo Tenorio / Ilustración Cruz Martínez]

México sufre una crisis de recursos. Para poder mantener el equilibrio entre lo que se ingresa y lo que se gasta, la necesidad de una reforma fiscal es inminente.

México sufre una crisis de recursos. Para poder mantener el equilibrio entre lo que se ingresa y lo que se gasta, la necesidad de una reforma fiscal es inminente.

El mismo día que tomó posesión del cargo constitucional de Presidente de la República, Enrique Peña Nieto anunció 13 acciones prioritarias de política pública en su mandato. Al menos la mitad de ellas tendrán que ver con la canalización de recursos vía fiscal, es decir, provenientes de asignaciones presupuestales específicas para cumplir en los hechos con los ofrecimientos.

La respuesta acerca del origen de los recursos aún no es del todo clara, ya que aunque se cita que habrá austeridad en el gasto gubernamental, al menos en 2013 no se esperan incrementos en los ingresos.

Ya son 18 años de incertidumbre tributaria y mucho se ha hablado de la necesidad de una verdadera reforma fiscal en México. Tenemos una crisis de recursos, con los ingresos fiscales más bajos como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y de los menores también en Latinoamérica, incluso si se consideraran los ingresos derivados del petróleo.

Voces como la del exgobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz Martínez, cuando califican a la recaudación como baja y mal gastada, no hacen sino confirmar que los reclamos a nuestros representantes políticos son justificados.

En los diversos intentos por sacar adelante una reforma fiscal integral, el resultado ha sido el mismo. Se tienen los cambios fiscales que se pueden y no los que se necesitan. La falta de recursos de la que adolecen el gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales, generan conflictos cada vez con mayor frecuencia, debido a que no se puede hacer frente a las demandas ciudadanas. La variable fundamental es siempre la misma: no hay dinero, la cobija ya no alcanza para cubrir las necesidades y requerimientos crecientes de los gobernados.

Es justo aclarar que la situación actual no es atribuible sólo al gobierno federal. Este tema era importante en las administraciones de los ex presidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, y se volvió urgente en los gobiernos de Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Ahora ha adquirido el carácter de impostergable, debido a los millones de mexicanos que se han sumado a la población y al hecho de que un sistema político más abierto requiere mayor capacidad de respuesta de los gobiernos. Esto también incluye a los niveles estatal y municipal, que en su mayoría no hacen esfuerzos locales por recaudar fondos que complementen las transferencias que reciben de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y sólo reclaman que les transfieran más y más recursos. En mi opinión, la verdadera reforma fiscal debe empezar a nivel local, es decir, a nivel municipal y estatal.

La reforma fiscal debe contener modificaciones a fondo en cuanto a exenciones y regímenes especiales. Estos factores han provocado serias distorsiones en la distribución del ingreso y han favorecido el acrecentamiento de fortunas en algunos productores agrícolas, transportistas, ganaderos, floricultores, fabricantes de zapatos, muebleros, avicultores, comerciantes ambulantes, etcétera. Para el sentir del ciudadano común, no es justo que descanse en los contribuyentes de siempre el pago de impuestos por ingresos recibidos.

Expertos de la OCDE, de la SHCP y del Tecnológico de Monterrey Campus Santa Fe, estiman en casi 2% del PIB el valor de todas estas preferencias y evasiones de impuestos directos. Los regímenes especiales y de exención complican el sistema tributario, y las fallas en la recaudación incluso facilitan que las empresas planifiquen la evasión de impuestos al declarar de manera incompleta o incorrecta sus ingresos. La baja productividad de las microempresas formales e informales puede justificar los regímenes simplificados. Sin embargo, con una reglamentación transparente y por igual para todos, incluso por tiempo limitado, puede elevarse la productividad y la posibilidad de sobrevivir a la carga fiscal.

En concreto: reforma fiscal significa tasas parejas y progresivas para todas las empresas y personas que por motivo de su actividad perciban ingresos.

Impuesto generalizado al valor agregado

El incremento en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en 2010 en 1% dejó las tasas general y fronteriza en 16% y 11% respectivamente. Sin embargo, el IVA se aplica solamente sobre los insumos gravables de bienes y servicios, y sobre las importaciones hacia México, también de bienes y servicios gravables. Las exportaciones, los alimentos (industrializados o no), las medicinas y algunos otros bienes tienen tasa cero. Además, se hacen distinciones de exención del IVA a transacciones específicas como servicios médicos y educativos. Según estimaciones de la SHCP, esto genera ingresos fiscales no percibidos equivalentes a 2% del PIB. Estas tasas cero, tasas reducidas y bienes exentos, no la pagan los consumidores finales, incluidos desde luego, las personas. Pero también las empresas y el propio gobierno dejan de pagarlo. Como resultado, los ingresos fiscales que no se perciben por IVA generalizado serían, según estimaciones, de hasta 5.3% del PIB.

La justificación fundamental por parte de los legisladores para no aplicar el IVA generalizado en diferentes momentos, es que perjudica a los más pobres. Sin embargo, estas exenciones y las tasas cero son ineficientes para reducir la pobreza, mientras, se convierten en subsidios y beneficios importantes para quienes tienen más altos niveles de ingresos. Veamos un ejemplo:

En el decil más bajo de ingresos se encuentra un jefe de familia que percibe el equivalente mensual a un salario mínimo de $1,870 pesos. De este gasto destina, entre alimentos, medicinas, alquiler de vivienda, educación y servicios médicos, 50.5% de sus ingresos, es decir, $945 pesos. Por este monto tendría que pagar (bajo el supuesto de que la reforma fiscal generalizara la aplicación a todo el consumo) $151.20 pesos de IVA. Ahora bien, si aplicamos el mismo método al decil más alto, donde se encuentran las personas de mayores ingresos en el país (incluyendo al hombre más rico de México y del mundo), basta con suponer que nuestro ejemplo al menos tiene un ingreso mensual de $90 mil pesos. Su consumo del mismo grupo de bienes y servicios sería, cuando menos, equivalente a 35.45% de su ingreso. Aplicado a los $90 mil, arroja un monto nominal de consumo de bienes y servicios con IVA tasa cero y exentos de $31,905 pesos, lo que le significarían no pagar IVA por $5,105 pesos.

Por esta rezón es urgente sustituir las tasas cero y exenciones de IVA por transferencias en efectivo focalizadas precisamente en la población con menores ingresos. Hasta la próxima.

* Raymundo Tenorio Aguilar es director de la carrera de economía y finanzas en el Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe. Puedes escribirle a: raymundo.tenorio@itesm.mx
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s