RIQUEZA MAL ADMINISTRADA

Excedentes petroleros

RIQUEZA MAL ADMINISTRADA

[Por Clara Zepeda /Ilustración Tomás Benitez]

En los últimos años se han obtenido importantes cantidades gracias a la alta cotización del petróleo mexicano. Sin embargo, no sólo se ha desaprovechado ese dinero para invertir en el desarrollo de largo plazo del país, sino que hay opacidad en el destino de esos recursos.

En los últimos años se han obtenido importantes cantidades gracias a la alta cotización del petróleo mexicano. Sin embargo, no sólo se ha desaprovechado ese dinero para invertir en el desarrollo de largo plazo del país, sino que hay opacidad en el destino de esos recursos.

En las últimas dos administraciones, mientras la clase política sólo pensó en la coyuntura o en la situación inmediata y no en el largo plazo, la economía mexicana que está petrolizada, aunque lo ve lejos, corre el riesgo de caer en la misma situación que Grecia.

La industria petrolera representa entre  8 y 9% del PIB de México. El problema es que 35% de los ingresos del gobierno mexicano depende de las ventas de petróleo en el extranjero. Además, se carece de un mecanismo que permita aprovechar los altos precios del petróleo, los cuales proporcionan ingresos excedentes a las finanzas públicas. Hay que sumar que el manejo de estos recursos ha sido opaco y la mayor parte se ha destinado a gasto corriente del Estado.

De acuerdo con datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón se obtuvieron ingresos excedentes petroleros por aproximadamente un $1.2 billones de pesos, que fueron utilizados casi en su totalidad en el gasto corriente federal, así como de los estados y municipios.

El cálculo de los ingresos presupuestarios propuestos por el Ejecutivo Federal considera las entradas por concepto de impuestos, ganancias de organismos y empresas autónomas, otros ingresos no tributarios y, por supuesto, ingresos asociados a la actividad petrolera. En los últimos años, los legisladores han establecido un precio estimado de venta del barril de mezcla mexicana de petróleo entre $10 y $20 dólares por debajo del precio de mercado del precio del mercado.

Esto no es necesariamente malo. Por el contrario, establecer un escenario conservador evita que, en caso de que los precios se ubiquen por debajo de las estimaciones, se afecten las finanzas públicas y se termine recurriendo a otros medios de financiamiento, como sería contraer deuda.

Petroleo3Administrar la riqueza

Francisco Cravioto, investigador del área de presupuestos y políticas públicas de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, señala que “los excedentes petroleros son un rubro fundamental para la economía nacional. De no existir, el Estado no contaría con más de la tercera parte de sus ingresos. Esto es muy grave porque estamos hablando de un recurso finito cuyas reservas probadas se calculan para 30 años más”.

Por su parte, José Antonio Quezada, presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), afirma que “México está viendo muy lejos a Grecia, que está en problemas fiscales por su propio despilfarro. Pero el destino nos puede alcanzar si los precios del petróleo bajan o las reservas del hidrocarburo se reducen aún más y no se logran medidas para balancear el déficit fiscal, por lo que urge a elaborar una reforma hacendaria”. Añade que los excedentes petroleros que se fueron más a gasto corriente no ayudaron a nada y sólo sirvieron para mantener la burocracia estatal.

Lo más preocupante es la falta de transparencia en prácticamente todas las partidas de los gobiernos estatales, ya que no necesariamente están monitoriables, ni se ve que se hayan destinado a obras de infraestructura. “Estos excedentes debieron utilizarse para costear la transición de la economía mexicana a una más sustentable”, asevera Cravioto.

Tan sólo en el año 2000, los ingresos petroleros excedentes ascendieron a $44,968.7 millones de pesos, de los cuales, 61.3% ($27,568 millones) se destinaron al gasto no programable.

En 2001 los ingresos petroleros fueron inferiores a -$6,317.5 millones a los estimados en la Ley de Ingresos.

De los $8,441.1 millones de pesos adicionales obtenidos por ingresos petroleros en 2002, la totalidad se destinó a gasto corriente.

Para el 2005, los ingresos petroleros excedentes ascendieron a $104,919.6 millones, de los cuales $43,972.7 millones correspondieron al Aprovechamiento sobre Rendimientos Excedentes que se obtuvo por un precio superior a $27 dólares por barril de petróleo crudo. El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2005 estableció que 50% de estos recursos se destinarían a las entidades federativas, y el resto se devolvería a Pemex para inversión en infraestructura.

Durante el sexenio calderonista ingresaron $737 mil millones de pesos adicionales a lo presupuestado por la venta de petróleo crudo, lo que representa 20% del presupuesto público federal de 2012.

Aroa de la Fuente, investigadora del área de Presupuestos y Políticas Públicas de Fundar, revela que desde 2006 el precio del barril de petróleo ha estado en promedio $25 dólares por encima del precio de referencia que el gobierno calculó para esos años; exceptuando 2009, cuando el precio del petróleo sufrió una caída importante derivada de la crisis internacional de ese año. “Ante tal cantidad de recursos adicionales, y si consideramos que el petróleo es un recurso que pertenece a toda la población mexicana, parecería que es del mayor interés público conocer con exactitud cuál fue el destino de este dinero”, destaca.

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El uso de los recursos petroleros

La información que la Secretaría de Hacienda (SHCP) ha publicado sobre este tema, es –por decir lo menos– limitada en cuanto al uso que se le dio a dichos ingresos excedentes. De la parte que sí reporta, más de 70% fue destinado al pago de recursos humanos y contrataciones de bienes y servicios.

“El gobierno debería gestionar estos recursos con una visión de largo plazo y destinarlos a proyectos que aseguren la sostenibilidad del gasto público. Esto lo puede lograr mediante la potenciación y diversificación de la estructura productiva del país, a través del gasto en inversión para generar nuevas fuentes de ingresos, además de ahorrar una parte para necesidades futuras. Pero lo realmente urgente es crear los mecanismos para transparentar su uso y exigir a la clase política que se comprometa a gestionarlos adecuadamente”, asevera De la Fuente.

María Antonia Ortiz, del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), destaca que lograr transparencia en las cuentas públicas a través de la homogeneidad de los reportes contables permite hacer un uso más eficiente de los recursos, mejorar la calidad del gasto, hacer factible la comparación del desempeño entre estados y llevar a cabo un análisis adecuado de ingresos y gastos.

Alejandro Olivo, analista de la calificadora Moody’s, complementa diciendo que aunque representa un gran reto la implementación de la Ley de Contabilidad Gubernamental, es una buena noticia que estados y municipios comiencen a rendir cuentas, sobre todo el recurso proveniente de la Federación, el cual debe ser reportado de manera clara, oportuna y más rigurosa. “Coahuila representa un caso más que nos recuerda el rigor y la precisión con la que debemos hacer el trabajo las calificadoras, nadie está exento de sufrir un fraude; este es un caso de información falsa y dirigida a desviar el análisis”. Sin embargo, estados como Nayarit, Tamaulipas, Veracruz y Zacatecas, entre otros, también han aumentado su deuda.

La Auditoría Superior de la Federación informa que, en el periodo 2006-2011, la deuda pública bruta total creció 72.6% en términos reales, mientras la economía sólo se expandió 7.8% real, lo cual indica un deterioro en sus niveles de sostenibilidad. Sin embargo, Olivo menciona que la calidad crediticia del gobierno federal no está en riesgo ante el aumento de la deuda en las entidades federativas.

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A despetrolizar la economía

A diferencia de otros países, el gobierno mexicano no ha pensado en el largo plazo, por lo que la administración de Enrique Peña Nieto deberá trabajar en las reformas fiscal y petrolera. El problema es que prometió triplicar el crecimiento económico de la última década, que fue de 1.7% en promedio anual. Sin embargo, es complicado alcanzar esta meta sin echar mano a estos recursos para incentivar la economía de manera inmediata.

¿Qué son los excedentes petroleros?

Todos los años, el Congreso de la Unión establece un precio de referencia para el precio del petróleo que sirve para calcular los ingresos petroleros, que a su vez, se suman al total de ingresos con los que contará la Federación para gastar.

Los excedentes petroleros se generan en caso de que el precio real observado durante el año es superior al precio de referencia establecido por el Congreso.

¿En qué se gastan los excedentes petroleros?

De acuerdo a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (LFPRH), en el Artículo 19, Fracción 1, se señala que los excedentes de ingresos deberán destinarse a:

  • Compensar el incremento en el gasto no programable respecto del presupuestado, por concepto de participaciones.
  • ­Solventar el costo financiero derivado de modificaciones en la tasa de interés o del tipo de cambio.
  • Pago de adeudos de ejercicios fiscales anteriores.
  • Atención de desastres naturales cuando el Fondo de Desastres a que se refiere el artículo 37 de esta Ley resulte insuficiente.
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