LO QUE NOS ESPERA

*Artículo publicado en la edición impresa de la revista de diciembre de 2012.

La era del spanglish

LO QUE NOS ESPERA

[Por Jorge Suárez Vélez*]

Desde el punto de vista de un mexicano que lleva 20 años en Nueva York, tengo que reconocer que, a pesar de que siempre me ha apasionado la política, apenas empiezo a entender cómo funciona realmente el juego de poder en un sistema cuya apariencia de simpleza está muy lejos de la realidad.

Después de un par de miles de millones de dólares gastados en la carrera a la presidencia, y de que las elecciones para escaños en el senado y cámara de representantes costaron cerca de dos veces eso, Obama retuvo la presidencia, los demócratas la cámara baja y republicanos el senado; es decir, todo se quedó como estaba. No obstante, hay elementos importantes que se tienen que recalcar.

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¿Cuestión de razas?

Primero, resulta claro que esta es la primera vez que el voto blanco no define al ganador de la elección presidencial. 88% de quienes votaron por Romney son blancos anglosajones versus 56% de quienes lo hicieron por Obama, pero éste último recibió más de 90% del voto negro y 72% del voto hispano. Queda claro que el Partido Republicano tiene que volverse más incluyente, pues las tendencias demográficas van en su contra. Habiendo dicho eso, sin embargo, no se puede asumir que será posible que los demócratas vuelvan a movilizar a los votantes negros en forma tan efectiva cuando se trate de otro candidato.

Por lo pronto, la importancia del voto hispano creció en forma sorpresiva. En mi opinión, sería un error que los demócratas cuenten con que el voto hispano siempre los favorecerá. En esta ocasión les ayudó que Romney viniera de una primaria republicana particularmente aguerrida y extrema que le forzó –equivocadamente– a ponerse a la derecha de Rick Perry (gobernador de Texas) en materia de migración, anulando su posibilidad de hacer un trayecto de regreso hacia una posición más de centro, después de haber invitado a indocumentados a autodeportarse, y tras decir que la ley migratoria de Arizona era ejemplar.

Creo que los hispanos no votaron “a favor de la plataforma demócrata”, sino en contra de una posición republicana poco amigable hacia quienes no son blancos. A Romney le fue, por eso, aún peor con el voto de la población de origen asiático. Pero, no hay que dejar de ver que en los estados más antiinmigrante fueron reelectos todos los candidatos xenófobos con amplias mayorías, no hay que leer de más.

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La clave de todo: la reforma migratoria

La gran contradicción, ahora, es que la reforma migratoria adquiere un perfil estratégico indiscutible. Evidentemente, ésta no fue jamás prioridad para Obama pues, después de haber prometido que la introduciría al legislativo en sus primeros cien días de gobierno, jamás lo hizo y decidió hacer una iniciativa de “Acción diferida” para posponer la deportación de jóvenes indocumentados que cumplen con ciertas características. Lo hizo absolutamente por motivos electoreros un par de meses antes de la contienda. Pero, si Obama pone ahora una reforma migratoria sobre la mesa en su segundo mandato, pondrá a los republicanos ante una tremenda encrucijada. Si la rechazan, se pueden despedir del voto hispano por décadas; si la apoyan, le siguen dando a Obama un muy vendible logro que valdrá oro para futuros candidatos demócratas. Por ello, más que nunca, la oportunidad de que pase una reforma así nunca ha sido mejor.

¿Y a nosotros qué?

¿Cómo le afecta todo esto a México? Sin duda, nuestro país puede volver a ponerse de moda, como lo hizo hace 20 años en la era del TLCAN. Estoy seguro de que el más importante catalizador para impulsar la relación con Estados Unidos pasará por la reforma energética mexicana que coincide con el ferviente deseo del gigante del norte de volverse autosuficiente en materia energética.

Los recientes avances en materia tecnológica que ahora permiten perforar los enormes yacimientos de shale gas, le dan a Estados Unidos la posibilidad de ponerle la zanahoria a cientos de miles de millones de dólares de inversión necesaria para la conversión. Esto ocurre en un momento en el que el nerviosismo aumenta debido a la dependencia de petróleo importado, cuando la Primavera Árabe y la creciente tensión en Medio Oriente entre Irán e Israel presagian una creciente inestabilidad geopolítica en la zona.

México adquiere un perfil crucial en ese proceso, si se abren el gas y la petroquímica a la inversión privada como resultado de la reforma. Romney lo dijo en dos de los tres debates al subrayar la importancia de la autosuficiencia energética “norteamericana” (específicamente diferenciándola de la puramente estadounidense).

Sin duda, ese proceso será más complicado con Obama, debido a los recursos que éste le ha dado al desarrollo de energía renovable (y al peso político de grupos ambientalistas en su partido). Sin embargo, hay importantes argumentos a favor del desarrollo de gas que provienen de la clara reducción en la emisión de gases invernadero en Estados Unidos, como resultado de la conversión de petróleo a gas que ha crecido en los últimos años.

La economía estadounidense requiere de un claro catalizador que impulse a la inversión privada (en un momento en que las empresas estadounidenses tienen cerca de dos millones de millones de dólares de caja), y la “reconversión” energética presenta una oportunidad única en un sector en el cual Estados Unidos tiene ventajas comparativas sobre el resto del mundo.

Lo que nos queda pendiente

México comparte yacimientos con su vecino del norte y habrá enorme apetito para ayudar a que el país también desarrolle su capacidad gasífera. Para ambas naciones, eso implicará acceso a energía muy barata, lo cual a su vez detonará el crecimiento de la inversión en capacidad de producción para manufacturas.

La importancia de México crecerá durante el segundo término de Obama. Ahora, le toca al gobierno de Peña Nieto decidirse a cambiar el discurso y dejar de ser el país víctima del narcotráfico y del maltrato a migrantes mexicanos, para asumir el papel que nos toca: el de socio. México necesita una estrategia inteligente de cabildeo, y una poderosa campaña de relaciones públicas que cambie nuestra imagen.

La imagen que corresponde al país es la de uno que les envía más de mil millones de dólares de exportaciones diario, que les produce 38% de todos los bienes que ellos exportan, que tiene 115 millones de habitantes más jóvenes que ellos, con creciente poder de compra y con una clase media pujante. Pero, para que ellos nos lo crean, primero tenemos que creérnoslo nosotros.

* Jorge Suárez Vélez ha trabajado desde 1981 en instituciones financieras a lo largo del mundo y colabora como comentarista en distintos medios de comunicación, como CNN en Español.
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