LA SABIDURÍA CONVENCIAL TOPÓ CON LA REALIDAD

¿Qué hacen los poderosos frente a la crisis?

LA SABIDURÍA CONVENCIAL TOPÓ CON LA REALIDAD

[Por Pedro Alonso Angulo / Foto Dreamstime]

Las decisiones tomadas en septiembre, en cuanto al manejo de la economía en los dos más grandes centros de poder del mundo, Estados Unidos y Europa, si bien tienen impacto positivo, no serán las que resuelvan una crisis que ya cuenta con cinco años de vida.

No se dónde ni cuándo aprendí que la gente a veces se pone muy loca, pero no come vidrio ni jabón. Este comentario vale desde luego para la clase política global y viene a cuenta de que, en mi colaboración anterior para Inversionista dediqué amplio espacio para comentar sobre uno de los riesgos importantes –quizá el más– que percibía en la economía del mundo: la influencia de la clase política, pero sobre todo la falta de credibilidad que padece, junto con la soberbia (por llamarla de alguna manera), en el sentido de creerse más poderosos que los mercados.

Pero la evidencia dice otra cosa. Suele atribuírsele a John Keneth Galbraith, ilustre economista, el término de “la sabiduría convencional” (aunque esto es relativo, pues existen pruebas de su existencia antes que Galbraith lo publicara en 1958 en su libro The Affluent Society), en la idea de que existen conocimientos y creencias que surgen y se esparcen en la sociedad sin tener alguna base firme de sustentación. Pero además sobreviven largo tiempo, incorporándose a los usos y costumbres populares. Nadie los cuestiona, hasta que se topan con su principal e invencible enemigo: la realidad. Entonces se desmoronan.

Eso fue lo que, supongo, ocurrió de alguna manera en septiembre pasado: los políticos se convencieron de no poder ir en contra de los mercados y de que las cosas estaban llegando al límite sostenible, en lo que toca al manejo de la crisis económica, que vive su quinto aniversario, tras pasar varias etapas. Así que actuaron. Lamentablemente lo hicieron de la manera que supuse lo harían y que compartí con ustedes en mi artículo anterior: a través de acciones de política monetaria únicamente, que proporcionan temporalmente oxígeno a la economía, pero no la sanan.

En Europa, la decisión fue que su Banco Central participara directamente en la compra de bonos en los mercados, con el objetivo de estabilizarlos y conseguir que la tasa de interés baje a niveles más tolerables para los países que están en necesidad de refinanciar su deuda, independientemente de si han recibido paquetes de rescate; o sea, todos.

En Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed) optó por incrementar su compra de bonos por 40 mil millones de dólares mensuales y ofreció mantener la tasa de interés de referencia en su nivel actual (entre 0 y 0.25%), mismo desde hace tres años, hasta mediados de 2015. A diferencia de la decisión europea, la Fed sí busca estimular el crecimiento de la economía.

Sin novedad

Más allá de las motivaciones y condiciones en que actuaron ambos bancos centrales –que insisto fueron “límites”–, lo bueno del asunto es que finalmente lo hicieron. Lo no tan bueno, desde mi punto de vista, es que por más que algunos las llamen “medidas no convencionales”, son mecanismos que en la realidad no son novedosos.

Las intervenciones en los mercados, por parte de los bancos centrales comprando o vendiendo títulos, es parte de sus funciones típicas: las operaciones de mercado abierto. Tienen como todo, sus partes buenas y las otras. La buena es que sirven para regular la tasa de interés y la liquidez, y para mandar señales al resto de la economía sobre lo que se espera que ocurra. La otra, no tan buena, es que crean medios de pago para poder actuar, sin tener en contrapartida la producción de bienes y servicios necesaria para que el nivel general de precios se vea presionado. Asimismo, la participación permanente de los bancos centrales en los mercados tiende a suplir la función de estos, con lo que se deforma la parte financiera de la economía (inter construida en todas las otras partes). Siempre será más fácil venderle y comprarle a un operador “grandote” que competir con todos los demás.

Por otra parte, no puedo dejar de preguntarme si no estamos frente a una situación en la que los hacedores de política económica, no saben qué hacer, simplemente porque las cosas que hoy tenemos enfrente son en muy buena medida inéditas y las autoridades aplican recetas similares a las del pasado, aunque en mayor escala.

No ha habido tiempo, por la dimensión y violencia de la crisis, para desarrollar nuevo conocimiento económico e instrumentar prácticas y políticas para contenerle y darle la vuelta. Entre tanto, las decisiones claro que han animado a los mercados. ¡Hombre! Si te dan más dinero al mismo precio, implícitamente lo están bajando. Y de eso nadie se queja. Suerte.

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