CALIFICACIONES: EL REFERENTE OBLIGADO

Invertir en deuda

CALIFICACIONES: EL REFERENTE OBLIGADO

[Por Matiana Flores]

La crisis financiera de 2008-09 ha sido un punto de quiebre en diversos ámbitos económicos, financieros, políticos y sociales en el mundo. Entre los actores principales de este cambio están las calificadoras de valores, cuya importancia no queda a discusión dado que el mayor porcentaje de las inversiones –al menos en México– se destina a instrumentos de deuda; esto, sin contar que los recursos de nuestro ahorro para el retiro se destina, también, a este tipo de instrumentos.

Las calificaciones son algo que siempre estaremos viendo en la conformación de carteras de inversión, así que es importante conocer la visión y expectativa de una de las calificadoras de valores más importantes del mundo, Standard & Poor’s, a través de Víctor Manuel Herrera, su director general en México.

¿Ha cambiado el papel de las calificadoras de valores después de la crisis de 2008-09?

Con las críticas que recibimos por la calificación que se asignó sobre todo a los títulos hipotecarios en Estados Unidos, la composición de las calificaciones que dábamos ha cambiado. Ha aumentado mucho la participación de las calificaciones tradicionales y los instrumentos corporativos soberanos, y ha disminuido en una forma muy importante la participación de los instrumentos estructurados dentro de nuestro perfil de negocio. También a raíz de las críticas que recibimos de las metodologías utilizadas, las calificadoras –no solamente Standard & Poor’s (S&P)– han hecho grandes esfuerzos para actualizarlas y hacerlas más transparentes y accesibles al público inversionista. Eso ha permitido una mayor interacción con los participantes de mercado.

¿Qué están haciendo las calificadoras para caminar a la par que lo hace la industria financiera en cuanto a la introducción de nuevos, y cada vez más sofisticados, instrumentos financieros?

Es muy complicado y reconozco que no siempre vamos a la vanguardia en eso. La manera en que tratamos de ir a la par es preparando continuamente a nuestros analistas en lo que se refiere a los últimos instrumentos que salen al mercado y tratar de entender los riesgos implícitos que tienen estas herramientas novedosas que sacan los bancos. Pero siempre es un efecto reactivo, porque no sabemos exactamente que es lo que está produciendo el mercado financiero hasta que ya ha sido lanzado y hasta entonces se empieza a analizarlo.

¿De qué manera influyen las calificaciones soberanas en la calificación de la deuda corporativa?

Cada calificadora tiene su propia forma de ver a las entidades que califica. En nuestro caso, existe un tope para las calificaciones de las empresas y de los bancos que pudiera ser el riesgo-país. Es muy difícil para S&P asignarles una calificación que vaya por encima de la calificación del país donde se encuentran ubicados, a menos que tuviera una actividad internacional predominante en países de menor riesgo. Por ejemplo, Banco Santander tiene una calificación mayor a la de su país de origen porque tiene una participación importante en otros países, además de España.

¿Cuál es la importancia de las calificaciones crediticias en la conformación de portafolios de inversión de deuda?

A pesar de los debates que se tuvieron hace unos años con la crisis hipotecaria en Estados Unidos, las calificaciones siguen siendo parámetros de comparación, de análisis que hacen los inversionistas institucionales para poder invertir en títulos corporativos o de otra especie. Somos sumamente consultados y nuestras calificaciones son utilizadas con mucha frecuencia por los inversionistas institucionales –fondos de pensión y de ahorro en particular–. Somos un elemento más en su proceso de análisis. De ahí la sensibilidad que muestran los mercados cuando una calificadora baja o sube la calificación de un país o de una empresa

Ya no es como en los 90s cuando casi todos los países emergentes estaban en grado especulativo y estában con la esperanza de ser algún día un grado de inversión. Ahora, una gran cantidad de países en mercados emergentes ya están en ese nivel. Las diferencias crediticias se han vuelto un poco más sutiles y se utilizan las calificaciones como herramientas para medir esos riesgos.

Las calificaciones en grado de inversión empiezan en BBB- para arriba. México está en BBB, pero hace unos años solamente Chile –en Latinoamérica– se ubicaba por encima de ese nivel. Ahora ya están ahí México, Brasil, Perú, Colombia y Panamá. Cada vez hay más países que tienen un nivel de solvencia crediticia que ya se cataloga dentro de grado de inversión

Cuando la gente invierte en renta variable y baja el precio de las acciones, la consigna es aguantar a que suba el mercado para recuperar e incluso ganar ¿Qué hace un inversionista cuando baja la calificación (y por ende el precio) de un título de deuda en el que está invertido?

Todo depende del apetito al riesgo que tenga un inversionista en particular. Hay varios casos: están Ford y General Motors en donde los emisores de deuda pasan por procesos de reestructura financiera y corporativa muy largos y dolorosos. Cemex está en medio de uno de esos procesos actualmente. Hay empresas que logran sobreponerse a esos retos, pero otras se quedan en el camino.

Es una decisión de cada inversionista si quiere arriesgarse a volver a estar en el nivel en el que entró después de un proceso de reestructura profunda, o definitivamente toma sus pérdidas y se enfoca a otra inversión. Eso depende de cada persona en particular, de su apetito al riesgo y, sobre todo, del trabajo de análisis que realiza para tomar esa decisión

¿Se pueden “ver” alertas sobre los problemas que pueda estar presentando un emisor de deuda privado?

Sí hay señales. Por ejemplo, un proceso de reestructura lleva a la empresa a deshacerse de activos o a contraerse, a hacerse más pequeña. Estos indicadores son sumamente negativos. Ahora bien, no hay una señal que te alerte acerca de una posible recuperación. Las señales que todo el mundo observa es la disposición de los propietarios y de la gerencia por atraer nuevos socios, de deshacerse de activos en un momento que pueden hasta salir por debajo de su precio deseado, la facilidad de buscar alternativas a los mercados deprimidos que tienen en ese momento. No hay razones financieras que te puedan indicar el momento en que una compañía pueda salir adelante. Eso siempre viene después. Por eso es muy importante tener en cuenta que los instrumentos de deuda no son de renta fija.

Al principio de la crisis se decía que iba a durar unos cinco años. Ya llevamos cuatro y aún se ve muy lejos la salida. ¿Qué expectativas tienen al respecto?

Yo creo que la expectativa era que la crisis iba a durar cuando menos cinco años. Va a tomar mucho tiempo, sobre todo a Europa, poder regresar a los niveles pre crisis. El problema en el viejo continente es muy complicado: los países de la periferia, como España, Portugal y Grecia, crecieron con muchísima deuda. Pero además de los gobiernos, también hay que ver con qué velocidad creció la deuda de las empresas, de las instituciones financieras y la de los mismos individuos. Los españoles deben más en tarjeta de crédito e hipotecas que lo que debe el país. Si se suma todo, se llega a aproximadamente al 400% de su PIB.

Dado el contexto actual, de lento crecimiento de la economía global, hay quien dice que es mejor invertir en deuda que en acciones. ¿Qué opinan?

Ahí hay un gran debate. Todo depende de las expectativas que puedas tener de las tasas de interés y de la inflación. Cuando vinieron todos estos programas de ajuste monetario para estimular el consumo en Estados Unidos y en Europa, mucha gente pensó que iba a venirse una escalada de precios, un aumento en la inflación que empujara las tasas de interés para arriba. Sin embargo, no ha sido así porque las economías todavía están muy deprimidas y hay analistas que piensan que este entorno de tasas bajas podrá durar todavía unos ocho años más. Si tú crees eso, y perteneces a esa escuela de pensamiento, entonces tu alternativa de inversión puede estar más en la renta variable porque las empresas en estos mercados que reciben estos estímulos continuarán creciendo. Muchas empresas que vieron los precios de las acciones contraídos en forma dramática en 2008, ya han recuperado –e incluso excedido– el nivel que tenían antes de la crisis. Pero también hay sectores que no han podido recuperarse, como es el caso del financiero y algunas industrias.

¿Qué tan difícil es otorgar una calificación a una empresa de internet, como pueden ser Gloogle o Facebook?

Hasta donde yo sé, no las tenemos calificadas nosotros y es que son empresas que no funcionan con deuda sino con aportaciones de capital, y eso ya te lleva a la visión y la fe que puedan tener los inversionistas en renta variable o los de venture capital (capital de riesgo). No son empresas que puedan fondearse fácilmente en el mercado de valores, precisamente por lo riesgosos que son sus negocios.

Se dice que México no mejora su nivel de calificación de grado de inversión debido a que no ha realizado las reformas estructurales que necesita. ¿Qué tan cierto es esto?

México ha crecido en los últimos años a un ritmo menor que el de sus pares. Se tiene que apuntalar su capacidad de crecimiento, pero no todo son las reformas estructurales: hay cosas que el gobierno (federal, estatal, municipal, e inclusive el Congreso) puede hacer para facilitar más el ambiente de negocios. Por ejemplo, pasan los años y todavía hay una carga regulatoria importante en el sector financiero –que la tenemos adicional por la crisis–, pero también en el manufacturero y el comercial. Todavía es muy difícil abrir un negocio en cualquier lugar en este país. Pero si es difícil abrir un negocio, es mucho más complicado cerrarlo. Resulta muy difícil contratar a una persona con cierto nivel de calificación técnica o de conocimientos, y es muy difícil despedirla cuando el ciclo económico va en tu contra.

Esas cosas nos han hecho perder competitividad. Por ejemplo, si una empresa mexicana exporta algún producto manufacturado al extranjero, no tiene que cobrar el IVA, pero si exporta servicios, sí tiene que aplicarlo y se vuelve poco competitiva. No todo eso tiene que pasar por el Congreso, solamente los cambios a las leyes. Las reformas estructurales sí ayudarían a crecer más rápido, pero en su ausencia hay otras cosas que pueden hacerse.

La baja en la tasa de interés en los países desarrollados ha hecho que mucho capital se refugie en países emergentes, como es el caso de México. Si en un momento dado saliera la inversión en deuda ¿Cuál sería el riesgo?

Ya hemos tenido esa presión en nuestras finanzas públicas. Lo vimos en 2009 cuando, además de la recesión de Estados Unidos, teníamos la influenza AH1N1. Los capitales se fueron rápidamente y hubo necesidad de utilizar las reservas del Banco de México (Banxico) para que no se depreciara tan fuertemente el peso. En la medida en que te vuelves más atractivo para los inversionistas de cartera (bonos, acciones, etcétera), tienes que tomar medidas adicionales de liquidez para enfrentar uno de esos eventos, y eso es precisamente lo que ha hecho el Banxico al aumentar sus reservas internacionales. Mientras más deuda de corto plazo y largo plazo tengan las empresas, y el gobierno de corto plazo, mayor necesidad de liquidez va a tener que proveer el banco central.

¿Hay posibilidades de que S&P vuelva a revisar a la baja la calificación de Estados Unidos después de lo que suceda en enero de 2013 con su situación fiscal?

Definitivamente sí. No podría poner una fecha tan puntual pero la perspectiva continúa siendo negativa y hemos estado apuntando que los problemas están lejos de resolverse. Estados Unidos tiene la fortuna de ser un país al que están recurriendo como refugio los inversionistas globales y eso le permite refinanciar todas esas necesidades de efectivo que tiene, pero no es algo que pueda permanecer eternamente.

El precipicio fiscal de un país es igual al déficit que puede tener una persona. Quiere decir que está gastando más de lo que gana. Entonces, para pagar sus deudas, deben ahorrar y gastar menos. Lo mismo ocurre con un país como Estados Unidos. Tiene que reducir el ritmo de déficit que tiene y tratar de estabilizar el crecimiento de la deuda en el largo plazo para poder evitar un deterioro mayor al que tienen sus finanzas.

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