Mercados vs Políticos

Pérdida de credibilidad

MERCADOS VS POLÍTICOS

[Por Pedro Alonso Angulo]

Si tuvieron oportunidad de leer mi artículo en el número anterior de Inversionista, comprobaron que algunas de las cosas que asumí que podían pasar en el futuro inmediato, ocurrieron. No me hace sentir del todo bien, pues los temas mencionados, como asuntos que me preocupaban, no se resolvieron como debía ser.

Concretamente, me refiero a la calificación de las elecciones presidenciales en México, que se extenderá hasta su límite (6 de septiembre de 2012). Hay que reiterar que, de todas formas, siempre será mejor que las controversias electorales se resuelvan en el ámbito jurídico y no en el de la violencia o en el de las componendas “en lo oscurito”, como ha ocurrido en el pasado.

Es un asunto de credibilidad

En el caso de la economía y los mercados, la evidencia señala que las cosas no están cerca de resolverse, sino peor que antes, sin avances hacia una solución factible, duradera y creíble. El tema de la credibilidad es quizá el que más me preocupa de cara a los problemas que el mundo enfrenta. Problemas que en lo fundamental se localizan en Europa, la mayor amenaza para la recuperación del crecimiento global y la estabilidad del sistema financiero internacional, y consecuentemente es el principal desafío para que grandes grupos sociales en todas las regiones del planeta puedan aspirar a un bienestar real.

La pérdida de credibilidad se manifiesta de diversas maneras: la más evidente es el comportamiento de los mercados, sobre todo los de deuda. Aunque he vivido siempre cerca de los mercados accionarios, no dejo de decir que los que señalan e influyen de manera más decisiva en el rumbo de las cosas, son los de deuda. La razón es muy simple: este planeta se mueve con crédito, y los títulos de deuda representan el flujo de crédito que mueve al mundo, cuyo precio es la tasa de interés.

Sé perfectamente que los mercados accionarios son los que más llaman la atención, los más divulgados, los que tienen encanto. Pero al final del día lo que nos muestran es un saldo.

Lo que el mercado le proporciona a las empresas para funcionar ocurre una vez cada tanto, en la emisión primaria de acciones. Es entonces cuando las compañías reciben flujo financiero que va directo a su corazón: el capital. Después, en las transacciones del mercado secundario, el de todos los días, lo que vemos es el saldo de las operaciones entre particulares; las empresas ya no reciben nada. Sin embargo, en la operación crediticia el flujo es continuo, y si se suspende o su precio sufre distorsiones importantes, algo grande puede sucederle en la economía de todos.

Lo que hemos visto ahora es que el precio del crédito se ha elevado en los mercados, por más que los bancos centrales hacen esfuerzos (unos más, otros menos) por mantenerlo bajo. Desde mi punto de vista esto dice tres cosas:

  1. Los esfuerzos no son suficientes en calidad y cantidad, evidenciando la falta de credibilidad que tienen quienes propician y toman tales decisiones.
  2. Al final, el costo del crédito está aumentando y esto sí tiene un impacto real en la economía y no precisamente benéfico.
  3. Cada vez se está más cerca del límite permisible para que las cosas no exploten.

Quizás lo anterior puede sonar melodramático, pero así es como lo veo. A menos que se tomen decisiones definitivas en Europa, la Unión Europea y el euro como moneda única son especies en vía de extinción, con todo lo que ello supone para los habitantes de estas naciones y el resto del mundo. Significa admitir cambios radicales en las posiciones políticas de los miembros y un costo elevado para todos: en términos de bienestar y crecimiento para la sociedad, y de pérdida de poder para los políticos que hasta ahora han estado a cargo de las decisiones.

Hay que pensar, además, en la alta probabilidad de incumplimientos de compromisos por parte de los países que han recibido apoyos, Grecia, principalmente. Implica que, durante algún tiempo, habrá que financiarlos sin imponer demasiadas limitaciones, con el consecuente deterioro de las finanzas de la Unión Europea. Este escenario no excluye una posible salida del país helénico y otras naciones del mecanismo comunitario.

Incompetencia o engaño

Hace algunos años, supongo que entre 2007 y 2008, Inversionista me invitó a participar junto a otros dos profesionales del mercado financiero en México, en una entrevista colectiva que posteriormente se publicó en estas páginas. Fui el único que sostuvo la idea de un escenario recesivo global, supongo que soné pesimista y extremoso. No estoy acostumbrado a decir cosas para agradar a los demás, al menos no por norma. Por eso ahora digo lo que digo.

Haber estado ya varias décadas trabajando en el ambiente financiero y de negocios en general, e interesándome por lo que pasa alrededor, me ha permitido observar cómo, de manera absurda, los políticos piensan que son más poderosos que los mercados. Eso habla de su ignorancia sobre cómo funcionan estos últimos y de cómo opera la economía. Una peor opción es que, sabiéndolo, prefieren mentir para ofrecerle al público una cara amable, lo que me parece desastroso.

Pienso que se ha llegado a un punto tal que, de seguir con esta actitud (pretender que pueden controlar las cosas y seguir ofreciendo promesas de felicidad sin costo), el hoyo puede ser mayor al ya visto y al que los políticos imaginan.

Los mercados están llegando a su límite de tolerancia. Ya no es un problema de liquidez sino una situación de pérdida de confianza que, al igual que un árbol, tarda años en crecer y requiere cuidados constantes. Lo lamentable es que se le puede derribar en pocos minutos usando cualquier instrumento de tala más o menos moderno. Los mercados son más poderosos que los políticos, empezando porque no tienen el costo que supone la pérdida del poder. No tienen nombre, rostro, e-mail, ni dirección física; actúan a partir de información disponible para todos, de manera inmediata y a gran velocidad, apoyándose en la última tecnología disponible. Claro que cometen errores: pero se asumen y se corrigen.

Los mercados  accionarios, por su parte, desde principios de junio y hasta mediados de agosto (cuando escribo este artículo), parecen haber dado una especie de tregua a los políticos, con un incremento de más de 10%. Pero nadie sabe cuánto durará. Supongo que reanudarán su presión en busca de más ayuda monetaria (que eventualmente conseguirán), que no resolverá la situación de fondo pero que les dará liquidez para validar el alza mencionada. Sin embargo, será temporal, a menos que se den cambios como los mencionados anteriormente en esta columna.

Las preguntas a responder son:

  • ¿Cuánto tiempo están dispuestos los mercados a esperar a los políticos?
  • ¿Están los políticos preparados para hacer una lectura correcta de las señales que los mercados les envían?
  • De cumplirse lo anterior, ¿están dispuestos a actuar en consecuencia?

La verdad, no estoy seguro de afirmar que sí a estas interrogantes. Como sabemos, “la mula no era arisca… pero la hicieron a palos”.

Es probable que cuando leas esta publicación ya tengamos algunos indicios de hacia dónde se moverán las cosas. En tanto, yo tomaría algunas precauciones (no me hace gracia, pero tampoco me hago ilusiones). En los mercados yo no actúo a partir de la esperanza; de hecho, pienso que es mala consejera en estos temas. Las cosas no ocurren como uno espera tan sólo porque sea lo que nos conviene.

Por lo pronto y como siempre, les deseo suerte.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s