DISTINTOS MOMENTOS, DISTINTAS INVERSIONES

Invierte bien

DISTINTOS MOMENTOS, DISTINTAS INVERSIONES

[Por Joan Lanzagorta]

Para saber dónde colocar nuestro dinero es importante definir metas financieras, y para definir éstas debemos ubicarnos en la etapa de la vida en la que nos encontramos para hacer un análisis de nuestra situación real.

Cuando alguien me pregunta cómo invertir, siempre pregunto primero cuál es el objetivo financiero. Para mí, esto es lo más importante, ya que la estrategia ideal depende directamente del objetivo que estamos persiguiendo.

No me canso de repetirlo: no es lo mismo invertir dinero que uno está ahorrando para su retiro, que dinero que uno requiere tener disponible para cualquier eventualidad. La estrategia ideal y los instrumentos que se necesitan son radicalmente distintos.

En realidad son tres los elementos fundamentales para poder elegir una estrategia de inversión correcta:

  1. Nuestra situación financiera actual. Por ejemplo: si tenemos deudas con tarjetas de crédito o una hipoteca. Si contamos o no con un fondo para emergencias que impida que tengamos que echar mano de nuestras inversiones. También, muy importante, qué tanta capacidad de ahorro tenemos.
  2. Las expectativas que tenemos y nuestros objetivos: ¿Cuál es nuestro plan de vida? ¿Pensamos casarnos o tener un hijo pronto? ¿Estamos buscando colocarnos en el extranjero? ¿Estamos por comprar una casa o departamento pronto? ¿De qué vamos a vivir durante nuestro retiro?

Estas interrogantes a su vez nos indican cuál es nuestro horizonte de inversión, es decir, de cuánto tiempo disponemos entre hoy y la fecha en la que queremos alcanzar cada objetivo. Por ejemplo, si tenemos 30 años y queremos juntar una buena cantidad para nuestro retiro –digamos a los 60 años– nuestro horizonte de inversión es de 30 años. Pero si queremos juntar el enganche para comprar una casa dentro de dos, ese es nuestro horizonte de inversión.

Por lo general, mientras mayor sea el plazo, más fácil será lograr nuestro objetivo, por lo siguiente:

a)     Es menor el monto que necesitamos aportar periódicamente (por el efecto del interés compuesto en el tiempo).

b)    Siempre a mayor plazo podemos asumir mayor volatilidad en nuestro portafolio de inversión, lo cual nos lleva al siguiente elemento.

  1. Nuestra tolerancia al riesgo, es decir, la volatilidad que podemos asumir sin que nos quite el sueño. En este sentido, es importante recordar que los instrumentos de deuda son adecuados para lograr conservar nuestro poder adquisitivo en el tiempo, quizá incrementarlo ligeramente.

Es muy claro que tanto nuestra situación financiera actual como nuestras expectativas, así como nuestros objetivos de mayor plazo, dependen mucho de la etapa de vida en la cual nos encontramos. Una persona de 22 años soltera, sin hijos y que vive con sus padres tiene una visión y una capacidad de ahorro muy diferente a una de 35, casado, con dos niños pequeños en escuela privada y una hipoteca que pagar.

Por ello siempre he insistido que el primer trabajo de un asesor financiero o agente de seguros es conocernos: entender bien cuál es nuestra situación y nuestras necesidades. Si no lo hace, nuestro primer trabajo es desconfiar, ya que podemos estar seguros de que lo que nos está diciendo seguramente no es lo mejor para nosotros.

¿Dónde te encuentras?

Cada persona es distinta: todos partimos de una realidad diferente y tenemos objetivos propios. Las finanzas personales son, por lo tanto, eso: personales. Sin embargo, también es cierto que tenemos algunas necesidades comunes con personas que tienen la misma edad que nosotros o que viven el mismo momento.

1. Inicio de vida laboral

Por lo general una persona joven, recién egresada de la universidad, no puede aspirar a un ingreso elevado en su primer trabajo. Pero tampoco tiene muchos gastos: usualmente vive aún con sus padres o comparte un departamento con algunos amigos.

Desafortunadamente, la gran mayoría de los jóvenes en este grupo no piensan todavía en invertir, no obstante, es la edad ideal para empezar a hacerlo. Si lo hacen, suele ser para una meta de corto plazo: juntar para el enganche de un auto, por ejemplo.

Los pocos que empiezan un plan de inversión desde que obtienen su primer ingreso, son también los que usualmente destacan en su carrera laboral, porque tienen algo que otros no: una cierta visión de futuro. Lo ideal a esta edad es lo siguiente:

  • Comenzar un plan para el retiro. Es cierto: es en lo que ellos menos piensan, no porque no sea importante, sino porque saben que tienen toda una vida por delante. Pero esperar puede costar muy caro, como lo demostramos en la tabla 1. Además empezar desde este momento tiene una gran ventaja: se adquiere disciplina de ahorro, es decir, formamos un hábito que nos acompañará el resto de nuestra vida.

¿Cuánto ahorrar para esta meta? Una buena regla a esta edad es comenzar con el 10% del sueldo. Y mejor aún: hacerlo en un plan personal de retiro que sea deducible de impuestos y que permita invertir en renta variable.

¿Cómo invertir nuestros recursos? Depende mucho del perfil de riesgo de cada uno, pero la persona más conservadora debería incluir por lo menos 10% de su dinero en renta variable. Una persona muy agresiva puede comenzar, sin ningún problema y con aportaciones regulares, invirtiendo la totalidad de sus recursos en un fondo indizado al IPC, ya que el plazo es muy largo.

Importante: cuando hagamos esto debemos hacer un compromiso de largo plazo con nosotros mismos. Pase lo que pase en nuestra vida, esta aportación es sagrada.

  • Construir un fondo para emergencias. ¿Con cuánto? Lo que se pueda: si es otro 10% del ingreso qué bueno, si es 5%, también. La idea es empezar a construir para que en un futuro no muy lejano, tengamos un colchón para cualquier imprevisto. Como es para emergencias, este dinero debe mantenerse en un instrumento de alta liquidez, por ejemplo, en una sociedad de inversión en instrumentos de deuda de corto plazo (que sólo invierta en instrumentos gubernamentales y tenga una calificación mínima AAA/2) y con liquidez diaria.

2. Inicio de vida en pareja

Hay una palabra cuyo significado desafortunadamente está en vías de extinción y la mayoría de los jóvenes quiere evitar: compromiso.

Pero la vida les demostrará que es ineludible: cuando uno decide empezar una vida junto a otra persona, casados o no, adquiere necesariamente un compromiso. La vida en pareja es mucho más que sólo pasarla bien un rato juntos. Implica tener metas en común y el compromiso de ambos para alcanzarlas.

Para algunas parejas, la primera meta es tener dónde vivir y, la segunda, en caso de que así lo decidan, cuál es el tipo de boda que quieren tener.

No hay que olvidar que la boda, en el fondo, es una fiesta, una celebración. Por lo tanto hay que vivirla, hay que disfrutarla, pero nunca sufrirla –y desafortunadamente esto es lo que muchas parejas hacen: adquieren deudas para tener una boda que va más allá de sus posibilidades. Y al hacerlo, eliminan cualquier posibilidad de adquirir una vivienda propia o de lograr algunos otros objetivos importantes. De esta manera, hipotecan gran parte de su futuro.

Mi consejo: no caigan en ese error, porque se paga muy caro. La boda es importante, pero no es lo único. Se trata simplemente de lograr un equilibrio, de no olvidar que todo lo demás también importa, incluso más que la propia boda. La recomendación a esta edad es la siguiente:

  1. El plan de retiro, como ya dijimos, es sagrado. Por ningún motivo debemos abandonarlo y mucho menos echar mano de él. Acostumbrémonos a la idea de que nuestro ingreso disponible es lo que sobra después de haber contribuido a este plan. Si no lo hemos iniciado, es importante hacerlo de una vez, en este caso involucrando a la pareja. Si necesitamos un incentivo, volvamos a ver la Tabla 1.
  2. Pensar en juntar para el enganche de una casa o departamento. Esta debería ser una de las mayores ilusiones de una pareja: poder algún día comprar algo propio. Dependiendo del plazo este ahorro puede invertirse en instrumentos poco volátiles, por ejemplo, cetes a corto plazo (desde $100 pesos se puede abrir una cuenta en CetesDirecto).
  3. Planear la boda. Definan juntos cuál será su presupuesto y hagan un plan a partir de él. Cuando comienzan de esta forma, poniéndose de acuerdo en sus objetivos financieros, tienen una altísima probabilidad de éxito como pareja.
  4. Mantener o consolidar el fondo para emergencias. Quienes empezaron desde el principio, ya deben a estas alturas tener un fondo para emergencias que cubra por lo menos tres meses del dinero que gastan al mes. De lo contrario, es buena idea consolidarlo antes de la boda.

3. Madurez

A medida que vamos adquiriendo experiencia y prestigio en el mercado laboral (o nuestro negocio se consolida), nuestros ingresos crecen de manera considerable. Pero también los compromisos: la hipoteca de la casa, la colegiatura de las escuelas de los niños, etcétera. Es una etapa donde la capacidad de ahorro no es mucha, aunque sí crítica para el éxito de las metas de largo plazo, como el retiro.

Por eso, insisto, es clave comenzar a ahorrar a tiempo para nuestro retiro. Aquí es cuando nos arrepentimos de no haber empezado antes, ya que la cantidad que tenemos que guardar cada mes para este propósito ya es considerable: alrededor de 15% de nuestro ingreso bruto (depende de nuestra edad, salario y capital inicial para nuestro plan) –y esto no es fácil por los compromisos que tenemos.

Por otro lado, sucede con frecuencia que personas de altos ingresos que pierden su empleo durante la madurez, tardan tiempo en colocarse de nuevo, muchas veces con un salario menor. Por eso tener un buen fondo para emergencias es fundamental.

Durante esta etapa, además, algunas personas piensan en independizarse y abrir su propia empresa. Es importante, sin embargo, hacerlo bien: con un capital inicial que nos permita vivir un tiempo razonable sin recibir ingresos, y con un buen plan de negocios que tome en cuenta los distintos escenarios.

Si optamos por esta vía, no descuidemos nuestro plan de retiro. Recordemos que desde un inicio hicimos el compromiso de que, pase lo que pase, no dejaríamos nunca de aportar a él. Sería muy desafortunado después de tanto esfuerzo llegar a la edad adulta con recursos limitados y tener que depender de nuestros hijos.

4. De cara al retiro

Hay un periodo que puede durar entre 10 y 15 años, en el cual ya terminamos de pagar nuestra hipoteca y los hijos ya salieron de la universidad. Si logramos mantener el mismo nivel de ingresos, significa que contamos con una capacidad de ahorro muy alta.

Esto nos da, como dicen mis amigos corredores, un “segundo aire”. Una nueva oportunidad de corregir el camino –si es que nos desviamos un poco.

Pero también es una época donde bajamos el ritmo y buscamos comenzar a disfrutar el tiempo que tenemos para nosotros. Nos sentimos todavía jóvenes para viajar, por ejemplo. Todo esto está muy bien: la vida es para disfrutarla. Pero hay que hacerlo en armonía con nuestros objetivos y en este caso con un futuro que cada día está más cerca de nosotros.

En esta época debemos replantear nuestro plan de retiro: redoblar nuestros esfuerzos de ahorro para lograr estar cada día más cerca de nuestra meta. Pero también –muy importante– debemos comenzar a disminuir poco a poco el riesgo de nuestro portafolio de inversión.

Ya no nos quedan tantos años para el retiro y no quisiéramos que nuestra patrimonio se afecte demasiado por una crisis global en una edad cercana al retiro. Hay que hacerlo poco a poco, año con año y nunca de golpe. Recodemos que tenemos mucha vida por delante: nuestra esperanza de vida a esta edad puede ser todavía mayor a 20 años.

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