¿Y EL MILAGRO ASIÁTICO?

*Artículo publicado en la edición impresa de la revista de agosto de 2012.

Cambio de rumbo

¿Y EL MILAGRO ASIÁTICO?

[Por Steen Jakobsen]

No todo lo que brilla es oro. Como cada ciclo en la historia, la inestabilidad asiática que ha sido acompañada de alto crecimiento económico, puede estar llegando a su fin.

El milagro asiático ha sido un tema recurrente durante las últimas décadas. Analistas y directivos de todo el mundo argumentan que indicadores como los favorables índices demográficos, una creciente clase media, un aumento en el consumo y una mano de obra barata, justifican la creencia en este fenómeno. Sin embargo, la realidad no funciona así.

Es cierto que Asia ha experimentado un crecimiento superior al promedio y que éste se debe, en parte, a los índices demográficos. Sin embargo, que la población crezca no necesariamente significa que se esté produciendo y trabajando de manera más inteligente.

Actualmente, el mercado se encuentra saturado y varias economías de la región se enfrentan a importantes desequilibrios. El caso de India es digno de revisión. Este país no cuenta con un sólo parámetro macroeconómico equilibrado, lo que es un hecho preocupante para un país que se ha vanagloriado de ser un emergente con gran potencial. Pero se puede incluso argumentar que el retorno marginal de cada dólar invertido en Asia es negativo.

En esta nación, la edad promedio es considerablemente baja; no obstante, mientras al sur del país la población es mayor, con niveles educativos superiores y mejor calificada, al norte es más joven, con menor nivel escolar y mucho más pobre. Atacar este tremendo problema de desigualdad es, sin duda, una tarea titánica, especialmente de frente a un sistema político que aún coincide con ideales de corte socialista y un conjunto de políticas públicas que no resultan coherentes.

Asia no ha sabido aprovechar los resultados de la última década para transformarse mediante las reformas necesarias. Los grandes asiáticos han sufrido la fuga de capital local. Nadie quiere mantener su dinero en China, India, Indonesia o Vietnam, pero los banqueros estadounidenses y europeos insisten en que hay oro al final del arcoíris asiático. ¿Cómo puede ser esto cierto si los más exitosos empresarios locales han decidido abandonar su propio país?

3 Premisas para el comercio y la inversión

1. Todo lo que sube tiene que bajar, y viceversa

En el caso de Asia, una sobre-inversión, acompañada de la falta de una política de salud social y un sistema educativo más amplio, ha causado que el viejo boom económico ahora se vea reducido ante la falta de financiamiento.

Tradicionalmente, los bancos europeos financiaban cerca de un tercio de los dólares estadounidenses que se ofrecen a crédito en Asia. Hoy, con la crisis en casa, estos mismos bancos han decidido retirar su capital. Dicha decisión implica que países deficitarios como la India, Filipinas y Australia necesiten reducir su dependencia del financiamiento extranjero; algo que sólo será posible a través de mayor ahorro local y desinversión. Ciertamente, significará menor crecimiento, pero también será una buena noticia para Asia y el mundo… ¿por qué?

Si continuamos dentro del círculo vicioso de la globalización, de siempre competir por la mano de obra más barata, todos los ahorros del orbe terminarían en Asia, mientras que Europa y Estados Unidos se reducirían a mercados de consumo exclusivamente, que tarde o temprano quebrarían. Asia necesita una década de desaceleración y reformas para robustecer sus sistemas de salud y pensionarios. Puesto de manera más simple, su cerdito de ahorros es ya demasiado grande. Es momento de que todos esos ahorros se pongan a trabajar en aras de asegurar un mejor futuro para la creciente población asiática.

2. Todo lo macro es malo, todo lo micro es bueno

Asia está dominada por grandes gobiernos y cuenta con muy poca propiedad privada. Demasiado control macro por parte del gobierno es, sin lugar a dudas, una mala idea. Para que China e India puedan crecer, es esencial que comprendan que el potencial de crecimiento de un país a largo plazo depende en gran parte de un sistema financiero robusto. Mientras menos abierto y profundo sea el sistema, con menor probabilidad tendrá el capital y la inversión necesaria para alimentar a su gente. Si se le otorga libertad a la microeconomía, los países asiáticos estarán muy pronto de regreso al primer lugar en crecimiento.

Actualmente China está pagando el precio de sus errores de política macroeconómica. En 2009, lanzó el estímulo más importante en la historia. Aún los políticos liberales observan con cierta envidia cómo esta nación por sí sola representó 32% de todo el crecimiento mundial entre 2008 y 2011. El problema es que el estímulo se dio en una economía que es similar a un mago de un solo truco.

El modelo económico y de negocios chino es así: por un lado, colocan capital a bajo costo y subsidiado, así como mano de obra barata; por el otro, tienen un alto crecimiento económico, acompañado de ascendentes ingresos. El dinero ahorrado por los trabajadores sólo se puede ir a depósitos bancarios con retornos reales negativos, a un mercado de bienes raíces altamente especulativo o a un mercado de valores cuya rendición de cuentas y transparencia es cuestionable.

La falta de reformas y de apertura ha exacerbado los desequilibrios del continente y ahora está pagando el precio de su complacencia. Sin embargo, será una lección muy positiva si en los próximos años se reduce el control macro y se permite que la microeconomía sea dirigida por individuos y compañías que actúen en interés propio.

3. ¡Cuidado con el ciclo!

Las grandes inversiones se adhieren a las historias de crecimiento exponencial y generan dinero gracias a su capacidad de crear ingresos derivados de ingresos anteriores, durante largos periodos de tiempo. Por su parte, el crecimiento económico es un proceso que, casi siempre, también parece ocurrir de manera exponencial. Sin embargo, a veces el mundo y las inversiones no comparten esta dinámica. En ocasiones una empresa, una industria e inclusive el mundo, se enfrentan a un cambio de régimen que requiere un corte abrupto respecto al pasado y un re-direccionamiento, mientras el régimen anterior se cae a pedazos.

Actualmente, Asia se enfrenta a un cambio de régimen de este tipo. En 1979, China inició su camino hacia las reformas al tiempo que Margaret Thatcher fue electa Primer Ministro de la Gran Bretaña, que aquellos tiempos era considerado el “hombre enfermo de Europa”. ¿Se trata de una coincidencia? Difícilmente. Hoy, una generación más adelante, necesitamos el arranque de un nuevo ciclo. Ha llegado el momento.

En China, la retórica xenófoba está en aumento. Esto es generalmente una señal de que se atraviesan tiempos difíciles. La crisis financiera y los desequilibrios en la nación han acabado con la esperanza de un mayor crecimiento y una mejora en los niveles de calidad de vida. China se encuentra sobre-apalancada, sufriendo la falta de rendición de cuentas y con una urgente necesidad de reformas.

Adentrados en el quinto año de la crisis, y a tres décadas del último “mandato de cambio”, Asia, Europa y el planeta entero se acercan a un punto de inflexión crítico. La marea baja en el mundo de la política, las economías regidas por el Estado, los mercados financieros cerrados, la intervención financiera, el crecimiento y la valuación del mercado bursátil, muy pronto nos alcanzarán. Mientras tanto, a Europa, China y Estados Unidos se les acaba el tiempo en su rumbo actual.

Tarde o temprano, el mercado le dará una amarga bienvenida al cambio de régimen, a medida que nos alejamos de los últimos 20 años, caracterizados por los bajos intereses y el alto apalancamiento. Sin embargo, a final de cuentas, este cambio será visto como algo positivo.

Una vez que se regrese al promedio (lo macro se subordine a lo micro y entremos al nuevo ciclo), podemos prepararnos para una década –como mínimo– de excesos de retornos y mejoras en los mercados de renta variable, al tiempo que los viejos desequilibrios se eliminarán.

*Steen Jakobsen es economista en jefe de Saxo Bank.

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