¿Y AHORA QUÉ?

*Artículo publicado en la versión imrpesa de la revista de agosto de 2012.

Tenemos nuevo presidente

¿Y AHORA QUÉ?

[Por Macario Schettino]

Finalmente, los mexicanos elegimos. Y, como desde hace 15 años, optamos por un gobierno dividido. Al momento de escribir estas líneas, todo indica que la alianza PRI-PVEM, ganadora de la elección presidencial, se quedó con poco menos del 38% de los votos para el Congreso, de forma que no alcanzará a tener mayoría en ambas Cámaras. En el Senado, debido a la gran extensión territorial del PRI, se quedará muy cerca, pero en Diputados no. En ambos casos, una potencial alianza con el partido Nueva Alianza podría ayudarles, pero eso implicaría negociar con la maestra Elba Esther, que no es fácil para estos menesteres.

Así, continuaremos al menos por tres años más con el gobierno dividido que hemos tenido desde 1997: tres años de Ernesto Zedillo, el sexenio entero de Fox y Calderón, y ahora los primeros tres años de Enrique Peña Nieto. Lo más probable es que enfrentemos el mismo tipo de problemas que en las cinco legislaturas pasadas.

Aunque posiblemente Andrés Manuel López Obrador extienda sus reclamos por algunas semanas, el triunfo de Peña Nieto no parece que pueda revertirse en tribunales. Sin embargo, el segundo lugar alcanzado por López Obrador, con prácticamente la misma votación que en 2006 (aunque con casi cinco puntos menos, debido al mayor tamaño del padrón electoral), establece una dinámica política de la mayor importancia.

La razón de los reclamos de López Obrador no es revertir la elección, porque él mismo sabe que eso no es posible, sino mantenerse vigente al interior de su alianza de izquierda. Lo que decidan hacer los otros líderes de ese grupo será determinante. Si López Obrador logra marcar la agenda, podrá entonces controlar las bancadas del PRD, PT y MC, lo que hará imposible, o al menos extremadamente difícil, impulsar reformas estructurales. Si los otros líderes, es decir, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y el grupo llamado Nueva Izquierda, logran quitarle el control a López Obrador, entonces la situación será diferente.

El poder se reparte

Más claramente, el PRI y sus aliados pueden alcanzar entre 240 y 245 diputados, mientras que el PAN tendrá cerca de 120. Entre ambos, pueden no sólo sacar adelante leyes, sino incluso modificar la Constitución. En el Senado, su participación es aún mayor y entre ambos tienen mayoría en más de 20 estados. Sin embargo, aún con esas mayorías, no les sería fácil enfrentar la oposición agresiva del grupo lopezobradorista, como no lo fue en 2007 y 2008, cuando las reformas estructurales acabaron mochas. Sin embargo, si finalmente se viviera el divorcio de izquierda, el grupo lopezobradorista se reduciría al PT y el MC, partidos que, entre ambos, apenas tendrían 60 diputados, además de no contar con el apoyo del gobierno del DF. En este caso, las decisiones de la mayoría legislativa serían más fáciles.

Ahora bien, ¿cuáles pueden ser esas decisiones? Si creemos en las propuestas de Enrique Peña Nieto en su campaña, hay tres reformas por venir. La laboral, en la versión limitada que el PRI ya tenía lista en la legislatura que termina; la energética, que no es aún clara, pero también sería bastante limitada (en comparación con lo que Josefina Vázquez Mota proponía); y la de seguridad social universal, que implica una reforma fiscal previa.

Las reformas pendientes

La reforma laboral del PRI no tiene nada extraordinario, aunque López Obrador podría magnificarla para mantener a sus seguidores en actividad. La energética le sería mucho mas útil, aunque lo que puede suponerse de la propuesta de Peña Nieto tampoco pondría en riesgo nada de lo que la izquierda suele defender (lo que quiere decir que tampoco serviría de mucho).

La creación de un sistema de seguridad social universal, en cambio, es un problema para la izquierda, porque le arrebataría el programa con que López Obrador logró posicionarse. La idea que Peña Nieto impulsa es original de Santiago Levy, y consiste en crear un solo sistema de salud y seguridad social con base en el IMSS, el ISSSTE y el Seguro Popular, así como extender el sistema de afores a toda la población. Esto significa que se separaría la salud y seguridad social del empleo, para cubrir al 60% de mexicanos que trabajan y no tienen prestaciones. Para que eso pueda ocurrir, es necesario incrementar impuestos, y aquí es en donde todo puede complicarse.

Impuestos necesarios

Al cierre de este 2012 las pensiones se estarán llevando 2.8% del PIB, y superarán 4% del PIB para fin del sexenio próximo. Esto, sin contar el nuevo programa. Por otra parte, el gasto en seguridad (pública y nacional) tendrá que incrementarse todavía bastante. Yo estimo que será necesario, sin incluir ningún programa nuevo, aumentar el gasto público en tres puntos del PIB en los próximos años. Si a eso le sumamos el déficit que venimos arrastrando desde 2009, los requerimientos alcanzan seis puntos del PIB. Si el programa de seguridad social universal cuesta cuatro puntos, como estimó Peña durante la campaña, entonces necesitamos 10 puntos del PIB más en recaudación.

Pero, como sabes, eso es lo que hoy recaudamos, de forma que estamos hablando de duplicar el cobro de impuestos en un sexenio. Si tomamos en cuenta que no hemos logrado incrementar la recaudación de forma significativa en 30 años, parece una tarea hercúlea.

La recaudación de IVA se encuentra ligeramente debajo de cuatro puntos, mientras que el sistema ISR-IETU-IDE supera, también por poco, los cinco puntos. Eliminar los gastos fiscales (es decir, la tasa cero de IVA, exenciones en donde sea posible, etcétera) podría aportarnos un par de puntos. Pero ponerle IVA a “alimentos y medicinas” como se suele decir va a ser complicado. Para que realmente sirva, se tendría además que elevar la tasa, del 16 al 18 o 20%. Con eso, la recaudación del IVA podría alcanzar, exagerando, seis puntos. Supongamos que el ISR también se aumenta, quitando regímenes especiales (que ya no son tantos). Tenemos 12 puntos, 13 contando todo lo demás que hay y aún así nos siguen faltando siete.

Opciones viables

Como puede verse, el asunto no es nada sencillo. De hecho, nadie en su sano juicio propondría una reforma fiscal que duplique la recaudación en el corto plazo. Los efectos negativos superarían los beneficios. Se podría apostar al incremento paulatino en una década, pero se requiere un apoyo político mayúsculo.

Por estas razones, me parece que el mejor camino disponible para Peña Nieto sería acercarse a las fracciones moderadas (modernizadoras) del PAN y PRD para buscar, primero, un acuerdo político fundacional. De otra forma, seguirá el camino de sus tres antecesores, que con un Congreso dividido no pudieron sacar adelante sino pequeñas cosas. La oferta de un terreno parejo para las siguientes elecciones, la construcción de contrapesos a los gobernadores, y el combate a los grupos privilegiados (monopolios y sindicatos), le podría dar al PRI el apoyo de la oposición. Pero eso mismo podría fracturar al PRI.

En consecuencia, a menos que veamos una transformación profunda en las fuerzas políticas, todo indica que México continuará exactamente por el mismo rumbo que ha vivido desde 1997: una economía razonable con una política estancada.

Esa transformación profunda en las fuerzas políticas a la que me refiero consistiría en: la desactivación de López Obrador en la izquierda, la recomposición del PAN y el control del PRI por parte del grupo de Peña. Las tres cosas se ven muy difíciles y deberían ocurrir antes de septiembre para tener esperanzas.

Cabe recordar que si esto no ocurre, ese camino que hemos seguido desde 1997 tampoco es una tragedia. Hoy mismo, México vuelve a ser el país más exitoso de América Latina, y mucho más atractivo que los países asiáticos para el futuro cercano. Sin reformas.

Lo que tal vez no podamos alcanzar en los próximos tres años es el éxito definitivo. Pero no haber caído en el retroceso pleno ha sido el mayor triunfo de esta elección. Sigo siendo muy optimista.

* Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, política y económica. Es profesor del Tecnológico de Monterrey y columnista en distintos medios, como El Universal, Canal 11 y Canal 2. Ha publicado 18 libros, entre los que destacan Para construir México y Cien años de confusión. Puedes contactarlo a través de www.macario.mx o seguirlo en Twitter en @macariomx.
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