GUÍA BÁSICA PARA INVERTIR EN BOLSA

La joya escondida

GUÍA BÁSICA PARA INVERTIR EN BOLSA

[Por Alejandra Palomares Barrios]

El mercado bursátil es uno de los más prolíficos para multiplicar nuestro dinero, pero se necesita conocimiento, constancia y disciplina. Tenerle miedo es el primer riesgo que corremos de no ganar.

Mi segunda vez en el seminario Los ganadores están en la Bolsa fue mejor que la primera, sencillamente, porque estuve mejor preparada tras haber leído Inversionista por dos años (y no lo digo porque sea editora de la revista, sino porque es real, pueden preguntarle a cualquiera que me conozca). Esta vez me gustaría hablarte de mi experiencia, porque puedo asegurarte que ha sido muy parecida a la de más de uno de ustedes, como inversionistas. La Bolsa es un instrumento de inversión fascinante, pero en definitiva requiere de conocimiento, constancia y disciplina para poder obtener los rendimientos esperados.

Los mitos y realidades que existen alrededor de las Bolsas de valores son producto de buenas y malas experiencias, pero también de una enorme falta de actualización y conocimiento. Por eso, una de las primeras tareas en el seminario fue tratar de abrir nuestras mentes. En definitiva, invertir en Bolsa ya no se hace como lo hicieron nuestros padres, ni siquiera se parece a lo ocurrido en los 80 y 90, porque las reglas se han ido modificando y cada vez se vigila más que no sea sólo un juego de apuestas.

La Bolsa es un instrumento de financiamiento para las empresas, pero también es una manera de poner a trabajar a nuestro dinero para que se multiplique. No basta sólo con guardarlo en una cuenta de ahorro o, peor aún, debajo del colchón, porque con el paso del tiempo hasta pierde valor. La única forma de conservarlo y hacerlo crecer es invirtiéndolo.

Pero, ¿porqué invertir en la Bolsa? Sencillo: porque es el instrumento que en el tiempo otorga el mayor rendimiento, y en ese terreno ninguno otro la supera. Aunque, como Carlos Ponce insistió a lo largo del seminario, esto se logra con una estrategia de largo plazo. Habrá quien guste hacerlo a la manera de los traders (en el muy corto plazo), pero esa es otra forma de invertir que no nos ocupa ahora, ya que finalmente la intención es seguir dedicados a nuestras actividades, mientras ponemos a trabajar nuestro dinero con la ayuda de un asesor financiero.

Quien ya ha tenido experiencia como inversionista, sabe que acabo de tocar un punto medular: el asesor, aquella persona que puede ser nuestro mejor aliado o nuestra peor pesadilla. Justamente ésa es la segunda tarea que llevamos a cabo a lo largo de todo el seminario, ¿cómo plantearle las preguntas correctas al asesor, para saber si estamos frente a un verdadero experto o sólo se trata de un vendedor más? De entrada se esperaría que quien vaya a ayudarnos a invertir sea también un inversionista y, por lo tanto, debemos preguntarle sobre su estrategia y su experiencia. Esto es lo mínimo indispensable.

Y ya que estamos hablando del conocimiento básico, porque no recordar las premisas básicas que nos compartió Carlos Ponce para poder invertir en Bolsa:

  • Los mercados, al igual que la economía, son cíclicos, por lo tanto las crisis son normales y sirven para limpiar aquello que se ha echado a perder.
  • El mercado es ineficiente, pero justamente esta característica es lo que genera oportunidades dentro de él.
  • Invertir no es una ciencia exacta, requiere de conocimiento básico, sentido común y temperamento.
  • La relación riesgo-rendimiento es permanente y nunca se diluye.
  • No todos asumimos el mismo riesgo, cada uno lo define según la proporción invertida, la selección de emisoras, la diversificación y el momento de participación.
  • El perfil del inversionista es el que determina la estrategia mediante el horizonte de inversión, los objetivos y la aversión al riesgo.
  • Existen dos estilos para invertir: el institucional y el especulador, el primero es el que mejor se ajusta a los inversionistas con poca experiencia.
  • Al invertir debemos pensar como accionistas, como dueños de una parte proporcional de una empresa que nos gusta y no hace sentir orgullosos.
  • Clave: identificar compañías extraordinarias con valor atractivo y no invertir en algo que no conocemos.
  • Toda propuesta de inversión debe estar acompañada de resultados.

En sus marcas, ¿listos?, ¡fuera!

¿Quién no quiere recibir el mejor rendimiento por su dinero? Quizás ése es uno de los errores más comunes, pues la atención no debe estar puesta en las ganancias, sino en el control del riesgo. Si logramos encontrar la zona menos riesgosa, los rendimientos se darán por consecuencia. Por eso, el mayor riesgo de invertir es no hacerlo en Bolsa, en el momento oportuno.

¿Y cómo saber cuál es ese momento? Con análisis y más análisis. Existen cuatro factores de influencia que serán nuestros distintos microscopios para armar el rompecabezas general:

  • Análisis fundamental. Suele ser el más fácil de llevar a cabo y tiene que ver con crecimiento económico, tasas de interés, calificación de deuda, reportes trimestrales, fusiones y adquisiciones.
  • Análisis estructural. Tiene que ver con cambios en índices bursátiles, cierres de libros y rebalanceo de portafolios.
  • Análisis psicológico. Evalúa el comportamiento del público inversionista, su confianza, percepciones y contagios.
  • Análisis técnico. Estudia situaciones como una fuerte alza de precios en poco tiempo, indicadores y operaciones en automático. Sirve para buscar momentos de compraventa y se basa en que los participantes son predecibles y es posible anticiparse a sus reacciones.

Buscar el “momento ideal” para comprar o vender es altamente riesgoso, el mejor parámetro es cuando el conjunto de análisis y valuaciones nos dice que la empresa ha dejado de ser extraordinaria y su valor ya no es atractivo, ya sea porque está demasiado alto o porque inicia una tendencia a la baja. Ahí es cuando ha llegado el momento de vender. Otro tip: pregúntale a tu asesor sobre los promedios móviles que arroja el análisis técnico, un buen asesor sabrá de qué le hablas y te lo explicará a detalle.

¿Contra quién competir?

Otro concepto importante para armar una estrategia es identificar nuestro benchmark, que para fines prácticos puede ser el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), que está conformado por las 35 acciones más bursátiles de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Es importante saber que cada una de esas acciones tienen un peso distinto dentro del índice. Por ejemplo, AMX, WALMEX y FEMSA representan casi 50% del índice. Saber esto nos servirá más adelante para orientar nuestra selección de acciones.

Si nuestra intención es formar un portafolio internacional, una buena referencia es el Morgan Stanley Composite Index (MSCI), que opera de la misma manera que el IPC pero a nivel países. Ahora que existe una marcada tendencia hacia los mercados emergentes, establecer un benchmark de esta naturaleza puede resultar muy útil para saber dónde invertir.

Por cierto, hablando de emergentes, vale la pena hacer una pausa para hablar de cómo nos ven desde el exterior los inversionistas, pues tal parece que frente a la crisis se abre una ventana de oportunidad muy buena para México. Somos un país con variables macroeconómicas estables, con tendencia a crecer global y localmente. Nuestra mayor ventaja es que tenemos a Estados Unidos como socio comercial principal, pero también es uno de nuestros riesgos, ya que nuestra economía se mueve al mismo ritmo que la norteamericana. Todo esto, en resumidas cuentas, es lo que se conoce como riesgo país, una de las valuaciones que se debe revisar todo inversionista global.

Con la vara que midas…

Las valuaciones son parámetros para evaluar una acción y no se debe confundir con el precio, es decir, una razón de compraventa no debe ser “porque el precio bajó”. Eso es quedarse en la superficie y las razones de peso sólo se encuentran en lo profundo de un múltiplo. Algunos de los más utilizados por los analistas son los siguientes:

  • UPA o U = Utilidad entre número de acciones
  • P/U = Precio sobre utilidad
  • FV/EBITDA = Valor de la empresa (Firm Value) sobre utilidad antes de impuestos, intereses, depreciaciones y amortizaciones por acción (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization)
  • P/VL = Precio sobre valor en libros (VL)
  • VL = Capital contable sobre el número de acciones de una empresa
  • P = Precio de mercado establecido en el piso de remates

¿Cómo leer estos múltiplos? “Cuando el múltiplo está conformado en su denominador por algún concepto de utilidad o generación de flujo (ventas, utilidad operativa, utilidad neta, EBITDA) la lectura más común es el tiempo que le tomaría a la empresa recuperar el precio que se está pangando hoy, suponiendo que la empresa tuviera la capacidad de generar dicho indicador económico consistentemente en periodos anuales”, explica Ponce. Por ejemplo:

“De esta forma, el inversionista sólo busca múltiplos bajos. Sin embargo, es importante identificar que el múltiplo se derive de un crecimiento en utilidades y no de una caída en el precio”, agrega Ponce.

Otra forma de medir el resultado de un múltiplo es determinando su inverso y expresándolo como una tasa de interés. En el ejemplo anterior, al múltiplo 2x correspondería un inverso o tasa de 50% (100% ÷ 2). Asimismo, si vemos la valuación al inverso es posible obtener otra información, como el precio objetivo –uno de los primeros datos que debemos consultarle al asesor–.

Un múltiplo interesante para valuar acciones y que también es muy popular entre los analistas es el FV/EBITDA, que nos indica el tiempo que le tomaría a una empresa recuperar el precio que se está pagando hoy, pero tomando en cuenta su deuda neta. Y, ¿cuánto valen los “fierros” de una empresa? Un factor que ya no se usa con tanta frecuencia en el análisis de acciones es el Valor de Mercado contra el Valor de Solvencia (VM/VS), pero algo de razón debe tener Warren Buffet para seguirlo utilizando, y es que uno de los problemas de las empresas de internet, por ejemplo, es precisamente su baja valuación en esta materia. Por eso, Buffet se toma tantas reservas para invertir en ellas. “El múltiplo VM/VS inferior a 1x sirve para identificar empresas que en teoría podrían comprarse en el mercado a determinado precio y una vez obtenidas se podrían rematar sus activos con un descuento importante, y así pagar todas las deudas contratadas por la empresa y al final obtener alguna utilidad”, explica Ponce. Así que también vale la pena tomarlo en cuenta.

Lo mismo sucede con los dividendos cuando analizamos una acción, porque representan una utilidad para nosotros. Pero ojo: el pago de dividendos hace que el precio de una acción baje, pero es un tema estructural, derivado del autoajuste. Recuerda que los dividendos vienen de la utilidad neta de una empresa (que no está incluida en el EBITDA).

El plan de ataque

Si entendemos el rendimiento como resultado del control del riesgo, es indispensable tener una metodología para invertir. Esta es otra pregunta básica que hay que hacerle al asesor: ¿Cuál es la metodología que sigue el trader?

Carlos Ponce porpone una metodología llamada C4, que es sencilla, integral y enfocada al riesgo, y con la que algunos podríamos sentirnos cómodos.

Teniendo la metodología, el asunto comienza a ponerse más interesante, pero, ¿cuánto colocar en Bolsa?, ¿cómo diversificar? Las opciones son casi infinitas, sin embargo, para encontrar nuestra fórmula personal ideal es necesario definir nuestro perfil. Para hacerlo podemos usar la fórmula que Ponce nos propuso y que denomina Almohada/Estómago. Esto es ¿qué tanto podemos dormir tranquilos con el portafolio que hemos formado o nos provoca gastritis? Identifica tu perfil de inversionista para saber cuánto puedes invertir en el mercado accionario, y recuerda: nunca es todo o nada.

Cuando hagas tu selección de acciones siempre piensa como empresario, es decir, siéntete dueño de la compañía que vas a comprar, ¡porque lo eres! Procura elegir emisoras con las que sientas empatía y al mismo tiempo cuenten con escudos ante los altibajos del mercado, como un reconocimiento de marca, patente o fórmula secreta, herramienta o estructura de control del mercado, leyes o regulaciones que las benefician o que ejercen un control de precios. Ejemplos hay muchos. También fíjate en el financiamiento que conllevan, porque más del 60% de la compañías en Bolsa que llegan a tener problemas se deben a un sobreendeudamiento.

Saca la lupa

Para poder entender cómo funciona un área de análisis de una casa de Bolsa u otro intermediario bursátil, en el seminario se habló de la “T” de análisis. Este pequeño instructivo nos da las pistas del trabajo que debe mostrarnos nuestro asesor, es decir, es la guía para poder evaluar una acción. Se llama así por la forma que tiene. Por ejemplo: la empresa “X” tiene un margen operativo similar al promedio del sector (análisis sectorial), sin embargo, es el de mayor crecimiento en los últimos años (análisis histórico) y, por otro lado, también es la que mayor capacidad de mejora ha tenido en dicho margen al mantener una mayor proporción de sus costos en el rubro de variables (análisis integral).

La bola de cristal

Conocer los pronósticos bursátiles también resulta fundamental y para que puedas evaluar si tu asesor te da la orientación correcta es necesario que conozcas los elementos que determinan un buen pronóstico:

  1. La perspectiva de crecimiento que arrojan los resultados.
  2. El supuesto de valuación (múltiplos) a una fecha determinada.

Razones como “es que se ve bien”, “se rumora que…”, “siempre le va bien”, etcétera, no son pronósticos de un profesional. Si los escuchas de la voz de tu asesor, ¡huye! Dicen por ahí que “es mejor una reacción oportuna, que un pronóstico fallido”.

Tras todo este repaso de ideas y conceptos, el momento estelar del seminario llegó: ¿Cómo armamos un portafolio ganador con un poco de estrategia? Sencillo. Puedes estructurarlo con un mínimo de seis emisoras, atendiendo a una diversificación sectorial (que no sean tres y tres nada más, es decir, elige con inteligencia y mucho análisis, recuérdalo), de tal manera que podamos vencer nuestro benchmark: el IPC. ¿Cómo logramos “ganarle” al índice? No alejándonos mucho de él. Un ejemplo que nos dio Ponce es armar un portafolio con únicamente dos, tres o cuatro acciones, donde una de ellas deberá ser el ETF indizado al IPC, es decir, el NAFTRAC con una proporción de 70% del portafolio, y el 30% restante distribuirlo en dos o tres acciones extraordinarias (ver gráfica Cómo armar un portafolio ganador).

“En un portafolio internacional funciona igual: el benchmark es el MSCI, pero necesitas conocer las estimaciones de crecimientos de los mercados en los distintos países donde quieres invertir”, comenta Ponce.

Si hasta aquí aún te sientes un poco perdido, entonces, es una clara señal de que necesitas aprender aún más para poder iniciarte en Bolsa. Ese fue el objetivo del seminario, recuérdalo: abrir nuestra mente y aprender a preguntar. No desesperes, pues por experiencia personal te digo que vale la pena leer un poco más para darte cuenta que en realidad no es difícil invertir en Bolsa, cuando se tienen las armas (preguntas) adecuadas y a un buen capitán (asesor financiero) que sepa manejarlas. Encontrarlo, lamentablemente, no será fácil porque hace falta mucha capacitación en nuestro país, pero sí existen, sólo es cuestión de insistir hasta dar con la persona y la fórmula adecuada.

Como dice Carlos Ponce, “en el mundo de las inversiones, el temperamento se manifiesta por la manera en que uno se deja llevar por las emociones cuando se toman decisiones, por ejemplo, al comprar y luego tener miedo”. Sólo la información y el análisis te permitirán sentirte seguro y mantenerte alerta para cuidar con constancia tu portafolio. ¡Bienvenido al mundo de las inversiones!

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