¿ULTRADERECHA O PROGRESISMO?

*Artículo publicado en la versión impresa de la revista de julio de 2012.

Elecciones en Estados Unidos

¿ULTRADERECHA O PROGRESISMO?

[Por José Manuel Valiñas]

Hace apenas unos meses, cuando aún no se definían las elecciones primarias en el Partido Republicano, el demócrata, Barack Obama, tenía una ventaja clara sobre cualquiera de sus adversarios y la reelección parecía asegurada. Hoy no sólo ha ganado terreno su ya indiscutible competidor, Mitt Romney, sino que la sombra de la crisis europea (que parece no tener fin) ha provocado que la elección del seis de noviembre sea impredecible. Pero lo que está en juego puede ser el derrotero de la economía mundial, sobre todo en el contexto del debate entre los que buscan crecimiento económico con más deuda o estabilidad fiscal con medidas de austeridad.

Romney, siguiendo la ideología de su partido, promulga la disciplina fiscal, mientras que Obama, si obtiene un nuevo periodo, profundizará la relajación monetaria que ha mantenido bajas las tasas de interés durante varios años. Pero la situación europea puede ser el fiel de la balanza. Como bien dice Antonio Caño, corresponsal de El País en Washington: “El tsunami político desatado por la crisis económica mundial, que ya ha arrasado gobiernos de todas las tendencias, desde Islandia hasta Francia y España, amenaza ahora a la pieza mayor: la presidencia de Estados Unidos”. En Francia cayó un derechista y en España un socialista, por un motivo idéntico: la crisis.

Los votantes no disciernen en realidad quién es el responsable, o si la crisis lleva 10 años gestándose; a menudo no buscan quien se las hizo sino quién se las pague. Así, emiten votos de castigo contra quien se encuentre en la silla en ese momento, sin advertir que, más allá de ideologías, toda Europa está en situación de desastre por el endeudamiento excesivo y no habrá salidas fáciles ni populistas. Sí, cayeron los socialistas en Portugal, en Grecia y en España, y llegaron los tecnócratas, pero eso no quiere decir que éstos traigan una varita mágica. En Francia cayó el derechista Nicolás Sarkozy y llegaron los socialistas, con François Hollande. ¿Qué va a pasar en el país galo? Exactamente lo mismo: no habrá soluciones fáciles y la reestructura financiera puede durar una década entera. Pero, ¿los gobiernos seguirán cayendo (incluso el de Barack Obama)?

Si EU se ve más afectado por lo que sucede en Europa, Romney podría llegar a la presidencia… sólo para imponer medidas que promuevan aún más estancamiento económico. “La perspectiva de menor crecimiento y empobrecimiento generalizado de la población ha creado un inquietante panorama electoral para Obama –añade Caño–, cuya condición de presidente en ejercicio históricamente significaba una ventaja, puede constituir un serio inconveniente en el actual ciclo internacional. En Europa fueron arrollados gobernantes que defendieron el ajuste y la reducción del déficit, pero Obama puede ser castigado por lo contrario”.

Polarización

El choque ideológico ha llegado en EU a niveles paralizantes. Obama contraviene lo que los republicanos han establecido como su agenda desde la llegada de George W. Bush, en 2000: la reducción del gasto social y, a la vez, de los impuestos a los más ricos.

Un movimiento gestado a inicios de 2009, el Tea Party, ha cobrado tal relevancia, que está cambiando la política del país (y si llegan a provocar la caída de Obama, quizá también cambie la historia). Sus miembros han hecho que incluso los cuadros anteriormente identificados como más radicales, se vean moderados y tiendan a cambiar su retórica hacia posiciones más extremas. Esto no puede generar sino mayor radicalismo también en el otro límite del espectro político, por lo que la polarización se acrecienta y se vuelve más virulenta.

Los ultraderechistas están en contra del déficit público, aun si éste genera más crecimiento económico y empleos (mientras que en Europa, los izquierdistas están a favor de un poco más de déficit para estimular el crecimiento). Promueven la derogación de algunos impuestos y la reducción de otros, algo que pareciera imposible en un país con un déficit fiscal nunca antes visto en la historia. Como señalan Thomas Mann (de la Brookings Institution) y Norman Ornstein (del American Enterprise Institute), dos respetados eruditos en su influyente libro titulado Es peor de lo que parece: “El Partido Republicano se ha convertido en una insurgencia atípica, extremista en lo ideológico, desdeñoso de todo compromiso y hostil ante el conocimiento convencional de los hechos, la evidencia y la ciencia”.

Pero todo se decidirá por los temas económicos. Los precios de la gasolina han subido de tal manera que la ira popular contra la administración apenas se contiene, gracias a que el Producto Interno Bruto tiene un desempeño favorable (aunque en el rango de 2%). El desempleo ha tocado pisos históricos, pero eso está empezando a cambiar: hoy se encuentra por encima de 8%, luego de llegar a 9% el año pasado. Por demás, a principios de 2012 vimos cómo las familias empezaron a gastar más en cuanto la confianza del consumidor mejoró.

La lucha del 99%

Obama ha hecho de la protección del 99% de la población (We are the 99%), su principal bandera política. Ha salido a la “defensa” de la clase trabajadora y las mayorías, “contra” ese 1% que está en la cima de la pirámide social, detenta la gran riqueza del país y paga pocos impuestos. Algunos dicen que con ello el presidente instiga a una lucha de clases. Lo cierto es que a la sociedad norteamericana, tradicionalmente, no le importa si los demás son ricos, siempre y cuando se tenga la oportunidad llegar a serlo. Por ello, han surgido algunas posiciones a favor del 1%.

Ed Conrad, en su libro Unintended Consequences, sostiene que la inequidad no es necesariamente mala y que el auge de los ricos es bueno para el resto de la población. “El objetivo es lograr que la economía crezca más rápido –escribe–, y ese crecimiento en el largo plazo sólo se motiva con innovación y facilidades para que los empresarios tomen riesgos. Los incentivos para la toma de riesgo son esenciales para que se creen nuevas empresas y se reinvierta en las existentes, y eso es bueno para la clase media y la trabajadora”. Es el argumento que siempre han esgrimido los republicanos, no sin una dosis de razón.

Por otro lado, la campaña de Obama ha acusado a Romney de ser un Robin Hood a la inversa: alguien que roba a los pobres para dar a los ricos. De su lado, Romney trata de mostrar una imagen de empresario exitoso y, sobre todo, político moderado, para atraer al electorado de centro. Con ambos candidatos, el país se juega una vez más algo mucho mayor que una presidencia: un pedazo de la historia contemporánea.

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