FACEBOOK SE QUEDA SIN AMIGOS

*Artículo publicado en la versión impresa de la revista de junio de 2012.

Una IPO controvertida

FACEBOOK SE QUEDA SIN AMIGOS

[Por Jorge Suárez Vélez*]

La red social demostró que aún queda un largo camino por aprender en lo que se refiere a inversión en empresas puntocom, pues sigue siendo un enigma monetizar el valor intelectual de ellas.

Difícilmente se da una oferta pública inicial (IPO) de acciones tan controversial como la que recientemente hizo Facebook. Empecemos por la extraordinaria popularidad de la empresa: tiene 800 millones de usuarios, la mayoría de ellos son jóvenes que por primera vez ven llegar al mercado accionario a una compañía excitante a la cual conocen bien, una que les provee un servicio que utilizan diariamente. Ayuda también el alto perfil que ha alcanzado Mark Zuckerberg, quien es el epítome del sueño americano al haber fundado la empresa a los 19 años de edad, cuando estudiaba en la Universidad de Harvard. Asimismo, se suma el éxito de la película Red Social que dramatiza el conflicto inicial entre el grupo original de fundadores.

La controversia en los mercados sucede por de la falta de comprensión del modelo económico de Facebook. En forma curiosa, mucha gente asume que una empresa con tal número de usuarios tiene que ser necesariamente rentable e incluso piensan que el joven Zuckerberg se ha hecho multimillonario como consecuencia de los dividendos que recibe de la empresa. Ambos supuestos son falsos.

La primera pregunta relevante es cómo gana dinero Facebook. Sí, millones de personas entran diario al sitio, pero nadie paga por ello. Entendamos, entonces, que la única fuente de ingreso es la publicidad, algo no muy diferente al modelo de Google. Cuando uno entra a Facebook en una computadora (no cuando lo hacemos en un celular o en un iPad), hay una columna de anuncios del lado derecho de la página. ¿Cuánta gente entra en esos sitios pagados? En el caso de Google, el modelo es infinitamente más efectivo. Si alguien entra al sitio buscando una cámara fotográfica, por ejemplo, el sitio pone hasta arriba a entidades que han comprado esa ubicación y del lado derecho hay una columna de inserciones pagadas, todas buscando satisfacer demanda relacionada con cámaras. Además de que Google cobra por el espacio, si el comprador entra a uno de los sitios y compra la cámara, el vendedor pagará una comisión directa al sitio.

Pero, sin considerar si el modelo económico es o no rentable o escalable, los potenciales inversionistas se manifestaron inequívocamente interesados en comprar acciones de Facebook en la oferta inicial, prácticamente al precio que fuera. Es ahí cuando surge un problema complejo. En estricto sentido, el precio de la acción de una empresa que por primera vez se cotiza en Bolsa está principalmente relacionado con el monto de la demanda que hay por ésta. El nivel histórico de ventas y utilidades de la empresa es sólo importante como un factor que permite que analistas privados proyecten el crecimiento potencial y la rentabilidad futura. De hecho, la empresa no puede dar estimados a futuro, eso es una labor que tienen que hacer quienes están decidiendo si compran o no, a qué precio están dispuestos a hacerlo y cuántas acciones demandarán a cada precio. Esa información se la dan al banco de inversión, que es el agente colocador y que coordina a los otros bancos que participan en el sindicato colocador. Éste último establece un punto donde optimiza una relación entre demanda total e ingreso que Facebook recibe por las acciones que vendió. La responsabilidad del colocador es tanto con los clientes que compran como con la empresa que vende. Si establece un precio demasiado bajo y el precio de la acción vuela, perjudicó a la empresa que vendía sus acciones por primera vez pues pudo darle más dinero por la oferta; por el contrario, si el precio es demasiado alto, favorece a la empresa que vende, pero perjudica a los clientes que participaron comprando, porque hubiera sido mejor que lo hicieran en el mercado secundario.

A todas luces, este último fue el caso en la oferta cuyo líder fue el banco Morgan Stanley, donde establecieron un precio de $38 dólares, en el límite superior del rango originalmente propuesto. A ese precio, el valor total de la empresa sería de $104 mil millones de dólares, más que Mercedes Benz y BMW sumadas, a pesar de no soñar con el nivel de ventas de estas empresas. Comparando las utilidades de Facebook y Google, relativas al precio de la acción en el mercado, la primera estaba siete veces más cara que la última al precio de colocación. Una valuación así podría justificarse en función a un rápido crecimiento de las utilidades. Uno debe estar dispuesto a pagar más “cara” la acción de una empresa que está creciendo rápidamente que las de una que quizá ya está madura y crece poco. En el caso de Facebook, tampoco esa razón es válida porque, de hecho, las utilidades reportadas por la empresa en el primer trimestre de 2012 fueron inferiores a las del último trimestre de 2011. El crecimiento es, en el mejor de los casos, moderado.

Sin embargo, antes de crucificar al agente colocador, es importante comprender la complejidad de una oferta así. Por ejemplo, es posible que mucha gente pensara que se trataba de la oferta del siglo y supusiera –como muchos analistas lo hicieron– que el precio subiría a $60 o más dólares en el primer día, y eso lo motivara a colocar órdenes en varios de los bancos que participaban en el sindicato, inflando la demanda. En los meses previos a la oferta, se desarrolló incluso un mercado privado en el cual se intercambiaban acciones que provenían, en muchos casos, de empleados que las habían recibido como compensación. Sé de casos donde éstas se compraron incluso a niveles superiores al de la oferta inicial. Quienes las adquirieron no deben estar muy contentos.

Uno de los argumentos favoritos de los compradores era el hecho de que el número de usuarios de Facebook podría crecer a dos mil millones en el mundo. En mi opinión, una vez más, ese es un argumento sesgado y debatible. Se estima que hay 2.2 miles de millones de usuarios de internet en el mundo, entonces, todos estarían en Facebook. Pero, más aún, preguntémonos cuál es el poder adquisitivo de la mayoría de esa población. A diferencia de lo que piensan los usuarios de Facebook de hoy, la utilidad de una herramienta para entrar en una red social no es necesariamente atractiva para cualquier cultura o para cualquier estrato social.

Ahora, como en toda situación que se complica, surge un último elemento adicional potencialmente explosivo. Parece que en los días previos a la oferta pública, algunos analistas moderaron sus expectativas de potencial crecimiento de las utilidades futuras de Facebook, porque descubrieron que la vía de acceso a la página de la empresa es cada vez más por medio de celulares y de tabletas, y en éstas no se tiene aún capacidad de incluir publicidad. En una oferta pública, las reglas claramente exigen que todos los inversionistas cuenten con la misma información por parte de la empresa, pero quizá éste no fue el caso.

De una u otra forma, esta oferta pública inicial trascenderá y será recordada tanto por la complejidad implícita en un servicio tan popular, como por la dificultad de valuar empresas y servicios que tocan a una población colosal, pero muy difícil de monetizar.

* Jorge Suárez Vélez ha trabajado desde 1981 en instituciones financieras a lo largo del mundo y colabora como comentarista en distintos medios de comunicación, como CNN en Español.
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