INSTRUMENTOS SOFISTICADOS

Para inversionistas calificados

INSTRUMENTOS SOFISTICADOS

[Por Matiana Flores / Ilustraciones Jorge del Ángel]

El mundo de los derivados puede resultar fascinante, pero también convertirse en la peor pesadilla, si no se conoce a la perfección y se está dispuesto a asumir el mayor de los riesgos. Por eso, vale la pena detenerse un momento a estudiarlos primero, para invertir después en ellos.

“No inviertas en nada que no conozcas”: es una recomendación que con frecuencia se hace a los inversionistas con el fin de evitar que incurran en pérdidas que, en un momento dado, podrían llegar a ser cuantiosas y hasta desastrosas en términos patrimoniales.

También es fundamental tener siempre presente que a mayor rentabilidad esperada (¿o prometida?), corresponde un riesgo más elevado de perder 100% del capital invertido…y a veces más.

En los mercados financieros mexicanos existen muchas opciones de inversión, unas más complejas que otras y no todas resultan útiles o apropiadas para todos los inversionistas. Pero más que por la complejidad o sofisticación de un instrumento, las limitaciones muchas veces se derivan de los montos que posee el inversionista para operar hasta su grado de tolerancia al riesgo y, muy importante, el conocimiento que tiene de cómo funciona cada instrumento. Vale la pena insistir una vez más que no debemos invertir en algo que no se conocemos, aunque nuestro asesor financiero nos asegure que va a ser benéfico para nuestro portafolio de inversión.

En México, la gama de productos sofisticados es amplia y casi todos comparten una o varias de las siguientes características: apalancamiento, rentabilidad elevada, cobertura y especulación.

Productos derivados

Estos se consideran instrumentos sofisticados y los conforman futuros, opciones, warrants y swaps. Se llaman así porque su precio se “deriva” o depende del precio de otros activos financieros que ya existen en el mercado, como acciones, índices accionarios, monedas, materias primas, etcétera.

Los derivados son por definición productos de cobertura, pues ayudan a eliminar la exposición al riesgo de mercado de un activo financiero o de un portafolio de inversión. Eliminan la probabilidad de que la rentabilidad o el precio de un instrumento financiero no siga la trayectoria esperada y afecte el rendimiento de una inversión. En este sentido, los derivados contribuyen a adicionar valor a un portafolio, cuando el mercado no muestra un buen comportamiento.

Los productos derivados también pueden ser utilizados como instrumentos de inversión, aunque se deben manejar con sumo cuidado porque, dado el nivel de apalancamiento con el que es factible operarlos, lo mismo pueden generar cuantiosas ganancias que considerables pérdidas.

Precisamente porque se operan con apalancamiento no requieren de grandes montos de capital para invertir en ellos, cualquier inversionista puede participar, sin importar su tamaño (en cuanto a monto disponible para invertir) y nivel de conocimientos de estos instrumentos. La decisión de participar o no y con cuánto corresponde a cada inversionista.

¿Cómo funcionan?

Para entender cómo operan los derivados, Alfonso García, director general de Gamaa Derivados, nos da el siguiente ejemplo: si a un inversionista le preocupa una devaluación y quiere comprar $10 mil dólares a una cotización de $13 pesos, en una compra directa necesitaría $130 mil pesos para cerrar la operación, pero en el mercado de derivados sólo necesita dejar un depósito de $9 mil. Es decir, asume un apalancamiento de 10 a 1. Eso significa que si se mueve el mercado y hay una devaluación del dólar, gana.

Vamos a suponer que se va de $13 a $13.5 pesos, en este caso el inversionista va a obtener utilidades no sobre su inversión ($9 mil pesos) sino sobre los $10 mil dólares que aseguró a través de una operación con futuros. Pero, si en lugar de ganar pierde el dólar (el peso se aprecia), el inversionista va a tener pérdidas sobre $10 mil dólares, no sobre $9 mil pesos y puede perder 100% de su inversión o más. En derivados el apalancamiento es una ventaja, pero también es un riesgo. Es por eso que se pueden obtener rendimientos muy importantes y viceversa.

Por eso, aunque señalamos que el acceso a los derivados no está restringido a los pequeños inversionistas, Alfonso García señala que no es recomendable que participen con fines de inversión, pero que sí lo hagan con fines de cobertura. De esa manera, los productos derivados contribuyen a mejorar la rentabilidad de una inversión y a darle certeza al inversionista acerca de los rendimientos que espera obtener de acuerdo a su aversión al riesgo.

Por ejemplo, hay gente que está dispuesta a correr el riesgo de no asegurar su coche y se la juega, porque cree que no va a pasar nada. Obviamente, si no contrató un seguro y no le robaron el auto se ahorran un buen dinero. El problema es cuando sí se lo roban y se da cuenta de que por ahorrarse $10 mil pesos del seguro ahora no tiene dinero para reponer su coche.

Ahora bien, las personas que les gusta el riesgo o andan buscando un rendimiento mayor pueden entrar directamente como inversionistas a estos instrumentos; eso sí, deben estar conscientes de que operar con apalancamiento puede generarles grandes utilidades, pero también grandes pérdidas.

Aunque para Alfonso García hablar de rendimientos promedio en productos derivados es un poco aventurado, sí nos proporciona dos muy buenos ejemplos de lo que pueden redituar si se utilizan como opción de inversión:

  • Ejemplo 1. El precio del maíz cayó 21%, entre el 30 de agosto del 2011 y el 30 de abril de 2012. Si un inversionista asumió un apalancamiento de 10 veces estaríamos hablando que podría haber obtenido un rendimiento de 211%. Si lo multiplicamos y lo llevamos a un año, estaríamos hablando de un rendimiento de alrededor de 300%.
  • Ejemplo 2. En una semana el dólar cayó frente al peso 1.2%, si un inversionista hizo una operación con apalancamiento de 100% estaríamos hablando de un rendimiento semanal de 11.2%, que llevado a un año significa un interés simple de 582%.

Esos son los trancazos que se dan en el mercado de derivados: se puede ganar mucho dinero o perder en igual magnitud. Por eso, dice García, “manejar derivados como inversión requiere de estar pegado al mercado, y yo que me dedico a esto normalmente lo recomiendo como un instrumento de cobertura”. Los inversionistas con poca aversión al riesgo, que están buscando rendimientos fuertes, pueden obtenerlos aquí, pero también pueden salir con pérdidas importantes, entonces es fundamental que estén conscientes de esa situación y que empiecen con poco. Por ejemplo, un inversionista con perfil patrimonial puede invertir entre 5 y 10% de su portafolio en derivados, como máximo.

“No le recomendaría que invirtiera en derivados a un jubilado que tiene su dinero guardado para vivir en su retiro. No debe invertir el dinero que le haga falta para tener asegurada su comida y sus gastos médicos, etcétera”, comenta García. La gente está desesperada debido a las bajas tasas de interés que hoy por hoy privan en los mercados, tienen magros rendimientos y ya no les alcanza para vivir. Hay que diversificar las inversiones y uno de los cajones es el uso de derivados con fines de cobertura e inversión.

En conclusión, invertir en derivados no requiere sólo de conocer su funcionamiento, también es importante la predisposición que se tiene para asumir riesgos elevados y tener la capacidad para afrontarlos –financiera y psicológica- además de dedicarles el tiempo necesario para obtener los resultados esperados.

Inversionistas calificados

Los inversionistas más grandes, en términos de capital y conocimiento de los mercados son los institucionales (fondos de inversión, aseguradoras, fondos de pensiones, entre otros), y los calificados, definidos por la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) como aquella “persona que mantenga, en promedio, durante el último año inversiones en valores por un monto igual o mayor a 1.5 millones de unidades de inversión (alrededor de $7 millones de pesos), o que haya obtenido en cada uno de los dos últimos años, ingresos brutos anuales iguales o mayores a 500 mil udis ($2.4 millones de pesos). Algunos instrumentos de inversión sofisticados están reservados para ellos (hegde funds), pero no es el caso de los productos derivados que se pueden encontrar en el mercado local.

Alfonso García señala que los derivados se han satanizado y se han vendido como algo extremadamente complicado, sólo al alcance de gente encumbrada en el mundo financiero, cuando en realidad no es así. Se puede ser inversionista en productos derivados, por ejemplo, adquiriendo un contrato de futuros.

Sus clientes son inversionistas pequeños hasta grandes instituciones financieras y corporativos. “Hay clientes –personas físicas– que vienen y operan dos, tres, cinco o 10 contratos para buscar obtener un mejor rendimiento en sus inversiones, y los vamos llevando de la mano todo el tiempo”, dice García.

Los potenciales clientes deben someterse a una evaluación para demostrar que tienen la liquidez suficiente para participar en el mercado y, en función de eso, se les dice con cuántos contratos pueden entrar. La liquidez es necesaria para dejar los depósitos en garantía en Asigna (la cámara de compensación y liquidación del MexDer) para hacer sus operaciones.

García punta que el mercado de derivados está perfectamente regulado y se hace un análisis muy estricto de quién puede participar y cómo puede hacerlo. El dinero que ponen como depósito en garantía es el que les da el respaldo para hacer sus operaciones.

Por ejemplo, para operar un futuro en TIIE se tiene que dejar un depósito de $140 pesos por cada $100 mil pesos. En el caso del dólar hay que dejar mínimo $9 mil pesos por cada $10 mil dólares. Dependiendo del producto es el depósito en garantía, el cual le genera a los inversionistas un rendimiento similar al de mesa de dinero (4%). La recomendación para todo tipo de inversionistas, pero principalmente para los pequeños, es participar en los productos listados.

Instrumentos derivados

Existen dos tipos: los listados en las Bolsas (MexDer y BMV) y los que se realizan entre dos partes (over the counter – OTC). Para Alfonso García, los dos primeros son más seguros porque la garantía de cumplimiento de los inversionistas (comprador y vendedor) es respaldada por una cámara de compensación y liquidación (Asigna), cuya función es garante del cumplimiento de todas las obligaciones financieras que se derivan de la operación de los contratos negociados. Algo que no sucede con los instrumentos que se negocian OTC, donde una de las partes se puede echar para atrás y no cumplir lo acordado.

1)    Listados en el Mercado Mexicano de Derivados (MexDer). Son contratos estandarizados que se compran y venden fácilmente entre una amplia gama de inversionistas, por lo que son mercados muy líquidos:

  • Futuros de acciones, índices accionarios, divisas, materias primas, agricultura, energía, metales preciosos e industriales, etcétera. Estos instrumentos permiten administrar el riesgo de precio de un instrumento de inversión, estableciendo un nivel de precio hoy para liquidarlo en una fecha posterior.

Un persona puede operar futuros con una inversión relativamente pequeña –llamada de margen equivalente al 10% del valor del contrato, generalmente– y obtener ganancias o pérdidas sobre la cantidad que ampara el contrato, no sobre la inversión.

  • Opciones que otorgan al comprador el derecho, no la obligación, de comprar o vender una cantidad determinada de un activo subyacente a un precio fijo, antes de una fecha preestablecida, para lo cual se paga una prima. Por su parte, el vendedor se compromete a comprar o vender la cantidad de activos establecida en el contrato.

Existen dos tipos de opciones: las de compra (call) que dan al inversionista el derecho a comprar y a su vendedor la obligación de vender el activo subyacente al precio del ejercicio, en una fecha predeterminada o en una fecha de vencimiento (opción europea) o en cualquier momento entre el inicio del contrato y la fecha de vencimiento del mismo (opción americana). El otro tipo son las de venta (put) que dan a su comprador el derecho a vender y a su vendedor la obligación de comprar el activo subyacente al precio de ejercicio, en una fecha predeterminada o fecha de vencimiento.

2)    Listados en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV)

  • Warrants que funcionan básicamente igual que un futuro, la diferencia es que los futuros pueden hacerse sobre diferentes instrumentos: acciones, índices, divisas, commodities, etcétera, mientras que los warrants se operan únicamente con opciones.

Estos títulos son emitidos por casas de Bolsa, bancos y corporaciones, y son ellos quienes tienen la obligación de vender o comprar, según sea el caso, el índice o la canasta de referencia a cambio de una prima. Un warrant ofrece un apalancamiento que permite optimizar los rendimientos y cubrir posiciones contra movimientos adversos.

3)    Over the counter (OTC). Son operaciones o contratos hechos a la medida fuera de los mercados listados, pero no están regulados y eso favorece su incumplimiento.

  • Swaps que son una serie de contratos forwards convenidos de acuerdo a las necesidades de quienes participan en él. El más común es el swap de tasas de interés. Un contrato forward obliga a su propietario a comprar un determinado activo en una fecha específica y a un precio establecido al inicio del contrato entre dos instituciones financieras o entre una institución financiera y uno de sus clientes. Una de las partes acuerda con la otra comprar un activo subyacente, en cierta fecha, a un precio específico. La contraparte está de acuerdo en vender un activo a la misma fecha y al mismo precio. Si al vencimiento del contrato el precio es mayor al de ejercicio, el propietario tendrá una utilidad y si es menor, tendrá una pérdida.

Otros instrumentos sofisticados

Existen otras opciones de inversión en los mercados financieros locales e internacionales, aunque la mayoría caen dentro de los derivados, pues su precio (utilidad o pérdida) depende de un subyacente. A continuación se enlistan algunos:

  • Ventas en corto (short selling). Consiste en vender un título que no se tiene (los consigue a préstamo de otros inversionistas a través de su casa de Bolsa) y del cual se espera que baje su precio, al bajar se recompran y se devuelven a sus propietarios. El diferencial entre un precio y otro es su ganancia. Mantener una posición deudora no cubierta después de la venta es lo que se define como posición corta. Existen varias maneras de operar en corto:

a) Préstamo de valores: se espera que el precio de los títulos de una empresa (que no se tienen) baje y se piden prestados a cambio del pago de una comisión. Al recibirlos, los vende y si efectivamente baja el precio de la acción las vuelve a comprar más baratas y las devuelve a quien se las prestó. El beneficio es la diferencia entre lo que obtiene al vender las acciones menos lo que paga por comprarlas más baratas, descontada la comisión.

b) Mercado de futuros y derivados: se negocian sobre las acciones obligaciones de compra y derechos de compraventa.

c) Contratos por diferencias (CFDs): replican el precio de las acciones en tiempo real (y de otros activos, como índices accionarios, materias primas, etcétera) y se operan con apalancamiento. Se utilizan para mercados al alza y a la baja y permiten obtener ganancias exponenciales con pequeñas aportaciones (apalancamiento), al igual que grandes pérdidas si se falla en la inversión.

  • Hegde funds. También conocidos como fondos de libre inversión o de cobertura. El primer hedge fund se fundó en 1949 con el objetivo de eliminar parte del riesgo beta (de mercado) inherente a posiciones largas en acciones mediante la venta en corto de otras acciones de las que no disponía. En general, estos fondos utilizan ventas en corto, apalancamiento y primas de incentivo de manera combinada.

Son productos con un reducido número de participantes, se pueden operar en una amplia variedad de mercados y es posible utilizar estrategias con diferentes grados de apalancamiento. Están domiciliados en paraísos financieros por razones fiscales como normativas y adoptan elevados niveles de apalancamiento. Es un producto al que sólo pueden acceder inversionistas calificados e institucionales.

  • ETFs sintéticos o apalancados. estos fondos utilizan un gran apalancamiento para obtener mayor exposición al mercado (ejemplos de este instrumento son los productos Diablo y Ángel listados en la BMV), se ponen cortos en un determinado segmento del mercado o ambas cosas. No están diseñados para mantenerlos como inversiones a largo plazo, sino a corto y con fines especulativos.
  • Bonos de alto rendimiento (high yield). Son conocidos como bonos basura y por lo general tienen una calificación de Ba o menor. Este tipo de notas pueden tenerlas dos tipos de empresas: las que atraviesan dificultades económicas y las de mediano tamaño que son de reciente participación en el mercado de emisión de deuda.

En los mercados internacionales hay fondos de inversión de alto rendimiento y son un excelente vehículo de diversificación del riesgo en lo que se refiere a este tipo de instrumentos.

En el caso de que una empresa emisora de bonos de alto rendimiento se declare en bancarrota, los tenedores de estos instrumentos se ubican en una mejor posición que los accionistas de la empresa, porque son los primeros en cobrar en un procedimiento de liquidación.

  • Obligaciones de deuda colateralizada (CDO) o credit default swaps (CDS). Son contratos de protección entre un comprador y un vendedor. El comprador se compromete a realizar una serie de pagos en el tiempo (primas) y el vendedor a cubrir parte o el total del crédito asegurado, en caso de que éste no sea pagado. Los CDS se utilizan en el aseguramiento de grandes corporaciones, paquetes de referencia crediticia (CDO) y en bonos de deuda soberana.

Los roles de comprador y vendedor pueden ser intercambiables. El vendedor de CDS lo transa con un inversionista, pero el banco también puede tomar el rol de inversionista y asegurar la operación con otro banco, y así sucesivamente.

Los contratos de CDS han sido comparados con los seguros, sin embargo, existen diferencias importantes, entre las más relevantes son que el vendedor no requiere ningún tipo de regulación y no está obligado a mantener ningún tipo de reserva para pagar a los compradores.

Se apuesta en una ventanilla comprando paquetes de inversiones, obligaciones de deuda colateralizada (CDO) o paquetes de deuda soberana; y en la otra ventanilla se adquieren los seguros CDS en caso de que la operación fracase (default).

  • Deuda convertible. Son notas a corto plazo no garantizadas del emisor, que están vinculadas al precio de un título accionario o combinación de acciones por sector económico (activo subyacente). La nota (instrumento de inversión) viene con un cupón (interés) y, a su vencimiento, los inversionistas recibirán el pago de intereses más 100% del capital inicial invertido.

Estos instrumentos no garantizan la devolución principal al vencimiento, por ende es importante analizar el activo adyacente con el cual está estructurada la nota.

Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC)

Hoy por hoy, los portafolios de inversión se diversifican no sólo en instrumentos ofertados en los mercados locales, sino también en otros países y regiones del mundo. Precisamente, atendiendo a esta necesidad, la BMV inició en 1997 la operación del SIC, en el que se negocian valores extranjeros:

  • Más de 340 acciones (principalmente las que forman parte del Dow Jones y el Standard & Poor’s)
  • Más de 420 ETFs que cotizan en el New York Stock Exchange (NYSE), el Nasdaq, en OTC en Estados Unidos y otros mercados del mundo
  • Más de 125 títulos de deuda

En el Mercado Global de la BMV participan exclusivamente los inversionistas institucionales y los calificados a través de casas de Bolsa. Los pequeños inversionistas pueden beneficiarse de manejar un portafolio de inversión global adquiriendo sociedades de inversión que integren en sus activos acciones, ETFs y títulos de deuda cotizados en el SIC.

Ética en las inversiones

En los meses recientes, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) sancionó a algunas instituciones financieras por recomendar a sus clientes productos que no son acordes a su perfil de inversionista, gestionarles carteras poco diversificadas e incluir productos de inversión sofisticados, todo respondiendo al interés personal de los asesores o de la institución financiera a la que pertenecen.

La escasa cultura financiera que prevalece entre los inversionistas en torno a qué instrumentos de inversión existen, cómo operan, qué riesgos se deben asumir en cada uno de ellos, qué comisiones se deben pagar, etcétera, es campo fértil para que asesores financieros sin escrúpulos coloquen el dinero de sus clientes atendiendo a sus propios intereses (a través del cobro de comisiones poco transparentes) y no al de los inversionistas.

Para erradicar este tipo de prácticas, las autoridades están exigiendo que las personas que asesoren al público inversionista cuenten con los conocimientos técnicos necesarios, y solvencia moral y económica. De hecho, la BMV cuenta con diversos cursos de certificación de asesores en diversos niveles.

Un buen asesor define el perfil de sus clientes (nivel de tolerancia al riesgo), marca sus objetivos y capacidad financiera para sólo así armarles un portafolio de inversión personalizado y ajustado a las necesidades individuales de cada inversionista, con total transparencia en todas las decisiones financieras que alienten a tomar a sus clientes.

Debe decirle cuándo y por qué hay que realizar alguna operación. También está obligado a revelar el conflicto de interés que pueda presentarse, si es el caso, ya que eso podría afectar la objetividad de sus recomendaciones y los intereses de sus clientes.

Otra de sus funciones esenciales es explicar claramente las comisiones y gastos a sus potenciales clientes antes de establecer un contrato de servicio, explicando detalladamente el motivo de las comisiones que se cargan y de cualquier otra remuneración que reciba por el ejercicio de sus servicios a nombre del cliente.

El tema de la ética entre los asesores financieros, siempre importante, ha adquirido mayor relevancia luego de la crisis financiera de finales de 2008, en la que se atestiguó una falta absoluta de valores legítimos y transparencia.

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