INVERSIONES CON IMPACTO

Beneficios para todos

INVERSIONES CON IMPACTO

[Por Óscar Granados Bartolo]

La nueva tendencia en las inversiones es a través de empresas y proyectos que buscan el beneficio social, ecológico y económico. De hecho, en este tipo de negocios se vislumbran el mayor crecimiento financiero para los siguientes años.

Muchos inversionistas en el mundo ya no están buscando a las empresa más rentables, sino a aquellas que están en la búsqueda de un mejor estilo de vida. El bienestar del ambiente (y en general del entorno) ha sido la bandera de muchas organizaciones financieras que, al margen sus ganancias, buscan un beneficio positivo para el planeta.

Hacer cosas que favorezcan al prójimo, pero que además generan un ingreso extra, ha dejado de ser una moda para convertirse en una tendencia. Se trata de las “inversiones de impacto” (así es como se les ha denominado, según el banco J.P Morgan y la Fundación Rockefeller) y corresponden a las acciones destinadas a dejar una huella positiva más allá de rentabilidad financiera de una empresa.

“La necesidad de contar con un mejor entorno no está peleada con la idea de generar mejores resultados en la operación –afirma Fernando Buendía, director del Área de Soluciones Estratégicas de Credit Suisse en México–. Hay países donde existe un alto nivel de conciencia y dan prioridad a inversiones que tengan un grado de impacto. Por ejemplo, en el planeta existen fondos calificados como “sustentables” y que tienen activos por más de $3 trillones de dólares”, subraya el banquero.

La aceleradora de empresas sustentables New Ventures Mexico señala que a pesar de que las inversiones de impacto han dejado de verse como una moda, todavía hay retos por delante, ya que el entorno político, legal y de negocio de este tipo de proyectos aún no es del todo favorable. Sin embargo la entidad reconoce que el entorno, más que desfavorable, es idóneo para la innovación y las nuevas oportunidades, principalmente en mercados emergentes, en donde las inversiones de impacto tienen un gran potencial de éxito.

La pregunta es ¿qué tanto riesgo puede enfrentar una compañía al involucrarse en este tipo de inversiones? Para descifrar el dilema de rentabilidad y beneficio social, JP Morgan y la Global Impact Investing Network (GIIN) realizaron en 2011 una encuesta entre 52 organizaciones sobre las características de las inversiones que se buscan en el mercado.

Los resultados parecen contundentes: 62% de los entrevistados respondieron que estaban dispuestos a renunciar a parte de la rentabilidad económica para obtener un mayor impacto social; aunque también 60% consideró que no necesariamente existe un trade off entre rentabilidad económica e impacto social, es decir, que sí se pueden obtener buenos ingresos y beneficiar a una comunidad al mismo tiempo. Cabe desatacar que 46% quiere alcanzar un equilibrio entre rentabilidad económica e impacto.

Lo que queda claro es que cada día hay más participantes en el mercado de inversión que creen que los dos temas no son contrarios. Bajo este argumento, y frente a un mundo en cambio constante, vale la pena analizar qué es lo que viene para los próximos años.

Megantendencias y realidades

Las transacciones que se realizan en los mercados bursátiles dependen en mucho de lo que sucede en la calle. Es indudable que para poder invertir se requiere echarle un vistazo a lo que sucede en nuestro entorno. “Nada es una casualidad. Las mejores inversiones estarán relacionadas con los cambios en la demografía, el medio ambiente y la evolución de las economías emergentes”, comenta Fernando Buendía.

El directivo expone que las grandes tendencias son los cambios fundamentales prolongados en los escenarios tecnológicos, sociales o políticos que han configurado la sociedad del mundo a lo largo de la historia. Estas tendencias no son meramente históricas, ya que hoy siguen marcando profundamente la evolución de la humanidad y así continuarán haciéndolo.

De acuerdo con Buendía, las grandes tendencias han cambiado el mundo durante décadas, incluso durante siglos, y se han reflejado en una mayor riqueza, pero también en una mejor calidad de vida.

Los desafíos naturales como el clima, las enfermedades o la escasez de alimentos llevaron a la primera serie de innovaciones. La agricultura y el cultivo, la cría de animales, los sistemas de riego, entre otras actividades relacionadas, fueron grandes tendencias que permitieron a los seres humanos no depender tanto de los caprichos de la naturaleza.

En el mundo actual, los factores más significativos para determinar el desarrollo y evolución social pueden ser clasificados en tres grandes tendencias: demografía, multipolaridad (extensión de la riqueza a los mercados emergentes) y sostenibilidad. Estos tres grandes rubros son distintos, pero mantienen una estrecha relación con las inversiones de impacto.

El rápido crecimiento demográfico en los mercados emergentes, así como el envejecimiento de la población en los países desarrollados, constituyen el punto medular del ciclo de las grandes tendencias. “En los últimos 50 años, la población se ha duplicado hasta alcanzar más 6,800 millones de personas en el mundo. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, el número de humanos llegará a 9,200 millones para 2050, lo que supone un incremento de 35% respecto a los niveles actuales. Alimentar a toda esta gente será un desafío para la industria agrícola mundial, dado que cada vez es menor la tierra de cultivo”, afirma el directivo de Credit Suisse.

Este hecho lleva a la extensión de la riqueza mundial de los mercados desarrollados hacia los emergentes: en China e India surge una clase media que impulsa una nueva cultura del consumo.

El área de análisis de Credit Suisse expone que las clases medias están consumiendo mayores cantidades de carne y productos lácteos, cuya producción requiere más tierra de cultivo y agua de los que son necesarios para las dietas basadas en cereales. En este sentido, se requieren 3.2 kilogramos de maíz para producir 50 gramos de carne de res.

Credit Suisse expone que en 1950, cuando había 2,600 millones personas en el mundo, había aproximadamente 0.5 hectáreas de tierra de labranza per cápita. Para el año 2000, la cifra había disminuido drásticamente a 0.25 hectáreas para una población de 6,100 millones de habitantes.

“El aumento de la demanda en unos recursos, cada vez más escasos, da lugar a desequilibrios mayores, pero también abre un gran especio para las inversiones en la materia”, argumenta Buendía. Una de las soluciones entre la oferta y la demanda consiste en combinar a generación sostenible de los recursos con un empleo más eficiente de los existentes.

Se han detectado cinco áreas, en las cuales las inversiones medioambientales sostenibles tienen buenas expectativas de éxito:

  • Energías alternativas
  • Agua
  • Aire
  • Madera
  • Eficiencia de los recursos

La era de la energía barata obtenida a partir de combustibles fósiles terminará inevitablemente algún día, y es probable es que ya esté muy cerca, ya que se calcula que para 2030 la demanda energética habrá aumentado 50%. El asunto es no es sencillo, pues según la Agencia Internacional de Energía (AIE), las reservas de petróleo se agotarán en un plazo de 50 a 70 años.

Como consecuencia de estos cambios, durante los últimos años han surgido varios subsectores. Los más prometedores, de acuerdo con el área de análisis de Credit Suisse, son los de energía solar, energía eólica y bioenergía.

Los expertos del banco de inversión exponen que si bien la hidroelectricidad es importante, ya que representa 87% de las fuentes renovables de electricidad, su potencial es limitado.

Actualmente, la energía renovable representa alrededor de 7% de la producción energética anual total, de acuerdo con la AIE. En este sentido, esta opción tenderá a sustituir una parte considerable de las fuentes tradicionales como el petróleo crudo y el gas.

Credit Suisse indica que las inversiones en el mercado de energías limpias se triplicarán hacia 2020, alcanzando los $510 mil millones de dólares, lo que representa un crecimiento a tasa anual de 10%.

En lo que respecta al agua, es importante señalar que en 1950, las reservas del líquido dulce eran de 17 mil metros cúbicos per cápita, pero para el año 2000 esta cifra se redujo a la mitad.

El uso del agua ha aumentado de manera notable, ya que dos tercios del consumo total corresponden al sector agrícola. El pronóstico de la ONU es que para 2025, la demanda de este recurso natural supere la oferta en más de 6%, mientras que las previsiones es que hacia 2030 la población aumentará alrededor de 30%.

La misma ONU indica que es preciso invertir $180 mil millones de dólares al año para impedir que la humanidad sufra una carencia masiva.

Bajo esta premisa, Credit Suisse ve áreas de oportunidad como en la limpieza de reservas contaminadas, así como la desalinización; en la reparación y creación de las infraestructuras, y en los dispositivos de ahorro de agua.

Referente a la eficiencia en el uso de los recursos tiene que ver también con el reciclaje y la reutilización. De acuerdo con una previsión de Credit Suisse, los residuos crecerán hacia 2030 2.5 veces más que la población, lo cual habré también una ventana de oportunidad para las inversiones.

Aunado a todos estos temas medioambientales, la sostenibilidad encierra un aspecto humano y social.

Mientras que la sostenibilidad, en su sentido tradicional, se centra en la preservación de los recursos, posee también, en su forma moderna, una dimensión social. Fernando Buendía expone que si han de abordarse la innovación y las cuestiones naturales, también se tiene que poner sobre la mesa el crecimiento de las personas con menores recursos.

La sostenibilidad no sólo se refiere a las materias primas tangibles, también se incluyen conceptos de trabajo humano, tanto físico como mental. Por lo tanto una parte de este concepto incluye el uso debido y eficaz de estos recursos humanos.

Índices sustentables

La responsabilidad social no está peleada con los mercados financieros. Por esta razón, hace unos años nació la idea de contar con un esquema que pudiera integrar a aquellas empresas con una administración eficiente que use de forma racional los recursos naturales en sus procesos, con el fin de mejorar el bienestar de la población.

Como ejemplo podemos citar al Dow Jones Sustainability y el FTSE 4Good, los cuales analizan más de 3,500 firmas de todo el planeta para integrar un índice global con más de 300 empresas cada uno. Aunado a estos indicadores se encuentra el Índice de Sustentabilidad Empresarial, de la Bolsa de Brasil, y recientemente el Índice de Sustentabilidad (ISRS – también conocido como IPC Sustentable), de la Bolsa Mexicana de Valores.

Javier Romero, líder de la Práctica de Sustentabilidad y Cambio Climático de Deloitte México, explica que alrededor de los mercados bursátiles se tiene cuenta de más de $3 trillones de dólares en índices de inversión de impacto. “México –indica el especialista– no pudo haberse quedado atrás, por eso decidió incursionar el año pasado en la inversión socialmente responsable”.

Con ello, el mercado accionario local busca que más empresas se adhieran a los 10 principios del Pacto Mundial de la ONU, los cuales sirven como guía objetiva y confiable para enfocar los esfuerzos hacia la sostenibilidad.

Con este tipo de característica, se logra un marco de referencia y comparación entre las firmas de un mercado accionario y se identifican áreas de oportunidad en cuestiones de sustentabilidad. Javier Romero añade que para la empresa, esto significa la eficiencia de recursos y ahorros, además de mejorar su desempeño y relaciones con la sociedad, haciendo que los negocios trasciendan en el tiempo.

Es así que el Índice de Sustentabilidad de la BMV permite agrupar a empresas cuyo relevante desempeño ambiental, social y de gobierno corporativo les permite acceder a capital de inversionistas preocupados por el futuro, pues éstas son conocidas y reconocidas en el ámbito nacional e internacional.

Javier de Artigas, ex director general adjunto de Promoción y Planeación de la BMV, señala que la selección de las emisoras que integran este índice fue hecha de manera autónoma por dos instituciones calificadoras especializadas en responsabilidad empresarial: Empowerment Responsible Investment (EIRIS) y la Universidad Anáhuac del Sur.

Las empresas a las que los calificadores otorgaron el sello de Empresa Sustentable, obtuvieron una calificación superior a la valoración promedio de las 3 mil emisoras globales que ellos mismos calificaron. La composición de la evaluación se hizo de la siguiente manera:

  • 50% Cuidado ambiental
  • 40% Responsabilidad social
  • 10% Gobierno corporativo

De las empresas calificadas positivamente, se seleccionaron las series accionarias que contaron con un mínimo de float de 30% o cuyo valor de capitalización flotado al momento de la selección fue superior a los $10 mil millones de pesos.

Después de meses de estudio y análisis, la BMV anunció, en diciembre de 2011, que el índice quedaba con la siguiente composición:

  • Alfa
  • Arca Continental
  • Coca-Cola Femsa
  • Controladora Comercial Mexicana
  • Desarrolladora Homex
  • Fomento Económico
  • Grupo Aeroportuario del Sureste
  • Grupo Financiero Banorte
  • Grupo Modelo
  • Kimberly-Clark de México
  • Urbi Desarrollos Urbanos

Wal-Mart de México también está en dicho índice, pero la BMV mantiene a la emisora bajo observación, en espera de los dictámenes e indagatorias definitivas, y de comprobarse los hechos, quedaría fuera del índice

después de los artículos de prensa que involucran a la firma con actos de corrupción, la BMV mantendrá a la emisora bajo observación y en espera de los dictámenes o indagatorias definitivas, y de comprobarse los hechos, quedaría fuera del índice.

Otras emisoras que destacaron en el análisis de EIRIS y la Universidad Anáhuac son América Móvil, Cemex, Compartamos Banco, Corporación Geo, Empresas ICA, Grupo Aeroportuario del Centro Norte, Grupo Bimbo, Grupo México, Industrias Peñoles, Mexichem y TV Azteca.

Asimismo, tres empresas que obtuvieron el Sello de Empresa Sustentable y no se incluyeron en el IPC Sustentable debido a que no cumplieron con el requisito de bursatilidad o float: Vitro, Bio-Pappel y Grupo Herdez.

También hubo un número importante de emisoras que podría obtener el Sello de Empresa Sustentable este mismo año, entre las que destacan: Alsea, Corporación Moctezuma, Grupo Financiero Inbursa, Grupo Televisa y Minera Frisco.

Javier de Artigas asevera que durante los pocos meses que tiene en operación, el rendimiento del Índice de Sustentabilidad ha sido cercano a 10%, contra 6% del principal indicador de la BMV. “Por el momento, el IPC Sustentable sólo muestra el desempeño de las acciones que lo componen y no existe un instrumento para invertir. Pero ya está en proceso la creación de un ETF vinculado a este índice”.

Jaime Álvarez, director de Asset Management de BBVA Bancomer, expone que México no puede ser ajeno a las tendencias mundiales, y contar con un instrumento de este tipo, más que un lujo, es una necesidad para que la BMV pueda atraer a más accionistas.

Fondos de capital privado

Además de los instrumentos bursátiles, en México también está la opción de invertir en proyectos de desarrollo. Un ejemplo es IGNIA, una empresa de inversión de impacto de capital emprendedor que invierte en negocios rentables y con alto impacto social que atiende a la base de la pirámide poblacional en nuestro país y otras regiones de Latinoamérica.

Sus co-fundadores, Álvaro Rodríguez Arregui y Michael Chu, tienen claro que al proveer de respuestas efectivas a las necesidades de la población de bajos recursos se motiva el emprendimiento y se genera impacto social, logrando retornos financieros.

IGNIA cuenta con $102 millones de dólares de capital para realizar inversiones y hasta ahora tienen un portafolio de 10 proyectos apoyados, totalizando $48 millones de pesos en desembolsos y compromisos.

Sus inversiones se concentran en sectores tales como la agricultura, vivienda, salud, educación, servicios básicos, tecnología y telecomunicaciones, los cuales tienen un impacto desproporcionado sobre las poblaciones de bajos ingresos. Según IGNIA, de los 550 millones de personas de la región, 360 millones representan el mercado de la Base de la Pirámide.

En México, donde se ubica IGNIA, el mercado de la base de la pirámide representa alrededor de $130 mil millones de dólares, y al igual que en el resto de la región comprende a más del 70% de la población.

La vida en sustentable

“Antes, cuando se tomaba una bebida, en muchas ocasiones no se pensaba en el envase. Ahora la situación es distinta, por mínimas que sean las experiencias, ya hay personas que están comprometidas con el ambiente y buscan productos que no solamente satisfagan la sed sino también contaminen lo menos posible. Al final pasará lo mismo con las inversiones de impacto”, asevera Jorge Rodríguez, director general de la Banca Privada Credit Suisse México.

Fernando Buendía agrega que quizás el tema todavía no pesa tanto en el país, pero en un par de años los consumidores presionarán a las empresas para que integren en su operación incentivos que apoyen el ambiente.

Ése, quizás, sea el mayor de los retos. Si bien desde el sistema financiero se impulsan medidas para complementar el desarrollo de la humanidad, aún hace falta que el grueso de la población se involucre para hacer lo mejor para el planeta.

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