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Edificios enfermos

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[Por Gonzalo Solís]

Los “edificios enfermos” es algo tan antiguo como la historia misma de la arquitectura, pero fue hasta 1982 que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la definió como “el conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en construcciones cerradas, que produce un conjunto de signos y síntomas específicos, en al menos 20% de los ocupantes”.

Algunos síntomas son sequedad e irritación en ojos, piel vías y respiratorias; dolor de cabeza; fatiga mental; resfriados intermitentes o persistentes e hipersensibilidades sin que la causa sea perfectamente definida. Se le conoce como síndrome del edificio enfermo (SEE), que engloba los signos y síntomas que afectan a ciertos individuos que viven o trabajan en algunas construcciones determinadas y cuyas causas son múltiples, de difícil detección y, a veces, de complejo control.

En la calidad ambiental interior hay que considerar como principales factores de riesgo los siguientes:

  • Químicos: gases, humos y partículas aerotransportadas.
  • Biológicos: bacterias, ácaros, virus y productos animales diversos
  • Físicos: temperatura, ruido, iluminación y ventilación
  • Psicosociales: organización del trabajo, estilos de mando y relaciones interpersonales

La OMS calcula que por lo menos 30% de los edificios de oficinas son riesgosos para la salud de sus ocupantes, sobre todo con respecto a la calidad del aire, y más de 45% de las construcciones dedicadas a la habitación familiar.

Las características de un edificio enfermo son:

  • Ventilación mecánica
  • Superficies interiores (paredes y suelos) cubiertos por materiales textiles
  • Materiales y construcción de mala calidad
  • Hermeticidad y ausencia de ventanas abatibles

Edificios sanos

En Estados Unidos, país que más estudios y legislaciones tiene sobre el tema, existe un organismo encargado de regular y vigilar que priven las mejores condiciones de espacio y ambiente físico en los cetros laborales, independientemente del giro del que se trate. Se trata de la Asociación Americana de Higiene Industrial (AIHA, por sus siglas en inglés), que informa sobre los requisitos que debe tener la calidad del aire al interior de la estructura para no ser riesgosa para la salud de los usuarios:

  • La ventilación debe corresponder al control de la velocidad del aire, la temperatura y la humedad, de tal forma que sea aceptable para la mayoría de los ocupantes.
  • Los equipos y superficies del mismo edificio deben mantenerse muy limpios para evitar la movilización de partículas.
  • Las fuentes de emisión de aire deben estar aisladas de las zonas de donde laboran las personas.
  • El mantenimiento de los equipos de ventilación debe realizarse en ausencia de los ocupantes, en forma eficiente y minimizando los residuos contaminantes en las áreas de trabajo.

Las principales quejas de los empleados con respecto al aire interior son que la temperatura es demasiado cálida o fresca, que su velocidad es excesiva y que la humedad es alta o lo contrario, resecándoles las vías respiratorias. Sin embargo, dado que son percepciones individuales, se tiene que buscar la opinión consensada de la mayor parte de los usuarios, para poder regular estas variables y que la gente quede satisfecha.

La ventilación es la clave

Más allá de los consensos, existen límites que las normas contemplan de acuerdo con las situaciones ecológicas y climáticas de la región. Por ejemplo, el mantenimiento de las unidades de aire acondicionado incluye, entre sus fases más importantes, la aspiración de polvo y residuos ambientales en todos los ductos, pues expeler aire con estos contenidos es de alto riesgo para generar alergias e infecciones respiratorias y de la piel.

Además, el sistema de aire debe ser lo suficientemente silencioso, porque gracias a la medicina del trabajo se sabe que los estímulos sonoros intensos, constantes y molestos, generan ansiedad, irritabilidad, depresión y bajo rendimiento laboral.

Las enfermedades más frecuentes que padecen quienes viven o trabajan en una edificio enfermo son las rinitis alérgicas, como respuesta a partículas de polvo expedidas por un sistema de ventilación sucio y que provocan reacciones en la nariz. Los síntomas son enrojecimiento de ojos y lagrimeo, comezón ocular y nasal, flujo nasal abundante (líquido y transparente) y los llamados “estornudos en salva”, es decir, que se estornuda una tras otra vez por más de 10 ocasiones.

Si por desgracia alguien ya padecía esta frecuente afección, la complicación es la inflamación de la laringe, que es el tubo que conecta con la tráquea, y de ahí a los pulmones, y en casos más raros, la exacerbación de crisis asmáticas, que, por cierto, son una forma de bronquitis alérgica.

Un diagnóstico oportuno de la estructura del negocio ahorra problemas médicos a los empleados y se disminuye considerablemente el ausentismo. Recordemos que la mejor inversión es en la salud.

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