FUSIONES Y ADQUISICIONES

La expansión global de las empresas mexicanas

FUSIONES Y ADQUISICIONES

[Por Matiana Flores]

Las fusiones o adquisiciones de empresas son cada vez más frecuentes en el mundo. En consecuencia, las firmas extranjeras se interesan más por incrementar su presencia en México, pero también grandes compañías mexicanas se posicionan a nivel internacional mediante esta estrategia.

El financiamiento es el combustible que permite a las empresas consolidarse, crecer y extender su radio de acción a otros países y regiones del mundo. Pueden obtenerlo por distintos mecanismos: crédito de proveedores, créditos bancarios, colocaciones de deuda y acciones en los mercados financieros.

Otras formas de permanencia y crecimiento de las empresas son las asociaciones estratégicas con otras compañías, de tal forma que puedan unir sinergias y lograr objetivos comunes. También están las fusiones, que son la consolidación de dos firmas, y las adquisiciones o compra de otras empresas. De acuerdo con los expertos, las fusiones y adquisiciones se realizan con mayor dinamismo en etapas de expansión económica y también en las de crisis.

En México, en las últimas dos décadas se ha presentado un activo proceso de fusiones y adquisiciones de empresas nacionales por parte de inversionistas extranjeros. Según FGA Banqueros de Inversión, la consultora empresarial en inversiones, alrededor del 90% de las compañías en nuestro país son heredadas por sus dueños a sus descendientes. Sin embargo, bajo este esquema, poco más del 80% desaparece en la tercera generación. Ésta es justamente una de las razones por la cual los dueños originales se interesan en venderlas, optando por heredar otro tipo de activos, evitando así la desaparición del patrimonio familiar. “Si las empresas –sin importar su tamaño– llevan a cabo la profesionalización de sus administraciones (gobierno corporativo) tienen más posibilidad de trascender en el tiempo, y además puede ser este su boleto de acceso al financiamiento bursátil”, señalan los ejecutivos de FGA.

Michell Nader, socio fundador de la firma Nader, Hayaux & Goebel, despacho especializado en servicios financieros, destaca los factores por los cuales en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) están listadas un número reducido de compañías nacionales:

  1. Muchas empresas medianas (las que registran ventas por un monto igual o mayor a los $50 millones de dólares anuales) no tienen una estructura institucional y no han tomado la decisión de adoptarla, ya sea porque no les gusta, no les interesa o simplemente porque su negocio es tan bueno que no necesitan recurrir al mercado bursátil.
  2. Hay una concepción de control de los empresarios y estos no siempre están dispuestos a rendir cuentas al mercado y a otros accionistas. Pese a lo complicado y escaso, muchas de esas empresas –a jalones y tirones– tienen acceso al crédito bancario, y aunque el costo financiero pueda ser mayor, mientras solucionen sus necesidades, no ven la necesidad de acudir a la Bolsa.
  3. Una parte muy importante de la economía está en manos de empresas extranjeras que difícilmente van a ir a la BMV a captar capital porque lo pueden conseguir sus matrices en sus países de origen.

“Si una empresa tendrá poca bursatilidad y poco crecimiento derivado de su participación en Bolsa, entonces institucionalizarse, registrar sus títulos, mantenerlos con las obligaciones de reportes periódicos y divulgación, puede resultarle muy caro el registro bursátil”, afirma Nader. Entre los elevados costos que deben asumir están los derechos que hay que pagar a la propia Bolsa, como los gastos del personal necesario. Definitivamente, el costo sí incide, aunque este especialista no considera que sea la razón principal por la cual las empresas no participan en la Bolsa.

Otra consideración es que en México, los llamados Fondos de Private Equity (que ofrecen capital de fomento y expansión a las empresas exitosas) han tenido un desarrollo relativamente lento. Éstos se encargan de empresas medianas, las limpian e institucionalizan, les imponen controles serios y las mandan a la Bolsa. En 2011 hubo una o dos colocaciones muy pequeñas en Bolsa que estuvieron patrocinadas por fondos de capital privado. En la medida en que veamos más participación activa de estos fondos, habrá más empresas en el mercado bursátil.

Ahora bien, hay mayor número de empresas participando en las plazas de deuda que en las accionarias, y existen dos razones fundamentales para ello. La primera es que los requisitos son más laxos. La segunda es que se trata de una decisión menos estructural. La colocación de capital incluye todas las consideraciones arriba señaladas.

¿Cuántas empresas mexicanas podrían cotizar en la Bolsa hoy? Nader considera que hay un número importante de compañías medianas que con la administración y los procedimientos correctos, fácilmente llegarían al mercado de valores; podrían ser decenas. Sin embargo, hasta ahora las empresas mexicanas medianas y algunas grandes prefieren financiarse a través de crédito bancario y de aportaciones de capital de sus propios accionistas. El problema, es que esto es finito. Llega un punto en el que no tienen mayor capacidad de crecimiento porque el crédito bancario cada vez es más especializado y requiere mejores fuentes de pago. Hace 15 años era de fácil acudir a un banco y conseguir financiamiento para adquirir un inmueble, por ejemplo, pero actualmente ya no lo es. El monto que se presta para una propiedad depende de la ubicación, calidad de la construcción y la superficie construida, pero también de la capacidad de ese inmueble de generar flujos.

Como el financiamiento para estas empresas crece en complejidad, tienen que buscar otros horizontes, y una opción es fusionarse, generalmente con alguien más grande que eventualmente tomará el control o realizará la venta completa de la empresa. Hay compañías que hace dos o tres años eran muy buenas y que por su falta de capacidad económica perdieron terreno y participación de mercado, y los precios a los que se hubieran podido vender, aun después del 2008, eran superiores a los que pueden acceder en la actualidad, porque su carga financiera representa un porcentaje mayor sobre sus ventas.

En general, la empresa mediana no utiliza asesores financieros y una decisión de venta o fusión puede ser muy buena en el momento correcto. En el incorrecto, sería tal vez su único salvavidas.

Fusiones y adquisiciones mexicanas

“Desde hace varios años se ha despertado el apetito de corporativos extranjeros por adquirir empresas mexicanas o fusionarse con ellas. Pero desafortunadamente en todo el mundo vemos que las decisiones de compra son cada vez más pensadas y tardan más tiempo”, explica Nader.

Sin embargo, no sólo las empresas extranjeras se interesan en incrementar su presencia en el mundo. También las compañías mexicanas globales están haciendo lo propio, y para muestra basta un botón: en 2011, las firmas nacionales invirtieron en el exterior poco menos de lo que ingresó a México por concepto de inversión extranjera directa (IED).

A nivel global, se estima que habrá gran actividad relacionada con fusiones y adquisiciones en sectores como tecnología, bebidas y alimentos, servicios y salud, lo mismo que el área de infraestructura. En otra medida, algunos negocios de venta o financiamiento de consumidores tendrán mayor crecimiento. Para este año, la firma FGA Banqueros de Inversión prevé que las fusiones y adquisiciones tendrán un valor similar al de 2011, y esto sin considerar las operaciones privadas, de las que obviamente no se tiene registro.

Los grandes corporativos mexicanos se están volviendo importantes exportadores de capital. El año pasado se registraron aproximadamente $15 mil millones de dólares en compras en el extranjero hechas por empresas mexicanas, contra una IED en el país de $20 mil millones. 60% de las operaciones fueron adquisiciones y 40% fusiones.

Preparándose para la adquisición o fusión

Para que una empresa lleve a cabo una fusión o adquisición necesita asesores financieros y económicos permanentes, ya sea que los tengan dentro (aunque una compañía mediana difícilmente los tenga) o que sean externos. Michell Nader, socio fundador de la firma Nader, Hayaux & Goebel, nos da un ejemplo:

Hace seis años posiblemente hubiera sido una mala circunstancia este tipo de operaciones en una firma dedicada a la venta de cualquier tipo de commoditie, porque estaba muy castigado este tipo de valores. Sin embargo, dos años después, los precios crecieron y aún no estallaba la crisis de 2008, lo que significaba un momento ideal.

Es necesario entender la situación de cada empresa en el mercado en el que participa. Hay que identificar el momento correcto a través de asesores, y la recomendación es tener la casa en orden. Significa transparencia completa de los activos y pasivos, así como de los riesgos que enfrenta, porque el comprador va a hacer un análisis extraordinariamente detallado y no quiere encontrar secretos. Cualquiera preferirá saber que una empresa tiene una contingencia fiscal, laboral o judicial por una determinada cantidad, que gastar en descubrir esa contingencia. Hay que poner todas las cartas sobre la mesa aunque parezca que eso los puede llevar a un precio de venta menor. Todas las compañías tienen problemas, pero deben ser capaces de explicarlos y decir qué estrategias siguen para lidiar con ellos.

El costo de una operación fusión o adquisición va de 2 a 5% del valor de la transacción. El monto del éxito depende del grado de dificultad y tamaño del negocio. Además, la valuación de la empresa se realiza con base en múltiplos de ventas y EBITDA, entre otros, más que en la relación al valor contable o en libros, teniendo como referencia las empresas con actividad similar listadas en Bolsas de Valores a nivel nacional e internacional, además de hacer proyecciones de ventas, flujo de efectivo, etcétera.

Un aspecto importante a resaltar es que el precio potencial al que se puede vender una empresa alcanza un diferencial de entre 20 y 30%, de acuerdo con la operación realizada (si se está vendiendo o comprando).

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