¿EL FINAL DEL SUEÑO CHINO?

Retos económicos orientales

¿EL FINAL DEL SUEÑO CHINO?

[Por Marc Laperrouza* / Traducción por MBrowne Marketing Translations / Foto Dreamstime]

Tres décadas de crecimiento imparable llevaron a China a ser la segunda economía mundial. Sus críticos consideran que los pilares del desarrollo son débiles y van hacia el colapso, pero la mayoría de los analistas apuestan más bien por superar retos para recuperar la estabilidad.

Burbujas inmobiliarias, sobrecapacidad de manufactura, inflación y aumento de los costos laborales. Después de 30 años de crecimiento sostenido, ¿el sueño de la economía china se está convirtiendo en una pesadilla? Los críticos insisten en que el modelo de desarrollo económico está estructurado sobre cimientos endebles y sólo es cuestión de tiempo para que se produzca el colapso de la hoy segunda economía más grande del mundo, es cuestión de tiempo. Desde esta perspectiva, las ventajas económicas y demográficas de esta nación poco a poco van creando huecos en su armadura.

El sector manufacturero, por ejemplo, hasta hace poco se basaba en una abundante fuerza laboral barata y sumisa, pero la reducción de esa fuerza laboral probablemente resultará en aumentos de sueldos sin un incremento significativo de la producción. Las empresas, incluyendo las multinacionales extranjeras, tienen ahora más problemas para satisfacer las demandas de sus trabajadores en el gigante asiático. Cada vez son menos los que están dispuestos a aceptar jornadas largas, alejados de sus comunidades, si no les ofrecen cobertura de seguro social o personal. Y lo más importante, los obreros están más que dispuestos a organizar movimientos de protesta. En diciembre, los empleados de la planta de LG en Nanjing fueron a una huelga después de que su bono anual se redujera en comparación con el año anterior.

No hay soluciones indoloras

Para seguir siendo competitivos, la fuerza motriz manufacturera del mundo no tendrá otra opción que avanzar en la cadena de valor produciendo bienes más sofisticados (lo que requerirá una fuerza laboral mejor capacitada) o seguir haciendo las operaciones fuera del país, en regiones con costos laborales más bajos.

Otro cambio importante en la nación asiática es que la pirámide de la población está girando en forma inversa. Los chinos envejecen más rápidamente de lo que su riqueza aumenta. El gobierno enfrenta obstáculos para proveer seguridad social nacional, y se muestra incapaz de atender a su población de adultos mayores. Este desequilibrio demográfico crece por la continuidad de la política de poder tener solamente un hijo. El problema es tan agudo que en los círculos académicos se ha sugerido elevar la edad del retiro o incluso autorizar a las parejas que tienen sólo un hijo, a tener ahora dos.

Además de estas tendencias a largo plazo, el gobierno tiene dificultades más apremiantes. La economía sigue siendo demasiado dependiente de las inversiones y exportaciones, y aunque las últimas aumentan en 20% cada año, la contribución de las exportaciones netas al crecimiento del PIB es prácticamente nula. La interminable crisis en la eurozona y la recuperación más lenta de lo que se esperaba en Estados Unidos, imponen una enorme sombra sobre los aproximadamente 80 millones de puestos de trabajo dependientes de las ventas al exterior. En el sur de China están cerrando plantas, similar a lo acontecido en 2009.

El gobierno intentó contrarrestar la crisis financiera anterior estimulando la economía a través de gasto público masivo ($586 mil millones de dólares). El problema de invertir en recuperaciones es que, con el tiempo, la producción se reduce y para mantener el crecimiento las sumas invertidas deben incrementarse continuamente. Japón no se ha liberado de este círculo vicioso en los últimos 20 años.

Por lo general, el reequilibrio de la economía China requerirá una reducción de la dependencia de las exportaciones e inversiones, así como la promoción de la demanda nacional. Para lograr esto, el gobierno posee diferentes herramientas, como el aumento de los sueldos y beneficios, permitiendo que la moneda se aprecie más o que aumenten las tasas de interés. Estas últimas se mantienen artificialmente bajas, subsidiando a las empresas a costa de las familias, cuyos ahorros no se remuneran a un precio justo. Desafortunadamente, ninguna de estas medidas agregaría algún tipo de presión a las empresas nacionales, y aumentaría el riesgo de insolvencia.

Para superar los efectos de las tasas de interés reales negativas, los ahorradores chinos han estado invirtiendo considerablemente en bienes raíces, que ahora representa 12% del PIB. Este sector ha sido uno de los motores más importantes en el país, pero ahora el mercado se está sobrecargando. Aunque existe una gran demanda de casas, el abasto se ha acumulado en inmuebles de lujo. Los precios de los apartamentos de lujo y venta de terrenos vienen en caída libre en algunas ciudades, invocando al espectro del colapso en el sector. Las autoridades locales –que dependen sustancialmente de las transacciones de propiedades para equilibrar su presupuesto– están preocupadas, lo mismo que los bancos, cuya exposición a los bienes raíces se ha duplicado en los últimos 10 años.

Retos a superar

Para amortiguar los efectos de una posible disolución mobiliaria, el gobierno ha empezado a construir viviendas de interés social a escala masiva. Más de 36 millones de apartamentos subsidiados están programados para 2015. De la misma forma, el sector de la construcción se mantendrá a flote, aminorando las tensiones sociales con dicho programa. Faltaría ver si esto representan una solución a largo plazo. Aunque parece una decisión política inteligente, el programa genera negocios con bajos márgenes y agobia los balances de los bancos que esperan un jugoso retorno de su inversión. Y peor aún, el financiamiento del programa ha recaído en manos de las autoridades locales, cuyos presupuestos ya están en números rojos. Además, sin una estrategia a nivel nacional coordinada y coherente, hay pocas oportunidades de que el programa tenga un impacto general.

Controlar los retos económicos a corto y largo plazo será aún más complicado porque el país se prepara para hacer cambios radicales en su aparato gubernamental hacia la segunda mitad de 2012. No obstante, la mayoría de los analistas permanecen a la expectativa, pronosticando un leve deterioro de 9 a 8% en el crecimiento de este año. La limitada desaceleración responde en parte a las medidas correctivas tomadas por el gobierno, el cual podrá poner el freno de mano cuando sea necesario.

De hecho, la economía china se mantiene sólida en diferentes rubros. El endeudamiento doméstico es leve y aún más bajo que la tasa de ahorro anual. La deuda pública representa un insignificante 17% del PIB, comparado con el 63% de la de Estados Unidos, 63% de Alemania y 200% de Japón. Asimismo, China puede seguir confiando en sus reservas monetarias (estimadas en más de $3 billones de dólares) para preparar un suave aterrizaje de su economía.

No hay duda de que los retos económicos que enfrenta el país son tan grandes como su territorio y conllevarán cierto grado de inestabilidad. Sin embargo, lo más seguro es que el gobierno, insensible a las advertencias de los bears y bulls, siga fríamente promulgando las reformas necesarias para garantizar el crecimiento sustentable de su economía.

* Marc Laperrouza es consultor senior en el Grupo Evian del IMD y orador en la Universidad de Lausanne (HEC) y en el Instituto Federal de Tecnología de Suiza (EPFL).
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