DEPRECIACIÓN SIN INFLACIÓN

*Texto publicado en la versión impresa de abril de 2012.

Un cambio favorable en política monetaria

DEPRECIACIÓN SIN INFLACIÓN

[Por Eduardo Ávila, subdirector de análisis de Monex Grupo Financiero / Foto Dreamstime]

A diferencia de lo ocurrido en 1994, cuando la devaluación del peso disparó la inflación, en el contexto actual, la subida de precios por esta causa será marginal y de coyuntura.

Una de las consecuencias de la crisis nacional de 1994 fue la depreciación del peso mexicano frente al dólar, que pasó de $3.40 pesos a $7.60 en pocos meses. Lo anterior generó que para diciembre de 1995 la inflación alcanzara niveles de 53%. Con la crisis actual en Europa, los períodos de debilidad cambiaria en México y el mundo han sido frecuentes, elevando el temor de un contagio a la inflación local. Sin embargo, existe evidencia de que este contagio será marginal.

Antes de la crisis de 1994, el peso operaba bajo un esquema de tipo de cambio fijo (con bandas de fluctuación) frente al dólar estadounidense, es decir, las autoridades monetarias determinaban la paridad entre ambas monedas. Para que funcionara, el gobierno debía poseer una cantidad importante de reservas internacionales. Con la crisis, las presiones sobre el peso se dispararon, disminuyendo dramáticamente las reservas (cerca de 80% en 11 meses). Las autoridades se vieron obligadas a flexibilizar el tipo de cambio y en consecuencia los precios de productos importados crecieron contagiando a otros bienes y servicios. De esta forma, el costo de la depreciación se transmitió significativamente al consumidor.

Lo que sube puede bajar 

Con la aplicación del esquema de tipo de cambio flexible, hemos observado períodos de fluctuación tanto a la baja como al alza del peso frente al billete verde. Al dejar el tipo de cambio a la libre flotación, la devaluación/apreciación se explica por la salida/entrada neta de dólares a la economía. Es el flujo neto de divisas el que determina el comportamiento de la moneda nacional ante la divisa estadounidense, aunque particularmente, los movimientos en el tipo de cambio se deben al flujo neto de divisas relacionadas con la inversión extranjera de cartera, es decir, en función de la compra y venta de activos financieros como bonos y acciones mexicanas.

Conviviendo con la flexibilidad

Ante la debilidad cambiaria, los costos de importación crecen, lo que puede suponer un traslado de este aumento a los precios de los consumidores finales. Sin embargo, no se trata de una posibilidad inmediata o una alternativa clara para todos los importadores. En primera instancia, al subir el precio de un producto, el riesgo a la pérdida de participación de mercado es elevado, y podría traducirse en una pérdida de ingresos (dependiendo de la elasticidad de la demanda). La situación financiera de las empresas es otro factor importante en la contención de presiones cambiarias. Cuando una empresa presenta márgenes financieros holgados, puede permitirse absorber parcial o totalmente el costo de la debilidad del peso. En un esquema cambiario flexible, la experiencia indica que existe una convivencia entre periodos de debilidad y apreciación. Es decir, que las presiones en costos pueden ser temporales. Lo anterior hace altamente peligroso aplicar una política de alza de precios que pueda poner a la empresa en desventaja ante sus competidores. Un ejemplo fueron las promociones que algunas distribuidoras de autos importados (cotizados en dólares) llegaron a ofrecer posterior a la crisis, anunciando que el tipo de cambio que tomaban era de $10 pesos, cuando en el mercado la cotización oscilaba en la zona de los $12 y $13.

Al comprobar la evolución de precios (subíndice de precios de mercancías) en períodos recientes de debilidad cambiaria, se evidencia la baja respuesta en los primeros. Tras la reciente etapa de volatilidad (crisis 2008-09), el impacto a los precios de los productos para el consumidor final fue marginal.

Actualmente, la inflación anual se ubica por arriba del 4%, y en los siguientes meses es altamente probable un ascenso. Sin embargo, las presiones sobre el costo de la vida no provienen de la debilidad del peso, sino de procesos climáticos que han afectado los precios agropecuarios. Hasta el momento no se ha detectado un contagio significativo de los recientes períodos de debilidad cambiaria en los precios. En junio de 2011, el Banco de México publicó un documento donde mostraban pruebas econométricas manifestando el bajo riesgo de contagio presente. Por lo pronto, se prevé que el alza en la inflación sea temporal y no se contamine por las variaciones del tipo de cambio.

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