EL ENEMIGO LLAMA A LA PUERTA

* Texto publicado en la versión impresa de marzo de 2012.

Seguros de impago… otra vez

EL ENEMIGO LLAMA A LA PUERTA

[Por Clem Chambers / Traducción Genaro Grajeda / Ilustración José Luis Ramírez]

Estos instrumentos de inversión son altamente especulativos y poco regulados dentro del mercado financiero. Ya una vez nos llevaron al filo del precipicio y amenazan con hacerlo de nuevo.

¿Qué sentido tienen los Seguros de Impago de Deuda soberanos (o CDS, por sus siglas en inglés)? Esta es una pregunta que muchos se han hecho desde que la crisis estalló. Si países como Italia o España dejan de pagar sus deudas, no existirá institución financiera en el mundo que pueda darse el lujo de compensar a los titulares de bonos. Entonces, ¿porqué aun así la gente los compra?

La Hipótesis de Mercado Eficiente (HME) nos dice que es imposible ganarle al mercado debido a su eficiencia, causando que las cotizaciones siempre incorporen y reflejen toda la información relevante. Como es una teoría muy conocida, también es constantemente atacada y ridiculizada. Sin embargo, la HME es un modelo extremadamente bueno para entender la forma en la que los mercados trabajan. La probabilidad y las matemáticas del asar son esenciales en esta discusión.

La inteligencia de los mercados

Los mercados financieros son altamente eficientes, aunque los inversionistas privados no lo vean así. Ellos no compran acciones que creen que fracasarán, porque no dan cobertura y raramente se arriesgan.

En el mundo profesional del comercio de gestión de fondos el panorama no es tan simple, porque está lleno de coberturas y promedios. Este mundo de instrumentos financieros –acciones, opciones, bonos o los más abstractos contratos financieros, como son los CDS– está hecho para trabajar en conjunto, como parte de un paquete de posiciones financieras. Unos ganan y otros pierden, pero los diferentes instrumentos de este paquete, cuando se combinan, deben proveer una rentabilidad previsible.

Los CDS corresponden a este universo. Son pólizas de seguro, cuyo valor cambia a la par que las condiciones del mercado. Algunos tendrán sus razones para venderlas y comprarlas, pero es un hecho que al hacerlo se involucran en algo que puede fracasar más adelante. Por eso, la mayor parte de los derivados complejos, como los CDS, son solamente una forma “falsa” de crear dinero.

Es decir, esta creación de dinero normalmente ocurre cuando se toman activos no líquidos y de alguna manera se les hace líquidos de nuevo, permitiendo que un instrumento financiero lento se mueva más rápido en el sistema, para así crear un mayor flujo de efectivo.

Este “apalancamiento” de dinero ha dado marcha atrás desde la crisis de crédito ocurrida en Estados Unidos en 2008-09. Dicha crisis ocurrió debido a que la compleja ingeniería financiera tuvo un mal funcionamiento, por lo que se ha visto obligada a regularse y legislarse.

Seguro contra impagos

Un CDS soberano se adquiere para asegurarse contra un gran impago, por ejemplo de Italia, que equivale a casi €2 billones de euros en deuda. Quienes venden un CDS a alguien que quiere este tipo de seguro, no lo hacen realmente pensando que tendrán que pagar la totalidad del monto asegurado. Pero eso podría suceder, especialmente ahora.

En cambio, un CDS que es usado como un instrumento de cobertura, ayuda a los participantes del mercado a consolidar ganancias o fijar posiciones complicadas a un valor constante. Esta fue la razón de ser de la mayoría de los CDS, inicialmente.

Desde luego, algunos han comprado CDS apostando a que Italia se meterá en problemas. A estas personas les ha ido bien hasta ahorita, pero en principio, los CDS no son un instrumento de apuesta sino de cobertura, aunque como todo contrato similar, puede usarse de ambas formas.

Si Italia dejara de pagar su deuda, los CDS podrían pagar la suma total de la cantidad asegurada, aunque esto implicaría que una gran parte del sistema financiero Europeo se desmorone. Es por eso que es esencial considerar quién está vendiendo los CDS, porque en una situación normal, debería ser capaz de pagar, sin embargo, no estamos en una situación normal.

Cuando un inversionista compra un CDS en el clima actual, la clave la encuentra en la fortaleza del banco que ofrece el seguro de impago. Por ejemplo, si tu compraste un CDS para España en un banco de Estados Unidos y el país ibérico deja de pagar su deuda, es probable que el banco estadounidense pague la cantidad completa, puesto que para eso fueron contratados. Aun si cayera España, el banco estadounidense no quebraría y si así fuera, la Reserva Federal y el gobierno de Estados Unidos se apresurarían a rescatarlo.

Entendiendo lo anterior, no sería recomendable que compraras un CDS español de un banco español, al menos no en el entorno actual.

En el caso de Grecia, el gobierno europeo ha redefinido el impago griego como un “no-pago” del impago, es decir, el gatillo del CDS no se ha disparado, porque los reguladores de la Unión Europea han forzado un impago del seguro.

Cuando los tiempos son tempestuosos, como hoy en día, puedes estar en lo correcto y hacer una gran apuesta que debería pagar muy bien, y perder de todos modos, porque los demás hicieron trampa.

Compra mucho oro de un banco, al fin que dicen que el oro aumenta su valor. Pero si el banco quiebra, entonces pierdes ese oro. Muchos sufrieron así con el colapso de Lehman y, más recientemente, con la bancarrota mundial del Fondo Monetario.

Los riesgos de contrapartida son independientes de un impago soberano, o al menos pueden serlo. Sin embargo, es el contagio del cual todo el mundo está asustado, donde un colapso en una parte del mercado global puede crear una avalancha de impagos alrededor del mundo.

Desafortunadamente, en el clima actual, esto puede ser tan peligroso para los anticuados depósitos de efectivo como para los complejos CDS soberanos.

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