¿IRÁN A LA GUERRA?

* Texto publicado en la edición de marzo de 2012.

¿IRÁN A LA GUERRA?

[Por José Manuel Valiñas]

Mientras las comunidad internacional lidia la batalla contra una crisis internacional que podría adquirir proporciones globales, Irán e Israel tocan los tambores de batalla.

Las afirmaciones del ministro de defensa israelí Ehud Barak, a inicios de febrero, acerca de que la opción militar contra Irán “es real y está lista para ser utilizada”, e incluso la advertencia de Barack Obama de que Estados Unidos podría considerar la opción militar contra el estado persa, palidecen por completo ante lo declarado por el secretario de defensa estadounidense, Leon Panetta, según versiones del Washington Post.

¿Qué es lo que dijo Panetta? Que Israel puede atacar Irán en abril, mayo o junio. ¿Y por qué es mucho más preocupante que lo dicho por Barak u Obama? Porque hasta ahora no había habido una anticipación, con tal exactitud, del tan anunciado ataque de Tel Aviv a Teherán.

No sorprende que Obama se vea obligado a ponerse fuerte ante los ultraconservadores republicanos (en plena campaña pre-electoral) ni que Ehud Barak haga lo propio ante los halcones de su propio país, pero que el Pentágono hable abiertamente de un ataque israelí y, más aún, le ponga fecha, quiere decir mucho más.

¿Cuestión de tiempo?

Las tensiones de Israel, la Unión Europea y Estados Unidos contra Irán, por el asunto del enriquecimiento de uranio y de sus posibles planes para construir bombas nucleares, llevan años, pero era previsible que cuanto más se acerca la fecha para que el país persa cuente finalmente con la tecnología para hacerlas, el conflicto escalaría. Todos los especialistas en Oriente Medio saben que Israel no va a pedirle permiso a nadie (y mucho menos alguien como el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, perteneciente al ala de los halcones) para hacer un ataque preventivo en cuanto Irán esté a punto de construir la bomba. Así, para algunos analistas, la ecuación es muy fácil: la prueba perfecta de que Irán no cuenta aún con la tecnología nuclear es porque Israel no ha atacado todavía.

Estados Unidos ha tratado de detener la proliferación nuclear iraní, incluso para fines pacíficos, desde los tiempos del también ultraconservador y belicoso George W. Bush. Éste personaje puso a Irán precisamente en una lista entre los estados maléficos, el eje del mal (junto a Corea del Norte e Irak), pero a ninguno de sus asesores, por muy delirantes que pudieran ser, se le hubiera ocurrido aconsejar a Bush una intervención en Irán, tomando en cuenta que ello podría llevar a un conflicto mucho mayor que el de Irak.

La llegada de Obama, un presidente mucho más pacifista, razonable e institucional, favorecería la diplomacia y la negociación. El problema es que el factor tiempo se acaba (hay quienes afirman que Irán está a meses de tener la bomba, otros dicen que tardaría tres años más), y la actitud de Irán no ha ayudado en absoluto a distender la presión, puesto que a Mahmud Ahmadineyad, el presidente persa, le interesa mantener esa rivalidad con la primera potencia mundial y con “la entidad sionista”, como le llama a Israel, para contar con mayor apoyo interno. Así que Bush logró contener a Israel en su momento, y Obama lo ha conseguido hasta la fecha, pero el Mossad, la inteligencia israelí, no espera instrucciones de nadie: sabe el momento exacto en que lanzará el ataque a las instalaciones nucleares iraníes, cueste lo que cueste, pues causaría mucho más muertes en el futuro dejar que Irán siga con su plan, que una guerra preventiva en el presente.

“Vamos a hundir a todos”

Teherán insiste en que tiene derecho a un programa nuclear, como cualquier país, y no le falta razón, excepto quizá por las reiteradas actitudes de paria internacional que le fascina tomar, como cuando Ahmadineyad negó el holocausto o proclamó la destrucción del estado de Israel, entre muchas otras cosas. De no ser por todo esto, tal vez nadie pondría reparos en un país más que enriquece uranio para un programa de energía nuclear con fines pacíficos. Pero Irán se ha mantenido en los límites de la legalidad internacional. Recordemos, además, que Ahmadineyad conservó el poder en las elecciones de 2009, tras una revolución verde que llenó las calles de las principales ciudades de su país alegando fraude, algo que ha sido calificado como el antecedente directo de las revoluciones árabes de la primavera de 2011 (aunque Irán no es un país árabe, sí es una nación musulmana, y tiene enorme influencia en todo Medio Oriente y el Cáucaso).

Panetta, cuando era director de la CIA, a inicios de 2010, fue enviado a Tel Aviv con un panel de altísimo nivel para tratar de convencer a Israel de no atacar Irán sin previo aviso a EU. Lo más que han ganado los americanos es que Israel se compromete a anunciar con apenas 12 horas a Obama sobre su ataque. El enorme dilema es que esto arrastraría necesariamente a la guerra a Estados Unidos, completamente contra su voluntad, pues ese país no puede soportar un aumento drástico en los gastos de defensa y en los precios del petróleo. Se profundizaría la recesión en Europa y la crisis se podría expandir por muchas otras partes del globo.

Un país donde el fanatismo religioso es ley (Irán es una teocracia) y una religión que favorece la autoinmolación como parte de la guerra sagrada contra el “Gran Satán” (o sea, Estados Unidos), no parecen ser una buena combinación en estos momentos. Hoy Washington no tiene la suficiente influencia sobre Tel Aviv como para detener los ataques, así que la receta para la escalada bélica está presente. Y los ayatolas y oficiales iraníes, según publicó recientemente The Guardian, tienen una temible frase que repiten continuamente: “Si nos hundimos, vamos a hundir a todos con nosotros”. ¿La conclusión de la prestigiosa publicación británica? Que el régimen persa se está preparando para luchar hasta la muerte.

Muchos líderes mundiales, que saben perfectamente lo que significaría un conflicto con Irán, han manifestado su preocupación. Es el caso de Nicolás Sarkozy, quien confió ante diplomáticos extranjeros sus temores: “Una intervención militar en Irán no resolverá el problema del programa nuclear, pero sí detonará la guerra y el caos en Oriente Medio, y quizás en el mundo entero”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s