LA VIDA SIN INTERESES

* Texto publicado en la edición impresa de marzo de 2012.

Privilegiando el desarrollo

LA VIDA SIN INTERESES

[Por Rodolfo Campuzano]

A lo largo del primer trimestre de 2012 hemos visto la generalización de políticas monetarias de relajación en muchos países. Después de la crisis de 2008-09, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos aplicó un fuerte estímulo monetario. Con ello disminuyó los efectos nocivos de la debacle financiera, pero después de cuatro años no se ha visto una recuperación consistente.
Una de las grandes lecciones que dejó la época de la Gran Depresión en los años 30 del siglo pasado, fue que las cosas empeoraron cuando la Fed aumentó las tasas de interés en 1932. De ahí hasta la Segunda Guerra Mundial no hubo una situación económica favorable. El actual presidente de la Fed, Ben Bernanke, estudioso de la materia, actuó con agilidad cuando vio el tamaño de la crisis en 2008. En ese momento redujo violentamente las tasas de interés y, no sólo eso, también utilizó las facultades del organismo que preside para absorber la deuda de agentes con problemas.
Con ello generó una recuperación relámpago en los mercados financieros y una salida más o menos veloz de la recesión. No obstante, a mediados de 2010, los miembros de la Fed cayeron en la cuenta de que el nivel de empleo y el crecimiento no se recuperaron, peor aún, volvían a caer.
En agosto del 2010 se aplicó un nuevo empujón por parte del banco central para reanimar a la economía, a través de una acción conocida como relajamiento cuantitativo (QE – Quantitive Easing). La Fed recompró títulos del Tesoro norteamericano; sin embargo, la recuperación también fue temporal. Actualmente, a raíz de los problemas que genera la crisis de deuda en Europa, hemos vuelto a ver una intensificación de las políticas de relajación. Lo peor es que esto parece generalizarse.
Todo este antecedente sirve para explicar que habrá tasas de interés muy bajas en prácticamente todo el mundo durante un buen rato. La Fed ha decidido dejarnos saber que no cambiará su postura de tasas mínimas hasta dentro de tres años. Además, el Banco Central Europeo (BCE) y muchos otros más han decidido hacer lo mismo o están por hacerlo.
La idea básica es que la existencia de tasas de interés bajas reduce el costo financiero para los agentes endeudados, evitando que muchos se declaren en quiebra. Asimismo, quita incentivos al ahorro e incita el uso de recursos para actividades productivas, estimulando con ello la actividad económica.
Por eso, en momentos en que se declaran nuevos empujes de relajación monetaria suben los precios de las acciones, de los commodities y de casi todos los activos considerados en otro momento como riesgosos. El costo de oportunidad de tomar riesgo es muy bajo.
Los inversionistas tendrán que acostumbrarse a vivir con intereses bajos por un buen tiempo, quizás varios años. Ser un ahorrador va a ser poco redituable en el futuro previsible, a menos que se esté dispuesto a adoptar mayores riesgos, y ya sabemos lo que puede pasar en el momento en que los mercados decidan darse la vuelta, habrá rendimientos aún menores. La decisión no es fácil.
Una persona acostumbrada a extraer parte de su beneficio financiero para su gasto corriente puede padecer restricciones presupuestales serias en un ambiente de tasas bajas y excedentes nulos. Una persona en retiro, que no tiene una pensión sino que vive de su capital acumulado, tiene un dilema serio: arriesga los ahorros de los que come o los verá disminuirse con el tiempo.
Un fondo de pensiones, por ejemplo, que ve crecer el valor de sus pasivos hacia sus contribuyentes de manera constante, tendrá dificultades para generar el valor suficiente en el futuro, mientras los rendimientos libres de riesgo sean tan bajos.
La existencia de tasas de interés muy bajas no sólo afecta a los ahorradores, sino que perturba las decisiones de inversión en cualquier ámbito. No hay que olvidar que la teoría financiera está construida utilizando como elemento central a la tasa de interés. Muchos elementos que se utilizan para tomar decisiones en materia de inversión pierden fuerza bajo la circunstancia descrita. Por ejemplo, al invertir en acciones, estamos acostumbrados a analizar el valor relativo del título con respecto a otras a través de los múltiplos. La razón Precio/Utilidad (PU) o Precio/Flujo de efectivo (P/CF) brindan, en épocas normales, una idea de si una acción es cara o barata, tomando como base su generación de utilidades.
Descontar el crecimiento de utilidades a una tasa de interés razonable tiene sentido, pero descontarlo con tasas de 0% implica que la inversión en tal emisora no tiene alternativa. El parámetro pierde fuerza. Los inversionistas cuentan con menos elementos para sustentar sus decisiones.
Sin embargo, aunque suena muy dramática la existencia de tasas de interés bajas, es posible vivir con ellas. Mientras la inflación se mantenga contenida, los intereses bajos no son tan dañinos. Basta recordar las épocas cuando se pagaban intereses estratosféricos en México para entender que la inestabilidad es más perjudicial para las familias en general.
Tal vez en esta época, como en ninguna otra, la virtud del interés compuesto será más entendida por los ahorradores. De ese modo, lo relevante será cuidar los ahorros, no por el interés que otorguen sino por el uso que se haga de éstos. Mientras menos dinero se retire de una inversión será mejor. Sólo debemos recordar que en este tema, intentar ver las ganancias es como querer ver crecer el pasto, hay que tener mucha paciencia.

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