EL FIN DE LA ERA DE LOS ZARES

* Texto publicado en la edición impresa de febrero de 2012.

¿Se desplomará la “R” del BRIC?

EL FIN DE LA ERA DE LOS ZARES

[Por José Manuel Valiñas]

El 10 de diciembre se reunieron en Moscú de 50 a 80 mil personas para protestar por un supuesto fraude en las elecciones legislativas que habían tenido lugar unos días antes, y en las que había salido victorioso por enésima vez el partido de Vladimir Putin, Rusia Unida. Se ha dicho una y otra vez que Putin gobierna con mano de hierro, que ha creado una nueva plutocracia a su alrededor, que utiliza el sistema judicial a su antojo para controlar empresas, que apoya a sátrapas y a delincuentes internacionales (como lo hizo con los genocidas Muamar Gadafi y Bashar Al Assad) y, aún más, que existen sospechas de que sus secuaces pudieron haber eliminado a algunos de sus críticos, sobre todo a la “incómoda” periodista Anna Politkovskaya. Todo esto ya era vox pópuli, pero al menos hasta ahora se pensaba que realmente había ganado todas las elecciones en las que había participado, que el pueblo ruso estaba acostumbrado a los gobernantes de mano dura y que añoraba el autoritarismo de los zares y, después, de la dictadura comunista, y que en el fondo, agradecía tener a alguien como Putin que pusiera orden en un país en donde todo se puede salir de control fácilmente.

Hasta ahora podía haber seguido el pueblo soportando (y hasta admirando, en algunos casos) el autoritarismo del nuevo zar, como algunos llamaban a Putin. Pero eso parece haber terminado cuando una nueva generación de rusos se organizó por medio de las redes sociales y se unió a un vasto sector hasta entonces silencioso que ha hecho finalmente oír su voz.

Ecos de primavera

La primavera árabe, que empezó en Túnez y se sigue expandiendo, podría tener un nuevo destino: la blanca Rusia. Y debemos recordar que los cambios que se generan en esos brotes masivos de conciencia de las sociedades, significan saltos cuánticos que antes resultaban imposibles de concebir.

En un artículo publicado por el semanario Newsweek, el historiador británico Niall Ferguson afirma: “Rusia, alguna vez el centro de la literatura y la música occidental, la tierra de Turgenev y de Tchaikovsky, se parece cada vez más a una Nigeria, pero con nieve”. Irónico, se pregunta por las causas que llevaron a Goldman Sachs a incluir a este país en la lista de los BRIC, supuestas economías clave del siglo XXI. “Denme a Turquía o a Indonesia en su lugar”, concluye, argumentando algo que salta a la vista: la Rusia de Putin ha hecho muy poco por sobresalir en la esfera global, a no ser por su tendencia a adherirse a las causas equivocadas.

“Putin ha regresado sin grandes ideas y sin sorpresas –afirma Pilar Bonet, en El País–. Sigue fiel a sí mismo, con las inercias de su trayectoria como oficial de la KGB, lo que supone una tremenda desconfianza, y una retórica antioccidental para consumo de los adictos a la Guerra Fría, la Rusia rural y los que no se han recuperado de la pérdida del imperio”.

En estos días incluso los que habían apoyado a Putin hoy lo critican. Es el caso del multicampeón de ajedrez Gary Kasparov, a quien no le queda duda que lo que sucede en su país es similar a lo ocurrido en las naciones árabes durante la primavera. Para él, el mundo se encuentra al borde de una crisis financiera que calcula que inicie en 2013, empezando por el derrumbe de los mercados, la caída de los precios del petróleo (que afecta directamente a economías como la rusa) y la devaluación masiva del rublo. “No cabe duda de que Putin ha dado órdenes de matar a su propia gente –escribió Kasparov–. Y seguirá derramando sangre porque no tiene a dónde ir. La cuestión es si seremos suficientes los que no estemos de acuerdo para resistir”.

Uno más entre los emergentes

Es cierto que Rusia tiene las reservas naturales más vastas de todo el planeta, además del 24% del petróleo y 6% del gas, pero eso no será suficiente si se cumplen algunos supuestos, como que el precio del hidrocarburo baje a niveles históricamente bajos. Rusia también tendrá que enfrentar la competencia de Turquía con el gasoducto que pasará por su territorio, que pondrá fin a la dependencia europea hacia el gas ruso.

De hecho, la posición de Rusia en el contexto económico mundial se ha debilitado, y se espera que lo siga haciendo. Tanto que algunos ya se preguntan qué es lo que hace esa R en el grupo de los BRIC.

Por primera vez en la historia, en 2011 los emergentes fueron los principales importadores de mercancías de toda la economía global, y ese cambio radical se va a ir ahondando con los años. Se prevé que en la próxima década estos mercados sigan empujando el crecimiento mundial más que los desarrollados, y tan sólo 10 de esas naciones, los BRIC más Egipto, Indonesia, Corea del Sur, Taiwán, México y Turquía, generarán 50% del crecimiento global, mientras que el G-7 lo hará apenas con 14%. Pero dentro de este contexto Rusia ha disminuido su relevancia.

Si vemos lo que se espera para fines de esta década en proyecciones económicas, encontramos que China, de tener un PIB de $10 billones de dólares en 2010, pasará a uno de $22.7 billones, y su contribución al crecimiento mundial será de 30% para 2020. Los números de Rusia son mucho más modestos, con apenas $2.2 billones en 2010 y un crecimiento de tan sólo $0.6 billones en casi una década, con una contribución de 1.4% al PIB mundial para 2020, algo muy similar a México ($2.1 billones estimados para 2020, con 1.2% de contribución).

India será mucho, pero mucho más importante que Rusia en ocho años (cuando alcance $7.6 billones de PIB y 8.5% de contribución a la economía planetaria), e incluso mercados como Brasil e Indonesia. Uno de los encantos con los que siempre contó Putin, además de sus desplantes de gran zar y su agresividad contra el resto del mundo, fue el dinero, algo que se prevé que le empiece a faltar en un futuro..

Cuestión de dignidad

Rusia es una nación en donde ha prevalecido el estado sobre el individuo, y esto ha llegado a niveles de totalitarismo, pero hoy parece que asistiremos a un momento de quiebre en el que los rusos quieren recuperar su dignidad. Tal y como hicieron sus pares en la Plaza Tahrir, en la Puerta del Sol o en Wall Street, los jóvenes rusos se envían información por Facebook y Twitter y se citan por esas vías en las plazas. Es cierto que Putin aún concentra mucho poder y que sigue teniendo una aceptación amplia en vastos sectores de la sociedad rusa. El cambio puede tardar aún varios años. Pero, pase lo que pase, y como concluye la periodista Bonet, el pacto por el cual el Kremlin aseguraba “estabilidad” a cambio de la renuncia a los derechos civiles y políticos ha terminado.

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