ELECCIONES EN EU: LUCES Y SOMBRAS

* Texto publicado en la edición impresa de febrero de 2012.

Ya veremos en 2013

ELECCIONES EN EU: LUCES Y SOMBRAS

[Por Jorge Suárez Vélez* / Foto Dreamstime]

Como en México, nuestros vecinos del norte también llevarán a cabo elecciones presidenciales y de su resultado depende buena parte del futuro económico global.

En Europa y Estados Unidos, la política ha tomado un lugar protagónico en el debate para enfrentar la crisis económica. En el caso estadounidense, las condiciones profundamente estructurales de la presente situación hacen que cualquier propuesta real de solución implique potencialmente enormes cambios en políticas sociales.

Mucho se habla sobre la creciente diferencia entre quienes tienen y quienes no, ricos y pobres, el famoso 99% de Obama versus el 1%; pero se discute demasiado poco sobre la lógica de estar comprometiendo colosales recursos para mantener las promesas hechas a quienes se están retirando, aun a costa de quitarle dinero a las generaciones jóvenes, las cuales pagarán más impuestos y recibirán cada vez menos.

Las nuevas generaciones, por definición, tendrán que dar más de lo que reciben, pues tienen que cubrir la cuenta que sus padres les están dejando sin pagar: sufren de sistemas de educación pública deficientes, cuentan con menos herramientas para competir y reciben menos recursos para salir adelante. El valor político del viejo, sin embargo, no es el mismo que el del joven. El primero vota siempre, mientras que la apatía del joven es correspondida con la indiferencia de la clase política.

¿Quién tiene la razón?

Los políticos estadounidenses parecen hoy alarmados por la potencial caída en el nivel de vida del pueblo y, fruto de su enorme irresponsabilidad o de su limitada capacidad, proponen culpables. Pero ni siquiera advierten la caída de los últimos treinta años, sino que tratan la crisis actual como si fuese producto de lo reciente. Los republicanos culpan a la administración de Obama, los demócratas a la de Bush; ambos tienen su dosis de culpa por no haber tratado de cambiar el curso del barco, pero éste salió hace mucho del puerto.

En el debate actual, los más conservadores explican que el deterioro proviene del creciente y entrometido gobierno, de los sindicatos y del estado benefactor, y los liberales culpan a las empresas, a los ricos y a los bancos. Pero ni unos ni otros aceptan lo irrefutable:

  • Primero, que el ingreso de las familias estadounidenses ha estado en plena caída desde la década de los setenta, ya que comenzaron a agotarse los beneficios de la enorme expansión demográfica (conocida como baby boom), posterior a la Segunda Guerra Mundial. En la década de los setenta se compensó la caída con la incorporación de mujeres a la fuerza laboral, generando un segundo ingreso en sus familias. A partir de los ochenta, la compensación se dio con deuda que se habría de duplicar, como proporción del PIB en los siguientes treinta años.
  • Segundo, que Estados Unidos ha perdido la enorme delantera que le llevaba al resto del mundo. Ésta se debía a una política abierta para quedarse con los inmigrantes emprendedores que venían a estudiar a sus excelentes universidades. Con esto se lograba tener el nivel de graduados universitarios más alto del mundo y mantener el mercado laboral más flexible. Sin embargo, gracias al 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos se ha aislado, ha perdido la brújula y el debate político se ha polarizado en forma peligrosa.

Ver hacia delante o hacia atrás

El gobierno enfrenta la enorme disyuntiva de pagar por el pasado o invertir en el futuro. Como en el caso europeo, los estadounidenses establecieron una edad de retiro a los 65 años cuando la esperanza de vida era de 63, hoy es 15 años mayor y seguirá aumentando.

A diferencia de los europeos, tienen un sistema de salud extraordinariamente sesgado a favor de aseguradoras, farmacéuticas y abogados litigantes, que les lleva a pagar el doble que países como Francia o el Reino Unido, por un sistema claramente inferior para quienes dependen de la medicina social. Lejos de reformar la estructura de costos del sistema de salud, la administración del presidente Obama decidió dejar ésta intacta y simplemente incorporó a más de 30 millones de usuarios al sistema más caro del mundo, acelerando su potencial colapso.

Los políticos estadounidenses se han metido en una camisa de fuerza en la que, por los compromisos contraídos por los sistemas de seguridad social (Medicare, Medicaid, las pensiones del seguro social y los acuerdos con veteranos de guerra), los enormes porciones del presupuesto que van a parar al gasto militar y los intereses sobre una deuda que asciende a alrededor de $14 billones de dólares.

El primer grupo de gastos crecerá conforme envejezca la población, mientras que el tercero crecerá cuando se normalicen las tasas de interés. El segundo simplemente se ha vuelto intocable, después del ataque a las Torres Gemelas, pues ningún político demócrata o republicano con aspiraciones presidenciales se atreverá a meterse con los grupos de poder beneficiados por el gasto militar. Ellos han logrado que la opinión pública cuestione la hombría y el patriotismo de quien se atreva a estar a favor de reducir ese “complejo industrial militar” del que tanto previno Eisenhower al dejar la presidencia, y que hoy se ha apoderado del gobierno por medio del eficiente y colosal cabildeo.

Por eso, 2012 será un año perdido en términos de potenciales medidas reales para enfrentar la crisis, lo único que habrá son paliativos. En un país que tiene un déficit fiscal de 10% del PIB, resulta absurdo pensar que la brecha puede cerrarse sólo reduciendo el gasto o aumentando impuestos. Se requerirá de una combinación de ambas cosas.

Proponer, como lo hace el presidente Obama, que sea el 1% de la población quien cierre la brecha, es el compendio de la irresponsabilidad. Esa población recibe, en efecto, 20% del ingreso nacional, pero ya paga 40% del total del impuesto sobre la renta a nivel federal.

La recaudación de impuestos tiene que aumentar, pero sería absurdo hacerlo incrementando las tasas marginales. Tristemente, la comisión bipartidista Simpson-Bowles, nombrada por el propio presidente Obama a principios del año pasado, propuso inteligentes y sensatas soluciones, entre otras cosas: quitar deducciones de todo tipo y bajar las tasas de impuestos, tanto para individuos como para corporaciones. Sin embargo, el primer mandatario ni siquiera introdujo estas medidas al Congreso para su discusión. La sensatez sucumbió ante el deseo de polarizar al electorado, creando un ambiente más propicio para su reelección.

Dos posibles escenarios

Un año crucial será 2013 y todo mundo lo sabe. Obama reelecto o un nuevo presidente republicano no podrán posponer la monumental discusión. Si gana Obama, propondrá fuertes incrementos en impuestos de todo tipo, tanto para individuos como para empresas.

Una nueva administración demócrata buscará a toda costa proteger los empleos de los trabajadores estatales, tanto a nivel federal como a nivel estatal y municipal. Los sindicatos de trabajadores públicos fueron los principales donantes de las campañas electorales en la contienda legislativa del año pasado, otorgando recursos de forma abrumadoramente al partido demócrata.

  • Un gobierno demócrata hará todo lo posible porque la estructura de los programas de entitlements (programas de asistencia como Medicare, Medicaid, etcétera) permanezcan intactos y buscará garantizar el suficiente flujo para estos con mucho mayor recaudación. Por la parte del gasto, su única alternativa será tratar de reducir lo que se destina a la milicia, aprovechando la reciente salida de Irak, para cambiar la narrativa.
  • Una administración republicana (pensando en Mitt Romney, como el candidato más probable) buscaría reformar los sistemas de entitlements para reducir su costo en el futuro. Quizá propondría reducir los beneficios de aquellos segmentos de la sociedad que no dependen de recibirlos (los más ricos), pero reduciendo también el pago de seguros de desempleo y otros subsidios que han restado flexibilidad al mercado laboral estadounidense.

Considerando que Romney es el candidato más de “centro” de entre quienes se mantienen en la contienda primaria republicana, creo que sería probable verlo adoptar medidas como las propuestas por Bowles-Simpson. Probablemente, también buscaría incrementar la recaudación, pero por medio de un impuesto nacional al valor agregado (al consumo), reduciendo tasas de impuestos al ingreso.

Pero una administración republicana probablemente recibiría más presión para mantener o, incluso, aumentar los estratosféricos niveles de gasto militar, particularmente si durante este 2012 se cataliza algún conflicto entre Israel e Irán.

Pero, sin duda, la peor combinación posible sería ver a Obama reelegirse, mientras que la cámara baja permanece con mayoría republicana, y que éstos ganaran también la mayoría en el senado. En ese caso, imperaría la parálisis: sería imposible llegar a cualquier acuerdo de fondo para enfrentar en forma seria las razones estructurales de esta crisis.

Ahí sí sería probable que viéramos una fuerte reacción negativa de los mercados financieros. Recordemos que la baja a la calificación de la deuda estadounidense por parte de S&P se dio estrictamente por temor a la inmovilidad impuesta por los políticos. Las causas de dicha parálisis son de acuerdo con quién sea al que escuchemos: el gobierno de Obama ha sido víctima del cruel bloqueo legislativo que los republicanos han impuesto o dicha administración ha mostrado absoluta incapacidad para armar estrategias para negociar con el poder legislativo.

Creo que hay un poco de ambas, pero tiendo a pensar que hay más de la última, porque Obama tampoco logró grandes victorias legislativas en los dos primeros años de su gobierno, cuando los demócratas eran mayoría en ambas cámaras. De ser así, es imposible imaginar cómo se lograrían cambios de fondo si los republicanos dominaran ambas cámaras y los demócratas el ejecutivo, sencillamente, Estados Unidos sería ingobernable.

Lo que nos espera

Si los “cisnes negros” no asoman su largo cuello, la economía estadounidense crecerá 1% en 2012. A diferencia de lo que ocurrió en los últimos años, cuando el gobierno inyectó recursos a la vapuleada economía, este será el primer año en el que éste tendrá que sacar más de lo que meta. El lastre fiscal ascenderá a alrededor de $350 mil millones de dólares. Pero esto ocurrirá, además, en medio de la mayor contracción que hemos visto en el crédito internacional en muchos años, por la precaria situación de los bancos europeos.

Europa probablemente decrecerá alrededor de -1%, hundiéndose aún más en 2013. El crecimiento chino estará, en el mejor de los casos, por debajo del 8%, que el propio gobierno chino ve como el mínimo necesario para mantener su estabilidad social y quizá enfrente una implosión seria en 2013, cuando paguen por sus excesos en los mercados inmobiliarios y en el desarrollo de capacidad industrial. Pronto, los países latinoamericanos que se han vuelto dependientes de exportar materias primas, resentirán que la demanda china se detenga en seco.

Ningún presidente de Estados Unidos se ha logrado reelegir, desde la Segunda Guerra Mundial, con niveles de desempleo como los que probablemente habrá en noviembre, ni con niveles de aprobación tan bajos como los que ya tiene Obama.

Considerando todo lo que estará en juego en 2013, más nos vale a todos que, con uno u otro presidente, la enorme maquinaria estadounidense se vuelva a echar a andar y se logre hacer la política a un lado. Con las turbinas europea y china detenidas y con la japonesa hace rato detenida, esa será la única fuente de actividad posible.

 Estados Unidos en números

  • 2012 será un año perdido en términos de potenciales medidas reales para enfrentar la crisis, lo único que habrá son paliativos
  • El déficit fiscal de Estados Unidos equivale al 10% del PIB
  • 1% de la población recibe 20% del ingreso nacional, pero también paga 40% del total del impuesto sobre la renta a nivel federal
  • Un año crucial será 2013 y todo mundo lo sabe, porque los paliativos no darán para más
  • Es posible que la economía estadounidense sólo crezca 1% en 2012, hundiéndose aún más en 2013
  • Otro referente: el crecimiento chino estará, en el mejor de los casos, por debajo del 8% y quizá enfrente una implosión seria en 2013
* Jorge Suárez Vélez ha trabajado desde 1981 en instituciones financieras a lo largo del mundo y colabora como comentarista en distintos medios de comunicación, como CNN en Español.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s