EL FACTOR POLÍTICO

En la economía…

EL FACTOR POLÍTICO

[Por José Manuel Valiñas*]

A principios de diciembre, casi al mismo tiempo que las lágrimas rodaban por las mejillas de la ministra italiana del trabajo, Elsa Fornero, entristecida por las medidas de austeridad que se veía obligada a aprobar, el recién nombrado primer ministro Mario Monti les pedía a sus congéneres paciencia ante los duros tiempos que se venían.

Monti sabía que no habría soluciones fáciles esta vez, y fue muy claro al enfatizar que la gravísima situación en la que se encontraba Italia no era resultado “de los europeos”, refiriéndose a las autoridades de la Unión Europea. “La gran deuda pública italiana no es culpa de los europeos, es culpa de los italianos que en el pasado no han dado importancia al futuro de los niños del país”, sentenció. Se refería, obviamente, a los políticos populistas, ya sea de izquierda o de derecha, que no supieron mantener equilibradas las finanzas públicas.

Se refería al hecho claro de que no se puede gastar más de lo que se tiene (mismo que los políticos tienden a olvidar con facilidad). Finalmente llegaba a Roma alguien que hablaba con la verdad, luego de más de una década de payasadas e irresponsabilidades por parte de Silvio Berlusconi. La lección de todo esto es que en economía, el factor de la política puede ser determinante.

Opciones electorales

Pero, si trasladamos este tema a Latinoamérica, y específicamente a México, ¿qué es lo que observamos? Sorprendentemente hoy, en Latinoamérica, no se están cometiendo los mismos errores que llevaron a Europa al fracaso, al menos en la mayoría de los países. Según el Banco Mundial, México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay tienen fundamentos sólidos que les permitirían resistir una crisis global (lo que no se puede decir de naciones como Venezuela o Bolivia). Pero eso puede cambiar…

En su reciente visita a nuestro país, Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), reconoció que la política fiscal adoptada por el gobierno mexicano ha permitido mantener un crecimiento favorable, a pesar del panorama que impera en las economías desarrolladas. Eso es fruto de que el gobierno federal no ha caído en el populismo y no ha gastado más de lo que tiene, justo lo que sí hicieron en Europa y Estados Unidos. Pero, una vez más, eso está sostenido con pinzas, pues justamente cuando hay superávits y cuando una economía está sana es que surgen tentaciones electoreras de parte de los políticos irresponsables, que pueden volver a desequilibrar los balances y llevar de nuevo a catástrofes financieras. ¿Cuál de los candidatos presidenciales que hasta ahora tenemos es proclive a dejarse llevar por este canto de sirenas? Por la trayectoria de cada uno, podemos adivinar qué acciones tomarían.

AMLO puede volver a encarnar la esperanza de quienes se sienten, con justa razón, marginados del proyecto que arroja buenos resultados en lo macro, pero magros en los bolsillos de millones. Aunque hay que añadir también que no existe ningún proyecto de combate a la pobreza que no pase antes por el éxito macroeconómico, pues éste es el único que puede atraer la inversión. Lo que es un hecho es que se está erigiendo una vez más, como lo hizo en 2006, en el paladín de los pobres, y eso siempre es políticamente redituable.

En cuanto a la casi segura candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, ella sería la única opción viable para ese partido, que en los últimos años no ha sido sino una colección de tristes fracasos electorales. Por su condición de mujer (aunque es una falacia pretender erigirse como buen candidato por cuestiones de género), y por haber encarnado las propuestas más racionales desde el senado en los últimos años, también tiene mucho espacio para crecer, aunque se antoja difícil que pueda llegar a la presidencia.

Las reformas truncas

Lo único que resultaría benéfico para el país sería encontrar una opción de un partido (y un candidato) que reniegue de la tentación populista y encamine a México por el camino de las reformas. Se ha dicho hasta el cansancio, citando estudios e investigaciones, que si se hicieran podríamos crecer hasta cinco puntos porcentuales más del PIB, pero han sido torpedeadas consistentemente por la oposición, llámese PRI o PRD. Con el gobierno de derecha mexicano pasa como con el de izquierda en Estados Unidos (o lo que para ellos es izquierda): la oposición se ha encargado de crear un inmovilismo pocas veces atestiguado en la historia. Nada se mueve en México (o en EU) porque la oposición no quiere, aunque le convenga. Esa es la gran paradoja de los políticos afectando a la economía.

Enrique Peña Nieto, el candidato que reúne la gran mayoría de las preferencias hasta ahora, ha torpedeado muchas de las reformas (a él personalmente se le atribuye el freno a la reforma laboral, por ejemplo, y en otro ámbito, la posibilidad de reelección de legisladores). La sola reforma laboral hubiera dado oportunidad de empleo a cientos de miles de jóvenes, y el mismo Peña quiere esa reforma, así como quiere inversión privada en Pemex, pero hasta ahora no se ha rebelado contra las posiciones de ultraizquierda al interior de su partido, que detienen todo posible avance.

Paradójicamente, las reformas que ha reventado Peña serán las mismas que él buscará si llega a la presidencia (lo cual resulta obvio para quien llega al poder, porque debe entregar resultados y no hay otra manera de hacerlo); incluso AMLO instituyó políticas de libre mercado cuando fue jefe de gobierno del DF, pero en el discurso callejero es incapaz de aceptarlo. La disciplina priista sería la única oportunidad de que se avance en las reformas (más una acción de responsabilidad y congruencia de parte del PAN, que tendría que tragarse los 12 años en que el PRI le impidió hacer esas mismas reformas).

Lo preocupante en el caso de Peña Nieto es la gente de la que se rodea. Si bien se deshizo del malhadado Moreira, el PRI tiene la costumbre de generar gobernadores alérgicos a la transparencia en la utilización de los recursos, y lo último que necesita nuestro México es un presidente amigo de caciques, que premie la opacidad y la no rendición de cuentas. A los eventos de Peña han aparecido personajes oscuros como Jorge Hank Rohn, de quien algunas voces indecentes y desmemoriadas ya empiezan a hablar como candidato para gobernador. Asimismo, aparecen casos de endeudamientos excesivos en otros estados además del Coahuila de Humberto Moreira: el Veracruz de Fidel Herrera y el Estado de México del propio Peña. Todas éstas no parecen buenas señales.

El próximo julio debemos meditar bien nuestro voto, preguntándonos qué político puede representar una opción de verdadero crecimiento económico, sin promesas inviables ni facilonas, y a la vez que pueda ofrecer una verdadera inclusión social. Haremos muy bien en elegir con discernimiento e información a nuestro nuevo presidente, para que no vaya a tener que venir un tecnócrata en el futuro a decirnos que la debacle no fue provocada por ningún ente externo, como hizo Monti con los italianos, sino por la culpa de los políticos amantes del endeudamiento excesivo y los aplausos fáciles.

 * Texto publicado en la revista impresa de enero de 2012.
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