CALIFICADORAS DE VALORES: ALIADAS O DETRACTORAS

Calificadoras de valores

ALIADAS O DETRACTORAS

[Por Matiana Flores / Foto Dreamstime]

Su opinión puede facilitar y hacer más eficientes los flujos de dinero de los inversionistas a los demandantes de crédito.

Las agencias calificadoras de valores centraron el debate luego de ser señaladas como corresponsables de una de las debacles económicas más severas de la historia moderna: la crisis financiera de 2008.

Gobiernos e inversionistas culpan a esas instituciones de no evaluar “convenientemente” los riesgos que envolvían los instrumentos de inversión, CDO (obligaciones de deuda garantizada), ABS (valores respaldados por activos) y MBS (valores respaldados por hipotecas), a los que incluso les otorgaron y mantuvieron, casi hasta el último momento, la máxima calificación crediticia, lo que alentó a fondos de pensiones, bancos y otros grandes inversionistas a adquirirlos. Sin embargo, el cambio intempestivo de la calificación AAA (grado de inversión) por el de la más baja (grado especulativo) en muchos de esos instrumentos, cortó los circuitos de liquidez del sistema financiero –principalmente en los países desarrollados– y expandió las pérdidas al patrimonio de individuos e instituciones.

En México, pese a que el sector bancario muestra buenos niveles de salud, también se resintió una contracción del crédito, especialmente el canalizado al sector hipotecario que venía de un importante boom expansivo, además de provocar otros efectos adversos en la economía y el empleo.

Y es que decimos “convenientemente” en referencia al conflicto de intereses que afecta a las agencias calificadoras, porque son los emisores de los instrumentos de deuda quienes las contratan para obtener una calificación. La percepción es que al otorgar una mala calificación, o no del todo positiva, puede hacerles perder clientes e ingresos, cuestión que podría alentarlas a manejarse con mayor “flexibilidad” en sus estándares —e incluso negligencia— al momento de dar su opinión sobre una emisión de deuda.

En ocasiones las propias calificadoras asesoran a los emisores en cuanto a la conformación de los instrumentos que van a ofertar, para después calificarlos. Estas circunstancias dejan ver un conflicto con la credibilidad y prestigio que deben tener estas agencias para ser percibidas como autoridad en los mercados financieros.

Pero además del posible conflicto de intereses y de la evaluación subjetiva de la capacidad de pago de un emisor, otra razón que puede explicar los errores cometidos en la gestión de la crisis es la sofisticación y complejidad de los instrumentos de inversión que cayeron en default (impago) y que rebasaron la capacidad de las calificadoras para evaluarlas de acuerdo con su nivel de riesgo. En consecuencia, no sólo fallaron las calificadoras, sino también las autoridades financieras reguladoras y supervisoras de los mecanismos de funcionamiento en los mercados financieros.

La importancia de la calificación

Los mercados financieros son el punto de reunión de inversionistas y corporaciones, gobiernos, bancos o personas físicas demandantes de recursos financieros, y el que los primeros se decidan a prestar su dinero a los segundos tiene que ver con la capacidad de pago que éstos demuestren. Es aquí dónde entran las agencias calificadoras como facilitadoras del intercambio financiero. La calificación resume la información evaluada por un tercero independiente y de manera objetiva, contribuyendo a la transparencia.

Las agencias calificadoras de valores hicieron su aparición en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Su trabajo consiste en analizar, evaluar y emitir una opinión sobre la calidad crediticia de valores o instrumentos de deuda emitidos por empresas, instituciones financieras y gobiernos de distintos niveles —federal, estatal y municipal—.

La calificación señala la capacidad que tiene un emisor para cumplir oportunamente tanto con el pago de intereses como el del principal de la deuda, según los términos y condiciones establecidos al emitirla. También refleja la protección con la que cuenta el inversionista en caso de quiebra, fusión o cualquier evento que pudiera afectar sus derechos como acreedor.

Todos los instrumentos de deuda deben contar con una calificación. Ésta puede ser individual o colectiva, como en el caso de las sociedades de inversión.

Las calificadoras utilizan una gama de niveles de calificación: “AAA” es la más alta y refleja grado de inversión y mayor nivel de seguridad de pago, mientras que la “C” o la “D”, que son las más bajas, significan grado especulativo con alta probabilidad de impago.

Una calificación da a los inversionistas elementos para tomar mejores decisiones de inversión, de acuerdo con sus objetivos personales y nivel de tolerancia al riesgo. También señala qué nivel de rendimiento deberían esperar por uno u otro instrumento de deuda, según su riesgo de impago.

Sin embargo, es importante destacar que las propias calificadoras han insistido en que una calificación no constituye, per se, una recomendación de compra o venta. Para tomar esa decisión deben considerase varios elementos de evaluación, entre ellos la calificación, misma que no es estática sino que puede modificarse por diversas razones.

S&P, Moody’s y Fitch

En México y en el mundo operan básicamente tres grandes calificadoras: Standard & Poor´s, Moody´s y Fitch Ratings, todas de origen estadounidense. Aunque en nuestro país también opera una calificadora mexicana: HR Ratings. A nivel mundial, las tres primeras califican alrededor de 90% del mercado.

Cada calificadora tiene su propia escala de evaluación en la que utiliza distintas letras, números y signos para revelar capacidad de pago de los emisores y de riesgos de los instrumentos de corto y largo plazo. Esto es así porque a largo plazo pueden suceder eventos, internos o externos a la empresa, que alteren la calidad crediticia del instrumento.

Un ejemplo muy cercano a los mexicanos es lo que sucedió con Comercial Mexicana (COMERCI) y sus cuantiosas inversiones en derivados, que en 2008 la llevó a declararse en quiebra y a renegociar su deuda con los acreedores. Esta emisora cayó en default al no cumplir con el pago de certificados bursátiles por $400 millones de pesos. Sin embargo, el 30 de abril de 2010 concluyó la oferta pública nacional para la adquisición voluntaria e intercambio de esos mismos certificados, que volvieron a emitirse a un plazo de siete años.

Su influencia en los mercados

Es tal la importancia e influencia de las tres principales agencias calificadoras, que el presidente del Banco Central de Austria –Ewald Nowotny– señala que “su capacidad de sanción es más grande que la de Dios”. Y es que la opinión que emiten puede abrir o cerrar la puerta del financiamiento a empresas y bancos, ¡incluso a naciones completas! Eso es lo que estamos viendo en países con graves problemas de deuda pública: Grecia, Italia, España, entre otros, y algunos bancos franceses, por citar algunos ejemplos.

Una opinión o calificación positiva facilita el acceso a tasas de interés más bajas en los mercados nacionales e internacionales. Por el contrario, una calificación negativa, en el mejor de los casos, encarece el financiamiento y, en el peor, cierra las puertas del financiamiento a una entidad.

Por otro lado, si las calificadoras se equivocan, no hay sanciones para ellas, aun cuando en la historia han existido errores muy graves, como las calificaciones otorgadas a Lehman Brothers, Enron y AIG. La flexibilidad con que calificaron la deuda de esas firmas tuvo un alto costo para los inversionistas. Sin embargo, tras las grandes pérdidas financieras y de la inconformidad del gobierno de Estados Unidos luego de que Standard & Poor´s le bajará su calificación de AAA a AA+, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (Sec) amenazó con demandar a esa calificadora.

En Estados Unidos la reforma financiera recientemente aprobada plantea la suspensión del registro de agencias calificadoras que incurrieron en conflictos de interés. Así, a muchos parece incomodarles la gran importancia que los mercados otorgan a las opiniones de las calificadoras, que pueden ahondar los efectos de las crisis. Muchos se preguntan por qué las calificadoras no fueron tan estrictas al calificar antes de 2008. Sobre todo porque ahora las opiniones de las calificadoras, en lugar de ayudar, profundizan el clima de incertidumbre e inestabilidad que hacen más caro y largo el proceso de desendeudamiento de los países. No obstante, todos coinciden en que las calificadoras son imprescindibles para un funcionamiento más eficiente y transparente de los mercados financieros, sólo que consideran que deben operar bajo otras reglas más transparentes y sin conflictos de interés que pongan en duda su objetividad y eficacia.

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