QUÉ VA PRIMERO, QUÉ VA DESPUÉS… Y QUÉ NO VA

En épocas de incertidumbre económica

QUÉ VA PRIMERO, QUÉ VA DESPUÉS… Y QUÉ NO VA

[Por Pedro Alonso Angulo]

¡Terminó enero! Y la economía y los mercados siguieron operando (si bien con altos niveles de estrés, riesgo y, en general, con trayectorias bajistas que han producido pérdidas de riqueza importantes). Lo que hace poco más de tres años empezó como una crisis de títulos hipotecarios en Estados Unidos –¿se acuerdan de las hipotecas subprime?–, se transformó en un desastre financiero sistémico global. Su impacto en la actividad económica derivó en una recesión y dejó a los gobiernos de países desarrollados con el mayor nivel de deuda desde la Segunda Guerra Mundial. Esto último disminuyó considerablemente su capacidad de acción para aplicar medidas “contra cíclicas” (gasto público), para tratar de alentar a la economía.

La combinación de los factores anteriores generó un proceso de desendeudamiento de empresas y personas que enfrentaron una situación recesiva, alto nivel de desempleo y destrucción de riqueza, por lo que optaron por restringir el gasto y postergar sus inversiones. Esta situación provocó que nos enfrentáramos a una caída general de la demanda agregada y nos viéramos nuevamente amenazados por una recesión global que, en parte, explica la tendencia bajista y el incremento de la aversión al riesgo de los mercados durante 2011.

Los responsables de política económica han respondido con dos tipos de medidas:

  • Las monetarias, que buscan estimular la demanda –o al menos detener su deterioro–, con tasas de interés bajísimas e inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales.
  • Las medidas de austeridad para tratar de nivelar las finanzas públicas, que podrían ser insostenibles debido a su alto nivel de endeudamiento.

Las condiciones de “no pago” por parte de los gobiernos no son una novedad, pero en esta ocasión hay varias circunstancias que las diferencian: las economías más afectadas han sido las “desarrolladas”, que históricamente han sido el motor de la economía. Otra diferencia es que la globalidad de los mercados financieros provoca que los pasivos (las deudas) de todos sean los activos de todos, lo que deriva en inestabilidad, cuyo origen es la posibilidad de que los deudores no paguen de manera masiva. Esto incrementa la volatilidad en los mercados y gesta las condiciones de un contagio entre los países deudores.

La amenaza, en el fondo, es que lo anterior derive en una severa contracción de crédito y liquidez, lo que incrementaría las posibilidades de una recaída aún más profunda de las economías, como ya lo vivimos un par de años atrás. Así las cosas, lo que hoy tenemos enfrente es una crisis de deuda soberana que ha producido la desconfianza de inversionistas de todo tipo.

El mundo encara dos condiciones que impiden su avance: la pérdida de confianza en las instituciones políticas y económicas y la caída general de la demanda. Ambas tienen muchas correlaciones y resulta imprescindible tomar eso en cuenta.

La importancia de las instituciones

Como las instituciones son hechas por los humanos, son imperfectas por principio. Las instituciones no son entes, ni son –como a menudo se piensa– órganos del gobierno o del estado, como sí lo son partidos políticos, congresos y parlamentos, presidencias o primeros ministerios, según el régimen político que prevalezca. Son en realidad las reglas del juego que definen cómo se hacen las cosas en una sociedad. Por lo tanto, están reflejadas en sus constituciones, leyes y reglamentos, que a su vez definen su uso del poder. Las instituciones pueden estar mal diseñadas, volverse obsoletas o no estar plasmadas en ordenamientos legales de manera formal, lo que permite que se use el poder de manera discrecional y se desequilibren las relaciones sociales. Mediten sobre ello, por favor, y verán cómo lo dicho es la base de las razones que hacen que las cosas funcionan bien o mal.

En los últimos tiempos, los responsables en las instituciones han tomado decisiones que no cubren las expectativas de la ciudadanía ni por sus resultados ni por sus procesos, lo que incide en su credibilidad. Una de las primeras cosas que deberíamos tener en cuenta es que cualquier decisión que se anuncie, que sea vaga, difusa y haga promesas de felicidad gratuita sin ofrecer un sustento sólido en cuanto a metas, plazos, responsables, etcétera, sólo empeorará las cosas.

Seguramente recuerdas varias situaciones que se asemejan a lo que he descrito. Nos enfrentamos a una caída generalizada de la demanda. Se plantea en este punto el dilema de “la gallina y el huevo”: ¿qué fue primero? Como es obvio, más allá de las circunstancias económicas en marcha, una fuerte razón para la caída de la demanda es la falta de la credibilidad en las instituciones: “Como no creo en ti, no corro el riesgo de invertir”, lo que exacerba la situación económica (¡Ya ves, te lo dije, son una bola de “güeyes”!). Y creo que a estas alturas del partido, esto va más allá de un planteamiento teórico; creo que hemos entrado (o estamos por entrar) en una peligrosa fase de la economía dominada por la incertidumbre. Esta condición complica todas las cosas y los pasos que tengan que darse para buscar una solución. El problema es que esto es un síndrome colectivo, que puede conducir a la parálisis o a una espiral descendente: incertidumbre, inestabilidad y menos demanda.

Por ello hay que preparase para situaciones difíciles. No me gusta la idea, preferiría decir que no hay bronca y que todo va a estar fácil y lindo, pero las señales que hay en el ambiente no apuntan hacia allá. Establece prioridades y enfócate en ellas. Creo que es momento de decidir qué va primero, qué va después y qué no va.

También hay que trabajar en la eficiencia y la productividad, que nos ayudarán a aprovechar las oportunidades que se presenten y tener mejor “condición física” cuando la economía sea menos incierta. Si logramos mejorar en estas circunstancias, en terrenos más planos lo  aprovecharemos mejor. Aunque hoy parezca raro, los terrenos planos existen. En ocasiones es uno quien tiene que aplanarlos, y parte de eso es mejorar en eficiencia y productividad.

Prepárate para tomar decisiones difíciles y asumir riesgos, algunos de ellos no conocidos. Por decisiones difíciles me refiero a esas que cuestan o que nos fuerzan a prescindir de algo que consideramos importante. No dudes en tomarlas, pero analízalas con cuidado para que no te vaya a dar un balazo en el pie. Y no dejes de tomar riesgos. Esto puede parecer absurdo y contradictorio ante lo que he planteado, pero yo no lo pienso así, porque es la única forma de obtener rendimientos superiores a los que hoy existen en los instrumentos tradicionales y que son bajísimos.

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