QUE CADA QUIÉN ATIENDA SU JUEGO

QUE CADA QUIÉN ATIENDA SU JUEGO

[Por Pedro Alonso Angulo]

Desde la última vez que escribí para Inversionista, en julio de 2011, las cosas empeoraron en varios sentidos. ¿Recuerdas a los elefantes que describí dentro de una sala? pues no se salieron. Se quedaron, nadie hizo mucho por sacarlos y en consecuencia se pusieron nerviosos, se impacientaron e hicieron un desastre. Si alguien pensó que se saldrían solos y en orden, básicamente estaba equivocado.

¿Y los domadores? Aparentemente siguen deliberando sobre cómo sacarlos y no se ponen de acuerdo. Lo anterior, en términos económicos, ha significado que las estimaciones de crecimiento para el mundo se reduzcan drásticamente para 2011 y 2012, que las Bolsas hayan continuado bajando, y que por todos lados se perciba un ambiente pesimista y una ausencia de liderazgo político que para mí es lo más preocupante de todo, pues toda decisión económica (para instrumentarse debidamente) requiere de un acuerdo político que la soporte.

Equilibrio mínimo

Así las cosas, la economía global pasa por un periodo que, si lo asemejamos al de un avión en vuelo, corre el riesgo de desplomarse. Un avión vuela por impulso, no porque tenga alas, y requiere de cierta velocidad para mantenerse en el aire. El otro elemento que lo mantiene en vuelo es la superficie de sustentación: las alas y el resto del fuselaje, así como el diseño general del aparato. A menor velocidad se requiere mayor superficie de sustentación, pero es obvio que hay una velocidad mínima requerida para volar. El impulso que lo pone en vuelo depende, a su vez, de los motores o las turbinas, y la eficiencia de éstas en el uso del combustible. En todo el numerito cuentan, y mucho, las condiciones atmosféricas y la habilidad de los pilotos.

Al escenario descrito, me voy a permitir añadir un elemento que deriva de mi artículo anterior: imagina que los elefantes no están en la sala de tu casa, sino en la sección de pasajeros del avión al que aludo. En cualquier caso, de lo que estamos hablando es de un equilibrio mínimo necesario para que el avión vuele, lo haga de manera correcta y llegue a su destino. Y ahí es cuando nos entran dudas de poder mantener la velocidad necesaria, sobre todo porque el avión está en vuelo y la superficie de sustentación tiene sus limitaciones, por razones obvias (no se puede aumentar más que un poco a partir del uso de los “flaps”, que seguramente has visto al entrar y salir en las alas de un avión). Además de que se está gastando el combustible, minuto a minuto.

El punto crítico, desde mi punto de vista, es la habilidad de los pilotos y ahora la de los domadores de paquidermos, admitiendo que el clima está bastante descompuesto. Los tripulantes parecen no saber con precisión las reglas de la navegación aérea. Desde la lectura de las cartas de vuelo hasta los diversos instrumentos e indicadores que hay en el panel de control y en toda la cabina de mando. Y lo que es peor, no deciden qué hacer y en muchos casos parecen querer evitar que lo haga alguien que sí tenga alguna noción de cómo tripular el aparato. Los domadores parecen estar ausentes…

Refugios inciertos

En las semanas recientes hemos visto cómo se deteriora el ambiente y persisten los problemas económicos a nivel global. Las deudas europeas siguen golpeando a los llamados países periféricos como Grecia, Portugal e Irlanda, y empiezan a hacerlo con las economías más grandes de la región, como España e Italia. Esto crea efectos mariposa que provocan un fuerte deterioro en los balances bancarios de muchos de los grandes bancos de la región: los tenedores de las deudas de los países mencionados. Asimismo, es patente la dificultad que se tiene para llegar a acuerdos políticos entre los países más solventes de Europa y al interior de cada uno de ellos (el caso de Alemania es el más evidente, por ser el más rico), lo que hace más angustiante la situación.

A consecuencia de lo anterior (pero no solamente por ello) el inversionista global ha corrido a refugiarse a eso que llamamos safe havens: refugios seguros, diríamos en castellano, de los que cada vez quedan menos. Los obvios han sido el oro y el dólar, cuyos valores se han apreciado de manera significativa, cuestionando la validez de lo que la gente percibe que son. No obstante, ante las circunstancias parece que lo seguirán siendo, aunque el oro se acerque a los $2 mil dólares la onza y las tasas de interés de los bonos estadounidense sean más bien simbólicas, lo que implica que tales títulos se siguen demandando (y por lo tanto siguen subiendo de precio) pese a haber recibido una reducción de su calidad crediticia por parte de Standard & Poor’s.

Este último hecho recibió una gran cantidad de críticas, la mayoría provenientes del directamente afectado (el gobierno de Estados Unidos). Sin embargo, y más allá de los temas estrictamente técnicos, la calificadora puso como motivo principal de su decisión la incapacidad del aparato político estadounidense para llegar a acuerdos en materia de su política fiscal y las mecánicas de refinanciamiento de la deuda, algo incuestionable después de lo que vimos durante el pasado mes de julio. Aunque me parece que se ha caído en el error de confundir al mensajero con el mensaje (algo equivalente a echarle la culpa al mesero de un restaurante por el sobrepeso que cada quién tenga).

Así las cosas, el avión pierde velocidad y no la puede compensar con superficie de sustentación. Y los elefantes siguen en la sección de pasajeros. Los domadores y los pilotos no encuentran una solución, en el entendido de que no se encuentran en su mejor momento y las tareas son complejas. El panorama no pinta bien. Habrá que poner manos a la obra para salir lo mejor librados de esta situación.

¿La opción? Tomar riesgo

En primer lugar habrá que reconocer que nuestro acervo de riqueza personal se ha deteriorado en mayor o menor medida, o que este año (hasta ahora) ha sido difícil, y se ve muy complicado que mantenga su ritmo de crecimiento. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la economía no se recuperará rápido, lo que no abona al clima general de los mercados. Asimismo, y por lo que se sabe, las tasas de interés alrededor del mundo tenderán a mantenerse muy bajas, tratando de alentar el crecimiento, lo que nos deja claro que no será a través de inversiones en valores de deuda como se puede recuperar lo perdido (si es el caso) o incrementar el patrimonio de manera importante.

La opción es tomar riesgo. Cómo instrumentar esto, es lo complicado, y siendo un analista y operador de renta variable, los comentarios que hago a continuación se refieren en lo fundamental a este tipo de inversión, sin descartar que puedan usarse otros instrumentos, nacionales y extranjeros, o los que están en la esfera de los llamados productos derivados, o en los ETFs (Exchanged-traded Funds), que de un tiempo a la fecha han abierto un sinnúmero de opciones, en casi todos los renglones y mercados del mundo.

Desde luego que se puede tomar la decisión de no hacer nada y esperar a que todo vuelva a la normalidad y recurrir a la sentencia de que “los mercados siempre se recuperan”. Es cierto, pero no sabemos cuándo y cómo. A mí, en principio, me parece que no es la mejor idea.

Otro camino es admitir que el horizonte de recuperación es lejano y entonces asumir algunas pérdidas (vender y perder lo menos posible), o incluso ganar en algunos casos, tal vez no tanto como se hubiese deseado, pero sí es posible hacerse de liquidez y aprovechar los precios bajos que seguramente se presentarán en lo sucesivo, y operar con disciplina y con frecuencia, tanto como la capacidad que nuestros conocimientos y estómago nos lo permitan.

Por último, cabe la posibilidad de poner más recursos en juego y trabajar con ellos del mismo modo: de forma disciplinada y frecuente, aunque esta opción creo que sobreexpondría al inversionista más allá de lo que las condiciones actuales y futuras (en lo previsible) aconsejan. En todo caso, estaría dispuesto a incorporar paulatinamente recursos si las condiciones cambian para mejorar.

Me encantaría poder terminar este artículo diciendo que no nos debemos preocupar, que todo va a salir bien. En todo caso prefiero decir que es urgente ocuparnos de nuestro patrimonio, y en serio. Nadie estará más pendiente de ello que cada uno de nosotros, los directamente afectados.

Por último pienso que la pregunta que hay que hacernos es si pensamos que en un año más, digamos a finales de 2012, las cosas estarán mejor que ahora en los mercados, y si los rendimientos serán tan atractivos como para empezar a correr riesgos ahora. Si la respuesta es que sí, debemos empezar de inmediato, porque va a ser muy difícil que logremos estar en el momento preciso en que todo va a cambiar, en este caso de malo a bueno. Aquí, en este punto, yo creo que la respuesta es que sí.

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