UN SUEÑO REPARADOR

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UN SUEÑO REPARADOR

[Por Gonzalo Solis]

Cuando los rayos calóricos y luminosos del sol nos tocan, suceden una serie de cambios bioquímicos que nos alistan para la actividad diurna. El primero de ellos es la secreción de una hormona llamada cortisol, que se encarga de iniciar el proceso de uso de la energía. Luego empiezan a actuar hormonas como la testosterona y los estrógenos, que son anabólicos que nos permiten generar movimiento, junto con la somatomedina, que mejora la irrigación sanguínea. En conjunto, estas sustancias mantienen el estado de vigilia.

Ahora bien, para “apagar” el sistema se requiere que todos estos eventos regresen a la fase inicial, y esto sucede cuando la luz solar se oculta. Pero justo aquí surge el problema: los humanos actualmente forzamos nuestros sistemas de vigilia con luz artificial, lo que mantiene al sistema nervioso central recibiendo estímulos más tiempo del necesario. Esto produce estrés y agotamiento.

Otro enemigo del descanso es el estado de ánimo. La gente que desarrolla mucha ansiedad concilia el sueño con dificultad. Por supuesto, quienes invertimos y estamos pendientes de nuestros portafolios podemos desarrollar preocupaciones adicionales, dependiendo de nuestra aversión al riesgo y, antes que nada, del desempeño de nuestras carteras. Todo ello puede crear estados de tensión que mantienen a los neurotransmisores (sustancias encargadas de mantener la comunicación nerviosa activa) en dosis elevadas, y el reposo difícilmente se logra cuando se tiene la adrenalina en esos niveles.

El caso de las personas con grandes responsabilidades, cuyas decisiones pueden cambiar el rumbo de sus empresas es aún más complicado, pues se preocupan por sus negocios, sus empleados y sus familias, y pueden dejar de lado la preocupación por ellos mismos.

A dormir se ha dicho

Uno de los momentos en que “la pila” se puede volver a recargar con eficiencia es cuando la gente duerme y cumple con las cuatro fases del sueño:

  1. Fase uno. Inicia con pensamientos de lo cotidiano, mientras se concilia el sueño.
  2. Fase dos. Se comienza a sentir el peso de los párpados y a perder el estado de vigilia.
  3. Fase tres. Aparece la experiencia onírica, que es muy importante para poder descansar, contrario a lo que la mayoría cree.
  4. Fase cuatro. Lapso de recuperación entre sueño y sueño.

Estas fases se repiten de cuatro a siete veces por noche, pero si no se cumplen por completo, el sueño no es reparador, y al momento en que el individuo se incorpora, el cansancio se hace presente, además de la irritabilidad que genera.

Dormir debe considerarse como una autohipnosis: deben dejarse fluir los pensamientos libremente, brincando por todos los temas que a cada quien interese, hasta el punto en que ya no haya relación entre ellos. Cuando generamos ideas irrelevantes, chuscas, absurdas e ilógicas, es cuando liberamos a nuestro sistema nervioso para que navegue por lo más recóndito de nuestros pensamientos, afectos, ilusiones, temores y angustias. Si se tiene el mal hábito de llevar los problemas de la oficina o la casa a la cama, pueden suceder cosas desagradables, como que el sueño tarde en manifestarse y se entre en un círculo vicioso de ansiedad e insomnio, más cansancio y más ansiedad e insomnio. Además de que se puede presentar disfunción sexual eréctil por ansiedad, angustia y depresión.

Contando ovejas

Algunos consejos que con seguridad le rendirán buenos dividendos a la hora de ir a la cama son los siguientes:

  • Aprende a cerrar la puerta de tu oficina con llave para que los monstruos de la vida laboral se queden encerrados ahí, de la misma forma en que evitas llevar los problemas familiares a tu negocio.
  • No hagas ejercicio después de las 18:00 horas. Tu organismo está diseñado para ejercitarse ante la presencia del sol; si lo haces con luz artificial, el resultado no es el mismo. Además, generas endorfinas que te ponen más activo, y cuando vas a la cama el efecto endorfínico puede seguir ahí, impidiéndote conciliar el sueño.
  • No tengas un aparato de radio o televisión, y menos tu computadora, en tu habitación, porque cuando la gente duerme lo que debe evitar son los estímulos neurológicos: luz, sonido, ropa ajustada, aromas fuertes o sabores de cualquier tipo.
  • No vayas a la cama sin sueño, independientemente de la hora que sea. Así como uno no se sienta en el comedor a esperar a que le dé apetito, a la cama tampoco se debe de ir cuando uno todavía no tiene sueño. Acostarse sin agotamiento genera más ansiedad y girar en la cama de un lado a otro cansa la masa muscular, por tensión continua. Si no te sientes cansado sal de la habitación, siéntate en una silla de la cocina, que sea lo menos cómoda posible, y quédate ahí hasta que sientas sueño.
  • Evita cenas copiosas o condimentadas. Mejor opta por algo ligero, como fruta, gelatina o cereal. Tampoco tomes café o té, porque la cafeína, teína y las metilxantinas (alcaloides estimulantes del sistema nervioso central) que contienen son excitantes para el cerebro e impiden conciliar adecuadamente el sueño.
  • Dormir ocho horas es una convención: hay quienes con cinco o seis horas se sienten revitalizados, mientras que otros necesitan hasta nueve horas para recuperar su energía y ánimo vital. Observa con cuántas horas te sientes mejor y procura dormir siempre ese tiempo, como una rutina.
  • Tomar leche tibia o tés de hierbas, poner velas o inciensos y colocar lechuga bajo la almohada, son solo algunos mitos en torno a cómo conciliar el sueño. Mejor medita y relaja uno por uno de tus músculos, comenzando por los pies hasta llegar a la nuca. Eso te dará mejores resultados.

Si sigues estos consejos y continúas sin dormir adecuadamente, es momento de que vayas a visitar a un médico. El especialista más adecuado para este mal es el titular de una clínica de sueño, o un psiquiatra, quien también tiene el conocimiento e información suficiente para orientarte y, en su caso, prescribirte algún somnífero.

De este tipo de medicamentos existe una variedad importante, por lo que ya no tienes que tomar derivados de las benzodiacepinas, como se acostumbraba en los años 60. Hoy existen sustancias menos agresivas y adictivas que pueden ayudarte a generar un sueño reparador y que te permitan pasar por las cuatro fases para que te levantes fresco, vigoroso y preparado para los retos cotidianos. No olvides que tu mejor inversión inicial siempre será tu salud.

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