WALL STREET NECESITA MÁS REGLAS

¿Quién responde por la crisis?

WALL STREET NECESITA MÁS REGLAS

[Por Alejandra Palomares Barrios]

“La industria financiera ha corrompido el estudio de la economía en sí mismo”.

Pocas veces uno se encuentra con producciones tan provocadoras como Dinero sucio (Inside Job), un documental realizado por Charles Ferguson, cuya intención se expone en la primera imagen en pantalla: “La crisis económica global de 2008 le costó a 10 millones de personas la pérdida de sus ahorros, sus empleos y sus casas. Aquí se verá cómo sucedió”. Y es justamente esa la intención: tratar de dar una explicación a lo ocurrido en el sistema financiero de Estados Unidos y señalar a los responsables, de acuerdo al punto de vista del cineasta.

Su trabajo lo divide en cinco partes que arrancan desde los antecedentes de la crisis (hechos surgidos en el transcurso de los años 80 y 90) hasta donde estamos parados ahora, y en pantalla logra recolectar una serie de declaraciones y entrevistas con una infinidad de personajes involucrados en el sistema financiero global, como políticos, funcionarios públicos, asesores de bancos, periodistas especializados y académicos.

Nombres como Christine Lagarde, Frederic Mishkin, Andrew Sheng, Eliot Spitzer, Dominique Strauss-Kahn, Paul Volcker y Allan Sloan, entre muchos más son los que se ven desfilar frente a la cámara. Algunos como Frederic Mishkin o Glenn Hubbard con declaraciones menos afortunadas y que ponen entre dicho su actuación dentro del gobierno. Pero también deja ver mentes brillantes como la de Christine Lagarde, Raghuram Rajan o Nouriel Roubini, quienes de manera mesurada y atinada son la punta de lanza en el documental.

¿Cómo empezó todo?

“Fue una crisis totalmente evitable”, dice el cineasta y lo argumenta basándose en la historia. Tras la Gran Depresión de 1929, los Estados Unidos no tuvo ni una sola crisis financiera durante los 40 años posteriores. ¿Porqué? Sencillo: una industria financiera controlada y regulada, lección derivada precisamente de esa gran crisis que provocó la proclama de la Ley Glass-Steagall y la Ley de Bolsa y Valores, que en conjunto forzaban al sistema financiero a establecer límites en sus riesgos de inversión y obligaba a las instituciones a hacer pública toda la información para realizar transacciones bursátiles.

“Sin embargo, la progresiva desregulación del sector financiero desde la década de los 80 ha dado paso a una industria cada vez más criminal, cuyas ‘innovaciones’ han generado una sucesión de crisis financieras, cada una peor que la anterior –explica Ferguson–. Además, gracias al creciente poder y riqueza de la industria, muy pocas personas han sido encarceladas en cada una de ellas”.

Una de las innovaciones que el director de cine menciona en su documental y que han propiciado enormes especulaciones financieras son los productos conocidos como derivados, los cuales no están regulados y personajes importantes y polémicos como Allan Greenspan han defendido “a capa y espada”.

De los derivados nace uno en particular altamente sofisticado: las Obligaciones de Deuda Colaterlizada (mejor conocidos como CDOs, por sus siglas en inglés), instrumento que fue el causante principal –que no el único– de esta última crisis económica, no sólo estadounidense, sino global. Los subyacentes de las CDOs son créditos estudiantiles, automotrices, de tarjetas bancarias y los satanizados créditos hipotecarios tipo suprime, lo que coloca a las CDOs como un instrumento de alto riesgo y fuera de regulación.

Sin importarles su condición, las calificadoras Standard & Poor’s, Moody’s, Fitch y HR Ratings les otorgan una calificación AAA y los ejecutivos de las instituciones que promueven estos derivados reciben grandes bonos por venderlos entre sus clientes.

De lo anterior, prácticamente ninguna empresa financiera se salva, vemos a Merill Lynch, Goldman Sachs, Fannie & Freddie, Bear Stearns y Lehman Brothers, todas con finales de fracaso, bancarrota o rematadas al mejor postor.

Enemigos íntimos

Siguiendo con la carrera de especulación, las aseguradoras también aparecen en escena con AIG como protagonista. Esta empresa ofrece un producto derivado igual de sofisticado: los Seguros de Impago de Deuda, que financieros no tardaron en adquirir al darse cuenta de la burbuja que se estaba creando en torno a las CDOs.

El gobierno acepta relajar los límites de apalancamiento de los bancos llegando a escalas de 33:1. De la misma manera, los bonos no paran de crecer entre los directivos de bancos, quienes venden instrumentos de alto riesgo sin garantía de pago en el largo plazo. Lamentablemente, donde hay mucho dinero es común que también se abra la puerta a los excesos y muchos ejecutivos caen en la tentación de adquirir bienes, como aviones privados o casas que son verdaderos palacios, hasta servicios de prostitución y droga, pero aún más grave: disfrazándolos como “gastos de operación” dentro sus labores cotidianas.

Como se escucha en pantalla, “se volvió un concurso de orinar” y correos que intercambian entre ellos y que el cineasta muestra son prueba de que “su prioridad máxima era vender esos títulos basura” para luego apostar en contra de ellos y cobrar los seguros.

Las calificadoras ante todo esto, simplemente se hacen de la vista gorda y hasta un día antes de la quiebra de Lehman Brothers, AIG, Fannie & Freddie y Bear Stearns, siguen otorgándoles calificaciones de A2, AA, A2 y hasta AAA, respectivamente. ¿Cómo es eso posible? Los representantes de las calificadoras, como lo vemos en el documental, simplemente responden: “Es solo nuestra opinión, no tienen porqué confiar en ella”.

“Ni Lehman ni el Gobierno Federal tenían planes previstos para una posible quiebra”, se le escucha decir al narrador, y así fue el gobierno del entonces todavía presidente George W. Bush lanzó un plan de rescate de millones de dólares, que de todas formas no fue suficiente porque el mundo se paralizó. Resultado: recesión global, aumento de desempleo a niveles de dos cifras y el consumo se eclipsó.

¿Quiénes son responsables?

“La era de la avaricia e irresponsabilidad en Wall Street y en Washington nos ha llevado a una crisis financiera tan seria como la Gran Depresión”.

Uno pensaría que tras tremendo susto causado por la crisis más extendida por el mundo de que se tenga memoria, algunas lecciones se habrán entendido para al menos tratar de evitar posteriores recaídas, pero no ha sido del todo así.

Los bancos más grandes absorbieron a los chicos y se volvieron aún más extensos y fundamentales para la industria del país, pero no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero.

Ninguno de los directivos de bancos que acumularon grandes cantidades de dinero ha devuelto un solo dólar de los que recibieron por sus bonos, e incluso, estos continúan incrementándose bajo la premisa de “innovar” financieramente hablando.

“¿Porqué le deben pagar a un ingeniero en finanzas de 4 a 100 veces más que a un ingeniero de verdad? Un ingeniero de verdad construye puentes. Un ingeniero en finanzas construye sueños y cuando estos se convierten en pesadillas, alguien más termina pagando”, se cuestiona Andrew Sheng, jefe de asesores de la Comisión Reguladora Bancaria de China, entrevistado por Ferguson.

La cercanía de las elecciones intermedias y la posible reelección de Obama provocó que los cheques de los bancos de inversión para el cabildeo y las campañas electorales crecieran aún más. No hubo ni el menor intento por regular esa parte del sistema financiero y el cineasta a través de sus entrevistados resume la actuación de la orquesta gubernamental en seis palabras: “Es un gobierno de Wall Street”.

Pero el problema de falta de regulación de los instrumentos financieros, de las instituciones, de los que trabajan en ellas, de la corrupción y de los fraudes se extiende a terrenos insospechados y alcanza las arcas de las universidades más reconocidas de Estados Unidos, de acuerdo con Ferguson.

“La industria financiera ha corrompido el estudio de la economía en sí mismo – dice la narración–. La desregulación tiene un apoyo intelectual tremendo”. El documental exhibe que los profesores de administración no viven de su salario académico, sino del que reciben como asesores del gobierno o las empresas, y asegura que “les va bastante bien”.

Un ejemplo de esto son Glenn Hubbard, Samuel Hayes, Martin Feldstein y John Campbell, entre otros a quienes pone en evidencia por cobrar jugosas cantidades por estudios económicos sesgados y con una clara tendencia a no contradecir nada de lo manifestado por las empresas o gobernantes que los contratan. Si se tiene un humor negro, ésta es quizá la parte más provocativa, porque simplemente el director de cine los deja mudos o balbuceando.

El caso más significativo fue el de Frederic Mishkin, quien realiza un estudio sobre la desregularización de la banca de Islandia, país que no requería de tal cambio y que simplemente lo llevó a la quiebra. Todavía después de que el hombre admite el error, sencillamente opta por alterar el título en su currículum para “no quedar tan mal”. Esa es la clase de imágenes que un atrevido Charles Ferguson muestra en pantalla grande, y donde deja claro el conflicto de intereses que existe en las Facultades de Economía.

¿Dónde estamos parados?

La gente ante esta crisis respondió trabajando más horas y endeudándose más. Dejó de consumir y “a golpes” a veces pero está cobrando mayor conciencia sobre la importancia de saber administrar su dinero y exigir que se lo administren bien a las instituciones que se ofrecen a hacerlo.

Sin embargo, la polaridad socioeconómica se hizo más marcada y durante la crisis sólo 1% de la población elevó su ingreso hasta en un 23%, entre ellos, como lo asegura Ferguson, las cabezas que participan en el sector financiero.

“La era de la avaricia e irresponsabilidad en Wall Street y en Washington nos ha llevado a una crisis financiera tan seria como las peores desde la Gran Depresión –dijo Barack Obama, en un mensaje proclamado en 2009–. Necesitamos un regulador de riesgo, más requisitos de capital, una agencia de protección y cambiar la cultura de Wall Street”.

El mandatario reconoció la falta de regulación cuando asumió su cargo como cabeza de la nación estadounidense, pero las reformas financieras que hizo en 2010 fueron endebles. “Mi respuesta a su reforma regulatoria en una palabra es: ¡Ja!”, comenta con ironía Robert Gnaizda, asesor jurídico, director de políticas y ex presidente del Instituto Greenlining en Berkeley, California, también entrevistado por Ferguson para el documental.

Y con una invitación profunda a la reflexión, el director de cine nos invita a ser parte del cambio. “Es mi esperanza que a través de esta película, en menos de dos horas, todos puedan comprender la naturaleza esencial y las causas fundamentales de esta crisis. También espero que después de verla, independientemente de la opinión política, los espectadores puedan estar y podamos estar todos de acuerdo en la importancia de restaurar la honestidad y la estabilidad a nuestro sistema financiero y de exigir la responsabilidad a aquellos que lo han destrozado”.

¿Quién es Charles Ferguson?

Estuvo en cartelera durante abril en nuestro país y actualmente puedes conseguirla en DVD o Blu-ray a través de la página http://www.sonyclassics.com/insidejob

Él se define como cineasta, escritor y politólogo. Nació en San Francisco, California, y obtuvo el titulo en matemáticas por la Universidad de California, Berkeley en 1978, posteriormente obtiene el doctorado en ciencias políticas por el M.I.T. en 1989. Ferguson colabora como investigador en esta última institución educativa por tres años, enfocándose en la interacción entre la alta tecnología, la globalización y las políticas gubernamentales. Frecuentemente asesora al gobierno de Estados Unidos, incluyendo al staff de la Casa Blanca, del Departamento de Defensa y a los representantes de comercio.

De 1992 a 1994, Ferguson funge como consultor independiente de alta tecnología de compañías como Apple, Xerox, Motorola, Intel y Texas Instruments, entre otras. En 1994 fundó Vermeer Technologies, una compañía dedicada al desarrollo de software, donde creó FrontPage, la primera herramienta para la creación de sitios web para usuarios finales, misma que vendió a Microsoft en 1996.

A mediados del 2005, Ferguson creó Representational Pictures y comenzó con la producción de su primera película, La Guerra sin Fin (No End In Sight: The American Occupation of Iraq) –premiada en el Festival de Sundance en 2007 y nominada para el Oscar como Mejor Documental en el mismo año. Ferguson es autor de varios libros, como High Stakes, No Prisoners: A Winner’s Tale of Greed and Glory in the Internet Wars y Computer Wars: The Post-IBM World (coescrito con Charles Morris).

Así lo dijo

“Perdónenme, debo empezar por señalar que tres años después de una horrible crisis financiera causada por un fraude masivo, ni un sólo ejecutivo financiero implicado ha ido a la cárcel y eso está mal. Así, gracias a todos por esta distinción profunda, porque finalmente esto es una película de la realidad. Gracias a todos.”

Charles Ferguson, al recibir el Oscar.

Sabias que…

  • La cinta obtuvo el Oscar como Mejor Película Documental en 2011.
  • El narrador de la historia es Matt Damon, actor distinguido por trabajos como la Trilogía de Bourne.
  • Dinero sucio participó en los festivales internacionales de cine de Toronto y Nueva York.
  • Fue distinguida como Mejor Documental por el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York.
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