ABRÓCHENSE LOS CINTURONES

La volatilidad llegó para quedarse

ABRÓCHENSE LOS CINTURONES

[Por Mads Koefoed / Traducción: Ursus]

Eventualmente, los líderes europeos perderán la habilidad de seguir posponiendo la solución del problema griego, terminando en la declaración de no pago y el incierto futuro para el euro.

¿Qué fue lo que pasó en el mundo, en el ámbito económico, durante el trayecto de 2010 a 2011? No gran cosa: el estatus global se mantuvo sin muchos cambios. El año pasado el riesgo estaba principalmente en Irlanda, el segundo país de la Eurozona en solicitar ayuda financiera. Hasta ahí la volatilidad parecía estar bajo control, pero ésta no tardó en alcanzar al resto de las naciones europeas, bajo la forma de una Grecia en picada por sus enormes deudas.

Mientras tanto, en Japón la economía poco a poco logra ponerse de pie, tras el tsunami de principios de año. Y el factor griego sigue siendo la nota discordante. A esto hay que añadir el fin de la segunda ronda de relajación cuantitativa (QE2), las preocupaciones sobre el techo del endeudamiento en Estados Unidos, y el miedo a una desaceleración global. Con todo esto, el escenario queda listo para que la volatilidad continúe.

¿Habrá recesión?

Cierto: hay un conjunto muy preocupante de datos débiles, tanto en Estados Unidos y Europa, como en China, pero mantenemos la hipótesis de que el mundo no caerá en recesión. Ni siquiera se encuentra cerca de ello. Por lo contrario, se espera que la economía mundial crezca otro 4% este año, liderada por los mercados emergentes pero con el apoyo de las grandes economías desarrolladas. De hecho, se podría dar un crecimiento más robusto en la medida en que Estados Unidos y la Eurozona puedan salir del embrollo.

Tan sólo hace un par de meses los mercados financieros se preparaban para el final de la segunda ronda de relajación cuantitativa en Estados Unidos, contemplando las posibles estrategias de salida (sobre todo en el terreno de la renta variable). Sin embargo, una serie de datos provenientes de la economía más grande del mundo, que resultaron ser peores a lo esperado, provocaron un giro en los mercados, que comenzaron a anhelar una tercera ronda de relajación cuantitativa. Pero el cambio en el sentimiento de los participantes del sistema financiero fue excesivo: en realidad, tanto Estados Unidos como Europa (en menor medida), presentarán tasas de crecimiento razonables en los próximos trimestres, aunque de ningún modo impresionantes. Y ello se debe en gran parte gracias a sus consumidores. ¿Cómo es esto posible considerando los índices de desempleo, el bajo crecimiento de los salarios y los hogares en proceso de desapalancamiento?

En primer lugar, el proceso de salir de deudas por parte de las familias lleva ya 24 meses, y de acuerdo con los panoramas más optimistas, en comparación con algunos años atrás los hogares hoy en día han encontrado un ritmo más apropiado de consumo. Aunado a esto, la tasa de ahorro ha bajado de sus niveles máximos de 6.3% al final de la recesión, a mediados de 2010, a 5% este año. Una tasa de ahorro estable o ligeramente decreciente mantendrá un buen panorama para el consumo, al mismo tiempo que controlará el gasto de las familias.

En segundo término, los inventarios todavía pueden tener un impacto, ya que mientras el gasto continúe mejorando, lo harán también éstos, conforme las compañías vuelvan a llenar sus anaqueles. En tercer lugar, a pesar de que el ritmo de crecimiento del comercio internacional se encuentra desacelerado, el hecho de que Asia, con China a la cabeza, continúe creciendo de manera acelerada contribuye de manera importante al comercio exterior, e impulsa el ímpetu de las economías desarrolladas, en particular la del motor de la zona europea: Alemania.

Ahora bien, todos estos factores no deben opacar el hecho de que las economías desarrolladas aún se enfrentan a retos importantes, como lo es un mercado laboral de bajo desempeño y un consumidor limitado por los altos niveles de deuda, sin olvidar tampoco las medidas de austeridad adoptadas en gran parte de Europa, que definitivamente tendrán un impacto. Por lo tanto es factible esperar un crecimiento de 2.4% para Estados Unidos y de 1.5% para Europa. No es que estas economías gocen de un camino fácil, pero el sentimiento pesimista de tiempos recientes ha sido exagerado.

Riesgo de default

Pero esto no quiere decir que el escenario problemático con el que cargan las economías desarrolladas esté a punto de resolverse. Más bien, aún contiene muchos riesgos. Sin embargo, el final del QE2, con lo que la liquidez a nivel internacional se verá limitada, no parece ser uno de ellos. Su impacto en la economía se ha visto limitado a los mercados financieros, mientras que las reservas de los bancos se han elevado debido a que los usuarios de crédito se han abstenido de demandarlo. El efecto de riqueza hasta ahora se ha visto acallado, y probablemente siga viéndose desplazado por el incremento en el precio de las materias primas como la gasolina y la comida, lo que impacta directamente a los consumidores.

Es verdad que la crisis de deuda soberana en Europa por el momento se encuentra lejos de llegar a su fin, pero Grecia ha logrado comprarse un par de meses más tras la aprobación del segundo paquete de austeridad en su parlamento. Esto sólo servirá para mantener al país en un estado de recesión continua y eventualmente los líderes europeos perderán la habilidad de seguir posponiendo la solución del problema, terminando en la declaración de no pago por parte de los griegos y el incierto futuro para el euro. Todo ello aboga por una mayor volatilidad no sólo en el corto plazo, sino también en el mediano y el largo.

En cuanto a la economía china, hay que vigilar síntomas de una desaceleración más rápida de lo que se esperaba. Aún puede crecer 8% en su PIB este año, pero vemos riesgos para esta proyección. Para los chinos el futuro es incierto con miras a 2012. El gigante asiático deberá balancear una economía dependiente de las exportaciones con un crecimiento acelerado de sus salarios y sus tasas de interés, más una desaceleración en el abastecimiento de capital. Sin mencionar su mercado inmobiliario, que debe evitar una implosión.

Así las cosas, seguimos creyendo que la economía global tenga un crecimiento de 4%, que resulta favorable, en la medida en que los países desarrollados salgan adelante de los laberintos en los que ellos mismos se metieron, pero los obstáculos son diversos y se prevé la entrada en una zona de turbulencia, así que más vale ir abrochándose los cinturones se seguridad.

* Mads Koefoed es estratega macroeconómico de Saxo Bank.
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