LA DIMENSIÓN SOCIAL

[Por el staff de análisis y estrategia bursátil de Saxo Bank]  

Al momento de hacer una evaluación de lo que está sucediendo en el mundo debemos recordar que seguimos sintiendo los efectos de la crisis de 2008 y 2009, y ahora incluso se empieza a hablar de una nueva recesión, lo que no es sino la continuación de la problemática que aún se arrastra y que está hoy llevando al mundo a una nueva definición, impulsada por el cambio social.
La crisis significó una oportunidad perdida para los responsables de las políticas públicas. Ante el enorme reto, los gobernantes optaron por la acumulación de más y más deuda. Traspasaron el riesgo del sector financiero al público, y con ello simplemente se dejaron llevar por la situación. A punto de cumplirse dos años del inicio de la crisis, estos errores políticos están cobrando la factura, principalmente con el desempleo.
Gracias a ello la dimensión social ha venido adquiriendo un papel cada vez mayor, no solo en el seno del G-20, sino también en Medio Oriente, el norte de África y en vastas regiones de Asia. Las generaciones “X” y “Y” están descontentas con el estatus quo y se manifiestan cada vez con más vehemencia en ciudades como Madrid, Atenas, Lisboa, El Cairo o Londres. Son muestras claras de que hay que reajustar las políticas hacia un cambio estructural, hacia un modelo más enfocado en lo social.
Para seguir adelante, el mundo necesita una agenda de crecimiento y empleo, y no una de cómo comprar más tiempo.
Es posible que éste sea el cambio clave a medida que ingresamos al tercer trimestre, ya que el costo de oportunidad de no hacer nada (que siempre es el elegido por los legisladores), está a punto de resultar excesivamente caro.

EL PRINCIPIO DE INCLUSIÓN
En Alemania, la Canciller Angela Merkel se enfrenta a una agenda interna que incluye reservas sobre el continuo juego de los rescates de deuda soberana de los países vecinos, y el tribunal constitucional de Karlsruhe cuestiona la legalidad de estos rescates (una demanda contra el gobierno por ayudar a los griegos afirma que los rescates “violan los poderes del Parlamento” y que “lo mejor es que Grecia se declare en bancarrota y que no evada su responsabilidad, lo cual sería un crimen”).
En tanto, la canciller busca desesperadamente encontrar una solución no sólo para los problemas de Grecia, sino para los de Portugal y en tal caso los de España, antes de que su país acuda nuevamente a las urnas, en 2013.
He viajado por tres continentes en el último trimestre y me ha llamado la atención que, aunque los puntos de partida son distintos, todos se enfrentan en última instancia a un mismo y grave problema: la dimensión social. O, dicho de otro modo, a una disparidad creciente entre la clase rica y la clase media/baja, que es mayor que nunca en países como Estados Unidos, China e India, y algunos europeos.
China eligió cambiar el enfoque de su nuevo plan quinquenal, que comienza en 2012: prestará mayor atención al combate de la inflación, que es sinónimo de tensión social, ya que el último experimento de relajación cuantitativa estadounidense (QE2), al menos para Asia, ha sido un rápido repunte de los precios de la energía y de los alimentos.
Singapur es un caso muy interesante, pues ahora cuenta con una política fundamentada en el principio de “inclusión”, que intenta garantizar que todos puedan subirse al tren del crecimiento y de los ingresos. Creemos que ésta, “inclusión”, será la palabra de moda de aquí al 2013.

MENOS CRECIMIENTO
El precio que debe pagarse porque Asia atienda su inflación es un crecimiento mucho menor en todo el mundo: de una cifra que superaba el 10% se pasará a una más sostenible de entre 4 y 6%. Esto supone un cambio radical respecto de la crisis financiera, cuando el gigante asiático tomó el mando con enormes paquetes de estímulo que representaron, entre 2008 y 2011, el 50% del conjunto del crecimiento a escala mundial.
Frente a un telón de fondo que presenta un crecimiento cada vez más debilitado y, por lo tanto, un déficit fiscal mayor, parece casi inevitable que los responsables de la elaboración de las políticas económicas regresen con algún estímulo.
En Estados Unidos el consenso coincide actualmente en que los obstáculos políticos para una tercera ronda de alivio cuantitativo son muchos, aunque, ante la persistente carencia de nuevos puestos de trabajos y la incapacidad para reactivar el mercado de la vivienda van a crear las condiciones para algún tipo de estímulo.
Dicho estímulo puede consistir en una tercera ronda de alivio o en una versión del experimento de los años 60 denominado Operation Twist, algo quizás más políticamente aceptable.
La citada operación fue aplicada por la Reserva Federal desde finales de los años 50, y consistió en apoyar al dólar y al mercado de la vivienda de forma simultánea, mediante la compra directa de Bonos del Tesoro a 10 años, financiando esta compra con la venta de los mismos Bonos, pero a corto plazo. Esto fuerza el que la curva de rendimientos sea más plana. Las tasas a corto plazo suben levemente (lo que ayuda a bajar la inflación, porque el crédito se encarece y la demanda tiende a decrecer) y las de largo, bajan, con lo que se incentiva el tomar créditos a largo plazo, como los hipotecarios. De paso, se fortalece al dólar, porque las tasas de interés a corto plazo son más atractivas, con lo que se mantienen más capitales dentro del país, fortaleciendo a la divisa. Con ello también se abaratarían las materias primas para Estados Unidos.
El Presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, comentó sobre la Operation Twist en su célebre discurso Deflación: asegurándonos de que no nos pase a nosotros (exactamente el mismo discurso que supuso el QE1). Bernanke escribió en él:
“en la Operation Twist se intentaron subir los rendimientos a corto plazo y bajar los de largo plazo de forma simultánea, vendiendo en el extremo corto y comprando en el largo. La opinión doctrinal sobre la efectividad de la operación está dividida, pero se produjo más bien a pequeña escala y en un momento en que las tasas no estaban cercanas a cero”.
Hay una posibilidad de que Bernanke desempolve esa operación y se lance con todo al declarar que el rendimiento a 10 años ahora se situará en el rango de 2.0 a 2.5%. En cuanto al balance, la operación resultaría neutral, al comprarse exactamente lo mismo que se vende en Bonos del Tesoro, y además sería un factor menos riesgoso en lo político, porque nadie se atreverá a pronunciarse en contra de que se reactive el mercado de la vivienda.

¿HABRÁ CRISIS 2.0?
En Europa también se están acercando a un punto de mayor relajación cuantitativa. En el Reino Unido se debaten los “cómos” de la continuidad de la política de otorgamiento de liquidez a los mercados, mas no la política en sí misma. Mientras, en el continente queda claro que se necesita una medida distinta a que el Banco Central Europeo siga comprando bonos de la periferia para apoyar su recuperación. Es casi como en el fútbol: al final siempre gana Alemania. En economía europea, al final siempre se recurre a Alemania. El país teutón necesita ayudar, pero la forma en que lo haga decidirá no sólo el futuro de la Unión Europea, sino cómo se van a poder vincular las crecientes tensiones sociales (una tasa de desempleo que llega hasta el 30% entre los jóvenes de algunos países) con una solución constructiva.
Volvemos, una vez más, a la necesidad de atender el tema social. Una solución basada en comprar más tiempo, que es la más probable, será acercarnos más a la explosión de una Crisis 2.0, o sea, una continuación de la misma crisis de 2008-2009. Las soluciones deben tener vocación de futuro e incluir una agenda para sacar a Europa del punto muerto de crecimiento en el que ya lleva demasiado tiempo.
Este escenario nos plantea tres cuestiones:

• El problema de la deuda en la Unión Europea y de Estados Unidos. Se acaba el tiempo y hay que tomar decisiones
• La desaceleración del crecimiento de Asia/China al combatir la inflación en serio
• Habría que resolver las tensiones sociales. No sólo estamos perdiendo a los jóvenes, sino que no podremos ofrecerles la inclusión al crecimiento, la auténtica base para un crecimiento sostenible, la paz y la prosperidad.

Ante esta coyuntura, debemos mantener una perspectiva de inversión defensiva. Es posible que en las Bolsas del mundo se dé una ausencia de riesgo a medida que ingresamos al tercer trimestre. Pero la gran pregunta es si este movimiento sugiere una reversión al punto en el que se logra crecimiento y se da con la solución a los problemas mencionados, o si sólo es un paliativo y veremos una corrección mucho más profunda a mediano plazo.

ESCENARIOS

La Crisis 2.0 ya es un escenario probable. Numerosos académicos y analistas alrededor del mundo hablan de que se puede volver a caer en recesión. A inicios de julio, cuando las Bolsas del mundo tuvieron ajustes por los mediocres datos de crecimiento de empleo en Estados Unidos (se crearon 18 mil nuevos trabajos, contra los 90 mil que se esperaban), la Casa Blanca tuvo que salir a decir: “esto no es una nueva recesión”. En realidad no lo es, pero el solo hecho de que hayan salido a desmentirlo muestra el nerviosismo que se vive en estos días.
Los datos que alimentan el temor de nuevo colapso son la paralización casi total de la deuda en Europa, la desaceleración del crecimiento en Estados Unidos y el constante aumento de la inflación en Asia.
Aún es muy improbable que suceda, al menos en el plazo inmediato, pero si se da una nueva crisis se producirá una sensación de urgencia, y esto favorecería los cambios políticos y estructurales que son urgentes pero que de otra forma se postergan al infinito.
Queda una cuestión histórica: las personas demuestran ser racionales y constructivas solamente ante las peores situaciones. Una nueva crisis podría crear un marco de cambios de fondo, no cosméticos como los que se han visto hasta ahora, y esto puede ser un comienzo para uno de los mejores períodos de nuestra historia.
Y es que, tras la crisis, tendríamos una sociedad con menos apalancamiento, más sentido de la urgencia, agendas para un crecimiento equilibrado y la necesidad de generar empleos. La crisis 2.0 puede ser un paso negativo pero necesario hacia algo bueno.
La alternativa puede ser el escenario del Operation Twist, que conllevaría un gobierno fuerte, estanflación, elevados precios de la energía y aumentos en las tasas de interés, con mercados de acciones más o menos estables. Todo esto supondría un reto para las estructuras sociales, lo que significa un crecimiento aceptable, pero un aumento en la confusión ante los pagos fiscales de las inmensas deudas, por lo que se siguen requiriendo con urgencia los cambios estructurales.
En conclusión, el mundo está más cerca de encontrar algún tipo de solución, sea ésta voluntaria o no.

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