5 OPCIONES DE INVERSIÓN EN ASIA

Acciones internacionales a tu alcance

5 OPCIONES DE INVERSIÓN EN ASIA

[Por Clem Chambers / Traducción: Ursus]

Los precios de las acciones chinas ya están tan altos, que es difícil encontrar verdadero valor.

El continente asiático está lleno de contrastes. De hecho, de alguna manera es una región vagamente definida. Para algunos comienza en Turquía, para otros en la India y para algunos más en el sudeste. ¿Y qué hay de Siberia? ¿Rusia puede ser contado como Asia?

Sin embargo, en el ambiente de los mercados financieros, para la mayoría de los inversionistas Asia significa China, India y Japón, dos economías “calientes” y en pleno auge, y una desarrollada y muy segura, aunque ahora se encuentre herida. De hecho, los japoneses se quejan de que China los está comprando. Conocido por los altísimos precios de las propiedades, que provienen de una era económica anterior, la nación del sol naciente es ahora un oasis de precios baratos al que los inversionistas chinos están emigrando con entusiasmo.

En cuanto al momento bursátil por el que están pasando estos dos mercados, China no puede ser un destino más optimista para las inversiones (la definición misma del mercado del toro, o bull market), y Japón, por su cuenta, no podría estar en un punto más pesimista (el típico mercado del oso, o bear market). Por lo tanto, un inversionista valiente de largo plazo debería irse largo con Japón y corto con China. Es decir, comprar más Japón que China. Esto puede parecer extraño, pero, ¿no es justo lo que están haciendo los inversionistas chinos cuando compran propiedades en Japón? En esencia, lo que están haciendo es observar el largo plazo, más que la coyuntura con la que la mayoría se conforma.

Al pensar en una estrategia de inversión de cinco años en los mercados desarrollados, el inversionista debe atender a los factores cortoplacistas que van a incidir en el largo plazo. Cinco años no es mucho tiempo en el ciclo de vida de las economías desarrolladas. Basta recordar que pronto estaremos en el quinto aniversario de la crisis crediticia. Sin embargo, en los mercados en desarrollo cinco años es un plazo muy largo. Es tiempo suficiente para un auge, una caída y el ciclo de recuperación en sus mercados. Esto hace que la inversión a largo plazo se presente como una decisión difícil, porque “largo plazo” puede ser un término de dos años. Así que hay que tener muy a la mano los números y los pronósticos de los jugadores clave, para ver qué es lo que puede pasar. A continuación hago mi propuesta al respecto de las acciones y las emisoras asiáticas.

China

El país de la Gran Muralla se encuentra en estos momentos bajo una gran presión. La magnitud de su economía y el gigantesco tamaño de su población arrojan desafíos igualmente enormes, mismos que son manejados con el impredecible liderazgo de un estado autoritario. Los regímenes autocráticos pueden funcionar brillantemente o fallar de manera estrepitosa, y las cosas en China podrían salir horriblemente mal.

Por lo pronto, la presión crece a partir de los problemas creados por las políticas mercantilistas de China, destinadas a succionar la riqueza del mundo desarrollado. Hoy crecen los riesgos de que algo malo ocurra.

Al igual que todos los gobiernos autoritarios modernos, la máquina de propaganda china es muy eficaz, tanto que ha seducido a una generación de codiciosos protagonistas del mundo desarrollado. Apenas ahora se empieza a tomar conciencia de los efectos del círculo vicioso en el que están inmersas las empresas chinas y de la opacidad que las caracteriza, y los analistas se empiezan a dar cuenta de que las cosas no siempre son lo que parecen en la economía china. En este contexto, no parece estar asegurado que el milagro económico continúe en los próximos cinco años. Y con los precios sobrevaluados de las acciones chinas, uno tiene que buscar mucho para encontrar verdadero valor.

India

La clave de este otro gran país asiático, para mí, es que es una democracia. A diferencia de su vecino del norte, su política es un caos total, y su economía no está dirigida por un mando autoritario único. No tiene una maquinaria de propaganda ni un maquillaje económico que vuelva hermoso lo que no lo es tanto. Sí, por mucho tiempo India ha sido el pariente pobre de China, pero ha tenido un crecimiento tan explosivo como aquélla, sobre todo en los últimos años. Y todo el mundo habla acerca de la enorme población de China pero nadie menciona que la de la India es casi igual de grande.

Mientras que los inversionistas institucionales a nivel global se preocupan de que China es un polvorín en potencia (un país que ni siquiera permite que la gente tenga Facebook por temor a revueltas de corte democrático), la India parece ya haber superado sus propias revueltas.

Como un traje de lino arrugado, India llegó al siglo XXI con arrugas profundas en su sistema económico. No obstante, es una economía que se fue construyendo desde dentro, por las empresas y los ciudadanos, y no fue dictada por una burocracia cupular. Y está cambiando rápidamente. Calcuta, por ejemplo, es la típica ciudad de la que aprendemos los extranjeros en la escuela. Es una ruina, llena de gente corriendo por todos lados, sin orden alguno. Es un lugar encantador, sí, pero básicamente inútil. Sin embargo, estar en Bombay se siente como estar en Madrid en la década de los 80. Se acabó el desorden y el caos. En unos pocos años, Mumbai se ha proyectado con firmeza hacia el mundo desarrollado. Gran parte del país está haciendo lo mismo. India se reinventa a sí misma cada día, para salir al paso de sus problemas. Hoy se mueve con éxito en una amplia variedad de direcciones, tanto en los temas sociales como económicos. Y es esa movilidad la que hace que sea India mi candidato favorito de Asia para invertir. Todavía se ve rezagada en comparación con China, en términos de las valuaciones de mercado de sus emisoras, pero esta democracia se está construyendo sobre bases firmes.

Japón

Los japoneses pueden llegar a creer que son una causa perdida. Después de todo, siguen pasando los años y no se curan del pernicioso fenómeno de la deflación, que constantemente tritura su economía. El hilo conductor de todos estos problemas es el envejecimiento de su población, y las inciertas políticas del gobierno japonés ante este hecho. Si la inflación roba a los viejos y le da a los jóvenes (razón por la cual los países con población joven suelen favorecerla), la deflación roba a los jóvenes y da a los viejos. Esto explica por qué este fenómeno es, de hecho, una política pública y no simple incompetencia económica.

Es comprensible entonces que Japón quiera reducir su población, pues se trata, finalmente, de una isla superpoblada. La deflación es una excelente manera de proteger a la gente de mayor edad y a sus pensiones. Esto plantea la siguiente pregunta: ¿puede Japón mantener su autoimpuesto suicidio económico de forma indefinida? Sólo un período de crecimiento de la oferta monetaria y un yen a un precio justo ayudaría a que el país tenga un nuevo auge económico.

Sin embargo, soy optimista: creo que el cambio vendrá. La deuda de Japón no puede continuar aumentando por siempre y el yen no puede seguir subiendo indiscriminadamente frente a las otras divisas. En cierto modo, las acciones japonesas son una buena apuesta en sí, ya que, si el yen cae, las empresas obtendrán mayor competitividad, y si la moneda se levanta y los precios de las acciones se quedan más o menos como están, lo que significaría que esa apreciación estaría fundada en el crecimiento económico y que tendrá capacidad de sostenerse por derecho propio.

Por otro lado, mientras que un plazo de cinco años podría parecer demasiado largo para India o China, puede ser muy corto para Japón, sí, pero cuando se visita ese país (como yo lo hago a menudo) es difícil imaginar que no va a cambiar de rumbo en algún punto.

Así que, para escoger cinco acciones de Asia, echemos un vistazo a dos de la India, a dos de Japón y a una de China.

1. Hindustan Unilever

La mayoría de la gente no puede pasar horas investigando sobre sus inversiones, por lo que el mejor consejo es mantener las cosas simples. Por ello, apostar por las blue chips internacionales, que tienen además buenos números y esperan buenos crecimientos, es una apuesta casi asegurada.

India ha recorrido mucho camino en los últimos años, pero todavía tiene un largo tramo por andar. El país tiene 1,100 millones de habitantes, y todos ellos deben comer y bañarse. Mientras más dinero tengan, más van a hacer ambas cosas. Hindustan Unilever es una blue chip india en toda la extensión del término: títulos patrimoniales, muy seguros y rendidores. Considerando la preeminencia en el mercado de la empresa y el auge del precio de sus acciones en los últimos 10 años, sigue siendo una buena recomendación.

Mientras que todos los proveedores de bienes de consumo son susceptibles a la inflación de los energéticos y las materias primas, Hindustan Unilever sigue observando un crecimiento de sus ganancias y ventas en niveles anuales de 10 y 25%. Estos porcentajes son los que soportan los múltiplos Precio/Utilidad (P/U) que tiene la compañía, propios de los mercados emergentes y que parecerían, a simple vista, hacernos dudar de la conveniencia de entrar en esos mercados (pues podrían parecer altos y, aparentemente, tardaríamos mucho tiempo en recuperar nuestra inversión). Pero con una emisora como ésta la decisión de dónde invertir se simplifica, y nos sentimos más cómodos al apartarnos de la “seguridad” de los mercados de valores que conocemos para ingresar a una economía con alzas explosivas, que se pueden alargar por décadas. Con esto en mente, un alto múltiplo Precio/Utilidad parece lo de menos.

2. Nestlé India

No se necesita mucho para ver cuál es la ventaja de invertir en esta empresa, que ofrece el respaldo de una marca global en un mercado en rápido desarrollo, donde cientos de millones de personas están saliendo de la pobreza y requieren cada vez más productos que son, por sí mismos, indicativos de un mayor nivel de consumo. En India cada vez más gente está saliendo del nivel de subsistencia, y esa también es una gran masa de consumidores potenciales de los productos de Nestlé. Las compañías establecidas y muy identificadas por el público, con fuerte penetración de mercado, crecen cuando hay ascenso en los índices de desarrollo y de crecimiento del PIB, casi sinónimos de lo que está sucediendo en estos momentos en India.

Adicionalmente, es difícil equivocarse cuando se trata de productos como café, leche y chocolate, y Nestlé alrededor del mundo no se ha equivocado. Se trata de una empresa gigantesca en el subcontinente, y si la historia que están viviendo los mercados emergentes se va a mantener, no puede sino seguir aumentando su tamaño.

3. Tsingtao China

La cerveza es siempre una buena apuesta si uno se encuentra preocupado por la posible volatilidad de los mercados en un próximo futuro. La elaboración de esta bebida es un negocio con muy alta demanda, tanto en los tiempos malos como en los buenos: es un mercado contracíclico. Esta cervecera ha tenido fuertes crecimientos en su volumen de ventas y, a pesar de ello, el precio de su acción se ha mantenido estable en el último año. Es justo lo que se necesita al pensar en una acción a largo plazo: estabilidad con crecimiento (lo opuesto a volatilidad a corto plazo, el signo inequívoco de que habrá mucho riesgo en un futuro).

A largo plazo, el crecimiento potencial del mercado de la cerveza en China es enorme. Si los altos niveles de crecimiento continúan en esa nación, Tsingtao podría llegar a valer tres veces lo que una de las mayores cerveceras del mundo, la estadounidense InBev, con su capitalización de mercado de $67 mil millones de dólares. Por supuesto que hoy, con la capitalización de $7 mil millones de la empresa asiática esto se ve lejano, pero este tipo de cálculos son los que se ofrecen en el “sueño chino”. Hay que comprar el sueño, dicen algunos. Yo prefiero agregar: “comprar el sueño y mantener las acciones, para dejarlas madurar”.

4. Hitachi Japón

Es muy fácil comprar Japón. En primer lugar los ADRs en Estados Unidos (los American Depositary Receipts, instrumentos a través de los cuales se negocian las acciones de empresas extranjeras en ese país) son una excelente manera de obtener títulos nipones. En segundo término, los gigantes corporativos de Japón parecen casi ETFs (Exchange-traded Funds), dado que representan empresas tan diversas que parecen pequeños índices Nikkei en sí mismos. Hitachi es un buen ejemplo de esto: lo que el mercado requiera, ellos lo hacen.

Como en otros casos que hemos analizado, el múltiplo Precio/Utilidad (P/U) de nueve, resulta muy bajo. Para un inversionista patrimonial clásico es una oportunidad que parece demasiado buena para dejarla pasar, pero después de décadas de mercados estancados en Japón, la mayoría de éstos se han dado por vencido y han acabado por buscar mejores rendimientos en los países emergentes. No obstante, los que no se conforman con seguir al resto del rebaño, este tipo de acciones de valor a largo plazo es justo lo que anhelan para sus carteras.

5. NTT Docomo

El mundo ha sido capturado por la manía de los teléfonos inteligentes, y ahora parece que nadie puede estar en una reunión (¡o incluso caminar!) si no es con la mirada fija en sus dispositivos móviles. Pero si esta “plaga” se ha expandido por el planeta entero, en Japón el fenómeno es mucho más pronunciado. NTT Docomo es el gigante japonés de las telecomunicaciones, y cuenta con un múltiplo P/U de 12, más un dividendo de 3%. Se podría argumentar que la gente ya no va a poder usar sus teléfonos más de lo que ya lo hace, pero esto no es del todo cierto. Aún hay espacio para crecer, y cualquier reactivación en ese país catapultará a NTT a mejores niveles de múltiplo P/U, pues una empresa de esta envergadura debería tener números de entre 15 y 20. Desde el punto de vista técnico, el precio de la acción finalmente parece dirigirse hacia alguna parte, después de años de lateralidad. Si el mercado japonés realmente da un vuelco, puede sobrevenir un rally histórico en los precios de muchas de sus acciones.

En sí misma, la selección de cinco grandes blue chips asiáticas no debe ser una tarea difícil, ni debe contener grandes riesgos. Pero todavía falta hacer notar que el boom de los mercados emergentes está alimentado en buena medida por un aturdido e incompetente mercado estadounidense, que sigue sangrando su riqueza hacia el mundo con su inmenso déficit comercial de $500 mil millones de dólares al año. Si Estados Unidos nivelara ese déficit, los emergentes empezarían a tropezar. Pero eso no sucederá en el mediano plazo, al menos hasta después de las elecciones. O no sucederá nunca. Pero, si no llegan a una solución entre la Casa Blanca y el Congreso de ese país, los países en desarrollo seguirían en auge y todo parecerá muy adecuado hasta el día en que Estados Unidos llegue a una suspensión de pagos, como una versión gigante de Grecia. Y si eso llegara a suceder, no habrá cerveza ni jabón que pueda salvar a nadie.

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